viernes, 22 de julio de 2011

#Hagamoscreíblelapolítica, Parte II

Antes de llamar a creer en personas e instituciones que se encuentran totalmente descreditadas ante los ojos de la ciudadanía, quienes consideramos que la justicia social se busca en política debemos promover los cambios que eliminen las aprehensiones razonables que tiene la gente sobre la política. Como la política la hacen los políticos, más que un cambio de principios, se trata de un cambio EN las personas y DE las personas.

Aprehensiones hay muchas: que los políticos venden la pomada en elecciones y después brillan por su ausencia, que los políticos son poco consecuentes con los principios de sus partidos, que ante los políticos es más importante el lobby de un empresario que la opinión de un poblador, que algunos políticos no conocen su zona y legislan con ojos de santiaguino, que hay mucha gente que se mete en política para que les den pega, que los políticos son capaces de todo con tal de recibir un cargo, que las cosas en política se arreglan con un cafecito o reuniendo a los ex-compañeros de curso y muchas otras que no dejarían títere con cabeza en Valparaíso o en Santiago.

Muchos tienden a echarle la culpa al empedrado diciendo que el sistema no ofrece incentivos para hacer las cosas mejor… y en casos en que no hay como argumentar, le echan la culpa al gran culpable de todo desde que falleció Mi General: el sistema binominal. ¡Las pelotas! Si los partidos fueran lo suficientemente abiertos, igualitarios y empáticos con la gente, para lo que no se requiere de ninguna ley, quizás hoy día no sentiríamos que vivimos en una olla de presión política.

De lo anterior, mis 3 humildes principios centrales para los partidos políticos democráticos:

Apertura: Los partidos deben estar abiertos a que cualquiera que quiera aportar efectivamente dentro de sus principios lo pueda hacer. A su vez, las jerarquías partidarias deben estar abiertas a críticas y sugerencias de todo el que quiera hacerlo, pues el sistema electoral hace que los ciudadanos voten por partidos y coaliciones, no por personas. También, deben existir todas las instancias posibles para que sus representantes y autoridades expliquen sus medidas y puedan ser reconvenidos por sus partidarios. Pero lo más importante es que hayan primarias abiertas y obligatorias para elegir candidatos a cargos de elección popular.

Igualdad: Cada militante debe tener el mismo valor para la toma de decisiones del partido y cada ciudadano simpatizante debe tener la misma voz para hacer presente sus inquietudes al partido que los representa. Las directivas de los partidos deben tener instancias reales de diálogo y trabajo con cada sector de la sociedad (juventudes, mujeres, adultos mayores, juntas de vecinos, etc.) y no pueden ser elegidas por consejos políticos, pues equivale a decir que hay unos más importantes que otros. El mérito debe ser un principio esencial, pues sólo así tendremos partidos que puedan promover la justicia social.

Empatía: Los problemas de los chilenos son los problemas del partido. Es el partido el que debe llegar a las personas y no las personas al partido. Por esto, su institucionalidad debe estar dirigida a que la inquietud de la gente llegue al partido y éste actúe en base a dicha inquietud interpretada por los principios básicos. Si esto no ocurre, la gente puede reclamar al partido y los militantes pueden quitarle el voto de confianza a su directiva o representantes. Además, el partido deberá desarrollar acciones de empoderamiento abiertas a todas las personas, de modo de desarrollar una confianza recíproca entre el partido y las personas.

Podemos discutir cuáles son las medidas que permiten alcanzar de mejor manera estos tres principios, pero por mejorar en estos tres aspectos pasa la calidad de la política y de la democracia en Chile. Son todos aspectos que dependen de la voluntad de quienes están a cargo de los partidos, pero también de quienes pueden ingresar y convencer a otras personas (lo que prefiero llamar "tomarse los partidos"). Quizás eso requiera previamente que algunos valientes metan las manos en la mierda para revitalizar a instituciones acomodadas y alejadas de la realidad, pero son los partidos y los políticos los que tienen que cambiar para ganarse la confianza de la gente y no al revés.

Te lo dice, deseándote un feliz fin de semana,

R.F.S.K.



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