viernes, 30 de agosto de 2013

¿Reconciliación? ¡Las pelotas!: El perdón de la izquierda

Ante el esfuerzo de un sector de la población en recordar el desastre y la masacre para que nunca más perdamos el respeto por el otro, un grupo (no sabría si decir "la derecha", pero es parte de ella) sostiene majaderamente que hay que recordar desde bastante antes de 1973, que el Golpe de Estado tuvo una causa y que todo lo ocurrido con posterioridad fue a consecuencia de lo mismo: la nunca positiva y siempre regresiva teoría del empate.

No obstante tengo mi conciencia clara frente a lo injustificable, ayer y hoy, de las ejecuciones, desapariciones, torturas, persecuciones, expulsiones de miles de personas, como también de las restricciones de derechos civiles y políticos, todas realizadas por la dictadura militar con anuencia de los poderes fácticos, desde hace un tiempo me ha surgido la inquietud sobre el silencio de quienes sí actuaron ilegalmente antes de 1973 y que sobrevivieron la barbarie.

Tal vez su silencio se deba a que la violencia con la que respondió la dictadura excedió con creces lo ilegal que hicieron o hubiesen hecho. Al ser incomparable asaltar un banco o tomarse un fundo (tiene una finalidad) con ponerle electricidad o ratones a una persona o lanzarla al mar en vuelos de la muerte (es crueldad pura), el compañero del MIR ya pagó su pecado con creces. Exigirle como sociedad una explicación o una solicitud de perdón sería, en este contexto, injusto y doloroso.

Tal vez su silencio se deba a un tema de realidad histórica. Hoy vemos como parte del consenso social el respetar la legalidad democrática y numerosos derechos asociados a ella. Sin embargo, esto es un logro reciente, pues en tiempos de Guerra Fría los unos creían que la insurrección armada era moralmente aceptable para liberar al pueblo de los males del capitalismo, mientras que los otros opinan lo mismo de eliminar los focos de guerrilla marxista. Cada sector que actuó violentamente podrá decirnos que no corresponde juzgarlos con el consenso actual de paz a sus actos insertos en una época de conflicto social universalizado.

Tal vez su silencio se deba a que, en realidad, siguen pensando lo mismo que ayer. Que el capitalismo en su versión más radical, como el que existe en la práctica en Chile, genera tal postergación e injusticia en sectores de la sociedad que se debe responder con dureza. Que el vivir con una miseria en guetos donde se es víctima de la delincuencia y de la falta de acceso a servicios básicos es sinónimo de violencia, por lo que, en algún momento, corresponderá responder con violencia. Pese a que hoy no contemos con organizaciones abiertamente terroristas, no me sería extraño que haya gente que tenga su conciencia tranquila frente a la necesidad de la vía armada al socialismo.

Tal vez su silencio se deba simplemente a que los compañeros están viejos, cansados y poco pueden hacer al respecto. ¿Para qué hablar si los fascistas no quieren nada con ellos? ¿Para qué si lo de ellos, de tener responsabilidad penal, ya prescribió y no corresponde a violaciones a los derechos humanos? ¿Para qué si no sólo la derecha sino que los vendidos de la Concertación van a irse en su contra? Mejor guardar silencio y que sólo hable el chivo expiatorio de la izquierda, Carlos Altamirano, a quien nunca van a probarle nada porque es tan burgués como sus contrarios.

Ignoro qué razón hay para que un guerrillero del ayer no sienta que debe arrepentirse de sus actos violentos. Sin embargo, me parece que deben hablar, si no lo han hecho aún. Puedo entender el justo resentimiento de quienes hayan sido víctimas inocentes de su lucha, como entiendo el resentimiento de los familiares de quienes fueron muertos o de quienes fueron torturados sólo por pensar distinto. Lamentablemente un grueso aún enfermo pide que estos compañeros den explicaciones de sus actos para poder ellos dar señales (por ellos, ojalá los miristas vivos se secaran en la cárcel junto a los militares de Punta Peuco), pero más que por responderle a los comentaristas destacados de emol.com, sería bueno que los que ayer abrazaron las armas y causaron daño mostraran arrepentimiento.

¿Por qué? Porque no queremos repetir la historia. Como seres humanos, a todos nos es muy fácil jugar al empate, a decir "yo actué mal, pero él actuó peor", a decir "el otro tuvo la culpa que yo actuara así". Eso, en su dimensión social más mínima, nos condena a la mediocridad y a perpetuar relaciones nocivas. Si lo llevamos a la comunidad nacional, lo traducimos al efectivo desencuentro y a la imposibilidad de la reconciliación entre sectores que, en mi opinión, nunca practicaron la amistad cívica. Pero si reflexionamos sobre nuestra acción proyectada hacia el futuro y con cierta prescindencia de cómo actuó el otro, es posible entender que el esfuerzo de unos pocos para liberarnos de otros pocos fue negativo y escasamente ayudó en la búsqueda de la justicia social que paralelamente emprendía en forma pacífica el Presidente Salvador Allende.

Sería positivo que los sobrevivientes de esos grupos pudieran hablar. Siendo realista, dudo que lo hagan. De ahí mi pesimismo ante la sola idea de la reconciliación.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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