lunes, 16 de mayo de 2011

Hidroaysén (o el candado chino verde)

La defensa del medio ambiente es a la izquierda lo que la defensa de los embriones es a la derecha: ambos consideran que se trata de un debate monocromático (blanco o negro), por lo que adoptan una posición necesariamente extrema; ambos descalifican a quienes disienten de ellos y ninguno de ellos plantea la posibilidad de una posición intermedia.

El ejemplo claro lo encontramos en el debate sobre Hidroaysén. La posición ecologista se ha colocado en una situación de defensa a ultranza de un modelo de desarrollo basado exclusivamente en energías renovables no convencionales, algo que suena lindo pero que para un país en vías de desarrollo como nuestra larga y angosta faja no resulta realista (aunque reconozco que no tengo los elementos de juicio para decir si la energía que tenemos hoy basta y sobra). Los ambientalistas consideran que la energía hidroeléctrica es moralmente incorrecta y que quienes la promueven son depredadores (cuando son menos que eso). Además, no han planteado ninguna alternativa real, a corto plazo y eficiente para proveer al Sistema Interconectado Central de más energía; más aún, no han planteado un modelo de desarrollo nacional distinto al de producción minera e industrial que se emplea hoy.

Estoy de acuerdo con muchas de las razones que se han dado para el rechazo a Hidroaysén. Además, me opongo a todas las artimañas que han empleado Endesa y Colbún para cumplir a toda costa con su proyecto (derechos de aguas, dineros irregulares a la población de la XI Región, promesas incumplibles como energía a bajo costo para Aysén, etc.); me opongo al valor de mercado que como sociedad le damos al agua (¿se lo daremos al aire también?) y me opongo a la forma en la que ha actuado Don Dinero en este episodio, algo que habla muy mal de la moralidad de nuestra clase dirigente.

Sin embargo, falta que quienes se juntan en Plaza Italia y sufren el embate de las lacrimógenas respondan a la pregunta del modelo energético y que respondan con qué quieren, no con lo que no quieren. Además, deben considerar que Chile no es Alemania, ni Holanda ni ninguno de los países que hoy sí desarrollan proyectos de energías renovables no convencionales, por lo que necesitamos de muchos megawatts y a bajo costo para poder responder al modelo de desarrollo existente.

En lo personal, me parece que hay que explorar la posibilidad nuclear en el norte, donde no hay medioambiente ni población humana que pueda sufrir un riesgo como el de Fukushima, pero ese soy yo. Otras alternativas pueden ser aumentar las áreas de protección ambiental, para transparentar las áreas donde sí se pueden hacer proyectos hidroeléctricos de mediana o gran escala; establecer incentivos tributarios para la creación de granjas eólicas y centrales geotérmicas (MENOS EN LOS GÉISERS DEL TATIO!!!) o subsidios para placas solares en los hogares; aprovechar el sueño chilote del puente para generar energía mareomotriz (en Francia se usan puentes sobre estrechos y bahías para construir centrales); etc.

La pregunta no es si queremos salvar el Baker y el Pascua para que todo chileno los conozca. La pregunta es qué modelo de desarrollo queremos y qué costo estamos dispuestos a asumir. Si queremos que hagan mierda todos los cerros del norte, nos da lo mismo apagar la luz o la calefacción y creemos que la solución a la pobreza es tener más industrias, no vayan a protestar en contra de Hidroaysén, porque lo necesitarán.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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