miércoles, 13 de agosto de 2014

Comercio justo, a partir de un Super 8

Hace un par de años fui a un seminario sobre consumo responsable. En él, unos jóvenes bienintencionados (unos chascones de barba y parka parecidos a los del Tetso para Tsile) expusieron sobre el comercio justo y sus formas en Chile. Más que la difusión de los productos obtenidos por trabajadores bien pagados o plantear el empoderamiento de comunidades existentes en torno a un cultivo o producción, la cosa era publicitar productos orgánicos de gente hippie que, por un mísero pote de mermelada, cobra como empresario que va a ENADE. Me fui absolutamente decepcionado, sentí que perdí mi tiempo en vez de jugar Candy Crush Saga...

No soy (ni quiero ser) economista, pero si a mí me dicen comercio justo, es la idea de justicia como aspiración ética en el intercambio de bienes y servicios. Va más allá de lo conmutativo que se produce cuando yo le pago $ 300 al señor del almacén por un Super 8, porque puede que el valor de la producción, distribución y venta de una deliciosa oblea rellena bañada en chocolate sea exactamente $ 300. Tiene que ver con que los trabajadores de Nestlé tengan un salario decente, que reciban un buen trato de sus empleadores, que puedan organizarse en sindicato y negociar colectivamente, que su lugar de trabajo sea seguro, que el cacao, azúcar y demás insumos necesarios para el Super 8 vengan de productores a los que se les haya pagado bien y que a su vez empleen trabajadores en forma decente, que el cacao y el trigo hayan sido obtenido de campos donde se cuide la tierra y que la leche haya sido obtenido de vacas que son bien alimentadas y bien tratadas, que no hayan sido usados químicos perjudiciales para la salud, que Nestlé cumpla con el Derecho del Consumidor y que tenga un servicio al cliente que dé respuestas o retribuciones satisfactorias, que Nestlé pague los impuestos que le corresponde pagar en los países que corresponde, que las políticas de Nestlé ayuden a que los pequeños y medianos empresarios puedan surgir proveyéndoles productos... y si esto fuera poco, que Nestlé no financie golpes de estado ni compre a políticos para su beneficio propio.

Si el Super 8 no fuera de Nestlé, podríamos sentirnos tranquilos...

¿Por qué no se da el comercio justo?

Un amigo de los índices de crecimiento económico diría que pensar en las 13 líneas que escribí al momento de comprar haría difícil la decisión y que cumplir con todos esos aspectos mencionados haría inaccesible el Super 8 al cabro de 4º Básico, por su precio.

Sobre lo primero, sí, es difícil la decisión porque uno compra un Super 8 por hambre, no para salvar a las familias de Costa de Marfil que cosechan cacao (partiendo de la base que el Super 8 contiene cacao... a todo esto, sería interesante saber el porcentaje de cacao que hay en su cobertura de chocolate), ¿pero no tenemos que, de una vez por todas, pensar que cada acto nuestro tiene consecuencias hacia el futuro y hacia los demás? ¿Que pensar únicamente en el beneficio propio resulta perjudicial, incluso para uno mismo? Además, en realidad no deberíamos pensar en todos aquellos aspectos descritos previamente si se encontraran bien regulados y debidamente fiscalizados, pues supondríamos que todo producto que llega a nuestras manos cumple con estándares socialmente justos.

Sobre lo segundo, eso supone que cumplir con los derechos laborales, ambientales, de libre competencia, del consumidor y con el respeto a las personas que va más allá de lo que la ley diga, tiene un costo adicional (que no debería nunca justificar un aumento de precio para mantener el crecimiento exponencial de las utilidades netas de la empresa). Lo tiene, pero es inferior al beneficio que se obtiene con una sociedad con trabajadores bien remunerados, un medio ambiente protegido, empresas con igual posibilidad de participar en el mercado, personas que adquieran bienes que satisfagan sus necesidades y, sobre todo, con la existencia armónica de un mundo en el que todos puedan cumplir su idea de felicidad en base a una deliciosa oblea rellena bañada en chocolate, desde el CEO de Nestlé que recibe su suculento cheque hasta el agricultor de cacao o azúcar que tiene cómo vivir dignamente.

Ojo que en este escenario no estoy sugiriendo que sólo le compremos a productores pequeños en países pobres que trabajan con procedimientos artesanales y venden en forma directa, que más que ser comercio justo es un comercio onírico o prehistórico. No. No hay que caer en la negación absoluta de las ventajas que tiene la globalización, la producción en cadena y la distribución masiva. Para nada. Lo que sí debemos hacer es que las empresas respeten a los intervinientes del proceso de producción, distribución y consumo y educar a las personas para que elijan los productos y servicios de aquellas empresas que sí respetan.

Les planteo este tema como reflexión para sus decisiones económicas y para que hagan correr la voz sobre una buena idea, la que me parece que no se está realizando por ese lado oscuro y egoísta que tenemos los seres humanos y porque no podemos decirle que no a un rico Super 8.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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