sábado, 23 de agosto de 2014

Y ellos, ¿dónde estaban en dictadura?

Me gusta cómo se está dando la reforma educacional de 2014. A diferencia de las reformas educacionales de importancia, como las emprendidas en los gobiernos de Frei Montalva y Frei Ruiz-Tagle, hoy no tenemos una reforma ya discutida por la clase política y que la gente recibió sin siquiera alcanzar a digerirla. Hoy, se presenta una iniciativa perfectible a todos los que tengan algo que decir sobre la educación escolar y superior y, aunque tengamos a un ministro que confiesa no saber de educación, tengamos a unos estudiantes que creen saber mucho de educación y tengamos a unos expertos que no tienen idea de política, el resultado será el reflejo de las necesidades y expectativas de nuestro país.

Sin embargo...

Hay un actor cuya actuación me ha extrañado en demasía. El gobierno hace su trabajo, que es creer que su idea va en el sentido correcto y difundirlo entre sus adherentes. La oposición hace su trabajo, que es recordar que lo existente no es tan malo y que lo nuevo puede implicar ciertos peligros. Los estudiantes hacen su trabajo, que es pedir la mayor protección económica posible y la creación de oportunidades reales. Las instituciones hacen su trabajo, que es pedir la mayor cantidad de recursos sin que éstos limiten su autonomía.

¿Y los padres y apoderados de los escolares?

Si actuaran como el hombre económico, uno pensaría que ellos pedirían pagar lo menos posible por la mejor educación posible y dentro de lo que ellos puedan elegir. Una visión más romántica y democrática nos diría que ellos quieren tener un espacio en el cual participar en la formación de sus pupilos. Puedo incluso desidealizar todo lo anterior e irme en la lógica de "no nos hueveen más", o sea, que no les toquen la educación particular pagada.

Pero no. Al menos los que hacen bochinche (y me imagino que no son simplemente el brazo educacional de la UDI), entienden que la eliminación del copago y la selección implica la estatización (por no decir estalinización) de los establecimientos particulares subvencionados. Se les restringe su supuesta libertad de decidir sobre la educación de sus hijos, se les limita su capacidad de acción en la educación de sus hijos y volvemos a la época de la ENU (Escuela Nacional Unificada), del chancho chino y de los Citroën Yagán.

Suponiendo que estas personas son representativas de los padres y apoderados que van a las reuniones de los cursos de sus hijos y pagan la cuota del Centro de Padres, me extraña poderosamente que recién aparezcan en un debate intensamente público y que viene, al menos en su actual intensidad, desde 2006. En aquel momento parecían ser aquellos adultos amables que acompañaban a sus hijos en las marchas porque veían que la subvención estatal era poca, o que apoyaban el legítimo reclamo de la indigencia en que se encontraba la educación pública. Podrían haber también de aquellos quienes siguen diciendo, ingenuamente, "todos estamos de acuerdo en que la educación debe cambiar, pero no estoy de acuerdo con que salgan a la calle". Nunca hablaron en forma organizada ni manifestaron su fe en el sistema mixto. Nunca tuvieron los cojones de comprometerse con una visión educacional o de sociedad, a diferencia de sus hijos, de otros padres que sí creen en la educación pública o de los aterrados padres que ven en cualquier intento de reforma una intromisión en su individualismo insostenible.

Hoy, al amparo de organizaciones como la UDI y Libertad y Desarrollo, estos verdaderos oportunistas no vienen en plantear nada más que la defensa de un status quo que ni siquiera beneficia a los propios estudiantes de colegios particulares subvencionados. Están en contra del fin del copago, cuando si quisieran realmente defender el subsidio educacional, ellos se movilizarían para que entre el aporte del Estado y el del padre/apoderado sumen lo mismo que gasta un padre ABC1 por una educación de calidad. Están en contra de la selección, en circunstancias que este mismo mecanismo hace que sean los colegios los que eligen a sus estudiantes y no los padres a sus colegios. Defienden su lugar en la educación de sus hijos, pero ni siquiera apoyan la creación de verdaderas comunidades escolares en que ellos puedan participar en las políticas de sus colegios. Rechazan figuras de fiscalización o de administración provisional, en circunstancias que éstas buscan precisamente proteger la debida inversión de los dineros estatales y la continuidad de los colegios en caso de malas administraciones o políticas educacionales.

Quiero creer que estas organizaciones como la CONFEPA no son representativas de los padres y apoderados. Quiero creer que incluso dentro de los padres que educan a sus hijos en instituciones subvencionadas hay gente que busca que tanto el Estado como el privado cumplan con su deber de brindar un servicio público de calidad y que habilite al estudiante a decidir su destino en sociedad. Me gustaría ver más organizaciones de padres, porque tienen mucho que decir, pero por su conservadurismo biológico y una jornada laboral que les impide pensar, no han sacado la voz por el futuro de Chile.

Y se supone que ellos sí vivieron en dictadura...

Te lo dice,

R.F.S.K.
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