jueves, 7 de julio de 2011

En busca de la oposición perdida

“Palos porque bogas y palos porque no bogas”. Esta expresión es la que mejor refleja la actitud de la Concertación en su actual calidad de oposición: cualquier cosa que haga o deje de hacer el gobierno, para la Concertación es mala y debe ser basureada a nivel de opinión pública. Desde las viejas glorias, pasando por sus altos mandos y terminando en sus juventudes y activistas, todos están esforzados en un “NO al gobierno”, carente de argumentación.

Precisamente lo anterior explica que, a pesar del bajo apoyo a la Coalición por el Cambio, la Concertación tenga un aún más bajo apoyo ciudadano: 22%.

Uno podría pensar que una oposición queda restringida de acción por el régimen presidencial, en el que senadores y diputados carecen de suficiente iniciativa para desarrollar medidas distintas a las del gobierno. De hecho, no fueron muy distintos los 20 años de oposición de la entonces Alianza por Chile: le negaron el pan y el agua a la Concertación, sólo apoyaban en la medida que se formara una gran ronda que los incluyera en el éxito de los consensos y establecieron temas en los que no iban a colaborar, como el régimen político y el rol del Estado en la economía. Sin embargo, existían figuras políticas destinadas a destruir y otras a construir, en este último grupo principalmente alcaldes y personas con sensibilidad social. Esto último no existe en la Concertación actualmente: todos están, de una u otra manera, unidos en contra del gobierno.

Por otro lado, no es fácil saber a favor de qué se encuentra hoy la Concertación hacia el futuro. No existe una unidad en torno a las libertades civiles, modelo económico, sistema político y reformas sociales. Esto se demuestra con los votos y abstenciones de la Concertación que han permitido aprobar medidas del gobierno, como ocurrió con el Convenio UPOV 91 sobre las semillas, con el royalty minero para la reconstrucción y con el reajuste para los empleados públicos. Además, ante los movimientos sociales, la Concertación se encuentra francamente dividida, no pudiendo ser la voz de la ciudadanía en estos temas.

El gran problema de la Concertación es su falta de moral para criticar. Critican la política energética, cuando ellos son los responsables de irregularidades como las de Ralco y de innumerables termoeléctricas. Critican la política educacional, cuando ellos aprobaron medidas como el crédito con aval del Estado y no tuvieron el coraje para plantear reformas estructurales a la administración educacional. Critican las soluciones de parche, cuando el gobierno pasado se dedicó a los bonos. Critican que el gobierno ha puesto en venta al país, cuando todos sabemos quiénes privatizaron la luz, el agua y las carreteras. Critican lo antidemocrático de este gobierno, cuando la Concertación no se la jugó por una democracia directa y establecía primarias más arregladas que elección de la FIFA. Así, es difícil creerle a las directivas de la Concertación cuando hablan con tanta soltura sobre todos estos temas.

La Concertación ha tenido la oportunidad de replantearse ante la ciudadanía tras su derrota electoral, la que se debe en buena parte a la soberbia y la mediocridad. Sin embargo, llevamos un año y medio y no parecieran haber avances, pues quienes nos consideramos opositores a este gobierno no encontramos señales de confianza en una coalición que se mantiene incólume en su forma, disgregada en su fondo, desconectada con la ciudadanía y coludida con los círculos de poder. Esperemos que el otro dato importante de las encuestas, la existencia de más de un 50% de la población que rechaza a las dos coaliciones tradicionales, sirva para la conformación de un nuevo movimiento político por la justicia social.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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