miércoles, 19 de octubre de 2011

El chiche nuevo de los honorables

El día de ayer, la Comisión de Régimen Interno de la Cámara de Diputados informó que se licitará la adquisición de 120 iPad 2 para el nuevo soporte tecnológico de la Corporación. Estos dispositivos serán entregados en comodato (prestados) a los parlamentarios, pudiendo ellos aceptarlos o rechazarlos. ¿El costo de esta inversión? Se habla de unos 60 millones de pesos.

Por alguna razón, esta idea no ha sido bien recibida por la ciudadanía.

¿Cuál es el problema? ¿Los 60 millones? No, porque gastarlos en programas sociales no hace la diferencia. ¿Qué los parlamentarios tienen el sueldo suficiente para comprarse iPads? No, porque estos aparatos no son para llevárselos a la casa. El problema está en que se hace pasar por gastos necesarios y justificados, cosas que en realidad constituyen privilegios materiales.

La función parlamentaria requiere de ciertas excepciones y ventajas. Requieren de una dieta que los desligue de sus negocios. Requieren de un fuero para legislar sin temor a ser perseguidos. Requieren de asignaciones y viáticos para poder cumplir la representación de sus distritos. Sin embargo, todo lo anterior requiere una cierta adecuación a la realidad nacional, de modo que el servicio público sea un trabajo profesional y no una fuente de enriquecimiento. Cuando la realidad de muchas escuelas es la falta de herramientas computacionales básicas, cuando en vastos sectores del sur no existe siquiera señal para celulares y cuando nos hace falta un mejor sistema de información en caso de desastres naturales, la compra de 120 iPads es un despropósito.

Además, la función parlamentaria es esencialmente representativa. El senador o diputado debe interpretar el sentir de su comunidad y manifestarla mediante su trabajo y voto. Para que esta interpretación se haga con fidelidad, se necesita un cierto grado de empatía, de ponerse en el lugar de otro, de entender la realidad que requiere de su acción. Cuando la vida política es una vida de lujos, como el iPad (aunque no sean de su propiedad) o el uso de choferes, y despilfarros, como el mal uso de los pasajes de avión, las decisiones se toman desde una realidad muy distinta, la que no siempre reconoce la existencia de necesidades en el otro.

Por último, si es que ustedes son de los que creen que los políticos requieren estar en el Olimpo para una mayor claridad mental a la hora de decidir, fíjense bien en el mérito que hacen nuestros parlamentarios para ganarse su iPad: baja asistencia a las votaciones, algunos no presentan proyectos, irregularidades en el uso de las sedes distritales, no todos cumplen con una adecuada comunicación con sus votantes, etc. Si eso aún no le basta, la gente hoy pide fórmulas plebiscitarias para resolver conflictos sociales pura y exclusivamente porque el Congreso no hace su trabajo. En un contexto de irregularidades e inoperancia, es dudoso que un iPad o mayores beneficios sean justa retribución o ayuden a una mejor gestión.

Hace 87 años, ocurrió algo similar, pero en condiciones más extremas: cuando Chile tenía una crisis económica y urgía la necesidad de leyes sociales, el Congreso de aquél entonces sólo pudo ponerse de acuerdo para crear una dieta parlamentaria. La inoperancia y la insensibilidad social de los parlamentarios motivaron a sectores de las Fuerzas Armadas, quienes se encontraban dentro de los postergados, a actuar en lo que se conoce como el ruido de sables. Estamos lejos de esta situación, pero el hecho que el Congreso decida diligentemente sobre un iPad y no sobre la educación o la salud es algo más que anecdótico: es una muestra de la actual crisis de nuestra política.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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