viernes, 8 de mayo de 2009

El colorín no tiene quien lo elija




Estamos ad portas de una de las elecciones presidenciales más entretenidas que hayamos visto. Aunque pareciera que tendremos un inédito quinto período de la Concertación (invito a alguien que me rebata y sostenga lo contrario), por primera vez en años tenemos cubiertos todos los sectores electorales:

- Un candidato firme, sólido y acogedor para los nostálgicos de un himno nacional más largo, los jopos, las hombreras y los estelares con César Antonio Santis.

- Un candidato de la familia más querida por los fanáticos de Alberto Plaza, que va por más kilómetros Lan Pass de prosperidad y alegría concertacionista.

- ¿No le gusta Alberto Plaza? ¿Quiere algo más fresco? No se preocupe, le tenemos un candidato también, más bacán y formato Facebook.

- La izquierda no es menos y se pone con dos candidatos: un allendista consecuente (sí, sí, Flores también lo es, pero no le cuenten a nadie lo de la foto de Piñera con Fidel) y un senador que ante el crudo invierno busca traer lo mejor de Venezuela a Chile (y no necesariamente a las venezolanas).

- Ahora, si usted cree que la democracia es un chiste, además de Piñera, puede votar por la señora Jiles.

Y, sorprendentemente, presenciaremos lo más raro que se ha visto en Chile desde la irrupción de René de la Vega en el mercado discográfico: un candidato de centro.

¿Qué es el centro político? Es un concepto residual, que no es izquierda ni es derecha. Tampoco es centroderecha o centroizquierda, porque al final son los apellidos los que mandan. No son capitalistas ni estatistas, no son liberales ni conservadores, no son autoritarios ni libertarios y no son colocolinos ni bullangueros (generalmente son de Católica, no es chiste)... son el centro.

Me causa curiosidad el fenómeno del centro. Pareciera ser algo noble en el papel, porque en un mundo ideal (en ese donde el chorreo favorece a los pobres y donde nadie tiene ganas de propiedad privada), el centro estaría llamado a generar los consensos, a compatibilizar las contradicciones de los polos opuestos y a poner la cordura en momentos de histeria. En el mundo real, el centro nace como un intento de independencia de una posición política incómoda y extrema, siendo todos partidos escindidos o trasladados de posición: la antigua UDF de Valéry Giscard d'Estaing y el actual Movimiento Democrático de François Bayrou vienen del gaullismo (y en segundas vueltas votan por ellos), el PRI mexicano era la izquierda hasta que fue desplazado por su ala izquierda separada en el PRD, la misma DC chilensis es una escisión generacional del Partido Conservador. Además, no existe en realidad una posición distinta, pues suelen inclinarse más hacia la derecha (como en Francia o en Alemania) o hacia la izquierda (como en México o en Inglaterra).

Pero la cruzada del PRI (¡no puedes llamarte igual que el partido más burocrático, mafioso y clientelista de Latinoamérica!) es de proporciones: no más izquierdas (léase Concertación para estos efectos) o derechas, pues lo que importan son las regiones. Piensan como la Concertación, pero como se fueron o los fueron, tienen que negarles el pan y el agua. Quieren lo mismo que la Alianza, pero porque tienen un pasado y deben recuperar su pedazo en su anterior coalición, llaman al cambio del modelo.

¿Les irá bien? Nones:

1. Porque la gente sabe quiénes son. No se trata aquí de un sector que no ha estado en el gobierno en democracia, como la derecha; tampoco es un proyecto de renovación de la política, como podría encarnarlo Enríquez-Ominami: se trata de un grupo escindido/expulsado de la Concertación que tuvo su momento en el gobierno, que profitó del poder al igual que pudo hacerlo la Concertación (y si no, pregúntenle al señor Juan Michel, operador político de Zaldívar) y que está integrado por gente conocida en la política por pertenecer a la clase política (mal que mal, siguen en el Congreso). Trabajan por un Chile limpio, cuando no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia... y ellos ensuciaron junto al resto.

2. Porque las definiciones por exclusión no funcionan. El PRI, al igual que experimentos dignos de estudio electoral como la Unión de Centro Centro, despotrinca contra todos los sectores políticos existentes y se alza como la única opción de cambio real al duopolio Alianza/Concertación. Fuera de eso, ¿qué plantean? El regionalismo y la independencia, dicen ellos, pero hablar de regionalismo es la mentira más transversal a todos los sectores políticos, porque ninguno ha trabajado en forma efectiva en ello (Zaldivar, parte de la clase política santiaguina, es senador por Aysén... no me hablen de regionalismo); y hablar de partido independiente es tan contradictorio como matrimonio feliz, juventud radical o inteligencia militar. Al final, no plantean nada más que ser distintos a los malos que dominan el juego político, sin tener en consideración que la única vez que ganó un centro sin apellido fue con Frei Montalva en 1964, teniendo un proyecto integral de soluciones a problemas estructurales del país, sin basurear a Durán ni a Allende.

3. Porque es una candidatura personalista. Si las personas no son lo fuerte, si las ideas no son lo fuerte, lo único que sostiene a esta candidatura es su líder, que buscó llevarse a toda su facción dentro de la DC (los colorines; por el nombre ya huele a caudillismo) a un partido preexistente y sin destino alguno, luego de un tire y afloje que partió... cuando perdió la primaria interna de la DC contra Soledad Alvear. Es peor que Piñera, porque al menos a él lo sostiene su campaña anterior y los partidos determinaron que era la mejor opción, mientras que Zaldívar hace la del picado: no me fue bien en la Concertación, hago que mis esbirros me unjan, porque si no soy yo, ¿quién?

4. Porque no la llevan. En tiempos que la renovación es la protagonista, el PRI propone una regresión: un caudillo viejo, pirulo, mesiánico, de ideas fomes y que no se casa con nada ni nadie. Parece que nadie le dijo que el Presidente de EE.UU. ganó gracias a Internet, imagen fresca y relajada, palabras simples e ideas distintas; nadie le dijo que la elección este año va a ser decidida por la motivación que puedan generar en los jóvenes para inscribirse; nadie le dijo que habla parecido a Piñera y nadie le dijo que estamos en 2009.

Creo que estoy pescando más de lo necesario a Zaldívar, porque su espectro electoral es prácticamente el mismo de Arturo Frei Bolívar (que está con Elisa), pero me interesa señalar que el centro puede llegar a ser una buena idea para acabar con el duopolio:
- Si está acompañado de un proyecto país que tenga como bandera algún tema que no está siendo solucionado por las principales fuerzas (el tema ecológico podría ser).
- Si se establece como un Partido Liberal, pues existe gente que termina votando por la derecha porque no existe una opción laica en el centro.
- Si busca consensos más que separarse del mundo.
- Si establece una forma distinta de hacer política, y
- Si establece liderazgos diferentes a la de los tiempos de su escisión.

Pero como Zaldívar dista de todo lo anterior (y no creo en el centro), voto en contra.

Te lo dice,

R.F.S.K.

P.D.: Como es una candidatura solitaria, le dedicamos esta canción.
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