jueves, 6 de septiembre de 2012

De humor, política y curas zoofílicos

Hace unos meses, supe de la eventual existencia de un "The Clinic de derecha" que nos iba a sorprender. La verdad es que le tenía fe porque creo que también es hora de reirse de los que se ríen de todos. Sin embargo, me equivoqué y aprovecho de pedir las disculpas del caso: Ají Verde es bastante fome.

En gustos no hay nada escrito (dijo la vieja que se comía los mocos), pero la apuesta de un humor más-irónico-que-grotesco y de ampliar la variedad de blancos de chistes a personajes como la señora comechicles o Don Girardi no da risa. Ni siquiera pertenece al género del humor blanco, porque yo me río con el Bombo Fica, pero mostrar a Alejandro Navarro como un chanta no da risa, sino que muestra una verdad que me lo dice en forma seria el duopolio El Mercurio-COPESA.

La noble empresa del grupo de jóvenes soñadores detrás de Ají Verde genera la siguiente pregunta: ¿Los fachos pueden hacer humor?

Yo creo que sí. Por más que Coco Legrand trate de no quedar mal con nadie, es un ejemplo de humor facho (porque esos análisis sociológicos de la clase media emergente sólo puede hacerlos un cuico). El team de Felipe Izquierdo con los hermanos Larraín también es un tipo de humor facho buena onda, sobre todo el primero en la Radio Duna. Para los más retro, Andrés Rillón en el Jappening con Ja y en Medio Mundo insertó una dosis de humor absurdo que se extraña un poco.

Sin embargo, por naturaleza les cuesta más. ¿Por qué? Porque el humor es, en sí, subversivo. El humor político y religioso busca rebajar al nivel de pobres diablos que somos al poderoso. El humor familiar busca faltarle el debido respeto a personas que lo exigen más de lo necesario, como la suegra. El humor infantil es un barniz de ternura a nuestras mentes cochinas de adultos. El humor de pareja es una válvula de escape a la institución más represiva de todas: el matrimonio. La subversión llega a tal extremo que ni las razones históricas de exclusión social quedan exceptuadas de una carcajada.

Sean los conservadores que ponen rosarios en sus ovarios, sean los liberales que admiten la venta de sus padres siempre que se respete el precio de mercado, la derecha chilena tiene su razón de ser en la defensa del orden y la lucha contra la subversión. Ellos defienden las instituciones de las que nos reímos. Ellos tienen el poder que buscamos desvanecer en los chistes. Ellos promueven una versión de la familia en que la suegra es matriarca y el marido infiel es mala persona (cuando todos sabemos que la suegra es un cacho y el cachero de las pampas es un crack). Ellos se acomplejan al leer las palabras "poto" y "caca"... y por cierto no tienen el talento para usar bien la palabra "pico" en una rutina humorística (salvo Hermógenes Pérez de Arce cuando contó el chiste de la mujer humilde que tuvo sexo con un hombre de clase alta...).

Pero no seamos tan lapidarios con nuestros amigos fachos. En verdad tienen un sentido del humor bien especial. Son bastante chistosos cuando menos lo intentan, como Pablo Longueira cuando hablaba en sueños con Jaime Guzmán, como Gonzalo Rojas todos los miércoles con sus chistes de la guerra fría, como Iván Moreira casi siempre, como Su Excelencia cuando abre la jeta, como el cura Medina cuando ladra, como el alcalde de Independencia con sus prédicas, como todos los fachos que comentan las cartas de El Mercurio, etc. Es éste el item humorístico en el que son mejores que el resto, porque en realidad no me río con los stalinistas del PC-AP, me da rabia que el pinochetismo siga vivo, me cae mal Francisco Vidal con sus intentos de ser el Moreira detrás del Arcoíris y la señora comechicles corre en el carril de la cariñocracia, no del chiste. Aún así, Cambio21 no lo hace nada mal como humor fatalista-bacheletista.

En conclusión, la mejor manera de tener un pasquín humorístico de derecha es pasándole lápiz y papel a los viejos vinagres y chupafusiles de siempre.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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