jueves, 24 de julio de 2014

Una regla de oro

Siempre me ha gustado leer citas de comediantes, porque los comediantes son los filósofos que la gente entiende: no sólo nos recuerdan lo obvio y que dejamos pasar, sino que además con su agudeza nos iluminan en aquello que nuestras mentes taylorianas de 8 a 18 horas no pueden ver.

En 1926, el comediante estadounidense Will Rogers, en una labor periodística (sí, antes habían comediantes-periodistas y lo hacían bien; hoy existen periodistas-comediantes y el resultado es Claudio Fariña), quería entrevistar a León Trotski en su visita a Moscú. Para aquél entonces, Trotski ya había caído en desgracia, por lo que le fue imposible a Rogers concertar el encuentro. Ante esta circunstancia, el comediante-periodista lamentó no haber conocido a quien los estadounidenses consideraban aún el líder de los rusos comeguaguas:
Les apuesto que si lo conociera y conversara con él, encontraría que es tipo muy interesante y humano, porque nunca he conocido a un hombre que me caiga mal. Cuando se conoce a la gente, sin importar qué opinión se hayan formado de antemano, después de conocerla y ver su ángulo y su personalidad, uno puede ver mucho de bueno en todos ellos.

Sin irme en voladas del tipo Paulo Coelho - Mario Benedetti - Alejandro Jodorowsky - Osho - Mahatma Gandhi - Pilar Sordo, creo que la base para una amistad cívica y para la sanidad mental social se encuentra aquí.

Quienes vivimos en la urbanidad (mejor dicho selva de cemento, porque los valores se fueron hace rato de la ciudad) estamos llenos de conceptos que nos limitan al momento de conocer a las personas y establecer relaciones positivas. Que éste es comunista o que el papá de Fulano era milico para el 73; que es zorra, monja o madre; que anda con cilicio, que es terrorista o que es usurero; que es gordo, chico, negro, cabezón, cejudo, se rasca las axilas, come chicle con la boca abierta, huele a pachulí, le patina la "sh", cuenta chistes machistas, escucha la Zoronca, le grita a los niños en la calle, camina por el lado izquierdo y, para más remate, quiere todo gratis (incluso el amor de madre). O todo lo contrario... que es flaca, alta, rubia, desabrida, pelolais, frígida, estornuda como pollito, deja todo pasado a colonia cara, fue al "Tetso" para "Tsile", no da plata pa' la Teletón, juega brisca, no ve tele abierta, lleva a la nana al mall, rotea a medio mundo y no sólo eso, sino que además no baja del Cantagallo (Plaza Italia hace rato que está "abajo"). Y eso que dejé fuera a los hipsters y los progres...

No me digan que no es así. Menos digan que ustedes no son así. Para entrar en confianza, les confieso que yo sí caigo en eso... y si alguien se metió en la secta del niño símbolo, es probable que me genere un poco de urticaria.

"¡Luchemos contra el prejuicio!", vienen diciendo almas buenas desde tiempos inmemoriales, pero luchar contra el prejuicio equivale a censar los granos de arena. Muy bonito para el que quiera hacerlo, pero les aviso que hay deudas que pagar.

Ante la necesidad de resolver la contaminación emocional de la que somos cómplices/víctimas y que ninguna autoridad se pronuncia con una emergencia ambiental, la regla de Will Rogers me parece digna de emplear: en todos nosotros, imperfectos, de apariencia desagradable o desconfiable a los ojos de al menos una persona, hay ALGO en común que supera ese desagrado o desconfianza y respecto de lo cual debemos estar más atentos al conocer a una persona. Si damos en el clavo, el ser militante de Revolución Democrática se hace superfluo.

"Sí, obvio, ya... todos los guatones son buenos para los chistes" (porque como decía mi mamá... "¿has visto a un gordo llorar?"). No se trata de eso, sino de algo más fuerte. Tampoco se trata de ver amigos en todas partes, sino de algo más simple. Se trata de estar más tranquilos respecto del otro, de esa persona a quien no vemos todos los días, que no come con nosotros, que no baila nuestro ritmo y no habla en nuestros códigos, porque con esa persona tenemos algo más en común que el simple hecho de ser humanos.

Por eso no me arrepiento de mi foto bullanguera con Gonzalo Rojas, porque tan malo no debe ser.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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