miércoles, 10 de septiembre de 2014

Unidos como ratones

Ante los deplorables hechos del atentado con bomba en el Metro Escuela Militar de Santiago, el gobierno solicitó a todos los sectores dar señales de unidad para enfrentar el flagelo de las bombas en lugares públicos (no sé si el gobierno empleó el término terrorismo; por las noticias, los partidos de la Alianza sí lo han usado). Hoy miércoles hay citada una reunión en La Moneda, donde seguramente irán los presidentes o representantes de los partidos con representación parlamentaria, darán su más enérgica condena a lo ocurrido, apoyarán abiertamente la acción del Ministerio Público y la policía y comprometerán apoyos parlamentarios para revisar legislación en la materia. También dirán alguna frase del tipo "no descansaremos hasta encontrar a los responsables", "Chile es un país seguro" y "haremos todo lo posible para que los chilenos y chilenas podamos seguir viviendo en paz". Amén.

Señales de unidad... a ver, ¿dónde he oído esta expresión antes?

¡Ah sí! Me acuerdo que cada vez que tenemos algún problema con un país vecino, el presidente de turno pide señales de unidad para defender la soberanía. Y ahí aparecen desde la UDI hasta el PC en algún salón decorado de La Moneda dándole un espaldarazo político al presidente diciendo que Chile no va a ceder un centímetro de frontera, que nuestros problemas están resueltos y que vamos a apoyar a nuestros compatriotas del norte o del sur. Cuál pareja homosexual no reconocida, el diputado Jorge Tarud y el senador Iván Moreira aparecen juntos haciendo una firme defensa de la Patria y sacándoles ronchas a los defensores de otras patrias. ¿Y el resto? No, no hay resto, porque nadie puede estar en contra de los intereses de la Patria. ¡Viva Chile! Etcétera, etcétera.

En mi opinión, siempre he encontrado peligrosos los llamados a la unidad.

En este país (en otros también) se suele llamar a la unidad de todos para una lucha contra un enemigo, interno como en el primer caso, externo como el segundo. Quien apoya esta lucha está con nosotros y quien no la apoya o tiembla en apoyar, le pavimenta el camino al enemigo. ¿Les suena conocido? ¿No les recuerda a la caza de brujas? ¿No les recuerda al Plan Z y los 30.000 cubanos? ¿Se acuerdan de George W. Bush? Sí, en esto de la unidad nacional malentendida, hay una suerte de guerra santa en donde más que reforzar los buenos conceptos de paz social, de respeto a las leyes y de aplicar justicia donde corresponde, nos excedemos fruto del miedo que nos llega por los discursos y las imágenes, y en vez de proteger lo bueno o restablecer lo dañado, caemos en la estupidez de enfrentarnos verbal, y a veces legalmente, con gente que nada tiene que ver con los bombazos, que nada tiene que ver con aspiraciones irredentistas de nuestros países vecinos: nos enfrentamos con gente librepensadora que tiene todo el derecho de disentir y de argumentar en lugar de quedarse pasmada ante el miedo o de seguir como oveja al que habla más lindo o grita más fuerte.

No sólo me parecen peligrosas, sino que además, no me gustan las señales de unidad.

Si partimos de la base que Chile es una democracia, esto significa que las distintas facciones políticas tienen algún grado de representación política que les permite, de mayor o menor manera, incidir en la toma de decisiones. En una democracia que es sana, en casi todos los temas va a haber algún grado de disidencia por A, B o C motivo, incluso en el retorno de los basureros en el metro. Por esto, la unidad absoluta y forzada es contraria a la democracia.

Las señales de unidad que se piden en estos casos buscan, o tienen el efecto de, evitar la disidencia frente a temas en los cuales nos podemos entrampar como sociedad, porque son tan políticos como una reforma tributaria o eliminar las AFP. Imagínense por ejemplo si en el tema del triángulo terrestre con Perú hubiesen 5 o 10 diputados que digan "el triángulo es peruano". ¡Terrible! ¡Hay chilenos vendepatria! ¿Cómo vamos a enfrentar a Perú si estamos desunidos? En el tema del terrorismo sería aún peor, porque podemos llegar a aceptar que no hay terrorismo a 600 km al sur de Santiago, pero sería inaceptable y casi benevolente tratar con la ley común a un puñado de antisociales que buscan asesinar a nuestra población con un bombazo a la hora de almuerzo en una estación del metro concurrida... y estoy seguro que en la Nueva Mayoría no todos consideran como un acto terrorista el del día lunes, pero porque pierden más de lo que ganan, estarán firmes junto a la Presidenta apoyando cualquier iniciativa de mano dura y de aplicación de Ley Antiterrorista.

Frente a la persecución infundada de comunistas en Estados Unidos en los años 50', la senadora republicana Margaret Chase Smith planteó su Declaración de Conciencia, en la cual estableció que los cuatro principios básicos de la democracia estadounidense eran (1) el derecho a criticar, (2) el derecho a tener creencias impopulares, (3) el derecho a protestar y (4) el derecho a pensar en forma independiente. Creo que esta declaración se aplica también a Chile y sobre todo cuando se busca que todos pensemos igual en una supuesta lucha entre el bien y el mal.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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