jueves, 12 de mayo de 2011

Aquí vamos de nuevo (o cómo tropezarse con la misma piedra todos los años)

Nuevamente llegamos al mayo de las protestas universitarias, de las demandas con puño en alto hacia el gobierno, con la prensa dándole un enfoque policial a las movilizaciones y con la misma chimuchina de siempre. Al igual que la operación retorno del verano, que la venta de pescados y mariscos en semana santa y que las alzas de la bencina, los noticiarios no deberían molestarse en sacar a sus periodistas a terreno, porque unas imágenes de archivo bastan para ilustrar lo ocurrido hoy. Nada nuevo bajo el sol.

La respuesta de la autoridad es idéntica a la de otros gobiernos: “Jóvenes, les abrimos las puertas para dialogar (letra chica: pidan hora con el jefe de la división de educación superior del MINEDUC), pero vuelvan a estudiar porque saliendo a la calle no es la manera de hacer las cosas”. En unos días más, el Presidente va a hablar en el 21 de mayo diciendo que la educación está mal y que lanzará una supercalifragilisticoespialidosa reforma educacional (letra chica: lo mismo que dijo el año pasado) para tranquilizar a los estudiantes, que son el futuro de Chile. Nada nuevo bajo el sol (parte II).

Si lo que piden unos, responden otros y existe en la realidad es lo mismo, algo tiene que cambiar. El gobierno no lo va a hacer, ya sea porque no le interesa o porque se excusa en no tener los votos para hacerlo, por lo que le corresponde a los estudiantes, mejor dicho a los jóvenes, hacerlo.

Más allá de salir a la calle o no, veo varios problemas en la forma de movilizarse de los estudiantes, sean universitarios o secundarios:

1. Poca representatividad: Quienes se movilizan son, en su mayoría, los estudiantes de las universidades tradicionales agrupadas en la CONFECH y los estudiantes de los colegios públicos emblemáticos. La CONFECH carece de legitimidad ante la generalidad de los estudiantes, siendo vista más como algo negativo y como un antro de perdición de los dedicados a politiquería. Los de enseñanza media, por su parte, son los menos perjudicados por el sistema de educación municipal, buscando una suerte de chorreo en los beneficios (si benefician a los emblemáticos, benefician a todos). No se incorpora en el movimiento a los estudiantes de educación técnica, a los jóvenes que no se encuentran en la educación superior por las barreras de entrada existentes, ni a la intelligentsia que pudiera ser más determinante al momento de dialogar con la autoridad.

2. Discurso poco atractivo: Pese a que TODOS sabemos que la calidad de la educación en Chile es baja a nuestras expectativas y a lo que como sociedad en vías de desarrollo requerimos, las peticiones de los estudiantes organizados ahuyentan más que suman. Se trata de un discurso político elaborado y complejo en la opinión pública, porque no se entiende cómo la estatización de la educación (o el fin de la educación de mercado) va a favorecer la calidad de la educación. No es como el rechazo a Hidroaysén, la legalización del matrimonio homosexual o los paros por reajuste a los salarios de los empleados públicos; todas causas muy comprensibles y fáciles de casarse.

3. Falta de creatividad en las formas de acción: La CONFECH, para buscar reformar la educación, se enfoca en las movilizaciones. En algunas circunstancias, desarrolla un diálogo (inútil) con el MINEDUC. Sin embargo, no desarrolla formas en que la ciudadanía intervenga y apoye en su causa, formas que sí logran otras reivindicaciones. Me parecen ejemplar en este sentido las causas medioambientales: los ecologistas se han movido en todos los ámbitos existentes para hacer presente su postura acerca del desarrollo sustentable, desde marchas hasta los mismos medios de educación, golpeando las puertas de los congresistas y concitando apoyo internacional, al punto que lo ocurrido con Hidroaysén no nos deja indiferentes a nadie.

El problema educacional es POLÍTICO. Fortalecer la educación pública es una tarea cuya decisión va más allá de lo que cada uno como individuo pueda hacer. La decisión es del Ejecutivo o del Legislativo, por lo que no da lo mismo quién esté en La Moneda o sea mayoría en Valparaíso. Sin embargo, no existe una acción concreta del movimiento estudiantil que incentive la participación electoral, la educación democrática entre los jóvenes y un voto en bloque a favor de quienes apoyen una reforma de educación pública. Lo que es peor, algunos defienden la voluntariedad del voto.

Para terminar, una sugerencia. En Costa Rica acaban de aprobar una reforma constitucional que eleva el porcentaje mínimo del PIB que el Estado debe destinar para la educación pública: del 6% al 8%. En Chile sólo se destina el 3,8, así que muévanse por eso, brocas!

Creo que antes había escrito sobre esto…

Te lo dice,

R.F.S.K.
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