lunes, 11 de julio de 2011

Cambio de switch

La agitación social de 2011 ha logrado generar una imagen negativa sobre la esfera pública en Chile: nuestro gobierno es pésimo, nuestros representantes se representan a ellos mismos, todos los empresarios son malos, el futuro de Chile son unos desadaptados conducidos por unos pocos termocéfalos, hay que protegerse del terrorismo tanto en el sur como en la capital y nadie está preocupado por "los problemas de la gente" (lo coloco entre comillas porque, para algunos, es un concepto súper claro). La imagen es tan negativa que logra opacar algo positivo que tenemos y que se requiere con urgencia en Grecia, España y, al parecer, en Estados Unidos: buenos índices macroeconómicos.

Es difícil saber si estamos tan bien como algunos ciegos a la realidad pueden creer o si estamos tan mal como otros empecinados andan pregonando. Podemos encontrar millones de parámetros para ser los mejores o los peores, pero no somos ni Suiza ni Suazilandia: somos Chile y eso generalmente significa estar más o menos bien.

Estando más o menos bien, lamentablemente en el discurso se ha perdido lo bueno, lo positivo, lo esperanzador. Todos hoy estamos más en contra que a favor, porque a veces no sabemos qué nos une o porque estar en contra prende más. Todos manifestamos una desconfianza general en lugar de encontrar algo rescatable. Todos nos ponemos firmes en nuestra verdad obcecada, cuando ante la diferencia razonable es mejor negociar. Todos contribuimos a decir que el otro está al margen de la ley para así justificar nuestros excesos. Todos esperamos recibir, pero no nos gusta dar. Como guinda de la torta... si hay problemas, no son nuestros: son del otro.

En la política, como en la vida, es necesario invitar al otro a creer en algo, porque la política es el espacio donde queremos lograr plasmar y desarrollar nuestra idea del bien común, que implica la creación de un mejor estado de cosas. Ese esfuerzo, por supuesto, requiere de la construcción y de la crítica en su justo equilibrio, pero no podemos quedarnos únicamente en la interpelación incesante ni en la autocomplacencia sin fundamento. Tanto una posición como la otra nos dirige a la mediocridad y es ésta la que hoy tiene alejados a gran parte de la sociedad de la actividad más gravitante en la vida de las personas.

Quienes queremos aportar en política debemos hacer un cambio de switch y detenernos a pensar si con nuestro granito de arena estamos ayudando a que la gente debata, se dirija a sus autoridades, participe en elecciones y se agrupe con otros en torno a una causa o en un partido político. Digo esto porque quienes escribimos y debatimos somos también responsables de la falta de confianza de la ciudadanía en la política y en sus instituciones, al no destacar razonablemente lo bueno que se hace ni presentar alternativas para que la gente deposite su confianza perdida en otros. En tiempos en que las bases de nuestra institucionalidad están siendo cuestionadas y que pueden venir reformas cruciales para el futuro de Chile, es vital hacer de la política un espacio con todos y no sólo con los que están.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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