domingo, 8 de septiembre de 2013

La importancia de la educación cívica

Entre 2002 y 2003 fui estudiante de intercambio en Minneapolis, Minnesota, en Estados Unidos. Cursé el equivalente a Cuarto Medio. Como no busqué convalidar mis notas del High School en Chile, tome solamente ramos que me gustaran o que jamás podría haber cursado acá: Periodismo, Fotografía, Teatro, Genética...

... y Educación Cívica.

Hago memoria de la escasa educación cívica que recibí en el colegio en Chile. Creo que nos enseñaron la existencia de los 3 poderes del Estado, nos hicieron hacer un trabajo de transcribir los primeros 3 capítulos de la Constitución para jamás preguntarme después lo que significaban y me explicaron en forma repetitiva la nacionalidad y ciudadanía. Eso sería todo.

Por otro lado, en Estados Unidos, nos enseñaron los 3 poderes con sus pesos y contrapesos, la diferencia entre el poder federal y el estatal, las atribuciones presidenciales, el Bill of Rights (Declaración de Derechos), la formación de las leyes y cómo los ciudadanos pueden ser partícipes de este proceso, una noción de cómo funciona la Corte Suprema, la situación de los inmigrantes en el país y (lo que me parece vital) la relación de todos estos contenidos con el diario vivir. Tengan presente que entre 2002 y 2003 ocurrió la invasión estadounidense a Irak, y en un estado fuertemente progresista como Minnesota, la gran mayoría se manifestó en contra organizadamente.

La persona promedio que egresa de la educación media en Chile no es una persona con conciencia ciudadana. Se esfuerza profesional y familiarmente, tiene sueños y (cuando el voto era obligatorio) participa en las elecciones porque entiende que es su única oportunidad de decir las cosas. Sin embargo, no tiene una idea cierta de cómo el poder estatal y fáctico afecta su vida, no tiene idea de la legalidad hasta que se enfrenta a ella, no sabe cómo reaccionar más allá del legítimo derecho a pataleo y, lo que es peor, no le interesa nada de lo anterior: la vida sigue igual y al que quiere celeste, que le cueste. Esa es la filosofía práctica del chileno ante la institucionalidad política.

La educación es el desarrollo o perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales de la persona. Más que lograr que un estudiante saque un buen puntaje en la PSU para ingresar a la universidad, las escuelas deben buscar que este mismo estudiante sepa relacionarse con su sociedad, adquiera una ética y desarrolle las capacidades que le permitan buscar su idea de felicidad. Menos bla bla incluso: la escuela debe hacer pensar y actuar al estudiante en su sociedad.

Sin desmerecer a ninguna disciplina de las que se enseñan tradicionalmente, la educación cívica es de las que más ayuda al pensamiento y a la acción. Al pensamiento porque es el único ramo de sociabilidad dentro del currículo que tienen los estudiantes: con la ayuda de la filosofía básica que debería enseñarse en los colegios, los jóvenes comienzan a pensar en el ser humano y en la interdependencia entre personas que piensan diferente entre sí. A la acción porque inculca ciertos deberes morales que debemos cumplir en sociedad, más allá del respeto: el interesarse y participar en el destino de la sociedad, el buscar aportar nuestro granito de arena en ella, el reaccionar ante la injusticia por medios pacíficos. Menos bla bla de nuevo: la educación cívica nos enseña a relacionarnos con el otro en la esfera pública.

Creo que muchos de los problemas que nos aquejan como sociedad chilena pueden tener vías de solución con una adecuada enseñanza de lo que significa la ciudadanía. La gente ocuparía todos los espacios existentes para mejorar la sociedad y se justificaría que se crearan más. Quienes tengan causas ciudadanas sentirían la necesidad de reunirse para hacer realidad sus proyectos, proliferando el asociacionismo. Entraría aire fresco a nuestra desprestigiada política de cuatro paredes. Surgiría en efecto y con fuerza un quinto poder, el de los ciudadanos, para controlar a los poderes públicos, lo que traería consigo una responsabilidad efectiva de las autoridades. No más bla bla: la gente tomaría mejores decisiones.

Lamentablemente en tiempos en que los ramos que hacen pensar pierden horas lectivas, pedir el fortalecimiento de la educación cívica tanto en la enseñanza básica como media es una idea absurda o politiquera. Con el argumento de la nula comprensión de lectura de nuestros jóvenes, quizá deba pasar una generación entera para poder fortalecer las humanidades y las ciencias sociales en la educación.

Por eso, considero que quienes estamos interesados en lo público deberíamos ver las formas de actuar en la sociedad para entregar educación cívica. Quizá sea una idea loca, pero así como existen voluntarios dedicados a la educación laboral para sindicatos, deberíamos crear instancias para ayudar en los colegios o fuera de ellos a que nuestros jóvenes puedan recibir la formación sobre la vida en sociedad que el sistema educacional hoy no brinda.

Como dijo Mark Twain, no hay que dejar que la escuela interfiera con la educación.

Te lo dice,

R.F.S.K.



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