sábado, 28 de diciembre de 2013

Idea loca Nº 1: Prohibir la publicidad de educación superior

Luego de ver una publicidad de una universidad cuyo nombre dice relación con el rey de la selva, se me ocurrió la siguiente idea loca: se debería prohibir la publicidad pagada de instituciones de educación superior.

Pensemos más allá de los tabúes de las prohibiciones en un Estado liberal y democrático y analicemos la idea.

En materia de la publicidad universitaria (la más preocupante, por el mito que "la universidad te garantiza el éxito"), podríamos agrupar a las actuales instituciones en 3:

a) Universidades de excelencia del CRUCH: Requieren poca o nula publicidad. Si la requieren, es para hacer presente su existencia en épocas de PSU, para publicitar una nueva sede o carrera o para captar gente de otras ciudades. Usan apenas un emblema y un slogan, porque quienes desean ingresar en dichas instituciones sabrán buscar lo demás. Consiste esencialmente en publicidad estática.

b) Universidades del CRUCH de menor ranking y universidades privadas con acreditación alta: Ambas requieren de publicidad para captar gente con buen puntaje para financiarse, pero con distintos mensajes. Las primeras, generalmente de regiones, apelan a su carácter tradicional o público. Las segundas, principalmente de Santiago, se muestran como competencia a las de excelencia tanto en infraestructura como en plantel y en egresados. Hacen presente sus carreras, profesores y rankings. Usan indistintamente publicidad estática como audiovisual.

c) Universidades privadas con acreditación mínima o nula: Hacen uso de gran cantidad de publicidad en todos los medios posibles. Buscan tener la mayor cantidad de estudiantes, tengan o no buen puntaje, para financiar los planes de desarrollo de la universidad y, eventualmente, mejorar su status. Por lo mismo, invitan a los estudiantes mediante frases como "vamos que se puede", "aquí pueden entrar todos" y "te ayudamos a cumplir tus sueños". Presentan a sus profesores o egresados más mediáticos y a estudiantes que podrían estar en cualquier propaganda de retail.

Las primeras casi no usan publicidad formal, pues su verdadera forma de incorporar buenos estudiantes es con su historia y sus ex-alumnos. Las segundas usan bastante publicidad, pero la requieren más por un tema de competencia darwiniana, pues se trata de instituciones con tradición o que son emergentes, que cumplen con aportar masa crítica a la sociedad en cierta forma y que tienen exigencias tanto en el acceso como en los estudios. Incluso, si se justificara su publicidad, pareciera ser que existe concordancia entre la realidad de la institución y el mensaje que se da, no habiendo engaño.

Pero en las terceras instituciones, la publicidad no es más que una forma de dirigirse al 40% de la población que no entiende lo que lee, aprovechándose de dicha circunstancia e induciéndolo a una decisión por factores poco relevantes y que no se condicen en nada con la realidad de la institución y sus egresados. Todo esto por un tema de financiamiento más que de cumplimiento con una misión educacional.

Como sociedad, no podemos ser indiferentes a las decisiones que cada uno tome. Es verdad que somos libres para decidir si salvar el mundo o comer caca. Sin embargo, cuando un buen grupo de la población empieza a comer caca, derechamente comprar títulos profesionales que no le sirven para trabajar en lo que se estudió y convertirlos en esclavos ilustrados y endeudados, es un problema que afecta el bien común y se debe actuar de manera oportuna y salvaguardando los derechos de tanto estudiantes como instituciones.

Prohibir la publicidad de pago propio ayudaría a evitar que instituciones se aprovechen de gente que ya ha sido víctima de la educación básica/media. Ante la falta de voladores de luces, estas personas se informarán mediante datos objetivos, en un lenguaje comprensible y enfocado exclusivamente en lo educacional, haciendo presente exigencias, beneficios y calidad comprobable. Estos datos pueden ser entregados por instituciones públicas como el Consejo Nacional de Acreditación o por instituciones privadas como fundaciones y centros independientes de estudio, creando una batería desinteresada de opciones para que los jóvenes y sus padres puedan tomar una decisión responsable.

¿La libertad de enseñanza? No se afecta, porque esas instituciones pueden seguir funcionando y nadie le pone una pistola al cabro de 18 para que estudie en tal o cual universidad. ¿La libertad de emprendimiento? El que quiera y cumple con la ley puede abrir y mantener una universidad, dándola a conocer a través de información pública y gratuita. ¿Discriminación arbitraria? Para nada, pues ninguna institución puede pagar por su publicidad y no se está diciendo con fondos públicos que la universidad A es buena y la B es mala. ¿La libertad de expresión? Aquí puede haber un problema, porque tenemos derecho a engañar. Sin embargo, cuando varias personas jurídicas engañan a mucha gente, existe un perjuicio social que la ley debe prevenir, más aún cuando dicho perjuicio puede ser irreparable por jugar con el destino de las personas.

Los invito a pensar en esta idea loca. Creo que puede ser una buena medida en aras de una educación de calidad basada en instituciones socialmente responsables.

Te lo dice,

R.F.S.K.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Epílogo

Michelle Bachelet es la presidenta electa para los próximos 4 años. Ganó con el porcentaje más alto que un candidato haya tenido en una elección con sufragio universal y competencia democrática en Chile. Por otro lado, Evelyn Matthei obtuvo el porcentaje más bajo de un perdedor en segundas vueltas y bajó la barrera psicológica del 40% de la derecha. Todo esto en un escenario de abstención del 58% del padrón electoral...

Sin embargo, ¿cuál es el epílogo de esta historia para quienes fuimos meros expectadores de este déjà vu del Plebiscito de 1988, de esta elección en la cual no quisimos votar, anulamos o votamos en blanco?

La respuesta a esta pregunta es sumamente incierta. Puede ser que el segundo gobierno de Michelle Bachelet cumpla con lo prometido. Puede ser que se cumpla en la medida de lo posible o se excuse en alguna crisis económica. Puede ser que el carisma de la presidenta electa y la cooptación de los partidos y movimientos agitadores nos sumerja en un placebo social, en el que hay razones para protestar pero no lo hacemos. Puede ser que el estallido que se vaticina junto al Gran Terremoto del Norte llegue ahora. Puede haber un reordenamiento político general con una nueva Constitución (poco probable) o con un nuevo sistema electoral (más probable). En fin...

Éstas son las conclusiones para el progresismo ideológico, ecologismo y socialismo del siglo XXI, lo que en conjunto viene a ser la izquierda vanguardista.

1. Organizar la oposición

El triunfo carente de postulados ideológicos de la Nueva Mayoría hace que quien llegue al gobierno sea una coalición que busca incluir a todos desde un conservadurismo liberal hasta un comunismo de consignas. Esta coalición tiene una oposición fiscalizadora hacia la derecha, tanto en el Congreso (la Alianza) como en la sociedad civil (el empresariado). Hacia la izquierda, en cambio, no existe conciencia de oposición organizada, pues quienes lideraban este esfuerzo van a ser parte del gobierno mañana.

Alguien podrá decir que la ciudadanía es sabia y se organiza sola cuando las circunstancias lo ameritan. Así se quiso hacer ver durante el gobierno de Piñera, pero en la realidad los distintos liderazgos de movimientos sociales venían de la NM y mañana se deberán a dicho gobierno, que siembra esperanzas pero no confianza. Por lo mismo es importante que quienes creemos en causas generales como un gobierno popular para 2018 o en causas particulares como la protección del medio ambiente o los derechos de las minorías sexuales, nos unamos de manera política, ya sea en partidos o movimientos que vayan más allá de la contingencia, que luchen hasta que el objetivo esté cumplido y que se esfuercen en entender que todas estas luchas tienen por objeto una mejor institucionalidad democrática.

2. El Frente Amplio

Si sumamos los porcentajes de las candidaturas de Claude, Miranda, Enríquez-Ominami y Sfeir, todas ellas suman un 17,37%. Los partidos de estos candidatos obtuvieron en la elección de consejeros regionales, que es más por partidos que por personas, un 14,24%. Si bien no es un porcentaje que permita conformar gobierno, sí es un apoyo relevante a una tercera fuerza política.

En este ejercicio podemos considerar también a gente que se aburrió del sistema político actual, a gente que vota por partidos de la NM sólo por un tema de gobernabilidad y a partidos de esta misma coalición que dicen tener vocación de mayoría. Me atrevería a decir que existe entre un 25% y un 33% de votantes actuales con los que se puede construir una coalición que aspire a ser gobierno.

Es importante que estas fuerzas, las cuales tienen el deber moral de coincidir en el rol de oposición, dialoguen con miras a ser gobierno y a elegir escaños. Tiempo hay de sobra. Sin embargo, la carencia de parlamentarios es una tara psicológica para los partidos de izquierda, pues se duermen en sus laureles y sus sedes se llenan de telarañas hasta que no haya que legalizar al partido por obtener menos del 5% nacional. Eso no puede pasar durante estos 4 años, en los que hay que trabajar para que los proyectos secuestrados por la NM se vean satisfechos sin mezquindad y para que la principal causa que nos une, la Asamblea Constituyente, no muera por inactividad de la gente.

3. Trabajar con los de afuera

Más importante que los datos con los votantes actuales es el dato de las 6 millones de personas que hoy decidieron no avalar a la mejor candidatura de la NM en términos electorales, ni a la candidata más representativa de la Alianza. Desglosar dentro de esos 6 millones a los que tienen interés en política y a los que no lo tienen es difícil, pero se trata de un grupo relevante de la población que no avala al duopolio o que no es capaz de salir de su casa para defenderlo.

Más que extirpar a grupos no tan convencidos de la NM como el PC o el Partido Radical, quienes creemos en la izquierda vanguardista debemos apuntar a los de afuera. Es gente descontenta como uno. Es gente que no se siente escuchada como uno. Es gente que pide cambios relevantes como uno. Es gente que está aburrida del letargo democrático entre Alianza y NM como uno. No todos son de izquierda, y dentro de quienes no lo son, hay un sector que es más por reminiscencias de la Guerra Fría que por proyectos futuros. Quizá la construcción de un lenguaje nuevo, sin tanto charango y peña pero con más derechos y responsabilidades compartidas, pueda generar un espacio de trabajo distinto y que puede constituir una mayoría seria en un futuro no muy lejano.


Más allá de estas ideas, es importante que en algún partido, sede social o marcha ciudadana nos podamos encontrar. Hablando con muchos de ustedes sobre estos temas, creo que hay un talento intelectual y emocional que hoy no está en la política y que no se puede perder. Coincidimos en muchos principios y proyectos, pero nos falta creernos el cuento y dejar de temerle al trabajo por fuera y con los de afuera.

Espero, con este epílogo, ayudar a (re)encantarnos con esa chispa ilusa y juvenil de cambiar el mundo.


Te lo dice,

R.F.S.K.
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