miércoles, 27 de mayo de 2009

Sigue tu camino, hijo díscolo




La pregunta que cabe hacerse, para quienes no tenemos decidido nuestro voto, es ¿por qué un hijo de lo más combativo de la Unidad Popular, un personaje del red set, un cineasta de poca monta, un novel diputado, un socialista poco disciplinado y una piedra en el zapato para la Concertación podría ser una alternativa para tener en cuenta?

Creo que la razón es una y bastante imperiosa: porque es la posibilidad para que los valores fundacionales de la Concertación puedan recuperarse y servir para políticas a largo plazo y para reemplazar a quienes se han enquistado en la burocracia sin pasar por un gobierno de derecha.

Desglosemos un poco la idea:


1. Recuperación de los valores fundacionales de la Concertación

Más allá de ser una coalición que une a las fuerzas democráticas para derrotar a Pinochet en las urnas, la Concertación fue fundada para reconstruir el país, replanteando la participación ciudadana en la sociedad civil, el rol activo del Estado en la promoción social, la humanización de la economía de mercado, la reinserción de Chile en el mundo más allá de lo económico, la promoción de una cultura de derechos humanos, entre tantas otras cosas. Detrás de todo esto, había un valor aprendido por la dura experiencia del quiebre de la democracia: la fraternidad. Fue el odio el responsable de las atrocidades de la dictadura, por lo que había que generar el clima contrario para poder producir el cambio de régimen.

¿Qué queda de todo esto el día de hoy? Parte. No podemos negar que hoy somos mejor país gracias a la Concertación, pero más allá que el sistema binominal sea la gran piedra de tope para muchas de las reformas acordes a la razón de ser del conglomerado oficialista, pareciera que los partidos han pecado de Cura Gatica:
  • Han perdido contacto con las organizaciones sociales, cupularizándose aún más.
  • Más que representar ideas, se han transformado en agencias de empleo.
  • Más que conformismo, hay incluso cierta complicidad con el sistema económico.
  • Se ha dejado de lado en todos los programas de la Concertación (que no se cumplirían por el binominal, pero reflejarían una intención firme) mecanismos de democratización, fortalecimiento de los sindicatos, derechos sociales, regionalización (la gran deuda), educación pública (fuera del tema infraestructura), etc.
  • Se ha perdido un mensaje optimista por una campaña del terror contra la derecha.
Pareciera ser que el síndrome del vencedor, ese mismo que llevó a Napoleón a subestimar a los rusos (y sabemos lo que le pasó después), no le permite a la ortodoxia concertacionista reconocer esta pérdida y enmendar el rumbo. Y aquí es donde aparece Marco Enríquez-Ominami...

Más allá de quién es, de su linaje político, de con quién está casado (no soporto a la Doggenweiler), de quiénes lo están apoyando, de su corta trayectoria y de otras tantas cosas que ustedes y yo consideramos como fuente de duda razonable, hay algo que me queda claro en él: sus planteamientos van en la línea de recuperar el mensaje reformador y positivo de la Concertación, buscando derogar las taras antidemocráticas, hacer del Estado el motor para una mejor redistribución del ingreso y replantear el modelo económico. Pareciera que Frei también quiere lo mismo, pero en su caso me recuerda al cuento de Pedro y el Lobo...


2. Proyectar a largo plazo el proyecto de la Concertación

Si descifráramos a grosso modo el secreto del éxito de la Concertación, la ecuación sería la suma de la protección social, el desarrollo económico, las obras públicas, la inexistencia de una alternativa mejor y un rechazo firme a la dictadura. Lo hecho por la Concertación es el sueño del pibe de toda coalición política, pues casi sin duda, esta ecuación les dará por quinta vez el gobierno.

¿Pero hasta cuándo le durará este argumento? No por mucho más, y los jerarcas de la Concertación lo saben. El problema está en ver si hoy se está replanteando en forma real el oficialismo hacia el futuro.

La respuesta es NO. Y por razones bien simples: los partidos de la Concertación están trabajando para esta elección, sin existir un atisbo de revisión que implique una actualización del mensaje para 10, 20 o 30 años. Quizás la nueva Constitución sea la propuesta nueva que haga fluir otras más estructurales, pero eso poco tiene que ver con el rol de los partidos hacia futuro, sino que más bien habla de una forma distinta del juego del poder. Es como si la Concertación fuese un equipo de fútbol que le está yendo mal y que, en lugar de cambiar al técnico o a los jugadores, cambia las reglas del fútbol.

¿Dónde entra M. E-O. aquí? Olvídense del cuento de la juventud y de la campaña por internet. Lo que él ha demostrado desde que es diputado (porque desde que abrió la boca que es considerado díscolo) es su inconformismo con el estancamiento del Concertación. A diferencia de Flores o Zaldívar, no se va en picada contra la idea de la Concertación. A diferencia de Arrate o Navarro, no busca plantear proyectos ajenos a ella. Él reconoce dentro de la Concertación la posibilidad de recobrar la confianza de la ciudadanía en la actividad política, haciendo que ésta sea extensiva a mayor parte de ella. Partiendo de esa base crítica, plantea que es necesario un proyecto a largo plazo que involucre reformas estructurales en causas perdidas (democratización, modelo económico), olvidadas (sindicatos, regiones), mal trabajadas (educación y salud) y no asumidas (energía, medio ambiente, derechos reproductivos).


3. Reemplazar a los enquistados sin pasar por un gobierno de derecha

Demás está hablar (todos lo hacen, hasta mi hermana menor, que no sabe nada de política) sobre la burocratización de la Concertación, la cual es objetivamente negativa para nuestra democracia. He hablado harto (y ya que no me leen muchos de derecha, ustedes lo tienen más que claro) sobre por qué la derecha no puede ser gobierno hoy: no sólo no ofrece nada nuevo, sino que además nada bueno. ¿Pero cómo compatibilizamos un recambio en el equipo concertacionista con un gobierno nuevo que no sea de derecha? Porque pareciera ser que es necesaria una derrota apabullante de la Concertación para que enmiende el rumbo (prueba de ello es la renovación de los laboristas con Kinnock y Blair).

El proceso de endogamia política que vive la Concertación con M. E-O. es una opción, pues implica recambio de equipo, pero no de pensamiento político. Es verdad que los partidos los hacen las personas, pero éstas son circunstanciales a un proyecto que es necesario mantenerlo consonante con la sociedad en el tiempo, y pareciera que las malas prácticas de líderes y operadores están bloqueando las respuestas que la Concertación es capaz de dar a los problemas del país. Es un remezón, pero el remezón de la derrota ante la derecha podría ser mayor.

Puede haber un problema, pues M. E-O. se ha erigido como el voto rechazo y se vería mal un acuerdo con la Concertación. Sin embargo, no es misterio para nadie su procedencia y su militancia. Es más, de mantenerse las relaciones y de compartir un núcleo democrático y social, M. E-O. puede no sólo producir un recambio sino una ampliación de las bases concertacionistas.


Muy bonito se ve esto en la pantalla, pero otra cosa es con guitarra. Enríquez-Ominami sigue siendo un bluff, pero sus intenciones son nobles. Hay que esperar cómo quiere realizarlas, pues de buenas intenciones está lleno el cementerio. Pese a ello, veo con buenos ojos esta candidatura (se nota, ¿no?), por lo que, como dice la canción de Kansas, carry on, my wayward son... digo... candidate.


Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 19 de mayo de 2009

I'm waiting for the man




El fenómeno, el factor, el cambio, la nueva esperanza, el rostro joven y otros tantos epítetos se han usado para reducir a un término la irrupción de Marco Enríquez-Ominami en la contienda presidencial, más precisamente en lo relativo a las encuestas. Es la vedette de la campaña: ha concitado mayor interés mediático que los candidatos de la Concertación y la Alianza, los analistas consideran que su candidatura hará que esta elección sea más interesante (pudiendo quizás ayudar a reconfigurar el estancado esquema político), el voto blando se plantea como posible el votar por él, los demás candidatos sienten representar mucho o algo de lo que él plantea y los partidos lo consideran como factor desequilibrante en la elección. Prueba de esto último es el juego que se ha producido entre las encuestadoras de las dos principales coaliciones, que han inflado (14% según la Universidad del Desarrollo, de la Alianza) o desinflado (1% según el CERC, de la Concertación) la intención de voto por el diputado socialista para beneficiar a su propio sector político.

Irónicamente, siendo una vedette, desnuda a la competencia:

- Ha demostrado la frágil unidad de la Concertación en torno a la candidatura de Eduardo Frei. Varios dirigentes han manifestado simpatía hacia M. E-O. (sé que suena feo, pero sólo escribir el nombre completo de Stalin es más tortuoso), otros creen necesaria la incorporación efectiva de los planteamientos progresistas que él ha deslizado en su campaña e incluso se ha mencionado la idea de repetir la primaria, ante la evidente exclusión del diputado disidente (díscolo es una palabra snob) del proceso interno. Para ordenar, el discurso de la Concertación a sus partidarios es el de negar cupos parlamentarios a quien no apoye a Frei, mientras que para el votante raso es el de tildar a M. E-O. de las 2 cualidades más típicas para disminuir a cualquier candidato: populista y personalista.

- Ha demostrado que la idea de cambio no le pertenece a la Coalición por el Cambio. La aparición de M. E-O. puso en su lugar a un conglomerado cuyos líderes protagónicos han sido los mismos desde 1990 (con gente que incluso participó en la dictadura), con propuestas económicas incluso anteriores (¡para qué decir en materias morales!) y que, aunque quiera sacar a la Concertación del poder, ha sido coautor de muchas de las políticas de los últimos 20 años que están en tela de juicio.

- Ha evidenciado la falta de un discurso más amplio del Juntos Podemos. Podía haber sido ésta su elección, mejorando su posición alternativa al llamado duopolio, pero se ha estancado en una posición fuertemente ligada a la nueva izquierda latinoamericana, no generando la suficiente capacidad de atraer a sectores desencantados de la Concertación, ni siquiera con Jorge Arrate, los que parecieran estar más cómodos apoyando una candidatura de M. E-O.

- Ha evidenciado el carácter testimonial de las demás candidaturas presidenciales. Han quedado fuera de toda posición relevante en los medios, las encuestas y la discusión los señores Zaldívar, Navarro y Jiles. Más allá de eso, pareciera que el primero se encuentra en la misma situación que la derecha y que los restantes dos quedan subsumidos en las candidaturas de izquierda.

Y nuevamente en forma irónica, es una vedette que no se desnuda, pues la candidatura de M. E-O. es una verdadera incógnita que genera expectación en sectores diversos. El progresismo concertacionista, la derecha liberal, sectores de izquierda, desencantados e indecisos varios son probables votantes, pero que aún tienen dudas. Veamos en qué se basa tanto misterio:

1. Su mayor virtud es su mayor defecto. Se plantea como el candidato joven (si fuese electo, sería el Presidente más joven desde Manuel Blanco Encalada en 1826, que tenía 36), pero su experiencia política se reduce a sus años universitarios y a un único periodo parlamentario.

2. Su pasado lo condena. El ser cineasta (y no muy bueno) le daría poca estatura para la Primera Magistratura de la Nación. Además, lo ha llevado a apoyarse mediáticamente en base a personajes televisivos, incluso teniendo como mecenas al empresario Rodrigo Danús, dueño de la productora que hacía S.Q.P., programa demonizado por buena parte de la población (menos yo y algunos más).

3. Si gana, ¿con quién gobierna? Siendo un candidato independiente, no tiene un equipo político fuerte para sostener una campaña con posibilidad real de triunfo. Ya los presidentes de partidos de la Concertación han endurecido el discurso contra los disidentes, por lo que le quedan solamente los escindidos del oficialismo (Escobar y Valenzuela) y el incierto mundo de los independientes. Sumémosle también que, de tener lista parlamentaria propia, ésta no es lo suficientemente numerosa y es incapaz de ganar escaños como para darle, en la eventualidad, una mayoría en el Congreso.

4. ¿Cuáles son sus propuestas? Su discurso contiene propuestas muy en la línea de la centroizquierda europea, pero cuya factibilidad está puesta en duda, sobre todo por el sistema binominal que le ha impedido a la Concertación hacer reformas de la magnitud que él plantea. Además, faltan proyectos más elaborados, pero es algo común al resto de las candidaturas.

5. ¿Llegará a diciembre? Primero, requiere las 36.000 firmas (si no las tiene, le cobraré las horas de sueño perdidas por hacerme escribir sobre él). Además, necesita financiar una campaña. Si a eso le sumamos lo incierto que es el apoyo que suscita según las encuestas y una posible bajada a favor de la Concertación…

¿Qué creo yo al respecto? Por razones de hora y extensión de la nota, mi remedo de política-ficción quedará para la siguiente nota...

... pero quisiera terminar diciendo que, fuera de las distintas opiniones que puedan haber sobre la postulación de M. E-O, si se concreta su inscripción, se trataría de la candidatura independiente más importante que ha surgido en Chile desde el regreso a la democracia (y quizás desde mucho antes, dado que a Carlos Ibáñez del Campo en 1952 y a Jorge Alessandri en 1958 los apoyaban partidos). Las dudas que genera una candidatura de esta naturaleza son evidentes y razonables, pero que requieren respuesta oportuna y decidora. Mientras tanto, estoy esperando al hombre

Te lo dice,

R.F.S.K.

viernes, 8 de mayo de 2009

El colorín no tiene quien lo elija




Estamos ad portas de una de las elecciones presidenciales más entretenidas que hayamos visto. Aunque pareciera que tendremos un inédito quinto período de la Concertación (invito a alguien que me rebata y sostenga lo contrario), por primera vez en años tenemos cubiertos todos los sectores electorales:

- Un candidato firme, sólido y acogedor para los nostálgicos de un himno nacional más largo, los jopos, las hombreras y los estelares con César Antonio Santis.

- Un candidato de la familia más querida por los fanáticos de Alberto Plaza, que va por más kilómetros Lan Pass de prosperidad y alegría concertacionista.

- ¿No le gusta Alberto Plaza? ¿Quiere algo más fresco? No se preocupe, le tenemos un candidato también, más bacán y formato Facebook.

- La izquierda no es menos y se pone con dos candidatos: un allendista consecuente (sí, sí, Flores también lo es, pero no le cuenten a nadie lo de la foto de Piñera con Fidel) y un senador que ante el crudo invierno busca traer lo mejor de Venezuela a Chile (y no necesariamente a las venezolanas).

- Ahora, si usted cree que la democracia es un chiste, además de Piñera, puede votar por la señora Jiles.

Y, sorprendentemente, presenciaremos lo más raro que se ha visto en Chile desde la irrupción de René de la Vega en el mercado discográfico: un candidato de centro.

¿Qué es el centro político? Es un concepto residual, que no es izquierda ni es derecha. Tampoco es centroderecha o centroizquierda, porque al final son los apellidos los que mandan. No son capitalistas ni estatistas, no son liberales ni conservadores, no son autoritarios ni libertarios y no son colocolinos ni bullangueros (generalmente son de Católica, no es chiste)... son el centro.

Me causa curiosidad el fenómeno del centro. Pareciera ser algo noble en el papel, porque en un mundo ideal (en ese donde el chorreo favorece a los pobres y donde nadie tiene ganas de propiedad privada), el centro estaría llamado a generar los consensos, a compatibilizar las contradicciones de los polos opuestos y a poner la cordura en momentos de histeria. En el mundo real, el centro nace como un intento de independencia de una posición política incómoda y extrema, siendo todos partidos escindidos o trasladados de posición: la antigua UDF de Valéry Giscard d'Estaing y el actual Movimiento Democrático de François Bayrou vienen del gaullismo (y en segundas vueltas votan por ellos), el PRI mexicano era la izquierda hasta que fue desplazado por su ala izquierda separada en el PRD, la misma DC chilensis es una escisión generacional del Partido Conservador. Además, no existe en realidad una posición distinta, pues suelen inclinarse más hacia la derecha (como en Francia o en Alemania) o hacia la izquierda (como en México o en Inglaterra).

Pero la cruzada del PRI (¡no puedes llamarte igual que el partido más burocrático, mafioso y clientelista de Latinoamérica!) es de proporciones: no más izquierdas (léase Concertación para estos efectos) o derechas, pues lo que importan son las regiones. Piensan como la Concertación, pero como se fueron o los fueron, tienen que negarles el pan y el agua. Quieren lo mismo que la Alianza, pero porque tienen un pasado y deben recuperar su pedazo en su anterior coalición, llaman al cambio del modelo.

¿Les irá bien? Nones:

1. Porque la gente sabe quiénes son. No se trata aquí de un sector que no ha estado en el gobierno en democracia, como la derecha; tampoco es un proyecto de renovación de la política, como podría encarnarlo Enríquez-Ominami: se trata de un grupo escindido/expulsado de la Concertación que tuvo su momento en el gobierno, que profitó del poder al igual que pudo hacerlo la Concertación (y si no, pregúntenle al señor Juan Michel, operador político de Zaldívar) y que está integrado por gente conocida en la política por pertenecer a la clase política (mal que mal, siguen en el Congreso). Trabajan por un Chile limpio, cuando no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia... y ellos ensuciaron junto al resto.

2. Porque las definiciones por exclusión no funcionan. El PRI, al igual que experimentos dignos de estudio electoral como la Unión de Centro Centro, despotrinca contra todos los sectores políticos existentes y se alza como la única opción de cambio real al duopolio Alianza/Concertación. Fuera de eso, ¿qué plantean? El regionalismo y la independencia, dicen ellos, pero hablar de regionalismo es la mentira más transversal a todos los sectores políticos, porque ninguno ha trabajado en forma efectiva en ello (Zaldivar, parte de la clase política santiaguina, es senador por Aysén... no me hablen de regionalismo); y hablar de partido independiente es tan contradictorio como matrimonio feliz, juventud radical o inteligencia militar. Al final, no plantean nada más que ser distintos a los malos que dominan el juego político, sin tener en consideración que la única vez que ganó un centro sin apellido fue con Frei Montalva en 1964, teniendo un proyecto integral de soluciones a problemas estructurales del país, sin basurear a Durán ni a Allende.

3. Porque es una candidatura personalista. Si las personas no son lo fuerte, si las ideas no son lo fuerte, lo único que sostiene a esta candidatura es su líder, que buscó llevarse a toda su facción dentro de la DC (los colorines; por el nombre ya huele a caudillismo) a un partido preexistente y sin destino alguno, luego de un tire y afloje que partió... cuando perdió la primaria interna de la DC contra Soledad Alvear. Es peor que Piñera, porque al menos a él lo sostiene su campaña anterior y los partidos determinaron que era la mejor opción, mientras que Zaldívar hace la del picado: no me fue bien en la Concertación, hago que mis esbirros me unjan, porque si no soy yo, ¿quién?

4. Porque no la llevan. En tiempos que la renovación es la protagonista, el PRI propone una regresión: un caudillo viejo, pirulo, mesiánico, de ideas fomes y que no se casa con nada ni nadie. Parece que nadie le dijo que el Presidente de EE.UU. ganó gracias a Internet, imagen fresca y relajada, palabras simples e ideas distintas; nadie le dijo que la elección este año va a ser decidida por la motivación que puedan generar en los jóvenes para inscribirse; nadie le dijo que habla parecido a Piñera y nadie le dijo que estamos en 2009.

Creo que estoy pescando más de lo necesario a Zaldívar, porque su espectro electoral es prácticamente el mismo de Arturo Frei Bolívar (que está con Elisa), pero me interesa señalar que el centro puede llegar a ser una buena idea para acabar con el duopolio:
- Si está acompañado de un proyecto país que tenga como bandera algún tema que no está siendo solucionado por las principales fuerzas (el tema ecológico podría ser).
- Si se establece como un Partido Liberal, pues existe gente que termina votando por la derecha porque no existe una opción laica en el centro.
- Si busca consensos más que separarse del mundo.
- Si establece una forma distinta de hacer política, y
- Si establece liderazgos diferentes a la de los tiempos de su escisión.

Pero como Zaldívar dista de todo lo anterior (y no creo en el centro), voto en contra.

Te lo dice,

R.F.S.K.

P.D.: Como es una candidatura solitaria, le dedicamos esta canción.

jueves, 7 de mayo de 2009

Esa pequeña loca cosa llamada cambio




Ayer se estrenó el referente político que va a causar sensación en los huérfanos de mi general, de la bebida Free, del grupo UPA y de Claudio Sánchez: la Coalición por el Cambio. En una maniobra interesante, la Alianza por Chile adopta su sexta denominación (partió como Democracia y Progreso, luego Participación y Progreso, después Unión por el Progreso, se cansaron del progreso y se llamaron Unión por Chile, pero la unión no hizo la fuerza y tuvimos a la Alianza por Chile) y hace crecer la familia desde el gremialismo y el conservadurismo tradicional hacia sectores de sensibilidad difusa con un único plan: NO MÁS CONCERTACIÓN. A tal punto que llegó la influencia porcina al sector, con el ex-DC, ex-MAPU (lo que corrobora que los ex-MAPU son un cáncer), ex-PPD y hoy ChilePrimero, Fernando Flores.

¿Será esta reingeniería de la derecha la fórmula para el desalojo? Veamos en qué cambió:

1. El concepto. Era necesario dejar atrás aspectos que hacen ver retrógrada a la derecha. Después de llevar una racha electoral digna del equipo de béisbol de Charlie Brown, ya no está presente el nacionalismo, la tradición, la herencia económica y la "libertad recobrada". Se atiende a una idea inmediata, apolítica, superior al bien y al mal y bastante atractiva para los cansados de la Concertación: el CAMBIO, con más énfasis que en la época de Lavín. Sin embargo, no deja de ser irónico que quienes quieren el cambio, sólo acepten reformas para proteger su status quo, lucren como nadie de las políticas económicas del actual gobierno y que, además, lo defiendan cuando los embates vienen de la izquierda.

2. El mensaje. Es lo más sencillo. Señora, señor, joven chileno, las ideas son lo de menos, lo urgente es sacar a la Concertación que le ha robado a todos los chilenos. Ni un punto ni una coma de más.

3. La suspicacia de la vieja escuela. El abandono del mensaje de tradición, familia y propiedad ha hecho que piezas de museo como Hermógenes Pérez de Arce renieguen del proyecto. ¿Bueno o malo? Da lo mismo, porque aunque la mona se vista de seda...

¿Se me queda algo en el tintero? Nada más parece...

Pasemos a qué se mantiene en la campaña de la derecha:

1. El gancho. Nuevamente vemos que se busca atraer gente mediante la presencia de ex-concertacionistas. ¿Gente connotada y con arrastre? Nunca. Fernando Flores podría ser una excepción, pero tampoco hay que verlo como un gran concertacionista, quizás ni siquiera como alguno de los que participó en forma activa por el NO, ya que él estuvo dedicado a Silicon Valley hasta fines de los 90', reapareciendo recién para... candidatearse a senador. Lo peor es que con esto creen dar una imagen de transversalidad, pero las decisiones son de unos pocos y de los de siempre, incluso anulando la posible entrada de aire fresco.

2. Trabajar con los mejores, con los jóvenes y con independientes. Ante la burocratización de la Concertación, se plantean estas tres ideas en forma mántrica. ¿Se cumple? Para nada, porque siguen trabajando los mismos de siempre (Novoa, Larraín, Cardemil, etc.), se incorpora a jóvenes de carnet (y hasta por ahí nomás, porque hoy es joven el de 40 años) pero no de mentalidad (jóvenes viejos, como diría Allende) y la independencia en relación a RN y la UDI es dudosa, porque piensan igual, votan igual, siguen órdenes, etc. Mención particular a la perenne búsqueda de la independencia: refleja la aversión de la derecha por la actividad política, entendida como un trabajo fruto del debate de distintas facciones que se organizan en base a puntos de vista en común.

3. La ausencia de proyecto. Alguien de izquierda dijo que la diferencia entre la Concertación y la Alianza está en que la primera tiene una sede propia y la otra no. Esto revela la falta de sustancia que siempre ha existido en la derecha, pues se trata de una unión para efectos electorales, que no ofrece un proyecto país, que plantea el cambio pero no propone cambios, que llama a votar por ellos porque los otros son malos, etc. Podrá Piñera crear sus Grupos Tantauco (nada más patético que llamarlos como el Parque del que es dueño), pero su conclusión irá por mantener el status quo o realizar una regresión a los años maravillosos, a esos años en que transmitían Los Años Maravillosos en el 13.

4. La campaña del terror. Si bien no ha empezado la campaña mediática (en la que espero esos mensajes mesiánicos), ya uno escucha que Piñera S.A. habla de todo lo malo que ha hecho la Concertación y se pone en posición de víctima ante los ataques que se le hacen por su actividad empresarial y por las malas prácticas en las que ha incurrido. No hay que votar por un candidato porque los demás son malos o por piedad, sino porque es bueno para el país y porque se ha ganado mi voto con propuestas importantes y con una trayectoria exitosa.

5. Olvidar el pasado, mirar al futuro. Me sorprende este punto, porque la tradición se construye a partir de la memoria, sea de hechos buenos o malos, que se va entregando de generación en generación. Siendo el guardian de la tradición la derecha, ellos olvidan 20 años que no los usan para nada en la construcción de su postura, salvo en materia económica. No se les pide perdón al sector político, porque si lo piden no va a ser un acto honesto. Sí sería esperable que reconocieran en los años de dictadura como un modelo poco humano que la derecha no debe seguir, pero es difícil que ocurra cuando los líderes de la derecha fueron actores principales o secundarios de un régimen del que son poco críticos, por no decir agradecidos. Además, ni siquiera miran al futuro, porque el futuro de las ideas de derecha está en Francia, en Inglaterra o en Alemania... y la derecha chilena se mira a sí misma, con suerte a España.

Me parece una contradicción que exista una Coalición por el Cambio cuando es el sector político que menos ha cambiado y menos cambios propone. No basta cualquier cambio: se requiere un cambio hacia un país más humano, que crea en las personas y que quiera a las personas, donde el mérito prime sobre la cuna y al que se le asegure a todos la igualdad de oportunidades. ¿Quiere eso Piñera, un hijo de empleado público y hombre de clase media?

Voto en contra.

Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 5 de mayo de 2009

Un candidato de segunda mano




Después de cuatro años de bendiciones y maldiciones a Sebastián Piñera, estamos presenciando el estreno en sociedad de la carta ganadora de la Concertación. La carta que debe asegurar la continuidad en el poder de la coalición política más exitosa de la historia democrática de Chile. La carta que debe barrer con la corrupción y promover la meritocracia en un sector que se ha visto afectada por obra y gracia del cuoteo mal hecho. La carta que debe recuperar los principios, cada día más perdidos en una tecnocracia calculadora. La carta que traiga aire fresco a una pieza acumulada de aire viciado…

Pero no me cuadra que esa carta ganadora (¿?) sea Eduardo Frei…

Primero, porque su pasado presidencial lo condena. Mientras el equipo de Aylwin fue una verdadera selección concertacionista, el de Lagos fue un gabinete detrás de las sombras ubicado en el recordado segundo piso y el de Bachelet ha sido una tecnocracia con algunas válvulas de escape político, el equipo de Frei fue el más personalista de todos: estaba integrado en su mayoría por amigos personales y colaboradores de su padre (Figueroa, Troncoso, Pérez Yoma, etc.), sumado a personas de partidos ajenos a la DC que tenían experiencia y peso político. Casualmente hoy, en tiempos de cambio necesario, gente como Belisario Velasco, Guillermo Pickering, Sergio Henríquez y otros ex-colaboradores son quienes forman su círculo de hierro en la campaña, por lo que aunque coloquen a Sebastián Bowen como coordinador de campaña, tengo mis aprehensiones personales.

Segundo, porque nuevamente su pasado presidencial lo condena. Si ayer fue él quien, por razones de Estado, desistió de juzgar a Augusto Pinochet hijo por los pinocheques y buscó el regreso de Augusto Pinochet padre (cuando, en mi opinión, era más factible un juicio en España por los pocos desaparecidos españoles en Chile que un juicio en Chile por los miles de nacionales muertos), ¿quién nos asegura que hoy él va a tener el temple para tomar decisiones políticas osadas sobre otros temas que dividen al país? Él ha sido el encargado de decir que va a discutir el tema del aborto, pero también busca acallar a quienes lo tildan de abortista y de traidor a los principios de su partido diciendo: yo estoy por la vida (otro más que cae en el jueguito… como si los que pensamos distinto fuéramos pro-muerte). Además, quedan pendientes de propuesta otros temas complejos como la legalización del matrimonio homosexual, la AFP estatal, la nacionalización del agua, el rol del Estado en educación, salud y minería, entre tantos que deben ser no sólo temas de campaña, sino tareas del próximo gobierno (debo reconocer, eso sí, que su apertura a la energía nuclear me parece bien).

Tercero, porque sabiendo que el imperativo en la Concertación es la renovación (también en la Alianza, dado que es el 50% del pacto), sus señales aún no son efectivas para reencantar a ese votante que ve que el proyecto original se durmió en los laureles o para encantar a las generaciones de las que depende la permanencia de la coalición:

- Ante la falta de conexión con la gente, se crean los Océanos Azules; pero veo que una iniciativa, que si funcionara sería la raja, es un placebo acalla-críticas porque las decisiones finales del programa de gobierno son del círculo de hierro y de los jefes de partidos, que son también el origen del problema.

- Ante la falta de ideas nuevas, Frei habla de una nueva Constitución para el bicentenario, de incluir la discusión sobre el aborto, de recuperar el sitial del Estado como regulador de los desperfectos del mercado, etc. ; pero tenemos otro placebo para el votante desilusionado. Un gobierno no sirve si busca debatir un tema (para eso están los filósofos, los politólogos y los opinólogos amateur como yo); sólo sirve cuando lo hace realidad, lo que es muy difícil existiendo una derecha medieval y concertacionistas contentos con el actual establishment.

- Ante la falta de recambio generacional, entra Bowen a la coordinación de campaña, sumado a las frases “yo no me meto en la pelea chica, yo miro al futuro y hablo con los jóvenes”; pero, aparte de tener a los enquistados de siempre, no veo una campaña juvenil, como la de Clinton en 1992 (que gracias a la campaña Choose or lose de MTV pudo tener gran ventaja frente a Bush padre en el segmento joven, con lo que pudo ganar), o de Obama el año pasado, que le puso la vara alta a todo candidato que quiera ganar el voto joven. Peor aún, no veo que se traten temas importantes para los menores de 25, como el empleo, equidad en educación, sexualidad responsable, etc.

La campaña electoral recién está por terminar de definir candidatos. Además a Frei no puede exigírsele la rigurosidad que a un Piñera que lleva candidateándose cuatro años. Sin embargo, creo que la Concertación se ha llenado de gente que palmotea espaldas (cosa de ver que llama díscolos a los que quieren hacer las cosas en forma distinta) y por culpa de ellos no se ve que la cosa mejore en el camino. ¿Gana Frei? Yo creo que sí, pero la gente se merece algo más que un candidato de segunda mano…

Te lo dice,

R.F.S.K.

P.D.: Próxima columna, dedicada al otro candidato.
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