miércoles, 10 de julio de 2013

Esta nota NO habla del aborto

Por sinceridad intelectual, mis 5 puntos de partida:
  • Chile es un Estado laico: Éste no adhiere a religión alguna ni debe tratar preferentemente a las personas por tener religión o no.
  • El consenso moral en Occidente se quebró irreparablemente hace aproximadamente 500 años.
  • Cualquier tema objeto de regulación es cuestionable dentro de un ámbito racional, siendo lo único indiscutible la prohibición absoluta de la tortura, pues la tortura es la maldad hecha realidad.
  • En democracia, los directamente afectados por una eventual ley deben ser especialmente oídos antes de tomar una decisión final.
  • Ninguna persona razonable aborta porque quiere.

La discusión sobre la despenalización/legalización del aborto es el equivalente macro de la discusión sobre cuál equipo de fútbol es mejor: todos llegamos al debate con una idea firme y preconcebida, nos preparamos bien en términos de argumentos para ver si podemos establecernos como autoridad frente al otro, partimos con ideas racionales e incluso le damos ciertas concesiones al otro... pero cuando la cosa se ve difícil, cuando es un diálogo entre sordos, nos calentamos y empezamos a descalificar al otro, a dudar de su inteligencia, a buscar ponerlo abajo con cualquier argumento barato, para finalmente sacar el comodín de la Libertadores (en el caso de los 2 grandes de Chile) y ser ninguneado de vuelta con el "hincha de copas". Al final, los dos nos sentimos ganadores, dueños de la mitad + 1, pero nadie cambió su parecer y todo sigue igual.

La diferencia está en que lo bizantino del debate futbolero generalmente termina bien, pero lo bizantino del debate del aborto suele acrecentar las diferencias entre los debatientes.

El amague de discusión (como un amague de incendio) que se ha dado esta última semana en relación al embarazo de una menor de 11 años víctima de violación y las actitudes que muchas personas han tenido al respecto, desde su madre hasta el propio Presidente Piñera, se inscribe dentro de lo inconducente que ha sido el debate sobre el aborto: mucha frase poco afortunada, unos errores que parecen errores pero no lo son, los fundamentalistas desaforados de éste lado y los asesinos intelectualoides de éste otro. Muchos preocupados por Belén, pero todos haciéndole un flaco favor.

¿Qué podemos hacer para conducir bien este debate?

Primero, asumir que existe: El reconocimiento jurídico de una situación de hecho es una señal de respeto frente a la persona que se encuentra en dicha situación. Si negamos dicha situación o la subsumimos equivocadamente, dicha persona actuará de forma cohibida en el ámbito público y no tendrá las mismas posibilidades de realizarse acorde a su identidad. Para quienes consideran importante dentro de su identidad sexual el control sobre su propio cuerpo y para quienes han sufrido con los distintos casos excepcionales en los que se invoca la necesidad legal del aborto, el negar una discusión seria y jurídica sobre el tema significa ponerlos en un peldaño de desigualdad frente a los demás. Esto va más allá de si se apruebe mañana, en 10 años o nunca una despenalización.

Segundo, tratar de entender su profundidad: Suena cliché decir que el tema del aborto es multidisciplinario y que es tanto racional como pasional, pero por más cliché que suene, el nivel del debate que llevamos hasta hoy exige que lo repitamos. Por otro lado, la discusión nos lleva a cuestionarnos temas aún más fundamentales. Por ejemplo, la confianza en la ciencia (¿no será que cada científico que llega a una conclusión diferente maneja las variables de acuerdo a ideas preconcebidas?), la obligatoriedad del Estado de Derecho ("yo hago lo que quiero, tú haces lo que quieres, pero tú no me puedes imponer algo en lo que yo no creo, así que déjame un espacio"), el lugar de las religiones en la vida de las personas, entre otros tantos que permiten darnos cuenta que estamos abriendo una caja de Pandora.

Tercero, tener una dosis de realidad:

  • La flexibilización de la legislación en materia de aborto es un proceso que Chile va a vivir tarde o temprano, como lo ha vivido en todas las instituciones legales que se vinculan directamente a la moral, porque Chile se está reconociendo como un país con diversidad filosófica (ese cuco llamado relativismo moral).
  • Ningún país ha llegado a una conclusión acabada sobre el tema, sino que han permitido modus vivendi, de manera de compatibilizar dentro de lo posible la coexistencia de distintas visiones morales en la materia (por ejemplo, establecer que el aborto es ilegal, salvo excepciones). Dicha compatibilización puede incluso cambiar en el tiempo. Lo importante es que el tema se discuta y se le dé a cada sector la justa posibilidad de imponerse dentro de reglas democráticas.
  • No estamos para pendientes resbaladizas. El permitir el aborto en casos muy excepcionales y plenamente justificados no equivale a establecer el artículo 48 de la Constitución de la República de Weimar que permitió el ascenso de Hitler al poder. "Hecha la ley, hecha la trampa", suelen decir muchos, pero eso ocurre cuando no todos los interesados en una buena ley participan en forma consciente.

Asumo que queda mucho en el tintero, pero esta nota no tiene como propósito hablar del aborto. Ni yo tengo una posición tan clara (no es broma). El propósito es ayudar a que el debate sobre el aborto exista, en forma ordenada y entendiendo que la solución es más contingente y menos intelectual de lo que creemos.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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