jueves, 13 de junio de 2013

No tengáis miedo de votar por ella

Debemos tener una nueva Constitución.

  • Porque la Constitución es la carta credencial de un país, y mostrar que aún aceptamos reglas concebidas en dictadura habla de una sociedad que le gustan más las imposiciones y que rehuye el diálogo social.
  • Porque una Constitución es el contrato social de un país, el cual debemos acatar, respetar y defender de distintos males si estimamos que nosotros o nuestros antepasados la tuvieron a bien aprobar, pero resulta muy difícil aceptar, respetar y defender una ley fundamental que para ser aprobada requirió de malas artes, que excluyó el contrapunto de ideas y que dejó afuera a miles de chilenos exiliados, torturados y ejecutados por el mismo régimen promotor de ella.
  • Porque la Constitución es la conclusión a la que ha llegado una sociedad sobre distintos temas, pero nunca ha habido un verdadero debate sobre las reglas básicas de nuestro Estado, sobre los derechos que queremos reconocidos, sobre la idea de la libertad que queremos protegida y sobre el rol de la persona en cuanto ciudadano.

El espacio para generar una carta fundamental con la que podamos identificarnos, que sea aprobada en un Estado de Derecho y que contenga una visión consensuada de todos los chilenos es la asamblea constituyente.

¿Por qué no el curso regular de una reforma constitucional aprobada en el Congreso?

  • Porque las normas relativas al Congreso están en la Constitución de 1980, inspiradas en principios democráticos de dudosa calidad, que constriñen a las mayorías bien habidas, que excluyen la representación de grupos ajenos a las dos principales coaliciones y que no contemplan siquiera espacios de consulta a la ciudadanía.
  • Porque el Congreso sólo puede reformar la actual Constitución, siendo su producto una Constitución de 1980 reformada, en circunstancias que se quiere un contrato social cuya génesis sea desde un punto previo, con la mayor libertad posible dentro de un régimen democrático.
  • Porque los senadores y diputados están para más cosas que reformar la Constitución y generar una nueva carta fundamental requiere un cierto grado de exclusividad en las funciones. Por algo, cuando se ha generado una nueva Constitución en democracia en otros países, se busca una fórmula distinta a la composición actual de un Congreso.

¿Es plantear una asamblea constituyente un atentado al Estado de Derecho? , pero como cualquier cambio atenta contra su antecedente. Resulta difícil que nos atengamos a las actuales reglas, que consideramos viciadas en su origen y excluyentes en sus bases fundamentales, para cambiar la Constitución. Sin embargo, quienes creemos en una asamblea constituyente estamos de acuerdo que ésta debe ser una expresión viva de una democracia sustantiva, contemplando una convocatoria abierta a quienes tienen el poder constituyente originario (la Nación en su proyección contingente, el pueblo), la formulación de reglas de gobierno de la mayoría con protección de la minoría, la protección de los derechos fundamentales de las personas que seguirán vigentes de acuerdo a tratados internacionales y la búsqueda de representatividad de todos los sectores políticos que adscriben a la democracia como un modo de vida.

¿Es plantear una asamblea constituyente un peligro para la estabilidad económica? Si partiéramos de la base que los ciudadanos chilenos somos unos monos con navaja, sin duda. Sin embargo, no lo somos. Tenemos una tradición de respeto a la ley como pocos países lo tienen (cosa de ver que el mismo Presidente Allende, tildado de ilegal, buscó cumplir su programa mediante leyes poco aplicadas pero aún vigentes). Somos consumistas (nos guste o no) y eso implica una aceptación del mercado en el día a día. Tendremos diferencias en cuanto a la participación de los privados en la protección social y en los recursos naturales, pero no es difícil prever que siempre habrá un espacio para los privados en ellos. Es indudable que en el futuro habrá una mayor participación del Estado en la economía, pero nadie quiere un régimen de planificación central o en el cual haya que solicitar permiso para poder emprender una idea. Por todo esto, los temores son bastante exagerados.

Por último, ¿es una Constitución generada a partir de una asamblea la solución a los problemas de la gente? Suponiendo que el principal problema es la desigualdad (porque quien crea conocer los problemas de la gente está mintiendo), una nueva Constitución es el marco ideal para darles herramientas al Estado, a las asociaciones y a las personas en la búsqueda de la justicia social. El sistema constitucional de hoy nos dice que debemos rascarnos con nuestras propias uñas; que un Estado lo más reducido posible puede ayudarnos cuando nadie más pueda hacerlo; que tenemos libertad de elegir en salud, educación y seguridad social pero de acuerdo a nuestra condición económica; que si las personas tenemos problemas con nuestro empleador en cuanto trabajador o con una empresa en cuanto consumidor, la protección al más débil se supedita a sus recursos mas no a su dignidad o sus razones; etc. Debemos cambiar estos paradigmas sociales, con los que muchos no consentimos pero en los cuales estamos dispuestos a dialogar en un espacio amplio, democrático y representativo para tener un contrato social aceptado por todos.

El temor a lo incierto es connatural a nuestro ser. Por esto, quienes creemos en esta oportunidad para hacer un Chile mejor tenemos el deber de explicar lo positivo de una asamblea constitucional, pero un deber aún mayor de alejar los temores que muchos, por traumas pasados o por terror a la ciudadanía organizada, predican acerca de una buena idea para el país.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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