miércoles, 23 de enero de 2013

Sobre la reforma electoral

Ayer, por enésima vez, fue rechazada la reforma al sistema binominal para elecciones parlamentarias. Pese a haber 3 senadores de la Alianza por Chile que, con altura de miras, votaron a favor de la reforma (Lily Pérez, Alberto Espina y Carlos Cantero), el proyecto de reforma que buscaba eliminar la referencia numérica a los diputados fue rechazado por no alcanzarse los 2/3 de los votos de senadores (26) en ejercicio que exigía la materia.

Se ha escrito, comentado y divulgado hasta el cansancio sobre lo importante de reformar el binominal y de lo poco democrático que es mantener un sistema que consagra una protección extrema a la minoría. Sin embargo (y tratando de ser lo más pragmático dentro del idealismo que profeso), me parece que faltan algunos pasos que dar por parte de los sectores políticos que han promovido esta reforma.

1. Alguien tiene que ceder

La Concertación plantea eliminar la referencia al número de diputados en la Constitución de modo de abrir un espacio amplio de debate sobre cuál debería ser el sistema electoral ideal. Sin embargo, insistir en esta idea sólo dificulta la posibilidad de reforma, pues cambiar el número de diputados exige 2/3 de los votos (26 senadores y 80 diputados), cuando cambiar el sistema proporcional minoritario a uno distinto y más democrático sólo requiere 4/7 (22 senadores y 69 diputados) por estar contenido en la Ley Orgánica Constitucional de Votaciones Populares y Escrutinios.

De plantearse sólo la reforma a la mencionada ley, parece factible, incluso con la actual composición del Congreso, modificar el sistema binominal:

Senado: 19 votos de la Concertación + 1 MAS (Navarro) + los 3 senadores de RN antes mencionados 

Cámara: 54 votos de la Concertación + 3 PC + 2 PRI + 3 Independientes fuera de pacto (ninguno a favor del binominal) + 7 votos que pueden salir del ala liberal de RN o de independientes de la Alianza.

2. Seguridad en la propuesta

Desde la perspectiva de los parlamentarios de derecha convencibles, es comprensible estar reticente a apoyar proyectos de reforma si no hay claridad en el nuevo sistema electoral. Precisamente es la certidumbre que provoca el sistema binominal, que nos asegura a todos los chilenos que las leyes con quórum especial y la Constitución sólo pueden ser reformadas mediante una negociación de los dos grandes bloques, lo que juega a favor de quienes están por el status quo.

¿Sistema mayoritario uninominal? ¿Sistema D'Hondt aplicado a las regiones? ¿O un sistema mixto basado en el primer sistema pero corregido con un proporcional nacional? Seguramente todos estos son mejores desde una perspectiva democrática, pero es importante en un sentido semántico proponer uno de ellos y que conjugue una democracia efectivamente representativa con una estabilidad política.

3. ¿Estabilidad política?

El gran argumento de quienes están a favor del actual sistema electoral es el relacionado con la estabilidad política derivada de él. Así como semánticamente la Concertación no ha hecho su tarea, la UDI y sectores de RN sí lo han hecho, porque han convencido a la ciudadanía y a sus contradictores de una idea falaz.

Chile ha tenido estabilidad en términos políticos por temas que van más allá del sistema electoral. Los partidos del centro y de la izquierda antes de 1973 eran distintos de los que hemos tenido desde 1990, habiendo algunos consensos mínimos que en una época más confrontacional de la humanidad no existían: algunos tan básicos como no querer eliminar al rival y otros más complejos como el sistema económico. Además, existe la noción de la lección aprendida por parte de los partidos de la Concertación y de sectores moderados de la derecha, siendo innegable que han adquirido más responsabilidad en el debate político.

Por otro lado, antes de 1973 existía un sistema electoral que favorecía los acuerdos políticos con mayor frecuencia que el actual: salvo la Democracia Cristiana en 1965, todos los partidos mayoritarios y/o de gobierno debieron negociar con otros sectores políticos para poder cumplir con sus programas de gobierno, porque nunca hubo partido o sector político que alcanzara una holgada mayoría. Es más, desde 1932 hasta 1973, todo gobierno fue de coalición, incluso variando su composición dentro del mismo gobierno. Para mayor abundamiento, el sistema D'Hondt usado entre 1925 y 1973 permitía consensos tan extraños como los relativos al voto femenino (comunistas, socialistas y conservadores). Si la institucionalidad se corrompió para 1973, en nada tiene que ver con un sistema mayoritario o proporcional, sino que con una lucha política que habría afectado hasta al sistema más perfecto.

4. ¿Y la ciudadanía?

El debate sobre el sistema binominal sigue siendo un debate de gente con interés en la política. Es necesario que esto se amplíe al resto de la ciudadanía, explicándole cómo la existencia de gobiernos mayoritarios y democráticos puede mejorar la calidad de la política y afectar su vida. Con las escasas posibilidades de intervención política de las personas, esto puede parecer innecesario, pero el tiempo nos ha ido mostrando que la mayor difusión de causas como la reforma educacional o la protección del medio ambiente ha ido influyendo en las decisiones de los habitualmente indecisos, lo que sin duda puede permitir favorecer a los políticos que están por cambiar el sistema electoral y castigar a aquellos que se quedan en posiciones antidemocráticas.

Pienso que la causa por la reforma electoral debe ser tratada con pinzas. Así como se ha procurado de mantener las causas educacionales, ecológicas y de libertad sexual lo más transversal y lo menos combativa posible, lo mismo debe efectuarse aquí, lo que puede ser difícil por la carga histórico-política que tiene la defensa y ataque al binominal. Aún así, este aspecto de la reforma no ha sido tratado en los últimos 23 años y merece ser abordado por respeto a la democracia que tanto se busca establecer.


Para terminar, y en honor a la transparencia, quiero expresar el sistema electoral de mi preferencia.


Cámara:
  • Sistema D'Hondt (el usado para las elecciones de concejales) en distritos que pueden corresponder a una región, una provincia o una conurbación, dependiendo del tamaño.
  • Se debe recalcular los escaños por distrito cada 10 años, conforme al Censo.
  • 4 distritos especiales: Isla de Pascua y Juan Fernández (1 diputado), Chilenos en el Extranjero, Pueblos Indígenas del Norte (1 diputado) y Pueblos Indígenas del Sur (2 diputados).

Senado:
  • 2 senadores para cada una de las 15 regiones.
  • 2 senadores para las Áreas Metropolitanas de Santiago, Concepción y Valparaíso.
  • 2 senadores para las circunscripciones especiales de Chilenos en el Extranjero y Pueblos Indígenas.
  • Los senadores se eligen uninominalmente cada 4 años por un período de 8.


Te lo dice,

R.F.S.K.



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