martes, 7 de abril de 2009

Todo cambia... menos las movilizaciones estudiantiles




El fin de semana me había enterado, por distintas fuentes, que comenzaban las movilizaciones estudiantiles nuevamente. ¿La causa? La crisis circunscrita a la educación superior. ¿La forma de reaccionar? Paros y concentraciones. Cuando supe, me vino una sensación especial porque es la primera movilización en la que no voy a estar presente (asistencia 100% a las movilizaciones entre 2004 y 2008), pero también me vino una sensación de... no sé como describirla... llámenle lata, pena, frustración o quizás me estaré poniendo fascista... no lo sé...

Lo que sí se es que el ser humano es un ser capaz de cambiar la estrategia en la vida cuando se tropieza en el camino... salvo, parece, los estudiantes universitarios chilenos.

¿Cuántas veces la fórmula de paros reflexivos, marchas, concentraciones y tomas ha tenido éxito en Chile? Hice memoria histórica y ha sido en 3 ocasiones bien puntuales:

1. La caída de Carlos Ibáñez del Campo (1931): Fue la FECH, en conjunto con las asociaciones gremiales y los sindicatos, quienes canalizaron el descontento generado por 4 años de tiranía e ineptitud para manejar la crisis económica que venía de Estados Unidos. ¿Cómo lo hicieron? Supieron actuar en el momento preciso, porque pese a haber sufrido la represión desde antes por sus ideales liberales y republicanos que se contraponían a la censura y persecución del régimen, los estudiantes decidieron convocar a un paro cuando la situación se hizo insostenible, causando la adhesión de la totalidad de la sociedad civil (incluso, según investigué, paró la Católica, aunque no existía la FEUC). Los hechos que se irían sucediendo a partir de este paro motivarían la renuncia del dictador.

2. La Reforma Universitaria (1967): Los cambios sociales de los 60' tuvieron su repercusión en la educación superior. La universidad para todos y el cogobierno eran las consignas de los estudiantes que se movilizaron, primero en Valparaíso y luego en Santiago, siendo la UC la única que logró realizar ambos planteamientos. ¿Qué pasó con la Ponticato? Se supo reflejar los cambios que estaba teniendo la Iglesia Católica a través de un estudiantado proactivo, sectores socialcristianos del profesorado y un Gran Canciller excepcional que entendía y compartía la visión de los estudiantes, sumado a la mediatización del conflicto que permitió generar sensibilidad hacia la causa. Lo lamentable es que, como surgió en un contexto, acabó en otro contexto... seis años después.

3. El retorno a la democracia (1983 - 1990): Con la reactivación de la sociedad civil, se reactivaron las organizaciones estudiantiles, las cuales primero buscaron legitimar su existencia a través de las elecciones de Federaciones. Luego, había que resolver la intromisión del aparato dictatorial en las universidades, consiguiendo un nuevo triunfo: los rectores eran civiles y docentes, no políticos o militares. Finalmente, el proceso culminó con la participación de las federaciones estudiantiles en el ámbito político, haciéndose presente en las organizaciones que buscaban el retorno a la democracia. Nuevamente es el contexto de represión de las personas y las ideas el que motiva que el estudiantado salga con sus mejores energías y convoque a su entorno.

Es este último modelo el que se sigue replicando hoy, pero llevamos más de 25 años y los progresos han sido pocos (los cupos supernumerarios son uno... ¿otro más?). Creo que la educación superior, en la forma global que se está abordando como causa, merece una acción distinta a la que se empleó en los 80', 90' y... (¿cómo se le llama a esta década? ¿Los 00'?) ahora. 

No soy un Sun Tzu para enseñar estrategias de guerra, pero creo que la cosa va por influir en quienes tienen la última palabra en el tema: los señores políticos (lo sé, es lamentable, pero hasta la realización de plebiscitos depende de ellos). Se debe actuar en la arena política de manera tal que todos tengan pan y pedazo en este asunto, la situación debe mediatizarse de manera tal de tener el respaldo ciudadano (algo más potente que un El Mercurio miente), hay que conseguir el patrocinio de los catedráticos más influyentes, se debe incluso llegar al punto de señalar que vamos a hacerle campaña al candidato presidencial que incluya nuestras ideas en su programa y jugar en la cancha del otro equipo...

El camino para lograr los cambios que la educación superior requiere es difícil y exige de la mayor inteligencia posible, como la tuvieron Julio Barrenechea en 1931 y Miguel Ángel Solar en 1967. No se puede caer una causa tan noble por enfrascarse en peleas contra las fuerzas especiales de Carabineros, cuando las peleas que valen la pena son contra los ideólogos y perpetuadores del actual sistema educacional; por creer que la solución está en la Alameda, cuando se encuentra dentro de La Moneda o en aquel mall babilónico llamado Congreso Nacional; por dedicarse exclusivamente a aunar a los estudiantes, siendo que la historia nos dice que nunca hemos logrado nada solos; y por, en definitiva, deslegitimarnos ante la sociedad, siendo que se trabaja por ella y su futuro.

Si esta causa se cae porque se habla de destrucción, como dice Revolution de los Beatles, cuéntenme afuera.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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