jueves, 29 de agosto de 2013

¿Reconciliación? ¡Las pelotas!: El perdón de la derecha

En el contexto del lanzamiento del libro "Las voces de la reconciliación", en el cual distintos actores públicos colaboraron con opiniones a 40 años del Golpe de Estado (no cuesta tanto escribirlo, es más corto que pronunciamiento militar), el Senador Hernán Larraín (UDI) expresó lo siguiente:
Si ayuda pedir perdón, también libera saber perdonar. Por eso, ¿por qué no dar un paso personal en lugar de esperar que otros hagan lo que uno quiere oír? Algo simple y transparente como decir: yo pido perdón por lo que haya hecho o por omitir lo que debía hacer. 
Pido perdón por no haber colaborado de modo suficiente a la reconciliación en mi trabajo. Y también pido perdón por no haber sabido perdonar a quienes me han ofendido y se han acercado en señal de reencuentro. 
Desde ya, hoy lo hago en mi nombre: pido perdón. Esta es mi voz para la reconciliación. Pero es necesario oír la de todos.  

Por más que considere que hay gestos sencillos de importante significado (algo tan simple como ver a la máxima autoridad tras un desastre o que un poblador se pare y encare a la misma autoridad), creo que este acto es sólo una expresión de buena crianza, que entiende el perdón desde una idea muy religiosa pero que desconoce qué es lo que esperan los destinatarios de su arrepentimiento para restablecer la amistad cívica.

¿Por qué un perdón religioso, particularmente cristiano? Porque el perdón es un imperativo moral y quizás una de las máximas expresiones de amor al prójimo que predicó Jesús. Haya uno cometido el más grave de las faltas al otro, uno está llamado a perdonar hasta setenta veces siete, sin que sea necesario el arrepentimiento previo. El arrepentimiento, por su parte, es más bien reencaminarse en forma sincera hacia la salvación ante la venida de Jesús. Uno tiene la oportunidad de reencaminarse cuando ha ofendido al otro al pedir perdón, siempre y cuando eso refleje un cambio de conciencia hacia el bien.

¿Es ese perdón religioso el que se necesita para la reconciliación? No, porque se requiere algo más que una conmoción en el alma. Se requieren actos que vayan dirigidos al restablecimiento de la justicia entre unos y otros.

La justicia, al ser quebrantada, exige la reparación del daño causado. La vida está repleta de ofensas intencionales e imprudentes. Si existe resarcimiento económico o su equivalente, las relaciones entre las personas pueden volver a un punto armónico en el que se restablezcan las confianzas. Si no existe, se causa una molestia justificada de parte del ofendido hacia el ofensor, que puede prolongarse en el tiempo y agravarse por la desidia de uno y por los problemas del otro. Si ni siquiera reconocemos nuestro error, la impotencia es mayor y puede traducirse en violencia. Ahora, si el contexto de todo lo anterior es la comunidad nacional y el daño es infringido por quienes detentaban el poder estatal, el resultado es la imposibilidad de la paz social.

Cuando el Senador Larraín pide perdón, lo hace con un buen espíritu. Sin embargo, el acto que la sociedad espera de él es más que un "lo hice mal, nunca más, desde hoy hago las cosas bien", sino ofrecer reparar el daño que contribuyó a causar. Por ejemplo, podría ayudar a esclarecer lo sucedido con los detenidos desaparecidos de la Universidad Católica en su período de Vicerrector Académico (más aún cuando el Rector designado de la época, Jorge Swett, falleció). Podría exponer su relación con Colonia Dignidad en la medida que ésta colaboró con la dictadura. Podría comprometer su apoyo a la derogación del Decreto Ley de Amnistía. En definitiva, podría acompañar su acto personal de constricción con actos efectivos que ayuden a sanar las heridas y a la búsqueda de la verdad en un país que aún no la encuentra; actos que dependen exclusivamente de personas en su posición.

Lamentablemente, la respuesta de sus correligionarios y compañeros de coalición no fue la más receptiva de su gesto: Evelyn Matthei no siente que tiene que pedir perdón, porque ella fue "la primera persona (de derecha) que dijo que era inaceptable lo que había ocurrido con el tema de los Derechos Humanos" (lo desconozco); Andrés Allamand cree que en su caso no se justifica una declaración de esa naturaleza y que se ha pronunciado siempre en contra de las violaciones a los Derechos Humanos (no sé si siempre); y Rodrigo Hinzpeter cree que esto debe ser reflexionado como sociedad y no andar sacándoles declaraciones de perdón a la gente. Los de más edad y que tienen aún más que decir, no han emitido palabra.

Así las cosas, mantengo mi parecer: la reconciliación ya no fue. Esperemos que los tataranietos de los señores Larraín, Matthei, Allamand y otros no justifiquen lo injustificable, sepan lo que ocurrió y no repitan la historia.

Te lo dice,

R.F.S.K.



Si te gustó, gracias por compartir. Si no te gustó, gracias por comentar.