miércoles, 22 de mayo de 2013

Chiste cruel

"¿Qué culpa tienen los judíos de ser mejor combustible que la leña?", dijo el lagarto Murdock el día lunes pasado en el programa humorístico de Chilevisión Hazme reír. ¿La respuesta? Más de 125 denuncias al Consejo Nacional de Televisión, la consecuente condena de la Comunidad Judía de Chile, las disculpas públicas por parte del canal emisor y una reciente denuncia formulada por la Comisión de Derechos Humanos del Senado al ente regulador de televisión. Seguramente se vendrá una sanción, de las tantas que ha debido pagar Chilevisión por cosas más severas pero menos polémicas que ésta.

Siempre que algún humorista o comediante sale de la escena de la risa y pasa a la de los problemas con la libertad de expresión, soy partidario de que diga lo que se le antoje (así, subrayado y con negrita). El humor, en sí, es subversión e implica poner a los poderosos a nuestros pies, desbaratar a las religiones, mostrarle los genitales a la moral y las buenas costumbres y perderle el respeto a la ley. La calidad de la rutina se encuentra en cómo decir todo esto sin sacar risas baratas a punta de garabatos o gestos obscenos.

Sin embargo... todo tiene su límite.

El pueblo judío, ya sea quienes se consideran judíos por etnia y/o por religión, ha buscado de distintas maneras evitar la banalización del holocausto. Podemos discutir si el Estado de Israel ha ayudado a esta causa, pero separando el conflicto árabe-israelí del genocidio cometido por los nazis hacia el pueblo judío y hacia otras minorías étnicas, religiosas y sociológicas, lo que los judíos queremos es que nunca más el odio patológico de algunos lleve al exterminio de otros. Por esto, para nosotros es importante que se tenga presente que lo sucedido entre 1933 y 1945 sucedió, que sucedió por la ideología de un grupo de personas que consideraba a los judíos como personas despreciables y que sucedió ante los ojos de millones de personas que pudieron haber hecho algo a la vista de nuestros días, pero que por existir un antisemitismo avalado por la sociedad, no se pudo impedir o detener a tiempo.

Gracias al esfuerzo de muchos, sin distinción de etnia y religión, los judíos somos un pueblo que puede mostrarse al mundo sin temor, que ha demostrado poder convivir con distintas etnias y religiones y que puede valerse interactuando con los demás. Gracias a este esfuerzo, las características culturales que en el pasado hicieron que fuese normal despreciar a los judíos ya no son las mismas y si hoy día alguien canta la ronda del perro judío, es mal visto y reprendido socialmente. Este esfuerzo debe replicarse para todas las minorías que han sido perseguidas, y así como no podemos aceptar volver a una época en que los judíos eran indeseables, debemos dar pasos con todos los grupos como el pueblo romá, los homosexuales, las personas con discapacidad, las mujeres, entre otros.

¿Esto significa, entonces, que no podemos reírnos de ningún grupo en Chile que no sea hombre, mestizo, católico y santiaguino? No. El humor es la prueba de blancura de la libertad de expresión, pero como toda libertad, requiere ser ejercida responsablemente. Podemos reírnos de la suegra, contar el chiste de Álvaro Salas del amigo tartamudo ("Claro, pa' ti es fácil decirlo") o hacer humor del amigo judío que junta plata y no la presta. La diferencia se encuentra en 2 cosas:

  • Primero, saber que jugamos con fuego cuando nos reímos del sufrimiento que puso en juego a un grupo, porque implica que no aprendimos como sociedad la lección (ojo que digo "jugamos con fuego" y no "prohibir", porque no soy partidario de la censura, por más que el chiste sea odioso).
  • Segundo (y esto es una de las cosas lindas del humor), le debemos siempre dar la oportunidad al blanco de nuestros chistes que se ría de nosotros. Si nos reímos mucho de las mujeres o de los gangosos, en algún momento de nuestra rutina deben ser ellos los héroes o los ganadores, pues de lo contrario nos volvemos odiosos.

En conclusión, hay que defender al chiste bien contado y al mal contado también cuando éste busca romper con las reglas absurdas de la sociedad y quitarle importancia a los poderosos, pero cuando uno pasa por alto las lecciones de vida por las cuales murieron millones de personas, la risa tiene dejos de inhumanidad, en circunstancias que la risa es el último recurso que los humanos tenemos para hacerle frente a la vida.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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