lunes, 13 de junio de 2011

Ser un romántico viajero

Soy fanático de la Universidad de Chile desde aproximadamente los 6 años, aunque hay fotos mías de antes con la camiseta Adidas que usamos en segunda. Confieso que soy hincha porque en mi casa nunca se respiró otro amor que el por los colores azules, pero una vez que me sentí de la U, se lo he hecho saber a todos y me lo recuerdo cada día de mi vida: desde tener un deseo de cumpleaños guardado para el León hasta ponerme a ver partidos históricos del Bulla cuando estoy mal.

Cuando era chico, me tocó vivir los últimos años de la gran sequía azul: ese equipo de Salah capitaneado por Mariano Puyol y en que los ídolos eran Marcelo Jara, el “Bombero” Ibáñez y, por sobre todos, el “Superman” Vargas. Mis compañeros de curso eran casi todos hinchas de Colo Colo o de Católica, que en esos años peleaba la Libertadores, y se reían porque apoyaba a un equipo que no salía nunca campeón. Mi viejo, para mantener mi orgullo por la U en el pecho, me decía siempre que el hincha de la U lo es siempre y que esos pendejos se harían de la U cuando saliera campeón, para lo que hay que tener paciencia.

La paciencia tuvo frutos: al par de años llegábamos punteros a jugar con Cobresal en El Salvador, con Vargas en el arco; Cristián Castañeda, Fuentes, Guevara y el paraguayo Delgado en defensa; Musrri, Valencia, Mardones y Aredes en el medio; el Bombero y Salas en la delantera. El resultado es conocido y recordado por el pueblo azul. Para muchos de nosotros, uno de los días más felices de nuestras vidas… y muchos de mis amigos se cambiaron a la U.

Desde entonces, nunca más los títulos se nos hicieron tan esquivos. Siempre hubo algo que nos hiciera creer. No faltaron jugadores que mojaran la camiseta y la amaran como uno ama a un hijo, sean de la casa como el Matador, Pinilla, el Jhonny o Seymour; vengan de otros equipos como el Heidi González, el Flaco Olarra, Estrada o Edu Vargas o que no hayan nacido en un país que vibre con el Romántico Viajero como el Leo Rodríguez, Maestri, el Palote Olivera o el Diego. En todo este tiempo han pasado buenas y malas dirigencias, hemos vivido quiebras y bonanzas, hemos tenido cantantes de tango y directores de orquesta como técnicos, pero la U siempre está ahí…

Y eso fue lo que explica el triunfo y título de ayer: que, tal y como lo dijo Herrera, ayer fuimos la U. Siempre lo tiro como talla, pero la U es lo más parecido a la Santísima Trinidad de los católicos: el equipo es el padre, la hinchada es el hijo y el Bulla, esa entelequia que representa el aguante ante todo, es el espíritu que permite conformar una unidad armónica. Esa unidad fue lo que funcionó ayer: el equipo se mentalizó gracias a la hinchada que dio su prueba de fe ante la adversidad; eso hizo que el planteamiento ofensivo de Sampaoli funcionara como reloj y que los hinchas nos descueráramos la garganta gritando en un Estadio Nacional en el que jamás fuimos (ni seremos) visita.

Uno de los cánticos de Los de Abajo que explica el ser bullanguero es ese que dice Jugadores, jugadores… yo les pido por favor… que mojen la camiseta… aunque no salgan campeón. Nosotros aspiramos siempre a ser campeones, pero no abandonamos al equipo si no lo es, siempre que moje la camiseta. Mientras lo hagan, alentaremos. Si no lo hacen, se lo recordamos. Todos los que sentimos la U roja en el pecho nos sentimos responsables del éxito o fracaso de la U; si nos va bien, festejamos; si nos va mal, nos hacemos más grandes para ayudar a esa parte de la Trinidad Bullanguera que está fallando. Como el ser bullanguero habla de esfuerzo, paciencia, aguante y lealtad, ser de la U es una virtud que nos lleva a querer al que también lo es. Al final, somos una comunidad valiosa en la sociedad nacional.

Es todo esto lo que otros simpatizantes no entienden de la U y que les hace considerar como imposible lo que para nosotros es una realidad sufrida pero hermosa.

SALUD, ROMÁNTICOS VIAJEROS!

Te lo dice,

R.F.S.K.
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