miércoles, 18 de agosto de 2010

El antiguo arte del garrote

El gobierno de Sebastián Piñera ha incurrido en un craso error que es endémico de la derecha y que nos recuerda los años oscuros de Béla Lugosi, Boris Karloff, del Guatón Romo y del Mamo Contreras: justificar su existencia y luchar por su identidad mediante el uso de la fuerza.

Como comulgan con el laissez faire en funciones de matineé, vermouth y noche, el Gobierno poco puede hacer para mejorar las vidas de las personas, salvo destrabar el libre emprendimiento. El que no puede sobrevivir sin la ayuda del Estado, se aplica la selección natural formulada por Darwin: están naturalmente condenados a seguir cagados por el resto de su vida. Puede sonar esto una caricaturización, pero no está tan lejos de la realidad, pues existen personas encargadas de think tanks partidarios de gobierno (los ex-ministros de Pinochet Carlos Cáceres y Hernán Büchi, de Libertad y Desarrollo, por nombrar algunos) que no creen que debería existir siquiera un sistema de protección social.

En lo relativo a la economía, parece que la Concertación no lo hizo tan mal después de todo, porque las cifras de crecimiento han sido positivas y no creo que se deban a 5 meses de gestión del Ministro de Hacienda, Felipe Larraín (de ser así, ahí tiene la derecha a su próximo candidato presidencial). Se debe a que la situación económica mundial posterior a la crisis subprime ha sido favorable, que se han recuperado fuentes laborales perdidas desde el terremoto y que el precio del cobre ha mejorado, sumado a la buena salud de la economía que ha gozado Chile durante los últimos años (porque, a diferencia de nuestros vecinos y de países que buscamos emular como Portugal, España o Irlanda, el peor de los casos Grecia, no hemos estado ni cerca de estar en moratoria de pago).

¿Qué le queda por hacer entonces a este gobierno? ¿Administrar lo heredado? Para eso votábamos todos por Frei. ¿Barrer con todo, numerando las escuelas, aumentando las ceremonias cívico-militares e imponiendo el jopo y las hombreras en los servicios públicos? Aunque a algunos les gustaría (y casi hacen lo último en mi región), todas esas cosas son percibidas como malas...

... salvo una: mano dura.

La gente lo pide a gritos. Es lo que vemos todo el día, todos los días: mecheros, lanzas, violadores, narcos, asesinos; en La Pintana y en Las Condes; en Mega y en Chilevisión; libres o presos; etc. Llega a ser tanta la información que almacenamos del fenómeno que por momentos se genera una sensación de histeria colectiva que no veo por dónde esté sustentada de manera fidedigna y sin obedecer a intereses fácticos. Lo cierto es que existe una sensación de inseguridad ciudadana; que la Concertación no supo/pudo disminuir al enfocarse en saldar una injusticia histórica con los acusados de cometer delitos, mediante la Reforma Procesal Penal; y que la Coalición por el Cambio buscó (al parecer, exitosamente) capitalizar en votos el descontento de la gente insegura, pues ambos comparten un concepto que es ajeno a la Concertación: que la libertad, más que una expresión de la personalidad, es una expresión de la propiedad. Si consideramos que el éxito económico en Chile y el consecuente crecimiento de la clase media han hecho que sea más gente la que se considera libre en base a su propiedad, es comprensible el apoyo al actual gobierno en torno a esta materia.

Como se trata de un rasgo diferenciador, el gobierno hace notar más de lo necesario que se encuentra en la lucha contra la delincuencia: Rodrigo Hinzpeter, más que Ministro del Interior, se abocó al rol del eventual Ministro de Seguridad Pública (otra entelequia histérica que espero no se apruebe), dejando de lado otros roles que dicen relación, por ejemplo, con el terremoto; se destaca cada vez más el llamado Caso Bombas como noticia relevante para la seguridad nacional, en circunstancias que se trata de casos aislados y de grupos irrelevantes (no son el IRA o la ETA); se persevera en la política represiva de la Concertación en contra del pueblo mapuche (siendo que los mapuches votan por la derecha... alguien que me explique, por favor); y si eso no fuera suficiente, se vincula al Partido Comunista (cuando están comenzando a caerles bien a la gente) con las FARC, con tergiversación de la prensa de por medio.

Bonus track: Ayer a Fuerzas Especiales se les pasó la mano en la represión de la marcha del CONFECH...

¿Nueva forma de gobernar? Más bien es el antiguo arte del garrote...

Cuando ha estado en el gobierno, la derecha chilena NUNCA le ha tenido asco a hacer uso de la fuerza para legitimarse: si no es ante su propio público, como ahora, es para reprimir al enemigo político o al agitador social. Sin embargo, todos los hechos de violencia que han provenido de esos gobiernos han terminado deslegitimándolos. Un ejemplo claro es el de Arturo Alessandri: hizo cambios muy importantes y positivos para Chile, como los derechos laborales, el impuesto a la renta y la separación de Iglesia y Estado, pero la Matanza del Seguro Obrero lo condenó para la eternidad. Hasta ahora, el gobierno no ha causado matanza alguna y pareciera ser que han adoptado un discurso acorde a los derechos humanos (al menos con Cuba), pero la actual política represiva de seguridad pública permite pensar que la derecha no ha cambiado mucho en la materia, pues sigue existiendo el enemigo interno al cual no se le debe tener contemplación.

El gobierno tiene la gran oportunidad de dejar una obra duradera con la reconstrucción de las regiones afectadas por el terremoto pasado. Se trata de las regiones más pobres del país, por lo que si se plantean políticas que incentiven la inversión en dichas zonas y programas que aseguren servicios públicos de alta calidad a sus habitantes, puede marcarse una diferencia. Sin embargo, todo parece indicar que la derecha, entre la razón y la fuerza, prefiere ésta última...

Te lo dice,

R.F.S.K.
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