jueves, 4 de septiembre de 2014

Tolerancia

- Yo creo que los peruanos que llegan a Chile son una plaga (...). Yo creo que la homosexualidad es una enfermedad (...). Yo creo que los judíos se ganaron el holocausto (...). ¿Para qué tener un niño con síndrome de down? Mejor abortar en ese caso (...) 
- Yo creo que estás siendo sumamente nazi.
- ¿O sea tú nomás puedes decir tu opinión sin que yo me ofenda? Si tú hablas de derechos humanos, yo debo ser tolerante, pero si yo digo lo que te incomoda ¿eso es ser nazi? Hablas de la tolerancia sin ser tolerante. Linda la cosa...

Ayer escuché semejante discusión mientras saboreaba un delicioso rumano completo en la Fuente Alemana. Resulta bien ilustrativa para tratar de contribuir humildemente a entender que decir tolerancia no equivale a decir "boli" en el juego de las escondidas, sino algo mucho más sustancial y no tan neutro.

La tolerancia, como principio, es la idea en virtud de la cual decidimos no hacerle daño alguno a la otra persona por el hecho de ser distinto. Es una cosa sumamente básica. Es simplemente decir "te dejo ser, aunque seas diferente, hables diferente, reces diferente y pienses diferente". Todo esto, por el solo hecho de ser humanos y darnos una oportunidad de vida. Es una omisión (hecho negativo) a perjudicar a otro por ser un otro.

La práctica de la tolerancia supone algo igual de básico: que el otro sea tolerante con nosotros, es decir, que no decida matarnos, agredirnos o excluirnos socialmente por el hecho de ser distintos a él o tener algunas diferencias que le provoquen disgusto.

La tolerancia no implica aceptación, por lo que si le digo a una persona que huele mal, no es ser intolerante, sino que es parte de la libertad de expresión frente a un hecho fétido. La tolerancia no es sinónimo de no-discriminación: si prefiero a una persona de colegio ABC1 para un cargo frente a otra de colegio municipal, puedo estar cometiendo una injusticia, pero no estoy impidiéndole a la persona excluida del cargo que sea como quiere ser. La tolerancia no equivale a valorar la diferencia cultural como positiva, pues es solo una omisión de perjudicar, no una acción de validar. Siendo algo tan básica la tolerancia, una persona puede ser discriminadora, etnocéntrica y miradora en menos, pero tolerante mientras no realice un acto u omisión deliberada que haga daño a lo más profundo del ser.

La tolerancia es un saco muy grande en el que cabemos muchos, muchísimos, casi todos... pero no todos.

Al ser la tolerancia el supuesto de existencia de la diferencia, todo aquél que se pone fuera de dicho supuesto, buscando excluir o hacerle daño al diferente, no es tolerante. Por consiguiente, no estamos llamados a tolerar aquellos comentarios que colocan fuera de la sociedad al que es diferente, ya sea excluyéndolo de los bienes comunes, elevando un discurso denigrante que pone al diferente bajo lo humano o incitando a la agresión o la muerte del que no es como los demás. Asi las cosas, el fulano de la Fuente Alemana es un nazi y su acompañante no fue intolerante al hacérselo ver.

Debemos ser intolerantes con la intolerancia, no con los intolerantes. Hago esta salvedad porque lo que no estamos dispuestos a aceptar es el discurso odioso, el acto agresivo, el llamar a matar al diferente; no así a la persona que lo practica. Por eso, es muy importante la existencia de leyes que sancionen la intolerancia en todas sus formas, llámese xenofobia, homofobia, racismo, integrismo religioso, etc.. Con ello, se busca una suerte de prevención general o especial, salvando la humanidad del intolerante para que se reencamine en la vida de la aceptación de los seres humanos.

Ahora bien, si en el saco de la tolerancia cabemos casi todos e incluso podemos actuar con tolerancia frente a la humanidad del intolerante, ¿qué podemos hacer frente a grupos armados y cuya identidad se basa en la defensa de una fe frente a millones de infieles que deben ser eliminados, como el Estado Islámico?

Discúlpenme los que están siempre por la vida al infinito y más allá, pero cuando hay organizaciones capaces de cometer en forma sistemática el exterminio de miles de personas que no piensan como ellos (no sólo musulmanes, sino además cristianos y de otras confesiones), el espacio común del diálogo o de la aplicación del Estado de Derecho se hace inútil. No existe tolerancia ni siquiera en el aspecto biológico, como si los unos no reconocieran humanos en los otros. Al ponerse ellos fuera de la tolerancia en su aspecto más básico, la existencia de la vida humana, creo justificable el envío de tropas para poner fin al Estado Islámico como está concebido y para proteger a los millones de iraquíes y sirios que sí practican un grado aceptable de tolerancia. Aquí sí debemos ser intolerantes con los intolerantes, en protección razonable de la vida humana que admite diversidad de manifestaciones.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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