miércoles, 25 de agosto de 2010

Democracia a punta de choros

La COREMA de la Región de Coquimbo aprobó hoy, por 15 votos a 4, la construcción del proyecto termoeléctrico Barrancones, ubicado cerca de Punta de Choros. Para quienes conocemos el lugar y hemos veraneado en reiteradas ocasiones allá, es una pena. Para quienes se preocupan por la conservación del medio ambiente, es una nueva decepción por la política de destrucción sistemática de los diversos ecosistemas que se encuentran en nuestro país, en aras de un concepto tercermundista de desarrollo (porque el modelo de desarrollo que queremos es más viejo que el hilo negro; ni en Europa la lleva).

Casi todos los seres pensantes y medianamente pensantes se han manifestado sobre el tema en las distintas redes sociales, por lo que no pretendo ahondar mucho respecto de la deplorable decisión de una entidad regional cuya expertiz técnica me parece dudosa, por no decir, digna de un niño de 5º Básico. Sin embargo, el repudio transversal a esta decisión amerita hablar sobre algo tan profundo como la democracia y la participación ciudadana...

Sabida la aprobación del proyecto, los grupos ambientalistas y los amigos de Punta de Choros inmediatamente decidieron manifestarse en contra, cobrándole la palabra a quien, en época de campaña, había señalado lo siguiente:

Yo me voy a oponer a todas las plantas termoeléctricas que atenten gravemente contra la naturaleza, las comunidades y la calidad de vida.
http://soundcloud.com/user4322306/extracto-entrevista-s-pinera-copia

¿Les doy una pista? Ganó la elección.

Ahora, quizás por lo prematuro de la protesta o derechamente porque ahora la Intendencia Metropolitana no está autorizando ninguna manifestación pública, la convocatoria a la manifestación de hoy en el centro de Santiago fue intrascendente para poder hacer presente al gobierno el malestar de la población por las termoeléctricas. ¿Y saben? Ni con la manifestación más elaborada van a lograr moverle un pelo a esta administración, porque no le tiembla la mano al disponer de Fuerzas Especiales y porque el mecanismo de la protesta está completamente deslegitimado y obsoleto.

¿Cómo logramos, como ciudadanía, transformar nuestro descontento en medidas concretas?

El modelo chileno de democracia nos restringe a las elecciones periódicas cada 4 años, con un sistema de partidos en decadencia y en el cual sólo pueden resultar electos blanco o gris (porque la postura negra es casi delincuencial para algunos). Sólo podemos reclamar contra las medidas que no nos gustan eligiendo a quienes sí representan nuestro parecer, pero ahí entramos en el clásico dilema del representante: ¿actúo en base a mis votantes o en base a mi ideología?. Además, suele ocurrir que son medidas puntuales las que nos acercan o nos alejan a ciertos candidatos (gente de derecha está en contra de las termoeléctricas; gente de izquierda está en contra del matrimonio homosexual). Por todo esto, la reacción del ciudadano a pie es intrascendente en el esquema democrático...

¿Qué ocurre con las organizaciones no gubernamentales? El lobby en este país sólo parece funcionar en favor del empresariado, pues se trata de intereses que están bien representados en el Congreso, por no decir que existen senadores y diputados con conflictos de interés en el hemiciclo. Además, manejan bien el discurso de la creación de empleos, como se ha planteado en el caso del proyecto termoeléctrico, al buscar crear empleos en La Higuera, una de las comunas más pobres de Chile. En cambio, los esfuerzos de otras organizaciones parecieran ser infructuosos en términos legislativos, pues no son representativas y no ofrecen algo digno de valor en la opinión de los parlamentarios. A veces logran, con relativo éxito, revertir medidas administrativas mediante recursos judiciales (como fueron varios casos de desastres ambientales, como el uso de agua del Lago Chungará para las mineras y el vertido de relave de El Salvador y Potrerillos en Chañaral), pero no permite resolver de una vez los problemas de interés ciudadano y corregir la falta absoluta de criterio por parte de la clase política (porque seamos honestos: hay muchos temas, como el medioambiental, en que Alianza y Concertación han fallado totalmente).

¿Qué nos queda? Lamentablemente, en este país carecemos de herramientas de democracia directa como los plebiscitos, los referéndums y las consultas, pero episodios como el ocurrido con el plano regulador de Vitacura deben ser destacados como ejemplos positivos y que deben repetirse en todas las comunas e instaurarse a nivel regional y nacional. Rechazar mecanismos de solución participativa como esos es sólo reflejo de una aversión a la ciudadanía que no tiene justificación en el mundo de hoy. Mientras no haya una reforma a la democracia de este país, podremos seguir años con un modelo basado en las protestas, en la generación de conciencia en la población y en las organizaciones sociales, pero nada podremos conseguir si no logramos influir, como ciudadanos, en los partidos políticos y en las elecciones, les guste o no.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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