lunes, 27 de mayo de 2013

Ganarle a la derecha

Cuando las personas no encantan, cuando los proyectos no convencen y cuando cunde la desesperanza en los cuadros, siempre está presente la voz del maestro de la ley, del heredero político del prócer, del viejo zorro que cuando grita todos callan, y nos recuerda que hay que trabajar y apoyar a Fulano(a) porque es la mejor persona para ganarle a la derecha.

Cuando la política es más pasión que razón, en la juventud rabiosa de la enseñanza media o de la universidad, el argumento me parecía plausible. Veía a políticos como Lavín, Longueira, Piñera, Allamand y otros tan cercanos a Pinochet, tan cercanos a un oscurantismo de las ideas y las emociones, tan cercanos al materialismo y al facilismo político y muy lejanos de las libertades e igualdades centradas en la personalidad que me daba lo mismo apoyar a un democratacristiano, a un socialista o a un comunista si era el candidato para ganarle a la derecha. La cosa era impedir que volvieran los de antes a toda costa. El resultado siempre sería mejor.

El problema se suscita cuando han transcurrido 25 años de la misma consigna unitaria. Hoy día, la candidata presidencial de La Oposición (como nombre propio, porque quienes lanzan la consigna creen que estamos todos unidos y casi todos actuamos inconscientemente como un único colectivo), a falta de ratificación electoral, es Michelle Bachelet. ¿Por qué? Porque es la mejor candidata para ganarle a la derecha. Como ella misma lo fue junto a otros 3 ex-presidentes.

¿Argumento vigente o el cuento del lobo?

Para quienes nos desencantamos de la Concertación y para quienes derechamente nunca les gustó, el ganarle a la derecha es el último argumento que le va quedando a la coalición de centroizquierda para mantener unidos a sus partidarios y a sus grupos satélites. Realizando una reductio ad Pinochetum de la realidad nacional, todo lo asociado con el dictador es malo y no resiste mayor análisis, estableciéndose así un argumento intelectualmente fácil pero moralmente poderoso para quienes no tienen candidato en segunda vuelta y encuentran raro votar en protesta, que en definitiva deciden las elecciones.

El poder moral de esta reducción lógica, sin embargo, ha disminuido por distintas razones: el desgaste moral de una coalición política tras 25 años de escasa oxigenación, el descontento de una sociedad desarrollada que le pide más a una coalición que hace las cosas en la medida de lo posible, la existencia de nuevos votantes para los cuales Pinochet les es tan relevante como para nosotros lo es Genghis Khan, la idea instalada en parte de la gente que la Concertación ha sido una gran administradora del modelo económico heredado de la dictadura y el cambio que ha tenido la misma derecha que, aunque a muchos en la izquierda les cueste reconocerlo, no es la misma de 1988 o de 2000.

Sin embargo... algo de vigencia le queda al argumento comodín.

Dentro de las cosas en la medida de lo imposible que buscó la Concertación, y que son del interés de más sectores políticos, se encuentran un grupo de reformas políticas cuyo único impedimento ha sido el veto constitucionalmente consagrado que tienen la UDI y sectores conservadores de RN. La reforma del sistema binominal, el reconocimiento de los pueblos indígenas, el derecho a la educación como núcleo de la igualdad de oportunidades, los mecanismos de participacion democrática, entre otros, son puntos en los que, al menos en el papel, han sido siempre promovidos por la Concertación y rechazados por el tercio histórico que el sistema electoral le asegura a la derecha en forma permanente desde 1990. Por lo tanto, la única forma de aprobar dichos cambios, seguramente en una nueva Constitución, es haciendo que ese 45%, 40% o 33% sea inferior.

¿Hay que ganarle a la derecha entonces? Sí, es importante para mejorar nuestro sistema político, pero en otros ámbitos de la vida como la economía, la educación, la salud, la regionalización, el medio ambiente, la calidad de vida urbana y las relaciones exteriores (sobre todo con América Latina), aparecen las diferencias entre quienes no somos de derecha. Habiendo temas que será obligación trabajar en los próximos 4 u 8 años como el sistema previsional, la administración escolar, las condiciones laborales, las políticas energéticas, los planos reguladores y los derechos sexuales, hay partidos y personas más cercanas a la derecha que dicen querer derrotar que a los votantes que intentan asustar con su llamado.

Nos debe interesar más ganarle a los indiferentes del mañana que a la derecha del ayer.

Te lo dice,

R.F.S.K.



miércoles, 22 de mayo de 2013

Chiste cruel

"¿Qué culpa tienen los judíos de ser mejor combustible que la leña?", dijo el lagarto Murdock el día lunes pasado en el programa humorístico de Chilevisión Hazme reír. ¿La respuesta? Más de 125 denuncias al Consejo Nacional de Televisión, la consecuente condena de la Comunidad Judía de Chile, las disculpas públicas por parte del canal emisor y una reciente denuncia formulada por la Comisión de Derechos Humanos del Senado al ente regulador de televisión. Seguramente se vendrá una sanción, de las tantas que ha debido pagar Chilevisión por cosas más severas pero menos polémicas que ésta.

Siempre que algún humorista o comediante sale de la escena de la risa y pasa a la de los problemas con la libertad de expresión, soy partidario de que diga lo que se le antoje (así, subrayado y con negrita). El humor, en sí, es subversión e implica poner a los poderosos a nuestros pies, desbaratar a las religiones, mostrarle los genitales a la moral y las buenas costumbres y perderle el respeto a la ley. La calidad de la rutina se encuentra en cómo decir todo esto sin sacar risas baratas a punta de garabatos o gestos obscenos.

Sin embargo... todo tiene su límite.

El pueblo judío, ya sea quienes se consideran judíos por etnia y/o por religión, ha buscado de distintas maneras evitar la banalización del holocausto. Podemos discutir si el Estado de Israel ha ayudado a esta causa, pero separando el conflicto árabe-israelí del genocidio cometido por los nazis hacia el pueblo judío y hacia otras minorías étnicas, religiosas y sociológicas, lo que los judíos queremos es que nunca más el odio patológico de algunos lleve al exterminio de otros. Por esto, para nosotros es importante que se tenga presente que lo sucedido entre 1933 y 1945 sucedió, que sucedió por la ideología de un grupo de personas que consideraba a los judíos como personas despreciables y que sucedió ante los ojos de millones de personas que pudieron haber hecho algo a la vista de nuestros días, pero que por existir un antisemitismo avalado por la sociedad, no se pudo impedir o detener a tiempo.

Gracias al esfuerzo de muchos, sin distinción de etnia y religión, los judíos somos un pueblo que puede mostrarse al mundo sin temor, que ha demostrado poder convivir con distintas etnias y religiones y que puede valerse interactuando con los demás. Gracias a este esfuerzo, las características culturales que en el pasado hicieron que fuese normal despreciar a los judíos ya no son las mismas y si hoy día alguien canta la ronda del perro judío, es mal visto y reprendido socialmente. Este esfuerzo debe replicarse para todas las minorías que han sido perseguidas, y así como no podemos aceptar volver a una época en que los judíos eran indeseables, debemos dar pasos con todos los grupos como el pueblo romá, los homosexuales, las personas con discapacidad, las mujeres, entre otros.

¿Esto significa, entonces, que no podemos reírnos de ningún grupo en Chile que no sea hombre, mestizo, católico y santiaguino? No. El humor es la prueba de blancura de la libertad de expresión, pero como toda libertad, requiere ser ejercida responsablemente. Podemos reírnos de la suegra, contar el chiste de Álvaro Salas del amigo tartamudo ("Claro, pa' ti es fácil decirlo") o hacer humor del amigo judío que junta plata y no la presta. La diferencia se encuentra en 2 cosas:

  • Primero, saber que jugamos con fuego cuando nos reímos del sufrimiento que puso en juego a un grupo, porque implica que no aprendimos como sociedad la lección (ojo que digo "jugamos con fuego" y no "prohibir", porque no soy partidario de la censura, por más que el chiste sea odioso).
  • Segundo (y esto es una de las cosas lindas del humor), le debemos siempre dar la oportunidad al blanco de nuestros chistes que se ría de nosotros. Si nos reímos mucho de las mujeres o de los gangosos, en algún momento de nuestra rutina deben ser ellos los héroes o los ganadores, pues de lo contrario nos volvemos odiosos.

En conclusión, hay que defender al chiste bien contado y al mal contado también cuando éste busca romper con las reglas absurdas de la sociedad y quitarle importancia a los poderosos, pero cuando uno pasa por alto las lecciones de vida por las cuales murieron millones de personas, la risa tiene dejos de inhumanidad, en circunstancias que la risa es el último recurso que los humanos tenemos para hacerle frente a la vida.

Te lo dice,

R.F.S.K.



domingo, 19 de mayo de 2013

La política como profesión

Esta semana, el Juez del 7º Juzgado de Garantía de Santiago, Ponciano Sallés, determinó rechazar las solicitudes de sobreseimiento de diversas personas relacionadas con la fallida alerta de tsunami el 27 de febrero de 2010, dentro de las cuales se encuentran el entonces Subsecretario del Interior, Patricio Rosende, y la ex-Directora de la ONEMI, Carmen Fernández. Además, el mismo magistrado declaró admisible la ampliación de la querella penal interpuesta en contra de más personas relacionadas con los hechos investigados, dentro de ellas, la ex-presidenta y candidata presidencial Michelle Bachelet.

Ambas determinaciones, más allá de la espectacularidad y farandulización de la que han sido objeto, me parecen muy importantes, pues permiten dar una apariencia de responsabilidad penal a autoridades políticas por los perjuicios derivados del mal ejercicio de sus funciones.

No debería ser gran cosa. Pareciera lógico que cada persona que perjudica a los demás en el ejercicio de su trabajo deba responder ante la justicia y ser susceptible de pena. Así, el médico que no cumple con los procedimientos que todo facultativo debe realizar en su posición y de ello se deriva la muerte de su paciente, actúa con negligencia y comete delito; el abogado que le genera perjuicios a su cliente por revelar información que pertenece al secreto profesional, comete prevaricación y eso es delito; incluso el ingeniero calculista que no cumple con reglas básicas de construcción, haciendo que el edificio no resista sismos en circunstancias que de haber seguido las reglas se hubiese evitado su destrucción, puede responder por las muertes y daños producidos.

¿Por qué un político debería estar exceptuado de responder de sus actos? Esto debemos entenderlo en el actual contexto de desprestigio de la política.

La política se ha entendido desde mucho tiempo como un acto de servicio. Muchos de los actuales políticos entregan incluso un relato romántico de su decisión, señalando que hoy podrían estar trabajando en actividades más lucrativas o estar más cerca de su familia, pero que por un supuesto amor a la Patria están haciendo un sacrificio y se entregan en cuerpo y alma a la ciudadanía. Esta visión romántica resulta atractiva en términos electorales y muchos de nosotros ciudadanos tendemos a creerla.

Sin embargo, la política es una profesión. Una profesión para la que no se estudia en la universidad la carrera de política, en la que no existe un colegio que ejerza un control ético y cuyo grado de especialización es tan diversa como los cargos públicos que existen. Que sea una profesión más que un servicio justificó en su minuto que se estableciera una dieta para quienes ejercen los cargos de senador y diputado. Que sea una profesión más que un servicio justifica que haya dedicación exclusiva en cargos en los que la persona podría trabajar en forma paralela y privada. Que sea una profesión más que un servicio invita a quienes quieran desempeñarse en política a cultivar permanentemente el conocimiento y a cumplir ciertos códigos de conducta.

Reconociendo que hay políticos excepcionales, a muchos les conviene más la idea de servicio que de profesión, pues apela a la buena voluntad y a la supuesta calidad humana que hay en cada persona que se sacrifica por los demás (de hecho, el Juez Sallés denunció que en los argumentos de los formalizados en el Caso Tsunami había mucho de esto). Además, si esto se encuentra institucionalizado, las autoridades políticas, esas que deben tomar las decisiones importantes de gobierno y administración, quedan impunes ante situaciones que se encontraban dentro de su supervigilancia. En este escenario, son los mandos medios y bajos los que deben responder por irregularidades, unos cumpliendo órdenes y otros diciendo ayudar al partido de gobierno en el que militan.

Que una persona de confianza presidencial y que otra designada por el Sistema de Alta Dirección Pública sean investigadas hasta el final por un posible delito es una buena señal para que se instituya la idea de la política como una profesión. Las autoridades políticas juegan con fuego, ejercen un poder que antes eliminaba a personas y que hoy, algo humanizado, puede perjudicarlos por acciones u omisiones. No es posible, entonces, que sigamos creyendo que tales autoridades pueden autorregularse y quedar a merced del votante cada 4 años, sino que debe existir un sistema efectivo en el cual tanto el Ministerio Público como la ciudadanía pueda denunciar a quienes causan daños por su mal desempeño.

Te lo dice,

R.F.S.K.



lunes, 13 de mayo de 2013

Que se vayan todos

Por temas de trabajo tenía que ir cerca de la Clínica Alemana. No tengo auto y no tengo ganas de uno, por lo que debo confiar en mi sentido de puntualidad y en el transporte público de Santiago. Terminada mi gestión, me volví en micro desde allá hasta Providencia. Para esto, tomaría una micro por Manquehue hasta el Apumanque y de ahí el metro hasta mi casa.

La micro por Manquehue, en un recorrido que demoraría pocos minutos en un horario decente, se demoró poco más de una hora desde la Clínica Alemana hasta el Apumanque. Iba a tomar el metro en Manquehue, pero por primera vez en mis 9 años que llevo viviendo en Santiago, una guardia nos para a todos en el torniquete y nos dice que no entremos porque el andén hacia San Pablo está saturado (literalmente, había gente hasta las escaleras de acceso, a un metro de mí). Como no andaba apurado ni neurótico, caminé a tomar una micro por Apoquindo, pero era tal la cola de espera que, en definitiva, debo haber caminado poco más allá de Escuela Militar y tomé una micro no tan llena, para llegar a mi casa luego de 2 horas y cuarto.

Felizmente yo no necesito ir todos los días al sector de Vitacura y mi casa queda relativamente cerca de allá. ¿Pero cuánta gente debe recorrer un extremo de la ciudad a la otra, ida y vuelta, 5 días a la semana y en transporte público? Sumémosle que esa misma gente puede tener que buscar a sus hijos al colegio o aprovechar la hora de colación para ir a hacer trámites al banco o a una institución pública. Al final, la cantidad de tiempo que perdemos (y no todos andan jugando Candy Crush Saga en su celular) por tener una ciudad en la que nuestro trabajo, nuestro estudio, nuestras necesidades y nuestra entretención quedan lejos de nuestro hogar, es increíble.

A muchos les he leído consignas de menos autos, más pistas de tránsito, mejor transporte público, etcétera. Sin embargo, los que quieren menos autos no entienden que no se puede ir de Maipú a Las Condes en bicicleta, los que quieren más pistas en las calles no están dispuestos a expropiaciones y los que quieren mejor transporte público no lo usan como predican. Terminamos en un diálogo de sordos ante una bomba de tiempo, pues Santiago sigue creciendo desproporcionada y desorganizadamente, sin que esto sea un tema de la relevancia que tiene en el diario vivir de casi 7 millones de personas.

No soy ingeniero en transporte, ni urbanista, ni sociólogo, pero algo me dice que Santiago, de continuar este diálogo de sordos y el inexistente debate de soluciones a la vida de las personas más que a las necesidades de crecimiento de las inmobiliarias, no debería expandirse más. Algo me dice que deberían existir políticas para incentivar que nuevas inversiones que puedan ser hechas en otras regiones, sean hechas allá. Algo me dice que quienes llegamos de regiones a estudiar a Santiago, en la medida que se pueda, nos vayamos a ciudades que no tendrán un Costanera Center o un barrio Bellavista, pero que nos permiten ir de la casa al trabajo en un tiempo razonable. Algo me dice que quienes viven en una comuna, tienen derecho a una escuela de calidad en esa misma comuna. Algo me dice que no todos debemos pasar por el eje Alameda-Providencia-Apoquindo-Las Condes.

Espero que este tema sea importante en estas elecciones presidenciales, sin que los problemas de Santiago dejen de lado las necesidades de las regiones, porque la calidad de vida de las personas es vital en ese óptimo público que llamamos bien común.

Te lo dice,

R.F.S.K.



jueves, 9 de mayo de 2013

De los mejores... ¿para qué?

(Por honestidad intelectual, hago presente que soy un ex-alumno que aún no sabe bien por qué eligió la UC en lugar de la Universidad de Chile).


Ayer salió un nuevo ranking internacional de universidades. Según la QS World University Rankings, la Pontificia Universidad Católica de Chile es la mejor universidad del país y la segunda en América Latina. Además, en la carrera de Derecho, la UC es la universidad mejor rankeada de habla hispana, lo que seguro es suficiente razón de orgullo para muchos de los que estudiamos o siguen estudiando en ella.

En el día de hoy, en El Mercurio, Cristián Warnken escribió sobre la realidad tras la carta de adecuación que las Isapres envían a sus afiliados para explicar el alza de sus planes. Lo que más me llamó la atención de su carta fue lo siguiente:

[Esta carta de adecuación] la habrá redactado algún ingeniero comercial con un abogado, ambos probablemente con algún postgrado en Oxford y Harvard, de esos que no tienen "calle" y están desvinculados completamente de la realidad de los ciudadanos de a pie. Bienintencionados jóvenes "buenitos", que probablemente colaborarán en obras de acción social y aparecerán en las páginas sociales de los diarios con la sonrisa típica que marca para siempre la cara de los buenos alumnos. 
Claro, hay otros que, sabiendo que lo que hacen es éticamente reprochable, ya vendieron su alma al diablo, se instalaron en el cinismo y por lo menos no andan de "buenitos" por la vida. Porque los peores son aquellos que alardean de que hay que trabajar por los "pobres" y al mismo tiempo vulneran sistemáticamente desde sus bufetes los derechos de los ciudadanos de la clase media de este país. [...] 


Sin ánimo de caer en generalizaciones y reconociendo que hay notables excepciones a la regla, Warnken alude a egresados de la Facultad de Derecho de la UC. Nuestra facultad, en general, tiende a formar abogados cuyo perfil de egresado calza con las necesidades de estudios y empresas que realizan acciones que contribuyen, directa o indirectamente, a abusos económicos. Eso no es secreto para nadie.

De aquí que mi pregunta es la siguiente: ¿De qué sirve que la Facultad de Derecho de la UC (me carga esa chapa comercial de Derecho UCsea la mejor en Iberoamérica? 

Sin duda, a la institución misma le sirve tanto para captar a los mejores egresados de enseñanza media de Chile (entendiendo que el concepto de "mejor" lo determina una cuestionable PSU), como para obtener fondos que le permitan financiarse mejor en términos de infraestructura y de investigación. Lo primero tiende a darle, en teoría, una mejor masa crítica (digo en teoría porque la PSU no asegura aquéllo). Lo segundo permite mejorar el servicio que le presta a sus alumnos y el conocimiento que genera al mundo. No sé cómo está la investigación en la facultad, pero si ingresara más dinero por estos rankings, ojalá sirviera para más profesores de planta que se dedicaran a esta área. 

Quienes egresamos de la facultad, o quienes siguen estudiando, también nos vemos favorecidos. Nuestra carta de presentación para un trabajo o para cursar un posgrado mejora ostensiblemente cuando dice que somos de la UC. Además, de existir una relación de "a mejor ranking, mejor es la enseñanza", nuestra capacidad de resolver problemas jurídicos es mejor que si hubiésemos salido de otra facultad. 

Lo que me hace dudar de éste y otros rankings, y que me impide mostrar orgullo, es cuán favorecida se ve la sociedad con un buen lugar de nuestra facultad. No quiero caer en un discurso en el cual se le exige ser abogado de los pobres a todos y cada uno de los que salimos de la UC, porque es absurdo; pero todos quienes salimos de ella deberíamos ejercer nuestra profesión, sea en el ámbito público o privado, con una ética muy sólida tendiente a la protección de los derechos y libertades de las personas. Sin embargo, la imagen del abogado UC, con razones justificadas, se ve asociada a la libertad de emprendimiento sin límites, a esquemas para pagar la menor cantidad de impuestos, a poner el capital por sobre las personas (salvo cuando se trata del no nacido) y al éxito basado en el tener, más que en el hacer.

El desafío que tenemos todos quienes pertenecemos, en mayor o menor medida, a la comunidad formada en torno a la Facultad de Derecho de la UC, es plasmar en la realidad social la calidad que se nos atribuye. Ser un mejor abogado no significa ganar más dinero o tener un mejor acervo intelectual, sino poder ser positivamente determinante en la comunidad. Si los dilemas actuales dicen relación con compatibilizar el mercado con la protección social, ahí es donde debemos estar nosotros. Si el debate político tiende hacia un nuevo sistema, nosotros debemos ayudar a que éste ponga a la persona en sociedad como centro. Si hay quienes alegan la falta de orden en nuestro país, una mejor comprensión de los conflictos y de cómo éstos se pueden institucionalizar puede servir de ayuda, tarea en la que los abogados podemos contribuir. 

"Sé el cambio que deseas ver en el mundo", dijo el Mahatma Gandhi. Es en esta frase donde veo de mejor manera la excelencia académica que debe caracterizar al egresado de la UC, en especial el de Derecho, cuyo trabajo versa esencialmente sobre los problemas de las personas.

Te lo dice,

R.F.S.K.




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