sábado, 9 de agosto de 2014

Amar al otro

Rara vez leo la sección de opinología de El Mercurio, esa de las cartas y las editoriales, por razones de sanidad mental (menos leo las respuestas amables que hacen ancianos en casas de retiro o militares presos en Punta Peuco). Sin embargo, me ha parecido interesante la discusión suscitada por una columna de Agustín Squella sobre su orgullo de ser ateo, sobre la cual han ido y venido cartas de ateos militantes y católicos de la línea dura. Las he leído porque, pese a creer en D's, coincido bastante con la visión humanista que predomina entre ateos y agnósticos.

Ayer viernes, fue publicada la siguiente carta del escritor Isidoro Loi:
Aquellos que hacen el bien se ganan el cielo. Toda buena acción queda registrada y detrás de ella está la esperanza del creyente de una justa recompensa: sabe que está siendo observado y juzgado. El no creyente, por otra parte, hace el bien sin esperar retribución alguna. Simplemente porque sí.

De buenas a primeras, lo que señala Loi me parece representativo de los cristianos: que quien cree en D's busca ser justo, ayuda a los pobres, consuela a los que sufren y colabora con los demás en su felicidad por una razón externa al destinatario de sus actos; porque ve en el otro a D's, buscando agradarlo y alcanzarlo en el otro.

Esa visión siempre me ha complicado.

Yo creo que el ser humano es bueno, como buenos son los demás animales y seres con los que convivimos (díganme que no es bueno el acto vital de la polinización que hacen las abejas o el de las bacterias que ayudan a hacer queso), pero a los humanos los amo particularmente porque somos de la misma especie y compartimos la misma fragilidad, la misma capacidad y esencialmente el mismo sueño de ser felices. Al amarlos por el solo hecho de ser humanos, creo que hay que ser justo (todos sufrimos alguna injusticia), ayudar a los pobres (nadie está libre de la pobreza), consolar a los que sufren (nadie está libre del sufrimiento) y colaborar en el proyecto de felicidad que cada uno tiene (todos queremos y debemos ser felices).

¿Veo a D's en los demás? No se me cae la kipá si digo que sí. Sin embargo, no creo amar de verdad al otro si le digo que lo amo porque, al amarlo, amo, busco y alcanzo a D's. Por un lado, porque condiciono ese amor a algo distinto de su mera existencia frágil y capaz de ser feliz, a un ser en el que yo creo y yo le impongo de manera previa, pero en el que el otro no necesariamente cree y bien puede no significarle nada o algo negativo. Por otro lado, porque instrumentalizo al prójimo: lo transformo en un objeto de mi plan para salvarme, vivir eternamente o alcanzar la plenitud, en circunstancias que él es tan sujeto como yo en este mundo.

Ahora bien, todo esto lo digo desde la búsqueda de una respuesta, no desde una afirmación con la que busque convencer a otros. Por esto, les planteo mi duda a quienes se consideran creyentes sobre cuál es su razón para hacer el bien. También a los no creyentes, para entender si hay algo más allá de una sonrisa propia o ajena por la cual busquen el bien.

Aún así, más allá de lo que cada uno de nosotros piense y por más que uno crea en un D's bueno y para todos, lo que sí me convence es que entender al que piensa distinto desde una óptica común y sin imposiciones es vital para vivir en paz.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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