jueves, 2 de junio de 2011

Argumentos sin pie de página para apoyar el matrimonio homosexual

Por honestidad intelectual, debo explicitar mis puntos de partida (así usted puede mandarme a la cresta de una o seguir leyendo):

  • Evito cualquier argumento que provenga de una fe religiosa, pues creo en la separación Iglesia/Estado y, conforme a este principio, no es aceptable que se legisle cumpliendo los dictados de una religión.
  • Las instituciones sirven a las personas y no las personas a las instituciones, por lo que si una institución no responde a las necesidades de las personas, debe ser modificada.
  • La homosexualidad no es una enfermedad ni una desviación moral, sino una condición sexual: ser homosexual es tan bueno o malo como ser heterosexual.
  • La familia es un “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”.


Dicho eso, explico mi posición:

El matrimonio es la mejor institución jurídica para transformar una relación afectiva en una comunidad de vida. Esta transformación tiene por objeto buscar la mayor realización personal de los contrayentes, para lo cual el Derecho provee de medios dirigidos a los dos aspectos de dicha realización: la espiritual y la material. El sustrato de esta institución es el amor, por lo que el matrimonio debe encontrarse disponible para toda pareja que se ama y quiere consolidar su relación en el tiempo y en los distintos ámbitos de la vida.

En relación a la procreación, finalidad del matrimonio conforme a la ley y a la tradición occidental, se trata de un aspecto del matrimonio que queda al arbitrio de los contrayentes: si quieren tener hijos, que los tengan; si no quieren o no pueden, no hay razón para ponerle fin al matrimonio si no es porque sus propios contratantes así lo quieren. Si además consideramos que la filiación se protege de igual modo en el matrimonio que fuera del matrimonio, podemos señalar que no se desprende de la ley que la procreación sea una finalidad que sólo pueda cumplirse en el matrimonio, menos aún que sea la mejor forma. Lo que se ha mantenido incólume es la protección de la comunidad de vida, del vivir juntos y auxiliarse mutuamente; protección que efectivamente no existe de otro modo si no es mediante el matrimonio.

¿Por qué habríamos de proteger la comunidad de vida entre personas homosexuales? Por algo bien básico: las personas se relacionan entre sí para su mayor realización personal, en la medida que dicha realización no impida injustificadamente la de otro, impedimento que en lo personal no lo encuentro fuera de lo religioso o de una comprensión de la reproducción como algo imperativo a todo ser humano. Si dos personas del mismo sexo estiman que su comunidad de amor les permite satisfacer su plan de vida, el Derecho debe ofrecer la posibilidad que ambas puedan consolidar su relación, de modo de asegurar una relación duradera y ordenada tanto en lo afectivo como en lo material. Así, se adecua la existencia de una relación de hecho en la actualidad a la finalidad del Derecho de la paz social.

¿Por qué llamarle matrimonio? ¿Por qué no un acuerdo de vida en común? ¿Por qué no ofrecer la posibilidad de reconocer autonomía de la voluntad a las parejas homosexuales, cosa que puedan regular sus relaciones ante notario? No soy un fundamentalista etimológico, pero la institución matrimonial tiene efectos valiosos para la seguridad de una relación afectiva (derechos y deberes entre cónyuges, regímenes matrimoniales, derechos sucesorios, etc.), los que son aplicables y necesarios para una relación homosexual. Llamarle matrimonio, entonces, comprende dichos efectos, pero lo importante es el contenido de la institución y no el nombre. Las otras dos alternativas, por su parte, son verdaderas bolitas de dulce que buscan satisfacer de modo incompleto las necesidades de relaciones estables para las parejas homosexuales, incluso estableciendo una jerarquía (el matrimonio es mejor que el AVC) que no se condice con la igualdad que debe existir entre heterosexuales y homosexuales.

Un último detalle. Es importante que el Derecho le permita a las personas desarrollar respeto por uno mismo, entendiendo que ese respeto comprende la expresión pública de nuestra personalidad, sobre todo de nuestras cualidades subjetivas (idioma, religión, género, etc.). Si el Derecho sigue relegando la homosexualidad al ámbito de lo privado, se genera un daño muy grande en aquél aspecto que hace que las personas actúen y contribuyan en la sociedad: el amor propio.

Eso.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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