jueves, 16 de septiembre de 2010

Una mujer bien respetable



Una mala costumbre que han ido adquiriendo nuestros ex-presidentes democráticos ha sido la de endiosarse al dejar el poder. Entregada la banda tricolor y habiéndose retirado con vítores ciudadanos del Congreso, los ex-presidentes actúan en la vida política como seres intocables a los que no se les puede cuestionar por sus actos de gobierno, ya que dicho cuestionamiento implicaría un daño irreparable a la dignidad de una persona notable que dirigió los destinos del país y de la que hay que estar eternamente agradecidos por su servicio, el cual fue hecho con desinterés.

Ricardo Lagos fue quien revivió el concepto de deidad presidencial (que lo vivimos con otro caballero que al dejar el poder, sólo cruzó la calle), al minimizar las investigaciones de casos de corrupción en su gobierno (son unos casos puntuales de dos pesos aquí, cuatro pesos allá), al no responder ninguna clase de cuestionamiento político (sí a los judiciales, eso sí) y al erigirse como superhombre al considerar que un ex-presidente no estaba para primarias. Mucha de esa soberbia política terminó sacándolo de una carrera presidencial que parecía segura en 2006, cuando su gobierno tenía sobre el 70% de aprobación...

Michelle Bachelet, a 6 meses de haber dejado el trono (porque es lo más cercano a una monarca que hemos tenido), ha continuado dicha actitud. Primero, no aceptando que se le cuestionara por la lenta respuesta gubernamental al terremoto de febrero (y aferrándose a la aceptación de la Armada respecto a los errores del SHOA). Segundo, no haciéndose cargo de manera humilde del aumento de la indigencia durante su gobierno, del que se aprovechó el gobierno de Piñera de manera insidiosa, pero que es un hecho cierto y que contravino a lo hecho por los gobiernos anteriores...

... y tercero, no asumiendo su responsabilidad en el conflicto mapuche.

El día de hoy, la Ex-Presidenta hizo las declaraciones más desafortunadas que le he escuchado desde que dejó de ser mandataria. En relación a la discusión entre Edmundo Pérez Yoma y Carolina Tohá, sobre si el gobierno de Bachelet estuvo de acuerdo o no en aplicar la Ley Antiterrorista, ella señaló:
"No voy a entrar en una polémica donde hay dos miembros del comité político que están opinando a este respecto. Y no voy a entrar, entre otras cosas, porque más allá de que cuando yo escriba el libro de las memorias será un tema al que podré referirme en detalle, creo que no tiene ningún sentido, porque no va en la dirección de lo que hoy día hay que hacer.”
http://www.emol.com/noticias/nacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=436491

Desgranemos el racimo...

- Por más lealtad que le tenga a sus colaboradores, ésta no es una discusión sobre lo que hicieron ellos sino que es sobre una decisión presidencial, a menos que acepte que el Ministro del Interior se mandara solo durante su gobierno (yo creo que era así).

- Una tradición en Chile ha sido la de cargarle el muerto al mando bajo. La culpa es del suche, nunca de alguien que ejerza un cargo de confianza, menos ministerial y JAMÁS el Presidente tendrá algo que ver con eso. Acá, el problema es ministerial parece, pero probablemente la Ley Antiterrorista haya sido una volada del Cabo 1º de Ercilla.

- Un ex-presidente está llamado, por un asunto de decencia y de respeto a la ciudadanía que lo eligió, a explicar las medidas que tomó en su gestión (yo estoy seguro que la decisión no fue de ella, pero shhhht). Hay lugares y momentos más adecuados para dar explicaciones… ¡y qué más adecuado y necesario que cuando se requiere la reforma para salvar la vida de comuneros mapuches! Pero la reina dijo que no, porque sabe que por la boca muere el pez, y por Televisión Nacional, su candidatura presidencial. ¿Lo de las memorias? Algo digno de república bananera...

- Lo que en este momento se requiere, además de una mesa de diálogo que resuelva el problema en concreto de la Ley Antiterrorista, es una declaración de perdón hacia el pueblo mapuche, tanto por el exceso de violencia que han sido víctimas como por la eterna política de asimilación que ha llevado a cabo el Estado chileno. Michelle Bachelet fue responsable política de esa violencia y, al pedir perdón por los actos de su gobierno, podría ayudar a mediar en el conflicto.

Un Presidente es una persona como usted y como yo: tiene sueño y hambre, baila cueca a su pinta, puede estar en todos los estados de ánimo y puede tener aciertos y desaciertos. Por más que tenga un 80% de aprobación, por más que en encuestas lo consideren el mejor presidente de Chile y por más milagros que se le atribuyan, es una persona y las personas debemos asumir nuestros errores con honestidad, con valentía, como sea y aunque duela, más aún cuando tienen consecuencias en la vida o muerte de terceras personas.

Te lo dice,

R.F.S.K.

P.D.: Pueden llamarme femicida político si quieren...

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