miércoles, 27 de mayo de 2009

Sigue tu camino, hijo díscolo




La pregunta que cabe hacerse, para quienes no tenemos decidido nuestro voto, es ¿por qué un hijo de lo más combativo de la Unidad Popular, un personaje del red set, un cineasta de poca monta, un novel diputado, un socialista poco disciplinado y una piedra en el zapato para la Concertación podría ser una alternativa para tener en cuenta?

Creo que la razón es una y bastante imperiosa: porque es la posibilidad para que los valores fundacionales de la Concertación puedan recuperarse y servir para políticas a largo plazo y para reemplazar a quienes se han enquistado en la burocracia sin pasar por un gobierno de derecha.

Desglosemos un poco la idea:


1. Recuperación de los valores fundacionales de la Concertación

Más allá de ser una coalición que une a las fuerzas democráticas para derrotar a Pinochet en las urnas, la Concertación fue fundada para reconstruir el país, replanteando la participación ciudadana en la sociedad civil, el rol activo del Estado en la promoción social, la humanización de la economía de mercado, la reinserción de Chile en el mundo más allá de lo económico, la promoción de una cultura de derechos humanos, entre tantas otras cosas. Detrás de todo esto, había un valor aprendido por la dura experiencia del quiebre de la democracia: la fraternidad. Fue el odio el responsable de las atrocidades de la dictadura, por lo que había que generar el clima contrario para poder producir el cambio de régimen.

¿Qué queda de todo esto el día de hoy? Parte. No podemos negar que hoy somos mejor país gracias a la Concertación, pero más allá que el sistema binominal sea la gran piedra de tope para muchas de las reformas acordes a la razón de ser del conglomerado oficialista, pareciera que los partidos han pecado de Cura Gatica:
  • Han perdido contacto con las organizaciones sociales, cupularizándose aún más.
  • Más que representar ideas, se han transformado en agencias de empleo.
  • Más que conformismo, hay incluso cierta complicidad con el sistema económico.
  • Se ha dejado de lado en todos los programas de la Concertación (que no se cumplirían por el binominal, pero reflejarían una intención firme) mecanismos de democratización, fortalecimiento de los sindicatos, derechos sociales, regionalización (la gran deuda), educación pública (fuera del tema infraestructura), etc.
  • Se ha perdido un mensaje optimista por una campaña del terror contra la derecha.
Pareciera ser que el síndrome del vencedor, ese mismo que llevó a Napoleón a subestimar a los rusos (y sabemos lo que le pasó después), no le permite a la ortodoxia concertacionista reconocer esta pérdida y enmendar el rumbo. Y aquí es donde aparece Marco Enríquez-Ominami...

Más allá de quién es, de su linaje político, de con quién está casado (no soporto a la Doggenweiler), de quiénes lo están apoyando, de su corta trayectoria y de otras tantas cosas que ustedes y yo consideramos como fuente de duda razonable, hay algo que me queda claro en él: sus planteamientos van en la línea de recuperar el mensaje reformador y positivo de la Concertación, buscando derogar las taras antidemocráticas, hacer del Estado el motor para una mejor redistribución del ingreso y replantear el modelo económico. Pareciera que Frei también quiere lo mismo, pero en su caso me recuerda al cuento de Pedro y el Lobo...


2. Proyectar a largo plazo el proyecto de la Concertación

Si descifráramos a grosso modo el secreto del éxito de la Concertación, la ecuación sería la suma de la protección social, el desarrollo económico, las obras públicas, la inexistencia de una alternativa mejor y un rechazo firme a la dictadura. Lo hecho por la Concertación es el sueño del pibe de toda coalición política, pues casi sin duda, esta ecuación les dará por quinta vez el gobierno.

¿Pero hasta cuándo le durará este argumento? No por mucho más, y los jerarcas de la Concertación lo saben. El problema está en ver si hoy se está replanteando en forma real el oficialismo hacia el futuro.

La respuesta es NO. Y por razones bien simples: los partidos de la Concertación están trabajando para esta elección, sin existir un atisbo de revisión que implique una actualización del mensaje para 10, 20 o 30 años. Quizás la nueva Constitución sea la propuesta nueva que haga fluir otras más estructurales, pero eso poco tiene que ver con el rol de los partidos hacia futuro, sino que más bien habla de una forma distinta del juego del poder. Es como si la Concertación fuese un equipo de fútbol que le está yendo mal y que, en lugar de cambiar al técnico o a los jugadores, cambia las reglas del fútbol.

¿Dónde entra M. E-O. aquí? Olvídense del cuento de la juventud y de la campaña por internet. Lo que él ha demostrado desde que es diputado (porque desde que abrió la boca que es considerado díscolo) es su inconformismo con el estancamiento del Concertación. A diferencia de Flores o Zaldívar, no se va en picada contra la idea de la Concertación. A diferencia de Arrate o Navarro, no busca plantear proyectos ajenos a ella. Él reconoce dentro de la Concertación la posibilidad de recobrar la confianza de la ciudadanía en la actividad política, haciendo que ésta sea extensiva a mayor parte de ella. Partiendo de esa base crítica, plantea que es necesario un proyecto a largo plazo que involucre reformas estructurales en causas perdidas (democratización, modelo económico), olvidadas (sindicatos, regiones), mal trabajadas (educación y salud) y no asumidas (energía, medio ambiente, derechos reproductivos).


3. Reemplazar a los enquistados sin pasar por un gobierno de derecha

Demás está hablar (todos lo hacen, hasta mi hermana menor, que no sabe nada de política) sobre la burocratización de la Concertación, la cual es objetivamente negativa para nuestra democracia. He hablado harto (y ya que no me leen muchos de derecha, ustedes lo tienen más que claro) sobre por qué la derecha no puede ser gobierno hoy: no sólo no ofrece nada nuevo, sino que además nada bueno. ¿Pero cómo compatibilizamos un recambio en el equipo concertacionista con un gobierno nuevo que no sea de derecha? Porque pareciera ser que es necesaria una derrota apabullante de la Concertación para que enmiende el rumbo (prueba de ello es la renovación de los laboristas con Kinnock y Blair).

El proceso de endogamia política que vive la Concertación con M. E-O. es una opción, pues implica recambio de equipo, pero no de pensamiento político. Es verdad que los partidos los hacen las personas, pero éstas son circunstanciales a un proyecto que es necesario mantenerlo consonante con la sociedad en el tiempo, y pareciera que las malas prácticas de líderes y operadores están bloqueando las respuestas que la Concertación es capaz de dar a los problemas del país. Es un remezón, pero el remezón de la derrota ante la derecha podría ser mayor.

Puede haber un problema, pues M. E-O. se ha erigido como el voto rechazo y se vería mal un acuerdo con la Concertación. Sin embargo, no es misterio para nadie su procedencia y su militancia. Es más, de mantenerse las relaciones y de compartir un núcleo democrático y social, M. E-O. puede no sólo producir un recambio sino una ampliación de las bases concertacionistas.


Muy bonito se ve esto en la pantalla, pero otra cosa es con guitarra. Enríquez-Ominami sigue siendo un bluff, pero sus intenciones son nobles. Hay que esperar cómo quiere realizarlas, pues de buenas intenciones está lleno el cementerio. Pese a ello, veo con buenos ojos esta candidatura (se nota, ¿no?), por lo que, como dice la canción de Kansas, carry on, my wayward son... digo... candidate.


Te lo dice,

R.F.S.K.
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