jueves, 7 de mayo de 2009

Esa pequeña loca cosa llamada cambio




Ayer se estrenó el referente político que va a causar sensación en los huérfanos de mi general, de la bebida Free, del grupo UPA y de Claudio Sánchez: la Coalición por el Cambio. En una maniobra interesante, la Alianza por Chile adopta su sexta denominación (partió como Democracia y Progreso, luego Participación y Progreso, después Unión por el Progreso, se cansaron del progreso y se llamaron Unión por Chile, pero la unión no hizo la fuerza y tuvimos a la Alianza por Chile) y hace crecer la familia desde el gremialismo y el conservadurismo tradicional hacia sectores de sensibilidad difusa con un único plan: NO MÁS CONCERTACIÓN. A tal punto que llegó la influencia porcina al sector, con el ex-DC, ex-MAPU (lo que corrobora que los ex-MAPU son un cáncer), ex-PPD y hoy ChilePrimero, Fernando Flores.

¿Será esta reingeniería de la derecha la fórmula para el desalojo? Veamos en qué cambió:

1. El concepto. Era necesario dejar atrás aspectos que hacen ver retrógrada a la derecha. Después de llevar una racha electoral digna del equipo de béisbol de Charlie Brown, ya no está presente el nacionalismo, la tradición, la herencia económica y la "libertad recobrada". Se atiende a una idea inmediata, apolítica, superior al bien y al mal y bastante atractiva para los cansados de la Concertación: el CAMBIO, con más énfasis que en la época de Lavín. Sin embargo, no deja de ser irónico que quienes quieren el cambio, sólo acepten reformas para proteger su status quo, lucren como nadie de las políticas económicas del actual gobierno y que, además, lo defiendan cuando los embates vienen de la izquierda.

2. El mensaje. Es lo más sencillo. Señora, señor, joven chileno, las ideas son lo de menos, lo urgente es sacar a la Concertación que le ha robado a todos los chilenos. Ni un punto ni una coma de más.

3. La suspicacia de la vieja escuela. El abandono del mensaje de tradición, familia y propiedad ha hecho que piezas de museo como Hermógenes Pérez de Arce renieguen del proyecto. ¿Bueno o malo? Da lo mismo, porque aunque la mona se vista de seda...

¿Se me queda algo en el tintero? Nada más parece...

Pasemos a qué se mantiene en la campaña de la derecha:

1. El gancho. Nuevamente vemos que se busca atraer gente mediante la presencia de ex-concertacionistas. ¿Gente connotada y con arrastre? Nunca. Fernando Flores podría ser una excepción, pero tampoco hay que verlo como un gran concertacionista, quizás ni siquiera como alguno de los que participó en forma activa por el NO, ya que él estuvo dedicado a Silicon Valley hasta fines de los 90', reapareciendo recién para... candidatearse a senador. Lo peor es que con esto creen dar una imagen de transversalidad, pero las decisiones son de unos pocos y de los de siempre, incluso anulando la posible entrada de aire fresco.

2. Trabajar con los mejores, con los jóvenes y con independientes. Ante la burocratización de la Concertación, se plantean estas tres ideas en forma mántrica. ¿Se cumple? Para nada, porque siguen trabajando los mismos de siempre (Novoa, Larraín, Cardemil, etc.), se incorpora a jóvenes de carnet (y hasta por ahí nomás, porque hoy es joven el de 40 años) pero no de mentalidad (jóvenes viejos, como diría Allende) y la independencia en relación a RN y la UDI es dudosa, porque piensan igual, votan igual, siguen órdenes, etc. Mención particular a la perenne búsqueda de la independencia: refleja la aversión de la derecha por la actividad política, entendida como un trabajo fruto del debate de distintas facciones que se organizan en base a puntos de vista en común.

3. La ausencia de proyecto. Alguien de izquierda dijo que la diferencia entre la Concertación y la Alianza está en que la primera tiene una sede propia y la otra no. Esto revela la falta de sustancia que siempre ha existido en la derecha, pues se trata de una unión para efectos electorales, que no ofrece un proyecto país, que plantea el cambio pero no propone cambios, que llama a votar por ellos porque los otros son malos, etc. Podrá Piñera crear sus Grupos Tantauco (nada más patético que llamarlos como el Parque del que es dueño), pero su conclusión irá por mantener el status quo o realizar una regresión a los años maravillosos, a esos años en que transmitían Los Años Maravillosos en el 13.

4. La campaña del terror. Si bien no ha empezado la campaña mediática (en la que espero esos mensajes mesiánicos), ya uno escucha que Piñera S.A. habla de todo lo malo que ha hecho la Concertación y se pone en posición de víctima ante los ataques que se le hacen por su actividad empresarial y por las malas prácticas en las que ha incurrido. No hay que votar por un candidato porque los demás son malos o por piedad, sino porque es bueno para el país y porque se ha ganado mi voto con propuestas importantes y con una trayectoria exitosa.

5. Olvidar el pasado, mirar al futuro. Me sorprende este punto, porque la tradición se construye a partir de la memoria, sea de hechos buenos o malos, que se va entregando de generación en generación. Siendo el guardian de la tradición la derecha, ellos olvidan 20 años que no los usan para nada en la construcción de su postura, salvo en materia económica. No se les pide perdón al sector político, porque si lo piden no va a ser un acto honesto. Sí sería esperable que reconocieran en los años de dictadura como un modelo poco humano que la derecha no debe seguir, pero es difícil que ocurra cuando los líderes de la derecha fueron actores principales o secundarios de un régimen del que son poco críticos, por no decir agradecidos. Además, ni siquiera miran al futuro, porque el futuro de las ideas de derecha está en Francia, en Inglaterra o en Alemania... y la derecha chilena se mira a sí misma, con suerte a España.

Me parece una contradicción que exista una Coalición por el Cambio cuando es el sector político que menos ha cambiado y menos cambios propone. No basta cualquier cambio: se requiere un cambio hacia un país más humano, que crea en las personas y que quiera a las personas, donde el mérito prime sobre la cuna y al que se le asegure a todos la igualdad de oportunidades. ¿Quiere eso Piñera, un hijo de empleado público y hombre de clase media?

Voto en contra.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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