sábado, 28 de diciembre de 2013

Idea loca Nº 1: Prohibir la publicidad de educación superior

Luego de ver una publicidad de una universidad cuyo nombre dice relación con el rey de la selva, se me ocurrió la siguiente idea loca: se debería prohibir la publicidad pagada de instituciones de educación superior.

Pensemos más allá de los tabúes de las prohibiciones en un Estado liberal y democrático y analicemos la idea.

En materia de la publicidad universitaria (la más preocupante, por el mito que "la universidad te garantiza el éxito"), podríamos agrupar a las actuales instituciones en 3:

a) Universidades de excelencia del CRUCH: Requieren poca o nula publicidad. Si la requieren, es para hacer presente su existencia en épocas de PSU, para publicitar una nueva sede o carrera o para captar gente de otras ciudades. Usan apenas un emblema y un slogan, porque quienes desean ingresar en dichas instituciones sabrán buscar lo demás. Consiste esencialmente en publicidad estática.

b) Universidades del CRUCH de menor ranking y universidades privadas con acreditación alta: Ambas requieren de publicidad para captar gente con buen puntaje para financiarse, pero con distintos mensajes. Las primeras, generalmente de regiones, apelan a su carácter tradicional o público. Las segundas, principalmente de Santiago, se muestran como competencia a las de excelencia tanto en infraestructura como en plantel y en egresados. Hacen presente sus carreras, profesores y rankings. Usan indistintamente publicidad estática como audiovisual.

c) Universidades privadas con acreditación mínima o nula: Hacen uso de gran cantidad de publicidad en todos los medios posibles. Buscan tener la mayor cantidad de estudiantes, tengan o no buen puntaje, para financiar los planes de desarrollo de la universidad y, eventualmente, mejorar su status. Por lo mismo, invitan a los estudiantes mediante frases como "vamos que se puede", "aquí pueden entrar todos" y "te ayudamos a cumplir tus sueños". Presentan a sus profesores o egresados más mediáticos y a estudiantes que podrían estar en cualquier propaganda de retail.

Las primeras casi no usan publicidad formal, pues su verdadera forma de incorporar buenos estudiantes es con su historia y sus ex-alumnos. Las segundas usan bastante publicidad, pero la requieren más por un tema de competencia darwiniana, pues se trata de instituciones con tradición o que son emergentes, que cumplen con aportar masa crítica a la sociedad en cierta forma y que tienen exigencias tanto en el acceso como en los estudios. Incluso, si se justificara su publicidad, pareciera ser que existe concordancia entre la realidad de la institución y el mensaje que se da, no habiendo engaño.

Pero en las terceras instituciones, la publicidad no es más que una forma de dirigirse al 40% de la población que no entiende lo que lee, aprovechándose de dicha circunstancia e induciéndolo a una decisión por factores poco relevantes y que no se condicen en nada con la realidad de la institución y sus egresados. Todo esto por un tema de financiamiento más que de cumplimiento con una misión educacional.

Como sociedad, no podemos ser indiferentes a las decisiones que cada uno tome. Es verdad que somos libres para decidir si salvar el mundo o comer caca. Sin embargo, cuando un buen grupo de la población empieza a comer caca, derechamente comprar títulos profesionales que no le sirven para trabajar en lo que se estudió y convertirlos en esclavos ilustrados y endeudados, es un problema que afecta el bien común y se debe actuar de manera oportuna y salvaguardando los derechos de tanto estudiantes como instituciones.

Prohibir la publicidad de pago propio ayudaría a evitar que instituciones se aprovechen de gente que ya ha sido víctima de la educación básica/media. Ante la falta de voladores de luces, estas personas se informarán mediante datos objetivos, en un lenguaje comprensible y enfocado exclusivamente en lo educacional, haciendo presente exigencias, beneficios y calidad comprobable. Estos datos pueden ser entregados por instituciones públicas como el Consejo Nacional de Acreditación o por instituciones privadas como fundaciones y centros independientes de estudio, creando una batería desinteresada de opciones para que los jóvenes y sus padres puedan tomar una decisión responsable.

¿La libertad de enseñanza? No se afecta, porque esas instituciones pueden seguir funcionando y nadie le pone una pistola al cabro de 18 para que estudie en tal o cual universidad. ¿La libertad de emprendimiento? El que quiera y cumple con la ley puede abrir y mantener una universidad, dándola a conocer a través de información pública y gratuita. ¿Discriminación arbitraria? Para nada, pues ninguna institución puede pagar por su publicidad y no se está diciendo con fondos públicos que la universidad A es buena y la B es mala. ¿La libertad de expresión? Aquí puede haber un problema, porque tenemos derecho a engañar. Sin embargo, cuando varias personas jurídicas engañan a mucha gente, existe un perjuicio social que la ley debe prevenir, más aún cuando dicho perjuicio puede ser irreparable por jugar con el destino de las personas.

Los invito a pensar en esta idea loca. Creo que puede ser una buena medida en aras de una educación de calidad basada en instituciones socialmente responsables.

Te lo dice,

R.F.S.K.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Epílogo

Michelle Bachelet es la presidenta electa para los próximos 4 años. Ganó con el porcentaje más alto que un candidato haya tenido en una elección con sufragio universal y competencia democrática en Chile. Por otro lado, Evelyn Matthei obtuvo el porcentaje más bajo de un perdedor en segundas vueltas y bajó la barrera psicológica del 40% de la derecha. Todo esto en un escenario de abstención del 58% del padrón electoral...

Sin embargo, ¿cuál es el epílogo de esta historia para quienes fuimos meros expectadores de este déjà vu del Plebiscito de 1988, de esta elección en la cual no quisimos votar, anulamos o votamos en blanco?

La respuesta a esta pregunta es sumamente incierta. Puede ser que el segundo gobierno de Michelle Bachelet cumpla con lo prometido. Puede ser que se cumpla en la medida de lo posible o se excuse en alguna crisis económica. Puede ser que el carisma de la presidenta electa y la cooptación de los partidos y movimientos agitadores nos sumerja en un placebo social, en el que hay razones para protestar pero no lo hacemos. Puede ser que el estallido que se vaticina junto al Gran Terremoto del Norte llegue ahora. Puede haber un reordenamiento político general con una nueva Constitución (poco probable) o con un nuevo sistema electoral (más probable). En fin...

Éstas son las conclusiones para el progresismo ideológico, ecologismo y socialismo del siglo XXI, lo que en conjunto viene a ser la izquierda vanguardista.

1. Organizar la oposición

El triunfo carente de postulados ideológicos de la Nueva Mayoría hace que quien llegue al gobierno sea una coalición que busca incluir a todos desde un conservadurismo liberal hasta un comunismo de consignas. Esta coalición tiene una oposición fiscalizadora hacia la derecha, tanto en el Congreso (la Alianza) como en la sociedad civil (el empresariado). Hacia la izquierda, en cambio, no existe conciencia de oposición organizada, pues quienes lideraban este esfuerzo van a ser parte del gobierno mañana.

Alguien podrá decir que la ciudadanía es sabia y se organiza sola cuando las circunstancias lo ameritan. Así se quiso hacer ver durante el gobierno de Piñera, pero en la realidad los distintos liderazgos de movimientos sociales venían de la NM y mañana se deberán a dicho gobierno, que siembra esperanzas pero no confianza. Por lo mismo es importante que quienes creemos en causas generales como un gobierno popular para 2018 o en causas particulares como la protección del medio ambiente o los derechos de las minorías sexuales, nos unamos de manera política, ya sea en partidos o movimientos que vayan más allá de la contingencia, que luchen hasta que el objetivo esté cumplido y que se esfuercen en entender que todas estas luchas tienen por objeto una mejor institucionalidad democrática.

2. El Frente Amplio

Si sumamos los porcentajes de las candidaturas de Claude, Miranda, Enríquez-Ominami y Sfeir, todas ellas suman un 17,37%. Los partidos de estos candidatos obtuvieron en la elección de consejeros regionales, que es más por partidos que por personas, un 14,24%. Si bien no es un porcentaje que permita conformar gobierno, sí es un apoyo relevante a una tercera fuerza política.

En este ejercicio podemos considerar también a gente que se aburrió del sistema político actual, a gente que vota por partidos de la NM sólo por un tema de gobernabilidad y a partidos de esta misma coalición que dicen tener vocación de mayoría. Me atrevería a decir que existe entre un 25% y un 33% de votantes actuales con los que se puede construir una coalición que aspire a ser gobierno.

Es importante que estas fuerzas, las cuales tienen el deber moral de coincidir en el rol de oposición, dialoguen con miras a ser gobierno y a elegir escaños. Tiempo hay de sobra. Sin embargo, la carencia de parlamentarios es una tara psicológica para los partidos de izquierda, pues se duermen en sus laureles y sus sedes se llenan de telarañas hasta que no haya que legalizar al partido por obtener menos del 5% nacional. Eso no puede pasar durante estos 4 años, en los que hay que trabajar para que los proyectos secuestrados por la NM se vean satisfechos sin mezquindad y para que la principal causa que nos une, la Asamblea Constituyente, no muera por inactividad de la gente.

3. Trabajar con los de afuera

Más importante que los datos con los votantes actuales es el dato de las 6 millones de personas que hoy decidieron no avalar a la mejor candidatura de la NM en términos electorales, ni a la candidata más representativa de la Alianza. Desglosar dentro de esos 6 millones a los que tienen interés en política y a los que no lo tienen es difícil, pero se trata de un grupo relevante de la población que no avala al duopolio o que no es capaz de salir de su casa para defenderlo.

Más que extirpar a grupos no tan convencidos de la NM como el PC o el Partido Radical, quienes creemos en la izquierda vanguardista debemos apuntar a los de afuera. Es gente descontenta como uno. Es gente que no se siente escuchada como uno. Es gente que pide cambios relevantes como uno. Es gente que está aburrida del letargo democrático entre Alianza y NM como uno. No todos son de izquierda, y dentro de quienes no lo son, hay un sector que es más por reminiscencias de la Guerra Fría que por proyectos futuros. Quizá la construcción de un lenguaje nuevo, sin tanto charango y peña pero con más derechos y responsabilidades compartidas, pueda generar un espacio de trabajo distinto y que puede constituir una mayoría seria en un futuro no muy lejano.


Más allá de estas ideas, es importante que en algún partido, sede social o marcha ciudadana nos podamos encontrar. Hablando con muchos de ustedes sobre estos temas, creo que hay un talento intelectual y emocional que hoy no está en la política y que no se puede perder. Coincidimos en muchos principios y proyectos, pero nos falta creernos el cuento y dejar de temerle al trabajo por fuera y con los de afuera.

Espero, con este epílogo, ayudar a (re)encantarnos con esa chispa ilusa y juvenil de cambiar el mundo.


Te lo dice,

R.F.S.K.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario (o Una reflexión borghiana del referente de los jóvenes)

(Por transparencia intelectual, creo que más que ganarle a la derecha, hay que ganarle al conformismo y a la indiferencia, vicios políticamente transversales)


Hace un par de años nació un movimiento político llamado Revolución Democrática, creado principalmente por el ala progresista de la Nueva Acción Universitaria, movimiento estudiantil de la UC que ha ganado la FEUC desde 2008. Desde un comienzo, este movimiento se planteó renovar la política tanto en lo referido a prácticas como a personas, buscando una base desde los jóvenes profesionales y sectores desencantados con los gobiernos de la Concertación y planteándose participar en elecciones locales o nacionales que representaran esta visión. Así fue como trabajaron activamente en la campaña municipal que llevó a Josefa Errázuriz a ganarle a Cristián Labbé, más por los defectos del segundo que por las virtudes de la primera.

Tras su primera victoria ciudadana, RD subió un peldaño a proponer candidaturas parlamentarias. De varias cartas a apoyar, decidieron lanzar únicamente la candidatura de Giorgio Jackson, ex-presidente de la FEUC y cara visible del movimiento. Eligieron el distrito 21 de Santiago, el cual ignoro si es la comuna donde ha vivido el hoy diputado electo o si es una comuna donde su movimiento tiene arraigo. El punto es que decidieron poner todas sus cartas en su mejor candidato y en un distrito que en términos de política estudiantil es emblemático por los colegios y universidades que en él se encuentran.

Desconozco el detalle de los entretelones y si los rumores son ciertos, pero cuando la candidatura de RD en Santiago se planteó, existía la posibilidad que Jackson participara en las primarias de la Concertación. Los partidos de la coalición de centroizquierda aceptaron la participación de independientes en sus primarias parlamentarias con la condición que apoyaran al candidato presidencial que ganase la respectiva primaria (que era altamente probable que fuera Michelle Bachelet). Luego se dijo que el PPD (partido que tenía el cupo blindado de la Concertación en Santiago desde 2001) apoyaría a Jackson como independiente con la misma condición. RD se negó y luego que fracasaron las primarias parlamentarias de la Nueva Mayoría, se decidió participar como independientes.

Así las cosas, RD inició el proceso de recolección de firmas y de aportes para la campaña que afrontarían solos, contra viento y marea. Parecía para muchos que en lugar de ser un movimiento satélite y oxigenador de la desgastada Concertación, RD se presentaba como un movimiento con legitimidad propia, con bases distintas y con un proyecto alejado de los conflictos de intereses y del aburguesamiento de la coalición de centroizquierda. Había algo de David y Goliat en la perseverancia del referente de los jóvenes...

... hasta que en el último día de inscripciones de candidatos al Congreso, la Concertación decidió omitirse en Santiago.

¿Fue una omisión acordada o voluntaria? Cada uno tendrá su parecer. A mí me parece que la relación entre los liderazgos de RD y la Concertación son tan fuertes (de familia, sin ir más lejos) que resulta difícil que no haya habido algún tipo de negociación. La Concertación no perdía nada omitiéndose porque un escaño ganado por RD era igual a un escaño de la Concertación (algo similar como el pacto con el Partido Comunista). RD no perdía nada porque ganaría fácil un escaño que no habría tenido en situación de competencia abierta. En definitiva, todos felices para ganarle a la dereshhha (gentileza de Escalona y Andrade).

¿El final? Jackson es electo con 48% de los votos, sacando primera mayoría en Santiago y más que duplicando a cada rival de la Alianza (si esto no es elección blindada...).

... pero no me preocupa el final, sino el epílogo.

No han pasado 3 días de la elección general y Giorgio Jackson invita a su movimiento a apoyar a Michelle Bachelet en segunda vuelta. Las bases de RD deciden democráticamente plegarse a esta invitación. Todo esto sin pedir nada a cambio y sin sentarse en conversación directa con la candidata. Todo para ganarle a la deresssha, que todos sabemos que ya perdió.

¿Por qué me preocupa? Porque me parece que todo esto no es más que una joda para Videomatch. Porque se arma un movimiento cuya justificación es la crítica a cómo se han hecho las cosas y sin pedir garantías de nada, se pliegan a los responsables de las políticas de los últimos 24 años. Porque han sido beneficiados por las mismas malas prácticas, como el blindaje, los almuerzos de fin de semana y las figuras carismáticas con factótums, sin que se paren de frente y lo condenen. Porque han jugado en la cancha política de la Concertación y no han dado la lucha por fuera, ya sea en la izquierda (como la Izquierda Autónoma) o en la centroizquierda de verdad (como el PRO). Sería mejor que se plegaran honestamente a la Nueva Mayoría y dejaran de vender una imagen que hasta ahora no se condice con su realidad.

En este sentido creo que es más loable no sólo el esfuerzo independiente de Gabriel Boric en Magallanes (que pese a ser apoyado por caudillos locales se mantuvo firme y fuera de las grandes coaliciones), sino también el de aquellos locos soñadores que pese a enfrentarse a la mierda insoportable, lo hacen desde adentro, en las juventudes de sus partidos, sin travestismos. Al menos son transparentes en sus intenciones.

Para terminar, citando al verdadero revolucionario y demócrata de este país, más allá del carné y de las fotos, "hay jóvenes viejos y viejos jóvenes".


Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 19 de noviembre de 2013

¿Y el sistema electoral?

El aplastante triunfo electoral de la Nueva Mayoría (dejen de venderla y cámbiense de nombre, por favor) se tradujo en la obtención de 68 escaños en la Cámara de Diputados. Por su parte, la Alianza bajó la barrera psicológica de los 50, perdiendo el veto en reformas a leyes orgánico constitucionales. Los restantes 4 diputados son independientes (3) y un diputado del tercer Partido Liberal que tiene Chile.

Si lo llevamos a votación, la NM obtuvo 47,76% de los votos en la elección de diputados; la Alianza, 36,17%; Si Tú Quieres, Chile Cambia (lista del PRO y del Partido Liberal), 5,45% y otros 3 bloques obtuvieron porcentajes entre el 1% y el 3%. Los independientes en su conjunto lograron el 3,31%.

Si el sistema electoral buscara una proporcionalidad estricta, sin umbral de elección (o sea, sin exigirles a una lista un determinado porcentaje para obtener diputados), la composición de la Cámara en 2014 sería la siguiente:

  • NM: 58 diputados (10 menos)
  • Alianza: 44 (-4)
  • STQCC: 6 (+5)
  • Partido Humanista: 4 (+4)
  • Independientes (si fueran en forma de lista): 4 (+1)
  • Nueva Constitución para Chile: 3 (+3)
  • PRI: 1 (+1)


OK, puedo ceder en el tema de los llamados "partidos marginales" y exigir un porcentaje de representatividad. Un 5% parece razonable. Si estableciéramos ese umbral y restando los 3 diputados independientes que por su naturaleza no pueden ir en lista, un resultado proporcional sería el siguiente:

  • NM: 63 diputados (-5)
  • Alianza: 47 (-1)
  • STQCC: 7 (+6)


Con estos datos, podemos concluir que tanto los porcentajes de la NM como de la Alianza se encuentran sobrerrepresentados en la Cámara. Algunos dirán gobernabilidad, otros exclusión.

Lo que a mí me preocupa es que el bloque de centroizquierda se haya mantenido en estos días tan feliz con el resultado pero tan complaciente con el sistema electoral que en el papel decían criticar.

Ayer, en Más Vale Tarde, Álvaro Escobar le preguntó sobre esto último a Alejandro Guillier (IND-PRSD), senador electo por Antofagasta y que con su alta votación y con la división de la Alianza permitió que su compañero de lista, Pedro Araya (IND-DC) fuese electo con el tercer lugar. El otrora lector de noticias contestó que lo perjudicial no era el doblaje, sino que en situaciones como la ocurrida en Los Lagos el 66% equivaliera al 33% en términos de escaños.

Esta respuesta, que no es única en la NM, me parece deplorable.

Deplorable porque refleja un compromiso parcial con la reforma electoral. Lo que le molesta a la vieja Concertación es la desproporcionalidad en la medida que les afecte a ellos, mas no como un defecto general del sistema binominal y minoritario. Esto se confirma también con el fracaso de la Comisión Boeninger, propuesta por Michelle Bachelet en su gobierno para terminar con el binominal, fracaso que se debió a que parlamentarios de la Concertación se opusieron al redistritaje para no perder su nicho electoral.

Deplorable porque le estamos dando la razón a la Alianza. Una gran crítica de la derecha a las intentonas de reforma electoral es que no hay consenso interno en la centroizquierda sobre cuál es el sistema que reemplazaría al binominalismo minoritario. Todos queremos otro sistema, pero algunos quieren un binominal corregido, otros un sistema proporcional, otros un sistema uninominal, otros un sistema mixto, habemos locos soñadores que nos gustarían las preferencias, habemos quienes valoramos los escaños nacionales, etc. Sin embargo, este triunfo de la NM los tiene tan felices que pareciera no haber razón práctica para cambiar el sistema electoral, salvo para impedir que ocurra la injusticia sufrida en Los Lagos.

Creo que dentro de la unidad que hay que generar en los grupos que no estamos representados en el Congreso, está la referida a las críticas al actual sistema y a los valores que queremos recogidos en un próximo sistema.

Del actual sistema no me gusta la distorsión en la representación, no me gusta que pierda el primer lugar (vaya o no vaya en lista), no me gusta el arrastre de diputados que salieron electos con el 5%, no me gusta que un distrito enorme como Maipú elija los mismos diputados que un distrito cada vez menos poblado como Vallenar, no me gusta que tengamos los mismos distritos de 1989 y no me gusta que partidos con una representación relevante queden fuera.

Quiero un sistema donde los escaños se repartan proporcionalmente a los votos, quiero que el primer lugar de una circunscripción/distrito gane (ojo que en el sistema previo a 1973 esto siempre ocurrió), quiero premiar el esfuerzo de los votos individuales en la medida de lo posible, quiero distritos con representantes proporcionales a su población, quiero redistritaje cada 10 años según el Censo y quiero que partidos como el Humanista, el Igualdad, el PRI y el PRO tengan su diputado, porque aunque sean posturas minoritarias, representan parte de la realidad del país y respetan la democracia.

Hay que dejarse de jugar a la experimentación electoral academicista y traducir estas inquietudes en acción política y conjunta. Ojalá con este pequeño espacio pueda ayudar a ello.


Te lo dice,

R.F.S.K.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Mi humilde análisis de la elección de ayer

Terminó la elección, las candidatas de los dos principales bloques políticos pasaron a segunda vuelta con un más que seguro triunfo de Michelle Bachelet en diciembre, la Nueva Mayoría tiene el control de ambas cámaras y la Alianza obtuvo la peor derrota electoral desde 1989. Pero eso no es todo...

Me di la lata de ver más datos de los que saldrán en la tele o se conversarán con un café mañana y éstas son algunas cosas que me llamaron la atención.


PRESIDENCIALES

1. Comparemos con 2009

Como recordarán ustedes, en primera vuelta de 2009, los resultados fueron: Sebastián Piñera, 44,06%; Eduardo Frei, 29,6%; Marco Enríquez-Ominami, 20,14%; y Jorge Arrate, 6,21%.

Mucho se puede decir para explicar sobre cómo la derecha cayó casi 20 puntos y cómo la Nueva Mayoría recuperó el piso del 45% aproximado de las primeras vueltas que se venía dando en 1999 y 2005. Dentro de este análisis informal, planteo algunas interpretaciones:

  • La votación de Marco y de Parisi hoy equivale a la de Marco en 2009. Esto confirma que hay un grupo de derecha que le apesta la Alianza y que busca a un candidato que los interprete en su descontento: primero buscaron a Marco, pero luego de darle su apoyo a Frei e izquierdizarse en el programa, se fueron con Parisi.
  • El Partido Comunista no es estadísticamente importante, porque las 2 candidaturas abiertamente de izquierda de esta elección (Claude y Miranda) obtuvieron un 4%, casi ni sintiendo la pérdida del liderazgo de los hoy miembros de la Nueva Mayoría.
  • La candidatura de Alfredo Sfeir no pertenece a una tendencia política. Dentro de los datos anexos, uno puede ver que el apoyo que obtuvo el candidato ecologista fue fuerte (entre el 6% y el 9%) en las comunas del barrio alto de Santiago, quienes votaron por él al promover cambios sin tener tintes políticos y hablando desde una perspectiva más amigable como la espiritualidad y la ecología.
  • Michelle Bachelet no ganó, sino que Evelyn Matthei perdió. Esto se debe al descontento desencadenado por el actual gobierno y por el esfuerzo de ésta última de afirmar al voto duro de la derecha en lugar de sostenerse en el 35% de aprobación de un presidente bastante moderado para los estándares de la derecha chilena. Considerando que el voto que se mueve entre la Alianza y la Concertación no es gente que tienda a anular o a abstenerse, lo que hizo bien Bachelet fue hacer leña del árbol caído y recoger el voto que se espantó de la derecha durante estos 4 años, sosteniéndose en su liderazgo afectivo y en su capacidad de tranquilizar a ricos y a pobres con políticas asistencialistas dentro de un marco neoliberal.


PARLAMENTARIAS

2. Si no hubiese habido binominal en esta elección...

En el Senado, la Nueva Mayoría no habría doblado en Antofagasta, ganando Manuel Rojas (UDI) en desmedro de Pedro Araya (IND-DC); mientras que la Alianza habría obtenido a sus 2 candidatos en Santiago Poniente, ganando Laurence Golborne (IND-UDI) y no Carlos Montes (PS). El resto, todo como está. De esta manera, la composición sería NM, 19 senadores; Alianza, 18 senadores; Independientes, 1 senador.

En la Cámara, con unos doblajes más y otros menos, la NM habría obtenido 65 escaños (3 menos que los obtenidos con binominal), la Alianza habría obtenido 50 (2 más), "Si tú quieres, Chile cambia" habría ganado 2 diputados (1 más, pero no habría salido Vlado Mirosevic en Arica) y habrían sido electos los mismos 3 independientes.

¿Conclusión? En esta elección el sistema binominal favoreció levemente a la Nueva Mayoría. ¿Explicación? La impopularidad de la Alianza favoreció los arrastres liderados por candidatos fuertes (el ejemplo claro es el de Fidel Espinoza, que con un 55% le permitió a Adolfo Alvial ser electo con un 6%, habiendo obtenido un cuarto lugar).

Esta leve ventaja de 2 senadores y 3 diputados extra le permitirá a la Nueva Mayoría poder reformar el sistema binominal negociando con los independientes, no con la Alianza. Por esto, ¿serán capaces de cambiar a la gallina de los huevos de oro y cumplir lo prometido en campaña? Veremos...


3. ¿Cómo perder una elección sacando primera mayoría?

Venimos hablando pestes del sistema electoral binominal desde que se concibió. Sin embargo, por primera vez desde 1989 se aplicó la regla de las listas en desmedro de la primera mayoría en votos.

En el distrito 30 correspondiente a la Provincia del Maipo, Marisela Santibáñez (PRO) obtuvo 37.776 votos (26,75%). En segundo lugar, salió Leonardo Soto (PS) con 35.396 (25,06%). Tercero, salió Jaime Bellolio (UDI) con 31.202 votos. Sin embargo, por arte de magia, los diputados son Soto y Bellolio. ¿Por qué? Porque el sistema actual privilegia a los bloques: la NM obtuvo 34,52%, la Alianza sacó 30,44% y STQCC sólo logró el 28%.

Un defensor del sistema actual dirá "le pasó por no tener un buen compañero de lista, porque la lista del PRO sí sacó un diputado en Arica" o "si candidatos independientes como Gabriel Boric o Alejandra Sepúlveda salieron electos, el sistema le permite a partidos chicos o personas con buena organización tener diputados". Sí, puedo concederles eso, pero en casi toda actividad humana hay algo sagrado y que ha sido violado abiertamente por nuestro sistema electoral: LA PERSONA QUE TIENE MÁS VOTOS DEBE GANAR. Punto.

Supuestamente ya tenemos los votos para reformar el sistema electoral. En 2014, no hay más excusas.


REGIONALES

4. Ojo con la elección de Consejeros Regionales

La atención tal vez la concentró la triste derrota del Compadre Moncho (a.k.a. Adriano Castillo) en la Circunscripción Provincial Santiago IV, pero como esta elección no genera la atención de las parlamentarias o las presidenciales, uno tiende a votar por la persona que conoce o derechamente por el partido que le es más afín. Por ello, y al igual que las elecciones de concejales, la elección de COREs es muy importante para ver el peso de los partidos y bloques políticos a nivel nacional, sobre todo considerando que acá todos los partidos compiten sin pactos por omisión y en todas las circunscripciones.

(Para el que le interese, la info está aquí: http://www.eleccionservel.cl/ELECCIONES2013/vistaNavegacionCore)

Observo lo siguiente:

  • El voto por la Nueva Mayoría en sus 2 listas estratégicas (46,72%) es idéntico al obtenido por Michelle Bachelet (46,68%) y similar al de la Concertación en las primeras vueltas presidenciales de 1999 (47,96%) y 2005 (45,96%). Esto me confirma que la Nueva Mayoría no tiene nada de nuevo: no pudo atraer a otros votantes que no fueran los de la Concertación desgastada más los aportados por el siempre disciplinado Partido Comunista de Chile.
  • La Alianza cayó bajo el tercio histórico. Se aplica lo mismo que a lo ocurrido con Evelyn Matthei en presidenciales. Sin embargo, hay un 7% de gente que apoya a la Alianza pero no a Matthei. Partiendo de la base que no creo que "la familia militar" sea electoralmente relevante, deben ser los liberales de doble filo (moral y económico) que prefirieron ser consecuentes y apoyar a Franco Parisi.
  • Las 3 listas que apoyan abiertamente la Asamblea Constituyente y otras reformas de izquierda (las lideradas por el Partido Humanista, Partido Igualdad + Partido Ecologista Verde y la del PRO) obtuvieron en su conjunto un no despreciable 14,22%. Este es un voto que podemos considerar como duro y programático a diferencia del que tuvieron Claude, Miranda, Marco y Sfeir. Es éste el porcentaje sobre el cual es posible trabajar hacia una candidatura única de reformas sociales efectivas y con el cual es posible atraer a fuerzas que se cansaron de ser minoritarias, como el Partido Comunista, o a partidos que ceden en sus principios por su supervivencia, como el MAS o el Partido Radical.


Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 12 de noviembre de 2013

Cosas que nunca están de más

Tiendo a percibir que escribo cosas para gente que tiene criterio político bastante formado, por no decir un voto "cortado". Sin embargo, ahí, en la soledad de la cámara de votación, hasta al comunista más irreflexivo de su militancia le surge la duda cuando no hay una hoz y martillo en la papeleta. Para todos ellos, para ustedes y para quienes quieren leer, les va esta humilde reflexión transversal fuera del lefebvrismo político.


1. El domingo es la única oportunidad para que nos escuchen...

... pero a diferencia de lo que dice Jordi Castell en la tele, quiero afirmar este cliché hacia la gente que en estos 4 años se convenció que la política va más allá del voto.

La política del día a día sirve para dialogar, para emocionar, para convencer, para aprender, para exponer nuestra personalidad en la sociedad. Sin embargo, la voz del pueblo queda siempre a merced de la buena voluntad de sus representantes. El único momento que la institucionalidad está obligada a actuar conforme a la ciudadanía es en las elecciones. Por esto, todos los que queremos cambiar lo malo o defender lo bueno tenemos el deber moral de decirlo a través de la persona que sea más leal a la visión de la sociedad que queremos.

Es verdad que 4 votos en un día cada 4 años es respetar poco la inteligencia y voluntad de las personas, pero siendo poco lo que hay, debemos usarlo. Precisamente porque queremos que nuestra voluntad sea consultada en más y mejores ocasiones es que debemos votar por mejorar nuestra actual situación ínfima en democracia.


2. La política es como el fútbol.

Por muchas razones: porque hay que jugar el partido para poder ganarlo, porque a veces se gana y a veces se pierde, porque con trabajo se logran triunfos, porque hay que conjugar talento con técnica, porque el reglamento favorece a los equipos grandes, etc. En política, eso sí, la mejor forma de defender no es atacando, pero no tengo llegada a Osvaldo Andrade...

Fuera de broma, lo importante es que con un escenario de voto voluntario ya no todo está tan escrito como antes. No sabemos si Michelle Bachelet (¿se fijaron en el cambio de pronunciación?) gana en primera vuelta, pero si no gana, tampoco está firmado que quien la acompañe en segunda vuelta sea Evelyn Matthei (¿cómo se pronuncia en alemán?). Si pasa Parisi o Enríquez-Ominami, puede ser una segunda vuelta nueva y no un déjà vu del Plebiscito de 1988. En las parlamentarias, el descontento incubado en 4 años puede cambiar los equilibrios y romper el empate.

En fin, en esta elección pueden pasar varias cosas que influyan en el mediano plazo. Hay razones para no quedarse en la casa o irse a la playa.


3. La elección parlamentaria es la madre de todas las batallas.

La Concertación (¿se acuerdan de esa coalición del arcoíris?) asegura no haber hecho todo lo que se propuso porque no contaba con las mayorías parlamentarias. La Coalición por el Cambio no pudo cumplir con todas las pesadillas de muchos gracias a que tampoco contaba con dichas mayorías. Por esto, toda decisión importante a falta de un presidente con coraje legal requiere de al menos 22 senadores y 69 diputados.

Con estos 2 números mágicos se puede, por ejemplo, cambiar el sistema electoral, reformar de verdad el sistema educacional, mejorar la participación estatal en la minería, favorecer la regulación de la economía, democratizar las decisiones locales, entre otros aspectos. También pueden ser designados Ministros de Corte Suprema y Tribunal Constitucional favorables a las libertades civiles y a una interpretación democrática de la actual carta fundamental.

Si votamos por senadores y diputados que crean y quieran trabajar por estas ideas, no necesariamente habrán reformas, pero no existirá la excusa que se nos ha dado para justificar 24 años de incapacidad de reformas sustanciales. Por esto, al menos vote en las parlamentarias...


4. Sean consecuentes con lo que creen a la hora de votar.

... pero vote en las parlamentarias por la persona que crea en el país en el que ustedes creen.

En nuestras incongruencias entre lo que pensamos y lo que votamos hay una razón de por qué habiendo madurado la sociedad chilena en términos de libertades e igualdades, aún tenemos un sistema jurídico y social que coarta la expresión de nuestra personalidad y que favorece una supervivencia darwinista.

Tomando como referencia lo expresado por la última encuesta CEP sobre los temas más valorados, una parte relevante de chilenos quiere reducir la diferencia de ingresos, nacionalizar el cobre, una educación superior gratuita, una descentralización efectiva y al menos la despenalización del aborto en casos de salud maternal y de violación. Muchos de estos temas ni siquiera han alcanzado a ser planteados en el Congreso. Por esto, trate en lo posible de informarse bien sobre su candidato, si se compromete con sus ideas y si moralmente le hace mejor a una política capturada por intereses poco ciudadanos.


5. Marquen AC en la esquina superior derecha de la papeleta de las presidenciales.

Vuelvo al punto primero. El domingo es la única oportunidad para que nos escuchen. Esto no significa que sólo hagamos 4 rayas donde quieren que las hagamos. El tema es que si contabilizáramos todos los mensajes alternativos o los votos nulos y blancos tuvieran interpretación única, estas conductas electorales darían mensajes que no pueden ser obviados.

Gracias a la creatividad jurídica de algunos, hoy podemos emitir un mensaje que nos nace y que nuestra institucionalidad no permite: el de plantearle a nuestra autoridad que queremos participar en la creación de nuevas normas fundamentales. Con la "AC" debidamente contabilizada, sabremos si es una minoría extremista o una mayoría consciente la que desea cambios sustanciales a nuestra organización. Si nuestros políticos hacen caso omiso, nos mostrarán lo pobre de nuestra democracia representativa, pero si se escucha nuestra voz en La Moneda y Valparaíso, habremos hecho una verdadera revolución democrática (lo dije y no se me cayó la cara).


Quería escribir sobre los Consejeros Regionales, pero se me hace tarde y no puedo abusar. Sólo decirles que si votan en Providencia, Ñuñoa, La Reina, Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea (tanto en el Cerro 18 como en La Dehesa), voten por el Compadre Moncho (Adriano Castillo). No nos va a pedir más de lo que le pidió al Pelao Venegas.


Te lo dice,

R.F.S.K.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Demasiado tarde

La carrera presidencial está corrida, se hagan los humildes los unos y se pongan muy soñadores los otros. La duda que dilucidaremos en 7 días y algunas horas más será si Michelle Bachelet resulta electa en primera o en segunda vuelta, siendo imposible derrotarla el próximo domingo y casi imposible en diciembre, dado que el más seguro escenario es la eterna repetición del plebiscito de 1988, en el que muchos de los que quieren derrotar al duopolio deberán salvar al país de la deresssha (citando a Osvaldo Andrade y a Camilo Escalona).

El día viernes 8, el candidato de la lista Tod@s a La Moneda, Marcel Claude, planteó una idea que es bastante lógica: las candidaturas de Alfredo Sfeir, Roxana Miranda, Marco Enríquez-Ominami y de él representan una visión de país y plantean programas de gobierno bastante parecidos, ¿por qué no unirse? Si le damos validez a las encuestas y reconocemos que hay desinterés en esta elección porque Bachelet ya la ganó, una candidatura conjunta de la izquierda popular, progresista y ecologista podría aspirar a alcanzar un segundo lugar, superando a la cada día más impopular candidatura de Evelyn Matthei y colocando en segunda vuelta al Chile de los últimos 24 años con el Chile de los próximos 24 años.

¿Por qué no unirse ahora?

Porque es demasiado tarde. Todos han hecho su esfuerzo, han convencido a sus electores y se tienen confianza para el domingo 17. También han marcado sus diferencias entre sí. La papeleta ya está impresa y por más que aparezcan Sfeir o Marco diciendo "Voten por Fulano para derrotar al duopolio", los apoyos a uno u otro no son fácilmente endosables. Por eso, pasó la vieja.

¿Por qué no haberse unido antes?

Hubo intentos de unidad entre varias de las candidaturas que veremos en la cédula presidencial. Franco Parisi y Enríquez-Ominami sondearon la posibilidad de una candidatura conjunta, la cual no resultó por los personalismos de ambos. Miranda y Claude buscaron una candidatura única de izquierda, pero la eterna pugna de las cúpulas en 4 paredes y las bases en la plaza pública motivó a la candidata del Partido Igualdad a descartar dicha posibilidad. Miranda y Sfeir buscaron un acercamiento, el cual sólo se dio a nivel de lista parlamentaria conjunta entre los partidos que representan. En fin...

Imagínense que el Partido Igualdad, el Humanista, el Progresista y el Ecologista Verde hubiesen participado en única lista presidencial, parlamentaria y regional; incluso haciendo parte a quienes no están tan convencidos en la Nueva Mayoría (¿?). El desencanto ante los gobiernos de la Concertación y de la Alianza se habría encarnado en un proyecto único en la diversidad. Algunos sectores rescatarían la imaginería de la izquierda clásica, otros una idea más moderna; unos habrían apuntado a la sensibilidad de la clase alta/sensible y media y otros a los marginados política y socialmente; unos le darían legitimidad ante lo intelectual y otros ante lo emocional. Habría sido esperanzador y quizás victorioso ver esta idea de proyecto, poniéndole fin quizá al duopolio y alzando de manera legítima y representativa a un tercer bloque con senadores y diputados, volviendo a un sistema político vivo. Habríamos logrado el sueño de un Frente Amplio como el uruguayo, el que tanto decimos admirar muchos de los que nos encontramos divididos por pequeñeces.

El problema de la unidad en la izquierda es histórico. Siempre verás 2 o 3 veces más partidos de izquierda que de derecha en la papeleta. Cada uno dice tener una razón verdadera de existir y subsistir separadamente del otro, cuando son más las peleas personales, las formas desligadas de los principios y circunstancias del momento los motivos que dividen a proyectos que, de estar unidos al menos como coalición, podrían lograr cambios reales. Lamentablemente, unos partidos creen jugarse su existencia (cuando igual sacarán menos del 5% y deberán juntar las firmas de nuevo), otros aún no logran existir sin su líder (sí, el PRO) y otros no se convencen que se requiere la mayoría absoluta de los votos para llegar a La Moneda. Por esto, y no por la interpretación del matrimonio igualitario, de la gratuidad en la educación o de la forma de cambiar la Constitución, es que las listas de Claude, Enríquez-Ominami, Miranda y Sfeir no trabajan juntas.

¿Podremos unirnos mañana?

Aquí está el desafío. Creo que la ecología política de Sfeir, la fuerza popular de Miranda, la sociedad de derechos de Claude y la democracia económica de Marco son compatibles para trabajar en una coalición política que una dentro de su diversidad. Véamonos muchos de quienes votamos por alguno de estos candidatos: seguramente dudamos entre más de uno de ellos y son más las virtudes de uno que los defectos de los otros los que terminaron por convencernos, sin tener mayores diferencias. Podemos y debemos trabajar juntos para el cambio que queremos ver en Chile, sobre todo considerando que en el gobierno subsiguiente, si no en el de Bachelet, tendremos que discutir un nuevo contrato social para todos.

Si realmente creemos en la democracia participativa, quienes simpatizamos con estas candidaturas debemos ser instigadores de un proyecto unitario. Quedarnos cruzados de brazos o mirándonos desde la diferencia sólo permitirá que la inercia, el populismo y una política construida sobre la base de más recursos para tener menos cambios, nos ganen por paliza, una y otra vez.

Gracias, Marcel, te llamamos, pero es demasiado tarde. Nos vemos en 2017.

Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 5 de noviembre de 2013

El observatorio judicial (o Por qué la derecha chilena sigue siendo fascista)

La candidata presidencial de la Alianza, Evelyn Matthei, ha propuesto como principal medida en favor de la seguridad ciudadana, instituir un observatorio judicial. Consiste en crear una entidad que monitoree las sentencias judiciales en materia penal y las publicite, de modo que la gente tenga un conocimiento de las decisiones tomadas por los jueces y pueda presionar a la autoridad a adoptar mejores medidas relacionadas con la justicia, particularmente a la hora de designar jueces y ministros. Esta medida, en los últimos días, ha contado con el apoyo abierto del gobierno de Sebastián Piñera, quien particularmente ha sido crítico de la labor de los jueces en relación al combate a la delincuencia.

No suelo ser de aquellos leguleyos histéricos que coloca la independencia del Poder Judicial en un pedestal. Para mí, un presidente o ministro puede opinar sobre un juicio una vez que se encuentre terminado y puede criticar una decisión, incluso llegando al extremo de enviar un proyecto de ley para que ningún juez más falle como tal o cual juez. Los jueces interpretan el producto de un trabajo conjunto de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, por lo que la deliberación sobre su labor es parte de mejorar la legislación mientras no se afecten juicios pendientes.

Sin embargo, la medida planteada por Matthei y alabada en pleno por su bloque político me parece negativa.

En primer lugar, porque parte de una premisa bastante dudosa. Para la Alianza, "el gobierno lo ha hecho bien, Carabineros lo ha hecho bien, el Ministerio Público trabaja sobre la base de la ley y de la acción policial... entonces son los jueces los que dejan libres a los delincuentes". No es necesario leer a Michel Foucault para darse cuenta que la delincuencia no se resuelve mandando presa a la gente o creando nuevas razones para encerrar a la gente que tiene conductas moralmente reprochables. Se resuelve con acciones relacionadas con la educación de niños y adultos, con un sistema penitenciario en subsidio y que sirva de efectiva lección y con un sistema de rehabilitación integral. Estas acciones dependen principalmente del gobierno y secundariamente del Congreso, pero en muy escasa medida de los Tribunales de Justicia, cuya labor es eminentemente reactiva y tiene poco margen de creatividad social.

En segundo lugar, porque parte de otra idea bastante dudosa. Para la Alianza (¿se acuerdan de la Coalición por el Cambio?), "vivimos con una sensación constante de miedo a salir a las calles". Este miedo existe en guetos creados por la exclusión social y por el olvido gubernamental, pero no se justifica en barrios y hogares donde hay delitos dolorosos, pero aislados. Con este discurso, se instala esta sensación de miedo y se apela a él para sacar de la gente su rabia y llevarla a la esfera pública. La Alianza crea un duelo entre los buenos y los malos, siendo ellos los buenos, los que están con la gente y contra los delincuentes, e invitan a la gente a expresarse con su voto contra los malos, contra quienes interpretan la ley contra la gente y dejan libre a ese indeseable. En definitiva, la derecha busca el apoyo ciudadano iracundo para legitimar su proyecto de justicia, dirigido históricamente más a la prisión que a la prevención/rehabilitación, el cual le concede poco margen de criterio jurídico al juez.

En último lugar, porque termina en una idea bastante dudosa: la efectiva intervención política del Poder Judicial. El poner a los jueces en la plaza pública para ser linchados por la ciudadanía rabiosa genera un condicionamiento en la decisión de los jueces, inhibiendo las distintas interpretaciones plausibles y estableciendo un tipo de juez ideal a quienes aspiran a ascensos en la judicatura. Se podrá pensar que el concepto de justicia penal que busca la Alianza es apolítico y que se basa en criterios objetivos, pero eso equivale a pensar que es parte de la idea de justicia el establecer un derecho penal del autor, un procedimiento desbalanceado o menores beneficios a presos por determinados delitos, cuando es imposible negar que las decisiones en materia penal son políticas.

No quiero sonar exagerado, pero el insistir en la cárcel como solución, el instalar el miedo para crear una guerra santa que justifique medidas drásticas y el crear subterfugios para nombrar jueces de una visión político-penal son ideas que pertenecen a un gobierno de corte autoritario, por no decir fascista. Hay nula fe en la educación y mucha fe en la represión, se busca apelar a la ira más que a la inteligencia para adoptar decisiones y se tiene una percepción negativa de la deliberación para decidir sobre uno de los aspectos más valorados por las personas: la libertad.

Dudo que Angela Merkel avale una medida así de la nueva derecha.

Te lo dice,

R.F.S.K.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Para quien no vio el debate

(Por razones de transparencia, votaré por Marco Enríquez-Ominami el 17 de Noviembre)


1. Franco Parisi

Tras endosarle todos sus vicios a su pobre hermano Antonino, se le vio estancado en su energía. Mantiene firme su formato didáctico (¿?) de explicar medidas y realidades, como al ejemplificar que la relación con Perú era importante diciendo que los ariqueños van al cine a Tacna, pero teniendo una oportunidad de eliminar los fantasmas de populismo en su candidatura, la perdió.

El formato de debate no favoreció las contradicciones con Matthei y M.E-O., sus principales rivales. Entre ellos se ubica y a ellos debe ganarle los votos para pasar a segunda vuelta. Podía incluso mantenerse desideologizado y apelar a la emoción, pero su participación fue insípida.


2. Marcel Claude

Muy baja su participación. Luchando por el voto de “la izquierda”, lo perdió porque no desarrolló su programa como M.E-O. y porque no emocionó en su crítica como Roxana. Al final, la imagen de él exigiendo una explicación porque se le acabó el tiempo refleja todo lo que fue su intervención.

Así como lamento que Sfeir tenga pocos puntos, lamento que Claude tenga 3% en las encuestas: no representa la izquierda de las ideas ni de la lucha. Se le ve poco intelectual al repetir insistentemente su odio parido a Monsanto y se le ve muy burgués al no apelar a la injusticia que su propio votante experimenta.


3. Ricardo Israel

¿Estuvo realmente en el debate? No se notó. No propuso algo interesante ni participó de alguna polémica. Su candidatura es tan extraña que no se molesta al reconocer que su correligionario Pedro Velásquez (diputado de Coquimbo) apoya a Bachelet.

Israel y su gente creen que Matthei es la derecha, Bachelet es la izquierda y entre ellas hay un gran centro que nadie representa. Por eso plantea asamblea constituyente y cambio de modelo, pero también más cárceles y no al matrimonio homosexual. El tema es que Chile cambió antes que apareciera el PRI y eso lo hace ver como candidato de otra época. Por esto, él se coloca afuera de los temas que la gente le pide a los candidatos.


4. Marco Enríquez-Ominami

Ha aprendido el equilibrio que no tuvo en 2009 y que parecía perdido a comienzos de esta candidatura. Basa su fuerza en un programa con propuestas concretas, mantiene la crítica al duopolio y busca conjugar el éxito actual con verdaderos cambios. Su ímpetu a veces se le escapa y su confianza con los periodistas lo pone incómodo, pero me gustó su intervención.

Las carencias de M.E-O. tienen que ver con cosas que no se pueden ver en un debate: el personalismo de su candidatura, mayores garantías de administración y su dicotomía de hijo de papá y de un luchador social. Sin embargo, ha trabajado por un proyecto adelantado y que cada vez más internalizamos los chilenos.


5. Roxana Miranda

Fue quien mejor aprovechó la instancia del debate. Buscó generar interpelaciones (jamás respondidas) hacia el duopolio. Sobre todo, dijo lo que muchos queríamos oír de un candidato: que el pueblo es víctima de un sistema violento, que se merece dignidad y que debe luchar sin los de arriba.

Se quejó contra la criminalización y las isapres, ¿pero cómo soluciona la delincuencia y el acceso a la salud? En eso Roxana se queda corta y por ello carece de capacidad de gobernar, pero muchos luchadores del pueblo como Martin Luther King o el Subcomandante Marcos no eran capaces de gobernar. En este grupo debe mantenerse y ojalá la veamos en la calle sacando la voz por los sin voz.


6. Michelle Bachelet

Se planteó inteligentemente en el debate conforme a sus capacidades mediáticas. Como siempre, sabe qué decir y qué no decir. No se definió en puntos controversiales. Siempre apacible en sus declaraciones y nunca haciéndose cargo de posibles errores. Lo demás es deducible.

Una reflexión: Bachelet plantea más policías y mejor rehabilitación en seguridad y más hospitales y profesionales en salud. ¿Eso es plantear cambios o administrar lo que hay? Para mí, la Nueva Mayoría (¿?) sigue siendo la vieja Concertación que administró con sensibilidad social el modelo neoliberal de la dictadura. Entiendo que ella quiera apelar a los de arriba y a los de abajo, pero la sociedad exige cambios y ella no se está comprometiendo con alguno.


7. Evelyn Matthei

¿A qué le tiene miedo Evelyn? ¿Ve delincuentes en todas partes que necesitamos más cárceles y policías? ¿Ve estalinistas en todas partes que pide proteger el modelo? La noté muy mal, tan mal que en lugar de crecer hacia el centro, se quedó protegida en el conservadurismo moral y libertinaje económico.

Más allá de proponer influir en el Poder Judicial y mejorar pensiones, Matthei no nos convence que la actual forma de gobernar es buena ni que ella quiere mejorarla. Su programa es administrar lo que hay. Eso mismo planteaba Piñera, pero al menos él planteaba acuerdos con los que piensan diferente, tema en el que ella no genera espacios.


8. Alfredo Sfeir

El debate reflejó la injusta situación de una candidatura positiva para Chile, que invita a cambiar la forma de ver los problemas, liderada por un economista con una paz y sabiduría necesarias, pero que no alcanza el 1% en las encuestas. Se le vio propositivo en los distintos temas que trató, sin lenguaje complicado, sin entrar en la chimuchina y explicitando su enfoque en la ecología, el espíritu y los pobres, pero al no tener una base arraigada en las organizaciones y en los medios, La Otra Opción se queda fuera de discusión.

También quiero ver a Sfeir y sus ideas por muchos años más. Espero que su proyecto nos sane como sociedad desde un partido verde y relevante como los que hay en Europa.


9. Tomás Jocelyn-Holt

El candidato más solitario de la elección supo actuar como alguien que se sabe último, encarando fuertemente a Bachelet por el maremoto y siguiendo el conflicto inconducente de las mujeres de los candidatos. Ideológicamente se plantea como social-liberal, jugándosela por la asamblea constituyente y el matrimonio homosexual, pero sin cuestionar tanto el modelo económico.

Como muchos chilenos, tampoco sé qué busca él aparte de figuración. Todo lo que él plantea se encuentra representado por candidaturas con grupos de base, que él no tiene. A pesar de ello, TJH puede hacer historia: si obtiene menos del 0,38%, le ganará a Arturo Frei Bolívar (uno como usted) como el candidato más fracasado de la historia, pero sin jingle.


Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 1 de octubre de 2013

¿Todo muerto es bueno?

El suicidio de Odlanier Mena, Director de la CNI entre 1977 y 1980, causó entre la opinión pública una primera sensación de dolor ante su trágica muerte y las respectivas condolencias para su familia.

Me descoloca la manera de desdoblarse de muchos que han despotrincado incluso más de lo necesario contra personas de dudosa calidad moral, pero que a la hora en que las susceptibilidades de la gente están a flor de piel, acusan un pesar poco creíble y con segundas intenciones.

De aquí, mi pregunta: ¿Todo muerto es bueno?

A la muerte hay que tenerle respeto. Al igual que el nacimiento o el matrimonio, la muerte es un proceso importante en la vida de las personas, generadora de decisiones difíciles y que conmueve lo suficiente como para tambalear la razón. Por esto, más allá de lo estrictamente religioso, es que debemos tener empatía con quien sufre la muerte de un ser querido: porque se encuentra en una situación delicada de la que nadie está libre.

Sin embargo, uno debe entender que la vida de las personas trasciende el cese de sus facultades. Uno no vive sólo dentro del lapso de tiempo entre el parto y la muerte, sino que sobrevive en el recuerdo de las personas y en las obras para la posteridad. La muerte le pone fin a las posibilidades de uno, pero enmarca el universo de acciones para ser tomadas o dejadas por las nuevas generaciones.

El problema es que el respeto por los deudos es mal entendido por la gente y lleva, en ocasiones, a amnistiar moralmente al fallecido.

No sé si los seres humanos tengamos la capacidad para determinar si una persona es buena o mala, a secas. Sin embargo, quien falleció en el caso particular es una persona directamente responsable de una institución que le hizo mucho daño a sus compatriotas a los que juró defender. Esto fue objeto de un proceso largo, en el que tuvo derecho a defensa y a un juicio imparcial, siendo revisado por los tribunales superiores y el resultado fue una condena a presidio. Se trata, por tanto, de un criminal.

Entiendo que la familia de uno lo apoye por más barbaridades que uno haga, pero no podrá pretender la familia Mena que nos olvidemos de lo hecho en vida por el fallecido militar, más aún en circunstancias que su compleja decisión tenía por objeto liberarse de cumplir una pena como todos los que cometen delitos y de asumir debidamente sus responsabilidades. Peor aún es la conducta de personas que se atribuyen altura moral, pero que sabiendo de la actuación de Mena, consideran justa su actuación en vida y lo consideran víctima de una conspiración digna de la Guerra Fría. Más reprochable es la cobertura de la prensa, que al poner mayor atención en el deceso de Mena lo hace parecer implícitamente como una pérdida para la sociedad chilena, en circunstancias que quien decidió quitarse la vida (con lo complejo y a veces involuntario que esto pueda ser) es una persona que contribuyó a la muerte de muchas personas.

La muerte no es mala, ni la vida es algo bueno. Son procesos que son, que van más allá de nuestra voluntad y que no pertenecen al campo de acciones que nos llevan hacia nuestro concepto de felicidad. Por esto, quien muere no deja de ser para los vivos lo que fue hasta su último respiro, correspondiéndonos meditar sobre su actuar, reconociendo lo bueno y condenando lo malo.

El respetar la muerte exige ser justos con el muerto. Pensar que el muerto es siempre bueno es una forma de injusticia.

Te lo dice,

R.F.S.K.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Tema Nº 3: ¿Por qué las regiones?

Si uno pudiera hacer un registro de las reivindicaciones concretas más reiteradas durante la historia de Chile, el concederle más poder a las regiones califica como una de ellas. Desde que fueron declarados fallidos los intentos de federalismo en la década de 1820 hasta la existencia generalizada de propuestas en las candidaturas presidenciales alternativas de hoy, la preocupación de balancear el poder existente en Santiago con los recursos y necesidades de las demás regiones del país ha sido una deuda pendiente que la democracia chilena no ha podido responder sino que con una rotunda indiferencia.

La idea actual de regionalismo, muy distinta a la predicada por las élites copiapinas y penquistas del siglo XIX para tener su cuota de poder en contraposición a la oligarquía santiaguina, es una propuesta que parece más de gusto que de necesidad, más de gente que quiere más participación a gente que busca resolver problemas, más de una pataleta ante errores puntuales del gobierno central a una base de la institucionalidad política. Por esto, resulta comprensible que todos estemos de acuerdo en darle más poder a las regiones, pero nadie esté de acuerdo en un cambio a las relaciones políticas de nuestro territorio. Es cosa de preguntarle a cualquiera de los actuales candidatos presidenciales.

Buscando aportar en esta discusión que me parece de la mayor relevancia, mi principal argumento a favor de una reforma regional es el siguiente:

Un buen gobierno es el que puede percibir la realidad de su esfera de poder y responder satisfactoriamente, tanto a corto como a largo plazo, a las necesidades que surjan en ella. Esto requiere que la realidad de quienes detenten cargos políticos sea la misma o cercana a la de quienes se ven afectados por sus medidas. Al no ser esto posible en la práctica, creamos niveles de ejercicio territorial del poder, dependiendo de las realidades que se puedan concebir como políticamente relevantes, para que los problemas de la sociedad puedan ser objeto de solución de acuerdo al grado de cercanía que ellos exigen.

Hoy, como país, consideramos la existencia de dos grados de realidad políticamente relevante: el nacional y los de cada comuna. Sin embargo, la distribución de facultades y los recursos para cumplir con sus tareas es bastante desordenada. Así, las municipalidades deben encargarse de temas para los que no tienen recursos, como salud y educación; mientras que el gobierno central debe hacerse cargo de problemas para los que sí tiene recursos pero no tiene personas que entiendan los problemas, como energía y vivienda. Además, existen problemas que le pertenecen a una realidad intermedia, que excede a la municipal, pero que la nacional no percibe si no es en forma crítica o violenta, como lo puede ser el desempleo en una zona o problemas en la producción agrícola de un producto de menor importancia.

Para poder coordinar los excesos y defectos de los poderes municipales y del Ejecutivo, el concebir una realidad política intermedia puede servir de gran solución.

Sí, es verdad, existen los gobiernos regionales. Pero los intendentes y gobernadores no responden ni tienen la obligación de responder a la realidad regional: son autoridades de confianza presidencial, debiendo ejecutar las políticas generadas en la capital y teniendo la capacidad económica para actuar restringida desde Santiago. Por esto se requiere una reforma que haga que los intendentes sean cargos de elección popular y que les conceda a los consejos regionales mayores atribuciones e independencia económica. Esto ayudaría a conectar la realidad de gobernantes y gobernados, liberando al Poder Ejecutivo para problemas de interés nacional.

Sí, es verdad, no hay culturas regionales tan fuertes como en Canadá o en España que justifiquen sostener la existencia de realidades distintas. Podemos discutir sobre cuántas y cuáles zonas de Chile ameritan ser región, pero por más monoculturalismo que practique el Estado, es innegable que un chileno que vive en Arica no tiene las mismas necesidades que quien vive en La Serena, Santiago, Talca, Temuco o Punta Arenas. Somos todos chilenos, pero distintos tipos de chilenos, realidades que actualmente no comparte el gobierno central y respecto de las cuales el gobierno municipal no puede responder.

¿Esto significa federalismo? ¿Establecer todas las instituciones nacionales en cada región y convertirnos en un país en el que cada chileno es un burócrata? No necesariamente. Personalmente el federalismo me gusta, siempre y cuando cada región pueda ser autosuficiente. Como esto no se puede verificar hoy, es sólo una buena idea a futuro. Mientras tanto, la fórmula de países como Francia, cuyas 26 regiones tienen mayor autonomía administrativa que en un Estado unitario promedio, o Italia, que le concede un estatuto especial a regiones extremas como Sicilia o culturalmente distintas como Trentino-Alto Adigio (que hablan alemán), me gusta para el Chile de hoy.

En conclusión, una reforma regional es positiva y necesaria porque ayuda a establecer una autoridad responsable de una realidad social y política que el gobierno central subsume en la nación y que el gobierno municipal no concibe. Esto ayuda a una mejor conexión entre gobernantes y gobernados, a una igualdad de trato de parte de las autoridades políticas hacia sus ciudadanos y al surgimiento de nuevas políticas en instituciones dotadas de recursos humanos y económicos. Dicho de una mejor manera, una reforma regional nos trata a todos como chilenos en nuestras similitudes y nuestras particularidades.

Te lo dice,

R.F.S.K.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

12 de Septiembre

Tengo 27 años. Viví apenas los últimos 3 años y medio de la dictadura cívico-militar. No tengo recuerdo alguno de esos años. Como muchos de ustedes, soy un heredero de una sociedad compuesta por personas con escasa noción del respeto por el otro y por personas que perdieron la esperanza, los sueños y a sus compañeros de ideas. No soy responsable de nada, más que de aprender sobre lo sucedido, no ser indiferente ante la injusticia y comprometerme con una sociedad fraterna.

Como sociedad de viejos, adultos y jóvenes, aún estamos en la etapa de aprendizaje. Restando los casos patológicos como el exhibido ayer por Manuel Contreras, aún hay quienes desconocen lo sucedido entre 1973 y 1990. Los más jóvenes, por nacer en hogares de gente que aún conserva una lógica de Guerra Fría y donde les cuentan cuentos del Plan Z. Los adultos, porque son parte de una generación en la que robar es más grave que matar y en que la libertad se relaciona con la propiedad y no con la personalidad. Los más viejos, porque no superan el fin de una sociedad tradicionalista y sienten una rabia desmedida contra quienes buscaron cambiarlo todo. A los viejos no les podemos pedir mucho, aunque al final de sus días el peso de la conciencia se les venga encima; pero a los jóvenes y adultos les corresponde el deber moral de saber en qué mundo se encuentran insertos y de no caer en la ignorancia y en la mitología. 

La indiferencia ante la injusticia es lo más preocupante. Explicar los ejemplos es irritante, pero decir que "Fulano no era ninguna blanca paloma", "era la única forma de evitar una guerra civil" o "fue doloroso, pero en el gobierno militar fueron más las cosas positivas que las negativas" son expresiones que justifican la barbarie post-golpe, que la encuentran explicable y que, por tanto, rechazan el valor del ser humano por el solo hecho de existir. De poco sirve decir "condeno las violaciones a los derechos humanos del gobierno militar" o "nunca más" cuando no se pide perdón, cuando no se ayuda en la investigación, cuando se alaba a los gestores y colaboradores, cuando no se es partícipe de medidas reparatorias, cuando con la misma voz condenatoria se alude a la teoría del empate. No necesitamos que aparezcan personas diciendo ser parientes de detenidos desaparecidos; necesitamos personas que hagan todo lo posible por encontrar sus restos y por determinar las responsabilidades.

La sociedad fraterna está muy lejos. Quienes vivimos en el Chile de hoy debemos crear las condiciones que favorezcan una sociedad que se encuentre y trabaje mancomunadamente por el bien común. Por esto, no podemos entender en forma aislada la justicia para las víctimas de la dictadura, sino dentro del verdadero concepto de derechos humanos: todas aquellas condiciones que le permitan a todos los seres humanos, por el solo hecho de serlo, a tener una vida digna y a buscar su propio concepto de felicidad. Sin embargo, dentro de quienes viven de condenar lo sucedido hace 40 años, hay quienes formulan y apoyan medidas que deshumanizan la economía, no se conmueven ante la segregación urbana y educacional, justifican el uso de la fuerza en un conflicto cultural como el de la Araucanía o depredan la naturaleza que es de todos para el beneficio de unos pocos. También hay quienes diciendo condenar lo ocurrido, apoyan abiertamente a opciones políticas que justifican el golpe y la dictadura. Esto no hace más que perpetuar lo que motivó a alzar la voz a personas como Salvador Allende, Víctor Jara, Miguel Enríquez, José Carrasco, André Jarlan y tantos miles que recordamos en un día como hoy.

Todos los que vivimos en este día después, en este 12 de Septiembre, tenemos el deber de entender el pasado, buscar la verdad en el presente y construir una sociedad más humana hacia el futuro. Así podremos erradicar el verdadero cáncer social por el cual los unos lucharon y murieron y los otros defendieron y aplastaron: la injusticia.

Te lo dice,

R.F.S.K.



domingo, 8 de septiembre de 2013

La importancia de la educación cívica

Entre 2002 y 2003 fui estudiante de intercambio en Minneapolis, Minnesota, en Estados Unidos. Cursé el equivalente a Cuarto Medio. Como no busqué convalidar mis notas del High School en Chile, tome solamente ramos que me gustaran o que jamás podría haber cursado acá: Periodismo, Fotografía, Teatro, Genética...

... y Educación Cívica.

Hago memoria de la escasa educación cívica que recibí en el colegio en Chile. Creo que nos enseñaron la existencia de los 3 poderes del Estado, nos hicieron hacer un trabajo de transcribir los primeros 3 capítulos de la Constitución para jamás preguntarme después lo que significaban y me explicaron en forma repetitiva la nacionalidad y ciudadanía. Eso sería todo.

Por otro lado, en Estados Unidos, nos enseñaron los 3 poderes con sus pesos y contrapesos, la diferencia entre el poder federal y el estatal, las atribuciones presidenciales, el Bill of Rights (Declaración de Derechos), la formación de las leyes y cómo los ciudadanos pueden ser partícipes de este proceso, una noción de cómo funciona la Corte Suprema, la situación de los inmigrantes en el país y (lo que me parece vital) la relación de todos estos contenidos con el diario vivir. Tengan presente que entre 2002 y 2003 ocurrió la invasión estadounidense a Irak, y en un estado fuertemente progresista como Minnesota, la gran mayoría se manifestó en contra organizadamente.

La persona promedio que egresa de la educación media en Chile no es una persona con conciencia ciudadana. Se esfuerza profesional y familiarmente, tiene sueños y (cuando el voto era obligatorio) participa en las elecciones porque entiende que es su única oportunidad de decir las cosas. Sin embargo, no tiene una idea cierta de cómo el poder estatal y fáctico afecta su vida, no tiene idea de la legalidad hasta que se enfrenta a ella, no sabe cómo reaccionar más allá del legítimo derecho a pataleo y, lo que es peor, no le interesa nada de lo anterior: la vida sigue igual y al que quiere celeste, que le cueste. Esa es la filosofía práctica del chileno ante la institucionalidad política.

La educación es el desarrollo o perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales de la persona. Más que lograr que un estudiante saque un buen puntaje en la PSU para ingresar a la universidad, las escuelas deben buscar que este mismo estudiante sepa relacionarse con su sociedad, adquiera una ética y desarrolle las capacidades que le permitan buscar su idea de felicidad. Menos bla bla incluso: la escuela debe hacer pensar y actuar al estudiante en su sociedad.

Sin desmerecer a ninguna disciplina de las que se enseñan tradicionalmente, la educación cívica es de las que más ayuda al pensamiento y a la acción. Al pensamiento porque es el único ramo de sociabilidad dentro del currículo que tienen los estudiantes: con la ayuda de la filosofía básica que debería enseñarse en los colegios, los jóvenes comienzan a pensar en el ser humano y en la interdependencia entre personas que piensan diferente entre sí. A la acción porque inculca ciertos deberes morales que debemos cumplir en sociedad, más allá del respeto: el interesarse y participar en el destino de la sociedad, el buscar aportar nuestro granito de arena en ella, el reaccionar ante la injusticia por medios pacíficos. Menos bla bla de nuevo: la educación cívica nos enseña a relacionarnos con el otro en la esfera pública.

Creo que muchos de los problemas que nos aquejan como sociedad chilena pueden tener vías de solución con una adecuada enseñanza de lo que significa la ciudadanía. La gente ocuparía todos los espacios existentes para mejorar la sociedad y se justificaría que se crearan más. Quienes tengan causas ciudadanas sentirían la necesidad de reunirse para hacer realidad sus proyectos, proliferando el asociacionismo. Entraría aire fresco a nuestra desprestigiada política de cuatro paredes. Surgiría en efecto y con fuerza un quinto poder, el de los ciudadanos, para controlar a los poderes públicos, lo que traería consigo una responsabilidad efectiva de las autoridades. No más bla bla: la gente tomaría mejores decisiones.

Lamentablemente en tiempos en que los ramos que hacen pensar pierden horas lectivas, pedir el fortalecimiento de la educación cívica tanto en la enseñanza básica como media es una idea absurda o politiquera. Con el argumento de la nula comprensión de lectura de nuestros jóvenes, quizá deba pasar una generación entera para poder fortalecer las humanidades y las ciencias sociales en la educación.

Por eso, considero que quienes estamos interesados en lo público deberíamos ver las formas de actuar en la sociedad para entregar educación cívica. Quizá sea una idea loca, pero así como existen voluntarios dedicados a la educación laboral para sindicatos, deberíamos crear instancias para ayudar en los colegios o fuera de ellos a que nuestros jóvenes puedan recibir la formación sobre la vida en sociedad que el sistema educacional hoy no brinda.

Como dijo Mark Twain, no hay que dejar que la escuela interfiera con la educación.

Te lo dice,

R.F.S.K.



viernes, 6 de septiembre de 2013

Acceso a la educación municipal de Providencia

En la Municipalidad de Providencia se tomó la decisión de priorizar el acceso a sus liceos a quienes hayan cursado la enseñanza básica en la comuna. Considerando que en la enseñanza básica ya existe una política de priorizar a los residentes, quedando los demás cupos abiertos, el priorizar el acceso a las instituciones de enseñanza media en base a quienes ya cursaron la educación primaria en Providencia produce, indirectamente, que quienes vivan en Providencia tengan mayores posibilidades de acceder a los liceos de la comuna, limitando territorialmente el acceso.

En abstracto, el que un niño estudie en su comuna me parece una muy buena idea, porque lo ideal es que cada niño estudie a una distancia razonable de su hogar: los tiempos de transporte son mínimos, se genera identidad de barrio y hay mayor facilidad de constituir una comunidad educativa entre profesores, apoderados y estudiantes. Se trata, entonces, de una medida que ayuda a la calidad de vida familiar.

Sin embargo, en concreto, la medida desconoce la realidad de Santiago: una Sudáfrica urbana en que la calidad de la educación, sobre todo la municipal, es directamente proporcional a los ingresos de quienes residen en la comuna. Se ha repetido una y mil veces, pero existe educación para ricos y educación para pobres... salvo en Santiago y Providencia.

La realidad de las escuelas municipales de ambas comunas es conocida. Me atrevo a decir que son los baluartes de la promoción social de Santiago, pues gracias a su conformación heterogénea y a su política de apertura a todos quienes tengan buen rendimiento escolar, muchos de sus ex-alumnos han salido de la pobreza y hoy son exitosos profesionales y otros tantos han aprendido experiencias de vida que les han generado gran sensibilidad social. Por esto, mientras no existan escuelas de calidad en cada comuna de Santiago, el acceso a las escuelas de Santiago y Providencia debe mantenerse territorialmente abierto.

Un residente de Providencia podrá decir que quienes pagan sus impuestos en su comuna deben tener preferencia en sus colegios (argumento bastante estadounidense). Sin embargo, los impuestos son nacionales, las contribuciones de bienes raíces de Providencia se dirigen hacia un fondo común para ayudar a otras comunas y, además, la gente que envía a sus hijos a las escuelas de Providencia, en su mayoría, no pagan impuestos personales. Por esto, es imposible sostener que un contribuyente de Providencia está perdiendo dinero con los estudiantes venidos de otras comunas.

Me extraña mucho que la alcaldesa Josefa Errázuriz tome esta medida:

  • En primer lugar, porque ella fue electa en una plataforma progresista, y el progresismo tiene dentro de sus banderas de lucha la idea de la educación financiada con fondos públicos para contribuir a la igualdad de oportunidades. Darle el 75% de cupos preferentes a quienes ya estudian en una comuna privilegiada de Chile (Providencia tiene un Índice de Desarrollo Humano de 0,911, equivalente al de Canadá e inferior a sólo 10 países en el mundo) equivale a perpetuar la idea de segregación educacional, sobre todo si se considera que el mayor acceso de estudiantes de otras comunas se da en la educación secundaria.
  • En segundo lugar, porque ella fue electa para cambiar las políticas educacionales del ex-alcalde Cristián Labbé, que iban dirigidas precisamente a tener estudiantes de Providencia en sus escuelas.
  • En último lugar, porque ella es socióloga de profesión, lo que debería darle un grado de realidad y sensibilidad social a la hora de tomar medidas que afectan directamente a la justicia social de su comuna y de sus alrededores.

Tal vez la aplicación de los cupos preferentes no implique un cambio sustancial en las matrículas, porque pueden haber cupos desiertos ante la cada vez mayor matrícula en colegios particulares pagados y subvencionados. No obstante, el solo hecho de darle preferencia a alumnos por su origen comunal es una política que va en la dirección contraria de lo que muchos queremos para Chile: un sistema educacional de calidad donde confluyan personas de distintos orígenes sociales para que todos nos reconozcamos como constructores de una sociedad común.

Te lo dice,

R.F.S.K.



sábado, 31 de agosto de 2013

¿Reconciliación? ¡Las pelotas!: El perdón de las instituciones

En mis 2 últimas notas escribí sobre el arrepentimiento que debe haber de parte de quienes causaron daño en los últimos 50 años. En ambos casos, se trata más bien de actos personales, pues el arrepentimiento y el perdón son emociones propias de las personas naturales.

Sin embargo, aún quedan pendientes las responsabilidades institucionales.

1. El Estado chileno: Desde 1990 que se ha empeñado en la búsqueda de la verdad y la justicia; con miedo durante la primera década y con compromiso desde 2000. El perdón del Presidente Patricio Aylwin, las gestiones de investigación, las medidas de reparación y las leyes que sancionan los crímenes de lesa humanidad reflejan que el Estado ha actuado correctamente, asumiendo las consecuencias de lo urdido por las Fuerzas Armadas en el poder, porque se entiende que las ejecuciones, desapariciones y torturas fueron hechas por organismos estatales.

Lo que sí lamento es que personas condenadas por violaciones a los derechos humanos sigan detentando grados militares. Quien es condenado por ello deshonra a su Patria. Si no damos de baja a dichas personas, mantenemos la hermandad de armas entre personas respetables y personas manchadas con sangre, conservando un vínculo que impide emocionalmente la limpieza moral de las FF.AA.

2. Las Fuerzas Armadas: ¿Es el "Nunca más" del General Juan Emilio Cheyre un equivalente a pedir perdón a los chilenos? Tengo mis serias dudas. Da seguridad que el Ejército buscará no repetir lo hecho, pero deja a interpretación de cada uno que haya una condena absoluta de la represión y un deseo eficaz de colaborar con las investigaciones judiciales en curso y futuras. Reitero que la hermandad de armas es tan fuerte que hasta a un militar joven le es complejo delatar a un militar del pasado.

Es verdad que la confianza de las Fuerzas Armadas ha mejorado en el tiempo, lo que percibimos con el estado de excepción decretado después del Terremoto de 2010. Sin embargo, es ambivalente el compromiso de las FF.AA. con la verdad y la justicia, pues un aparente pacto de silencio impide revelar más información y entregar más colaboración. Por esto, la responsabilidad institucional está asumida en forma incompleta.

3. El Poder Judicial: El único poder que rehuye su responsabilidad en forma total es la Judicatura. Desde 1990, la postura ha sido la misma: los errores cometidos por las Cortes y Juzgados son de las personas que ejercieron cargos de jueces en dicha época, más no de las instituciones. A pesar que el esfuerzo intelectual de los jueces ha ayudado a pasar desde la impunidad a la justicia, esto no exculpa a las negligencias del único poder que ha actuado ininterrumpidamente.

Cuando uno pertenece a una institución, uno responde jurídicamente de sus propios actos, pero puede responder ética e históricamente de los actos de sus antecesores, con los cuales está vinculado. Los ministros y jueces pasan, pero los recursos de amparo rechazados y la cobardía en buscar el debido imperio de la ley quedan. Ante esto, quienes componen la Corte Suprema tienen algo que decir, no sólo porque la confianza de su institución está disminuida ante la denegación de justicia de sus antecesores, sino además porque pueden motivar con su arrepentimiento institucional y condena enérgica a los futuros jueces a erguirse frente a autoridades dictatoriales, en caso que repitamos la historia.

4. Los partidos y movimientos políticos: Antes de 1973, quienes actuaron contra la democracia y la paz social fueron aquellos partidos o movimientos que llamaban a la lucha armada y aquellos que llamaron a las Fuerzas Armadas en forma irresponsable. Los movimientos guerrilleros hoy ya no existen, pero sí algunos partidos. De ellos, el PS reconoció su responsabilidad en su reunificación. Desconozco si la DC tiene semejante conducta frente a su llamado al golpe, pero declaraciones como la del Senador Jorge Pizarro (que negó responsabilidad de la DC en el golpe) suscitan la duda.

Después de 1973, los que deben explicaciones al país son los partidos o movimientos colaboracionistas con la dictadura. Ante esto, RN y la UDI se defienden señalando que su existencia como partidos es cercana al plebiscito de 1988, por lo que institucionalmente no tienen responsabilidad. Sin embargo, ¿qué partidos se han negado a derogar el Decreto Ley de Amnistía? ¿Qué partidos obstaculizaron una y otra vez tratados y leyes sobre derechos humanos para mantener en impunidad a los responsables? ¿No es la UDI el partido del Movimiento Gremial, posibles cómplices por las desapariciones en la Universidad Católica? ¿No fueron los militantes del extinto Partido Nacional los que, con la DC, pidieron la intervención militar? Responsabilidad hay, intenciones de reconocer los errores no.

5. Las empresas: Las organizaciones empresariales, a diferencia de todas las anteriores, actúan en función de su propio interés. Si dicho interés es ayudar a sabotear a un gobierno constitucional o servir para la propaganda de una dictadura, es cosa de ellas y nosotros no podemos denunciarlas a tribunales ni buscar una sanción jurídica por ello.

Las empresas lograron lo que quisieron: cambiar un gobierno que les era hostil por otro favorable y que eliminó las trabas políticas para su libre desarrollo. ¿El costo? Miles de vidas humanas y la pérdida de derechos por 17 años. ¿Arrepentimiento? Imposible que lo haya, pero, sin ánimo de ser panfletero, así de perverso es el capitalismo, al punto que seguimos leyendo El Mercurio.


En síntesis, resulta difícil poder hablar de reconciliación cuando los principales responsables e instigadores de la barbarie mantienen ambigüedad frente al pasado, negando políticas institucionales y deslizándolas hacia individuos que habrían cometido excesos o negligencias. Es más difícil la reconciliación cuando hay instituciones que guardan silencio sospechoso y que son parte de la legalidad y el poder.

Te lo dice,

R.F.S.K.



viernes, 30 de agosto de 2013

¿Reconciliación? ¡Las pelotas!: El perdón de la izquierda

Ante el esfuerzo de un sector de la población en recordar el desastre y la masacre para que nunca más perdamos el respeto por el otro, un grupo (no sabría si decir "la derecha", pero es parte de ella) sostiene majaderamente que hay que recordar desde bastante antes de 1973, que el Golpe de Estado tuvo una causa y que todo lo ocurrido con posterioridad fue a consecuencia de lo mismo: la nunca positiva y siempre regresiva teoría del empate.

No obstante tengo mi conciencia clara frente a lo injustificable, ayer y hoy, de las ejecuciones, desapariciones, torturas, persecuciones, expulsiones de miles de personas, como también de las restricciones de derechos civiles y políticos, todas realizadas por la dictadura militar con anuencia de los poderes fácticos, desde hace un tiempo me ha surgido la inquietud sobre el silencio de quienes sí actuaron ilegalmente antes de 1973 y que sobrevivieron la barbarie.

Tal vez su silencio se deba a que la violencia con la que respondió la dictadura excedió con creces lo ilegal que hicieron o hubiesen hecho. Al ser incomparable asaltar un banco o tomarse un fundo (tiene una finalidad) con ponerle electricidad o ratones a una persona o lanzarla al mar en vuelos de la muerte (es crueldad pura), el compañero del MIR ya pagó su pecado con creces. Exigirle como sociedad una explicación o una solicitud de perdón sería, en este contexto, injusto y doloroso.

Tal vez su silencio se deba a un tema de realidad histórica. Hoy vemos como parte del consenso social el respetar la legalidad democrática y numerosos derechos asociados a ella. Sin embargo, esto es un logro reciente, pues en tiempos de Guerra Fría los unos creían que la insurrección armada era moralmente aceptable para liberar al pueblo de los males del capitalismo, mientras que los otros opinan lo mismo de eliminar los focos de guerrilla marxista. Cada sector que actuó violentamente podrá decirnos que no corresponde juzgarlos con el consenso actual de paz a sus actos insertos en una época de conflicto social universalizado.

Tal vez su silencio se deba a que, en realidad, siguen pensando lo mismo que ayer. Que el capitalismo en su versión más radical, como el que existe en la práctica en Chile, genera tal postergación e injusticia en sectores de la sociedad que se debe responder con dureza. Que el vivir con una miseria en guetos donde se es víctima de la delincuencia y de la falta de acceso a servicios básicos es sinónimo de violencia, por lo que, en algún momento, corresponderá responder con violencia. Pese a que hoy no contemos con organizaciones abiertamente terroristas, no me sería extraño que haya gente que tenga su conciencia tranquila frente a la necesidad de la vía armada al socialismo.

Tal vez su silencio se deba simplemente a que los compañeros están viejos, cansados y poco pueden hacer al respecto. ¿Para qué hablar si los fascistas no quieren nada con ellos? ¿Para qué si lo de ellos, de tener responsabilidad penal, ya prescribió y no corresponde a violaciones a los derechos humanos? ¿Para qué si no sólo la derecha sino que los vendidos de la Concertación van a irse en su contra? Mejor guardar silencio y que sólo hable el chivo expiatorio de la izquierda, Carlos Altamirano, a quien nunca van a probarle nada porque es tan burgués como sus contrarios.

Ignoro qué razón hay para que un guerrillero del ayer no sienta que debe arrepentirse de sus actos violentos. Sin embargo, me parece que deben hablar, si no lo han hecho aún. Puedo entender el justo resentimiento de quienes hayan sido víctimas inocentes de su lucha, como entiendo el resentimiento de los familiares de quienes fueron muertos o de quienes fueron torturados sólo por pensar distinto. Lamentablemente un grueso aún enfermo pide que estos compañeros den explicaciones de sus actos para poder ellos dar señales (por ellos, ojalá los miristas vivos se secaran en la cárcel junto a los militares de Punta Peuco), pero más que por responderle a los comentaristas destacados de emol.com, sería bueno que los que ayer abrazaron las armas y causaron daño mostraran arrepentimiento.

¿Por qué? Porque no queremos repetir la historia. Como seres humanos, a todos nos es muy fácil jugar al empate, a decir "yo actué mal, pero él actuó peor", a decir "el otro tuvo la culpa que yo actuara así". Eso, en su dimensión social más mínima, nos condena a la mediocridad y a perpetuar relaciones nocivas. Si lo llevamos a la comunidad nacional, lo traducimos al efectivo desencuentro y a la imposibilidad de la reconciliación entre sectores que, en mi opinión, nunca practicaron la amistad cívica. Pero si reflexionamos sobre nuestra acción proyectada hacia el futuro y con cierta prescindencia de cómo actuó el otro, es posible entender que el esfuerzo de unos pocos para liberarnos de otros pocos fue negativo y escasamente ayudó en la búsqueda de la justicia social que paralelamente emprendía en forma pacífica el Presidente Salvador Allende.

Sería positivo que los sobrevivientes de esos grupos pudieran hablar. Siendo realista, dudo que lo hagan. De ahí mi pesimismo ante la sola idea de la reconciliación.

Te lo dice,

R.F.S.K.



jueves, 29 de agosto de 2013

¿Reconciliación? ¡Las pelotas!: El perdón de la derecha

En el contexto del lanzamiento del libro "Las voces de la reconciliación", en el cual distintos actores públicos colaboraron con opiniones a 40 años del Golpe de Estado (no cuesta tanto escribirlo, es más corto que pronunciamiento militar), el Senador Hernán Larraín (UDI) expresó lo siguiente:
Si ayuda pedir perdón, también libera saber perdonar. Por eso, ¿por qué no dar un paso personal en lugar de esperar que otros hagan lo que uno quiere oír? Algo simple y transparente como decir: yo pido perdón por lo que haya hecho o por omitir lo que debía hacer. 
Pido perdón por no haber colaborado de modo suficiente a la reconciliación en mi trabajo. Y también pido perdón por no haber sabido perdonar a quienes me han ofendido y se han acercado en señal de reencuentro. 
Desde ya, hoy lo hago en mi nombre: pido perdón. Esta es mi voz para la reconciliación. Pero es necesario oír la de todos.  

Por más que considere que hay gestos sencillos de importante significado (algo tan simple como ver a la máxima autoridad tras un desastre o que un poblador se pare y encare a la misma autoridad), creo que este acto es sólo una expresión de buena crianza, que entiende el perdón desde una idea muy religiosa pero que desconoce qué es lo que esperan los destinatarios de su arrepentimiento para restablecer la amistad cívica.

¿Por qué un perdón religioso, particularmente cristiano? Porque el perdón es un imperativo moral y quizás una de las máximas expresiones de amor al prójimo que predicó Jesús. Haya uno cometido el más grave de las faltas al otro, uno está llamado a perdonar hasta setenta veces siete, sin que sea necesario el arrepentimiento previo. El arrepentimiento, por su parte, es más bien reencaminarse en forma sincera hacia la salvación ante la venida de Jesús. Uno tiene la oportunidad de reencaminarse cuando ha ofendido al otro al pedir perdón, siempre y cuando eso refleje un cambio de conciencia hacia el bien.

¿Es ese perdón religioso el que se necesita para la reconciliación? No, porque se requiere algo más que una conmoción en el alma. Se requieren actos que vayan dirigidos al restablecimiento de la justicia entre unos y otros.

La justicia, al ser quebrantada, exige la reparación del daño causado. La vida está repleta de ofensas intencionales e imprudentes. Si existe resarcimiento económico o su equivalente, las relaciones entre las personas pueden volver a un punto armónico en el que se restablezcan las confianzas. Si no existe, se causa una molestia justificada de parte del ofendido hacia el ofensor, que puede prolongarse en el tiempo y agravarse por la desidia de uno y por los problemas del otro. Si ni siquiera reconocemos nuestro error, la impotencia es mayor y puede traducirse en violencia. Ahora, si el contexto de todo lo anterior es la comunidad nacional y el daño es infringido por quienes detentaban el poder estatal, el resultado es la imposibilidad de la paz social.

Cuando el Senador Larraín pide perdón, lo hace con un buen espíritu. Sin embargo, el acto que la sociedad espera de él es más que un "lo hice mal, nunca más, desde hoy hago las cosas bien", sino ofrecer reparar el daño que contribuyó a causar. Por ejemplo, podría ayudar a esclarecer lo sucedido con los detenidos desaparecidos de la Universidad Católica en su período de Vicerrector Académico (más aún cuando el Rector designado de la época, Jorge Swett, falleció). Podría exponer su relación con Colonia Dignidad en la medida que ésta colaboró con la dictadura. Podría comprometer su apoyo a la derogación del Decreto Ley de Amnistía. En definitiva, podría acompañar su acto personal de constricción con actos efectivos que ayuden a sanar las heridas y a la búsqueda de la verdad en un país que aún no la encuentra; actos que dependen exclusivamente de personas en su posición.

Lamentablemente, la respuesta de sus correligionarios y compañeros de coalición no fue la más receptiva de su gesto: Evelyn Matthei no siente que tiene que pedir perdón, porque ella fue "la primera persona (de derecha) que dijo que era inaceptable lo que había ocurrido con el tema de los Derechos Humanos" (lo desconozco); Andrés Allamand cree que en su caso no se justifica una declaración de esa naturaleza y que se ha pronunciado siempre en contra de las violaciones a los Derechos Humanos (no sé si siempre); y Rodrigo Hinzpeter cree que esto debe ser reflexionado como sociedad y no andar sacándoles declaraciones de perdón a la gente. Los de más edad y que tienen aún más que decir, no han emitido palabra.

Así las cosas, mantengo mi parecer: la reconciliación ya no fue. Esperemos que los tataranietos de los señores Larraín, Matthei, Allamand y otros no justifiquen lo injustificable, sepan lo que ocurrió y no repitan la historia.

Te lo dice,

R.F.S.K.



Si te gustó, gracias por compartir. Si no te gustó, gracias por comentar.