lunes, 6 de abril de 2009

No vamos a televisar nuestro dolor




En este último tiempo, en el cual hemos visto el fallecimiento de personas que han despertado la sensibilidad de la mayoría del país, se me vino al recuerdo una frase…

Hace 18 años, en un concierto de Los Redonditos de Ricota, grupo cuyos conciertos se caracterizaban por un público desbordante y porque siempre había detenidos y heridos, un joven ricotero murió víctima, se decía, de la represión policial (finalmente se comprobó que era así). La familia del joven se movilizó y centró la atención de los medios para pedir castigo a los responsables, estando acompañados en ese clamor por muchos músicos del rock argentino, afectados porque el hecho sentaba un negro precedente para los conciertos de rock. Hubo marchas, conciertos, surgieron canciones dedicadas al joven… y Los Redondos no decían nada. Se les tildó de insensibles, de no preocuparse por sus bandas (así se les llama a la fanaticada ricotera), hasta de cómplices de la muerte de Walter…

Entonces, en un acto que rompía con los esquemas antisistémicos de Los Redondos, el Indio Solari, vocalista de la banda, decide dar declaraciones a la prensa. La frase quedaría como una de las más importantes del rock argentino: “No vamos a televisar nuestro dolor”.

¿Qué quería decir con esto? Simplemente el sentido común que se debe emplear ante la muerte y su probable (o inminente) llegada. Se trata de una situación muy difícil en la vida de las personas, más aún cuando fallece alguien en circunstancias trágicas, cuando queda toda una vida por delante o cuando se trata de una persona con la que toda una sociedad ha crecido. El sentimiento ante la muerte es la antípoda de esa alegría chispeante y que dan ganas de gritarlas a los cuatro vientos, porque se trata de la pérdida de un pedazo común con el fallecido y que sólo lo conocen el deudo y el difunto en una intimidad que merece todo nuestro respeto.

¿Le hemos perdido respeto a la muerte, como ya se lo hemos perdido frente a varias cosas? ¿Sube el rating si televisamos un cortejo fúnebre o una capilla ardiente? ¿La culpa es del chancho o del que le da el afrecho? ¿Cuál es el afán de transformar a los noticiarios en listas de espera in extremis para transplante de órganos? No puede ser que se mediatice la muerte de un niño inocente que espera un órgano para concientizar a la sociedad de lo importante que es ser donante. Menos aún podemos esperar que fallezca alguien para sensibilizarnos respecto del tema, como lo han hecho muchos personajes públicos que cada vez más me dan vergüenza.

Si queremos resolver el problema de la donación de órganos, demos el ejemplo y declarémonos donantes, toquemos las puertas de las casas, peguemos carteles, enseñémosle a la gente que donar órganos es dar vida y no es contradecir la palabra de un D’s (sólo el sintoísmo y algunas creencias gitanas prohíben la donación, mientras que los Testigos de Jehová la aceptan mientras se le vacíe la sangre), pero no seamos parte del morbo y respetemos el dolor ajeno, siempre.

Te lo dice,

R.F.S.K.

P.D.: La canción del post se llama "Juguetes Perdidos" y está dedicada a la memoria de Walter Bulacio, el joven que murió en aquel concierto de Los Redondos.
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