domingo, 25 de agosto de 2013

¿Reconciliación? ¡Las pelotas!

Reconciliar significa volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos. Por consiguiente, el esfuerzo de reconciliación nacional supone la existencia de una amistad cívica previa a la ruptura de las confianzas y al ánimo de eliminar al contradictor. Esta idea de amistad es la que sostienen varios protagonistas, actores secundarios o espectadores desde el futuro sobre los años previos al golpe de Estado de 1973: que antes de un momento que algunos lo ubican en las elecciones de 1964, la sociedad chilena gozaba de una democracia con bases sólidas, de una convivencia pacífica dentro de la pluralidad y en la que primaba la idea de integración social.

Sin embargo, resulta difícil suponer un momento de amistad cívica entre los ciudadanos chilenos cuando sectores completos como el Partido Comunista eran privados de sus derechos políticos o cuando el grado de discriminación hacia mujeres, jóvenes y pobres era alto. Resulta difícil decir que la democracia chilena era sólida cuando el poder militar era latente y en más de una ocasión amenazó a los poderes del Estado con intervenir. Resulta difícil hablar de convivencia pacífica cuando hasta entrados los años sesenta se producían masacres ordenadas o avaladas por los gobiernos de turno (la Matanza del Seguro Obrero, la de la Plaza Bulnes o la de la Población José María Caro, por citar algunas), casi todas relacionadas directamente con movimientos sociales. Y sin duda es imposible hablar de integración social en Chile durante el siglo XX, porque la conciencia de clase surgió en el proletariado urbano y campesino mucho antes de 1964 y porque la representación política estaba marcada por las clases sociales, siendo las propuestas de lucha armada de los años 60 la guinda de la torta.

A pesar de ello, hagamos el intento de suponer que antes de 1964 todo era miel sobre hojuelas y que aún podemos recuperar esa sana convivencia. ¿Puede haber reconciliación?

No, porque aún encontramos justificables unas y otras acciones. Aún los unos ensalzan a los grupos armados de izquierda en su búsqueda del poder y niegan o minimizan que sus actos motivaron a los otros a actuar en forma perversa. Aún los otros justifican el actuar de las Fuerzas Armadas en pos de la unidad nacional y niegan o minimizan su responsabilidad ante las muertes y torturas de miles de los mismos compatriotas por los que decían luchar. Ambos sectores mantienen una lógica de Guerra Fría, sobre todo en lo verbal (porque hoy nadie resucitaría al MIR o a Patria y Libertad), por lo que volver a una supuesta idea de amistad política es imposible.

Dejemos de mentirnos como país: la reconciliación ya no fue. Para que haya reconciliación, debe haber arrepentimiento y perdón, pero todos sienten que es el otro el que debe estar arrepentido y nadie es tan noble como para dar el perdón a falta de constricción. Además, a unos les conviene cerrar la puerta con llave y construir hacia el futuro como si nada hubiese pasado, mientras que a otros les conviene mantener abierta la puerta de par en par para encontrarse con un pasado que es lo único que los diferencia de los unos.

Por otro lado, veámonos como generación los que tenemos menos de 30. Aquellos que tienen alguna idea política, ¿cuántos de nosotros estamos influidos por las ideas de la casa? Seguramente muchos, y muchos de nosotros caemos tanto en las justificaciones de un lado como del otro. Desconozco la realidad de quienes se formaron con prescindencia de su hogar, pero no habiendo muchos maestros con altura de miras, es probable que también caigan en apoyar aspectos negros de la revolución marxista o a la reacción violenta de los conservadores. Quienes sostienen una visión más purista son los menos, y a veces percibidos como poco interesados en el pasado.

Pese a ello, mi esperanza está en el futuro. Paulatinamente estamos generando un núcleo de consenso político: por más que nunca estemos de acuerdo los unos con los otros, la discusión es sin armas; las Fuerzas Armadas son para la defensa nacional, no el brazo armado de unos para eliminar a los otros; tiene que haber un espacio para las personas y otro para el Estado, pudiendo discutir cuál y qué tan grande es el de cada uno; existen serias injusticias sociales que provocan descontento y que debemos resolver en pos de la paz social.

Si logramos profundizar estas ideas y evitamos contaminar a nuestros hijos con nuestros vicios ideológicos, podremos construir una sociedad donde la razón y la pasión no pongan en jaque la existencia de las personas por pensar distinto.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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