miércoles, 30 de octubre de 2013

Para quien no vio el debate

(Por razones de transparencia, votaré por Marco Enríquez-Ominami el 17 de Noviembre)


1. Franco Parisi

Tras endosarle todos sus vicios a su pobre hermano Antonino, se le vio estancado en su energía. Mantiene firme su formato didáctico (¿?) de explicar medidas y realidades, como al ejemplificar que la relación con Perú era importante diciendo que los ariqueños van al cine a Tacna, pero teniendo una oportunidad de eliminar los fantasmas de populismo en su candidatura, la perdió.

El formato de debate no favoreció las contradicciones con Matthei y M.E-O., sus principales rivales. Entre ellos se ubica y a ellos debe ganarle los votos para pasar a segunda vuelta. Podía incluso mantenerse desideologizado y apelar a la emoción, pero su participación fue insípida.


2. Marcel Claude

Muy baja su participación. Luchando por el voto de “la izquierda”, lo perdió porque no desarrolló su programa como M.E-O. y porque no emocionó en su crítica como Roxana. Al final, la imagen de él exigiendo una explicación porque se le acabó el tiempo refleja todo lo que fue su intervención.

Así como lamento que Sfeir tenga pocos puntos, lamento que Claude tenga 3% en las encuestas: no representa la izquierda de las ideas ni de la lucha. Se le ve poco intelectual al repetir insistentemente su odio parido a Monsanto y se le ve muy burgués al no apelar a la injusticia que su propio votante experimenta.


3. Ricardo Israel

¿Estuvo realmente en el debate? No se notó. No propuso algo interesante ni participó de alguna polémica. Su candidatura es tan extraña que no se molesta al reconocer que su correligionario Pedro Velásquez (diputado de Coquimbo) apoya a Bachelet.

Israel y su gente creen que Matthei es la derecha, Bachelet es la izquierda y entre ellas hay un gran centro que nadie representa. Por eso plantea asamblea constituyente y cambio de modelo, pero también más cárceles y no al matrimonio homosexual. El tema es que Chile cambió antes que apareciera el PRI y eso lo hace ver como candidato de otra época. Por esto, él se coloca afuera de los temas que la gente le pide a los candidatos.


4. Marco Enríquez-Ominami

Ha aprendido el equilibrio que no tuvo en 2009 y que parecía perdido a comienzos de esta candidatura. Basa su fuerza en un programa con propuestas concretas, mantiene la crítica al duopolio y busca conjugar el éxito actual con verdaderos cambios. Su ímpetu a veces se le escapa y su confianza con los periodistas lo pone incómodo, pero me gustó su intervención.

Las carencias de M.E-O. tienen que ver con cosas que no se pueden ver en un debate: el personalismo de su candidatura, mayores garantías de administración y su dicotomía de hijo de papá y de un luchador social. Sin embargo, ha trabajado por un proyecto adelantado y que cada vez más internalizamos los chilenos.


5. Roxana Miranda

Fue quien mejor aprovechó la instancia del debate. Buscó generar interpelaciones (jamás respondidas) hacia el duopolio. Sobre todo, dijo lo que muchos queríamos oír de un candidato: que el pueblo es víctima de un sistema violento, que se merece dignidad y que debe luchar sin los de arriba.

Se quejó contra la criminalización y las isapres, ¿pero cómo soluciona la delincuencia y el acceso a la salud? En eso Roxana se queda corta y por ello carece de capacidad de gobernar, pero muchos luchadores del pueblo como Martin Luther King o el Subcomandante Marcos no eran capaces de gobernar. En este grupo debe mantenerse y ojalá la veamos en la calle sacando la voz por los sin voz.


6. Michelle Bachelet

Se planteó inteligentemente en el debate conforme a sus capacidades mediáticas. Como siempre, sabe qué decir y qué no decir. No se definió en puntos controversiales. Siempre apacible en sus declaraciones y nunca haciéndose cargo de posibles errores. Lo demás es deducible.

Una reflexión: Bachelet plantea más policías y mejor rehabilitación en seguridad y más hospitales y profesionales en salud. ¿Eso es plantear cambios o administrar lo que hay? Para mí, la Nueva Mayoría (¿?) sigue siendo la vieja Concertación que administró con sensibilidad social el modelo neoliberal de la dictadura. Entiendo que ella quiera apelar a los de arriba y a los de abajo, pero la sociedad exige cambios y ella no se está comprometiendo con alguno.


7. Evelyn Matthei

¿A qué le tiene miedo Evelyn? ¿Ve delincuentes en todas partes que necesitamos más cárceles y policías? ¿Ve estalinistas en todas partes que pide proteger el modelo? La noté muy mal, tan mal que en lugar de crecer hacia el centro, se quedó protegida en el conservadurismo moral y libertinaje económico.

Más allá de proponer influir en el Poder Judicial y mejorar pensiones, Matthei no nos convence que la actual forma de gobernar es buena ni que ella quiere mejorarla. Su programa es administrar lo que hay. Eso mismo planteaba Piñera, pero al menos él planteaba acuerdos con los que piensan diferente, tema en el que ella no genera espacios.


8. Alfredo Sfeir

El debate reflejó la injusta situación de una candidatura positiva para Chile, que invita a cambiar la forma de ver los problemas, liderada por un economista con una paz y sabiduría necesarias, pero que no alcanza el 1% en las encuestas. Se le vio propositivo en los distintos temas que trató, sin lenguaje complicado, sin entrar en la chimuchina y explicitando su enfoque en la ecología, el espíritu y los pobres, pero al no tener una base arraigada en las organizaciones y en los medios, La Otra Opción se queda fuera de discusión.

También quiero ver a Sfeir y sus ideas por muchos años más. Espero que su proyecto nos sane como sociedad desde un partido verde y relevante como los que hay en Europa.


9. Tomás Jocelyn-Holt

El candidato más solitario de la elección supo actuar como alguien que se sabe último, encarando fuertemente a Bachelet por el maremoto y siguiendo el conflicto inconducente de las mujeres de los candidatos. Ideológicamente se plantea como social-liberal, jugándosela por la asamblea constituyente y el matrimonio homosexual, pero sin cuestionar tanto el modelo económico.

Como muchos chilenos, tampoco sé qué busca él aparte de figuración. Todo lo que él plantea se encuentra representado por candidaturas con grupos de base, que él no tiene. A pesar de ello, TJH puede hacer historia: si obtiene menos del 0,38%, le ganará a Arturo Frei Bolívar (uno como usted) como el candidato más fracasado de la historia, pero sin jingle.


Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 1 de octubre de 2013

¿Todo muerto es bueno?

El suicidio de Odlanier Mena, Director de la CNI entre 1977 y 1980, causó entre la opinión pública una primera sensación de dolor ante su trágica muerte y las respectivas condolencias para su familia.

Me descoloca la manera de desdoblarse de muchos que han despotrincado incluso más de lo necesario contra personas de dudosa calidad moral, pero que a la hora en que las susceptibilidades de la gente están a flor de piel, acusan un pesar poco creíble y con segundas intenciones.

De aquí, mi pregunta: ¿Todo muerto es bueno?

A la muerte hay que tenerle respeto. Al igual que el nacimiento o el matrimonio, la muerte es un proceso importante en la vida de las personas, generadora de decisiones difíciles y que conmueve lo suficiente como para tambalear la razón. Por esto, más allá de lo estrictamente religioso, es que debemos tener empatía con quien sufre la muerte de un ser querido: porque se encuentra en una situación delicada de la que nadie está libre.

Sin embargo, uno debe entender que la vida de las personas trasciende el cese de sus facultades. Uno no vive sólo dentro del lapso de tiempo entre el parto y la muerte, sino que sobrevive en el recuerdo de las personas y en las obras para la posteridad. La muerte le pone fin a las posibilidades de uno, pero enmarca el universo de acciones para ser tomadas o dejadas por las nuevas generaciones.

El problema es que el respeto por los deudos es mal entendido por la gente y lleva, en ocasiones, a amnistiar moralmente al fallecido.

No sé si los seres humanos tengamos la capacidad para determinar si una persona es buena o mala, a secas. Sin embargo, quien falleció en el caso particular es una persona directamente responsable de una institución que le hizo mucho daño a sus compatriotas a los que juró defender. Esto fue objeto de un proceso largo, en el que tuvo derecho a defensa y a un juicio imparcial, siendo revisado por los tribunales superiores y el resultado fue una condena a presidio. Se trata, por tanto, de un criminal.

Entiendo que la familia de uno lo apoye por más barbaridades que uno haga, pero no podrá pretender la familia Mena que nos olvidemos de lo hecho en vida por el fallecido militar, más aún en circunstancias que su compleja decisión tenía por objeto liberarse de cumplir una pena como todos los que cometen delitos y de asumir debidamente sus responsabilidades. Peor aún es la conducta de personas que se atribuyen altura moral, pero que sabiendo de la actuación de Mena, consideran justa su actuación en vida y lo consideran víctima de una conspiración digna de la Guerra Fría. Más reprochable es la cobertura de la prensa, que al poner mayor atención en el deceso de Mena lo hace parecer implícitamente como una pérdida para la sociedad chilena, en circunstancias que quien decidió quitarse la vida (con lo complejo y a veces involuntario que esto pueda ser) es una persona que contribuyó a la muerte de muchas personas.

La muerte no es mala, ni la vida es algo bueno. Son procesos que son, que van más allá de nuestra voluntad y que no pertenecen al campo de acciones que nos llevan hacia nuestro concepto de felicidad. Por esto, quien muere no deja de ser para los vivos lo que fue hasta su último respiro, correspondiéndonos meditar sobre su actuar, reconociendo lo bueno y condenando lo malo.

El respetar la muerte exige ser justos con el muerto. Pensar que el muerto es siempre bueno es una forma de injusticia.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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