viernes, 21 de junio de 2013

Tema Nº 2: Solidaridad en serio

Si tuviéramos un menor culto al orden y a las fuerzas armadas, seguramente nuestro lema patrio sería País solidario. La Teletón, el Hogar de Cristo, el Techo, la ayuda a toda clase de damnificados por desastres naturales, los bomberos y otras tantas causas justas subsisten gracias a nuestra buena y desinteresada voluntad; voluntad que pareciera ser característica de quienes vivimos en esta larga y angosta faja de tierra al oeste de los Andes.

Pero si sacamos las cámaras de televisión, los afiches, las poleras y las marcas, somos un pueblo de personas que se rascan con sus propias uñas y que miran hacia adelante ignorando lo que pasa al lado. Esto va desde no saludar a las personas en un ascensor hasta negarse a aportar los excedentes de las isapres para la salud de los que no pueden pagarla.

(Sí, sí... hay muchos que son un ejemplo en dejar de pensar solamente en sí mismos y en sus seres queridos para ayudar al desconocido y al desamparado, pero precisamente uno de los problemas está en creer que ésa es la regla general y nos quedamos tranquilos)

Ser individualista, en sí, no es algo malo. Es una opción de vida tan legítima como vivir en una comunidad intencional. Como opción, tiene aspectos valorables: creer que muchas de las cosas en la vida dependen de uno, esforzarse lo más posible para lograr la meta de vida que uno se propone, respetarse a uno mismo y obtener un reconocimiento social no por lo que uno es sino por lo que uno hace y cuidar más las cosas que se obtienen por ser producto del trabajo propio y bien ejecutado.

El problema surge cuando creemos que la idea de éxito individual es aplicable a todas y cada una de las personas y, además, fundamos la institucionalidad de acuerdo a dicha idea.

En un mundo ideal, en el cual todos tuviesen acceso a una educación de una calidad más o menos similar, en el que valoramos similares esfuerzos de igual forma, en el que nos importa más el talento de uno más que su origen o roce social y en el que hay un respeto de lo ajeno como si fuera propio, el establecer instituciones fundadas en la libertad de elegir, en la capitalización individual y en la suma protección de lo propio sobre lo común funcionaría de manera adecuada. Sin embargo, en Chile tenemos un sistema educacional donde la calidad depende del dinero, no valoramos al producto del trabajo de manera objetiva, nos preocupamos más de la cuna de la persona que de su esfuerzo y lo ajeno nos importa poco o nada. Por esto es que no todos pueden elegir en las mismas condiciones, no todos pueden ahorrar para sus necesidades básicas en forma digna y muchos requieren de fondos comunes para poder obtener lo que por sí solos no pueden estructuralmente obtener. Terminamos creando un apartheid social.

La solidaridad nos permite establecer un plano común de interdependencia entre todas las personas de acuerdo a una idea de justicia distributiva. Se diferencia de la caridad porque ésta se basa en relaciones desiguales y no implica un cambio del status quo. Por eso, quienes dicen que nadie puede obligarle a uno a ser solidario están equivocados: la naturaleza nos pone en situaciones diferentes, pero la ley nos reconoce iguales y la ley obliga a que los desiguales por naturaleza estén en una relación de justicia, de horizontalidad.

En estas elecciones, es muy importante insertar el tema de la solidaridad. Algunas ideas que se pueden trabajar son:

  • Consagrar sistemas de financiamiento tripartito (trabajador, empleador, Estado) en salud, previsión y seguridad social.
  • Legislar sobre un procedimiento de negociación colectiva en que la relación empleador-sindicato esté mejor nivelada, dándole a los trabajadores una mayor participación en el éxito de la empresa.
  • Establecer un sistema educativo en el cual personas de distintas clases sociales puedan confluir para generar una mejor convivencia.
  • Crear mecanismos de financiamiento deportivo en que los deportes con más fondos (particularmente el fútbol) puedan ayudar a otros deportes con potencial.
  • Fijar un porcentaje del royalty minero a favor, ya sea de las regiones más pobres de Chile o de las mismas regiones donde se ubican las faenas mineras.

Para poder acabar con las desigualdades, es importante ser solidario en serio, lo que requiere de la voluntad que muchos decimos tener en distintas actividades de la vida, pero también exige renunciar a ciertos privilegios que nos ponen en mejor pie que a otros. Esto último es lo que hoy nos falta.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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