domingo, 10 de noviembre de 2013

Demasiado tarde

La carrera presidencial está corrida, se hagan los humildes los unos y se pongan muy soñadores los otros. La duda que dilucidaremos en 7 días y algunas horas más será si Michelle Bachelet resulta electa en primera o en segunda vuelta, siendo imposible derrotarla el próximo domingo y casi imposible en diciembre, dado que el más seguro escenario es la eterna repetición del plebiscito de 1988, en el que muchos de los que quieren derrotar al duopolio deberán salvar al país de la deresssha (citando a Osvaldo Andrade y a Camilo Escalona).

El día viernes 8, el candidato de la lista Tod@s a La Moneda, Marcel Claude, planteó una idea que es bastante lógica: las candidaturas de Alfredo Sfeir, Roxana Miranda, Marco Enríquez-Ominami y de él representan una visión de país y plantean programas de gobierno bastante parecidos, ¿por qué no unirse? Si le damos validez a las encuestas y reconocemos que hay desinterés en esta elección porque Bachelet ya la ganó, una candidatura conjunta de la izquierda popular, progresista y ecologista podría aspirar a alcanzar un segundo lugar, superando a la cada día más impopular candidatura de Evelyn Matthei y colocando en segunda vuelta al Chile de los últimos 24 años con el Chile de los próximos 24 años.

¿Por qué no unirse ahora?

Porque es demasiado tarde. Todos han hecho su esfuerzo, han convencido a sus electores y se tienen confianza para el domingo 17. También han marcado sus diferencias entre sí. La papeleta ya está impresa y por más que aparezcan Sfeir o Marco diciendo "Voten por Fulano para derrotar al duopolio", los apoyos a uno u otro no son fácilmente endosables. Por eso, pasó la vieja.

¿Por qué no haberse unido antes?

Hubo intentos de unidad entre varias de las candidaturas que veremos en la cédula presidencial. Franco Parisi y Enríquez-Ominami sondearon la posibilidad de una candidatura conjunta, la cual no resultó por los personalismos de ambos. Miranda y Claude buscaron una candidatura única de izquierda, pero la eterna pugna de las cúpulas en 4 paredes y las bases en la plaza pública motivó a la candidata del Partido Igualdad a descartar dicha posibilidad. Miranda y Sfeir buscaron un acercamiento, el cual sólo se dio a nivel de lista parlamentaria conjunta entre los partidos que representan. En fin...

Imagínense que el Partido Igualdad, el Humanista, el Progresista y el Ecologista Verde hubiesen participado en única lista presidencial, parlamentaria y regional; incluso haciendo parte a quienes no están tan convencidos en la Nueva Mayoría (¿?). El desencanto ante los gobiernos de la Concertación y de la Alianza se habría encarnado en un proyecto único en la diversidad. Algunos sectores rescatarían la imaginería de la izquierda clásica, otros una idea más moderna; unos habrían apuntado a la sensibilidad de la clase alta/sensible y media y otros a los marginados política y socialmente; unos le darían legitimidad ante lo intelectual y otros ante lo emocional. Habría sido esperanzador y quizás victorioso ver esta idea de proyecto, poniéndole fin quizá al duopolio y alzando de manera legítima y representativa a un tercer bloque con senadores y diputados, volviendo a un sistema político vivo. Habríamos logrado el sueño de un Frente Amplio como el uruguayo, el que tanto decimos admirar muchos de los que nos encontramos divididos por pequeñeces.

El problema de la unidad en la izquierda es histórico. Siempre verás 2 o 3 veces más partidos de izquierda que de derecha en la papeleta. Cada uno dice tener una razón verdadera de existir y subsistir separadamente del otro, cuando son más las peleas personales, las formas desligadas de los principios y circunstancias del momento los motivos que dividen a proyectos que, de estar unidos al menos como coalición, podrían lograr cambios reales. Lamentablemente, unos partidos creen jugarse su existencia (cuando igual sacarán menos del 5% y deberán juntar las firmas de nuevo), otros aún no logran existir sin su líder (sí, el PRO) y otros no se convencen que se requiere la mayoría absoluta de los votos para llegar a La Moneda. Por esto, y no por la interpretación del matrimonio igualitario, de la gratuidad en la educación o de la forma de cambiar la Constitución, es que las listas de Claude, Enríquez-Ominami, Miranda y Sfeir no trabajan juntas.

¿Podremos unirnos mañana?

Aquí está el desafío. Creo que la ecología política de Sfeir, la fuerza popular de Miranda, la sociedad de derechos de Claude y la democracia económica de Marco son compatibles para trabajar en una coalición política que una dentro de su diversidad. Véamonos muchos de quienes votamos por alguno de estos candidatos: seguramente dudamos entre más de uno de ellos y son más las virtudes de uno que los defectos de los otros los que terminaron por convencernos, sin tener mayores diferencias. Podemos y debemos trabajar juntos para el cambio que queremos ver en Chile, sobre todo considerando que en el gobierno subsiguiente, si no en el de Bachelet, tendremos que discutir un nuevo contrato social para todos.

Si realmente creemos en la democracia participativa, quienes simpatizamos con estas candidaturas debemos ser instigadores de un proyecto unitario. Quedarnos cruzados de brazos o mirándonos desde la diferencia sólo permitirá que la inercia, el populismo y una política construida sobre la base de más recursos para tener menos cambios, nos ganen por paliza, una y otra vez.

Gracias, Marcel, te llamamos, pero es demasiado tarde. Nos vemos en 2017.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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