martes, 21 de octubre de 2014

Aristocracia económica

Si hay una institución que encarna esa idea de la Concertación/Nueva Mayoría como buena administradora del modelo económico impuesto en dictadura es el Ministerio de Hacienda. Mientras en los ministerios políticos han sido designados moderados leales a la democracia de los acuerdos y los proclives al activismo han sido dejados en los ministerios sociales, el Ministro de Hacienda es la persona que debe contar con la aprobación política de todos los sectores, más allá que sea de exclusiva confianza presidencial. Esto porque, dentro del misterioso mundo de las señales económicas, los índices son buenos si el ministro designado es de gusto de empresarios (nacionales y extranjeros), políticos (de éste y del otro lado) y de los trabajadores (que supuestamente lo aceptarán como parte del gobierno de la gente). Así, el encargado de las finanzas se ha convertido implícitamente en el representante de derecha en los gobiernos de centroizquierda.

Desde 1990, el perfil del Ministro de Hacienda es bien similar: una persona de nulo activismo político, sin previa experiencia en cargo de elección pública o ministerio, enfocado únicamente en aspectos técnicos (pasando a lo político sólo si influye en su tarea), con posgrado en alguna universidad estadounidense y adherido plenamente a la economía social de mercado. Como los Ministros de Hacienda tienen la venia de todos los actores económicos y su labor es poco comprendida en términos de opinión ciudadana, generalmente duran todo el período del presidente que los designó. Por más que su labor se ha inscrito en gobiernos que buscan generar crecimiento económico con acento social, la agenda de los Ministros de Hacienda se relaciona más con la inversión extranjera, la banca, el empresariado y las instituciones financieras mundiales, siendo Andrés Velasco el único que fue a dialogar con la CUT en su propia sede. Foxley fue así, Aninat fue así, Eyzaguirre fue así (y aún teniendo pasado comunista), Velasco fue así y Felipe Larraín fue así.

Hasta que llegamos a la excepción a la regla: Alberto Arenas.

Creo que fue Carlos Peña quien escribió una columna haciendo presente que quien es hoy Ministro de Hacienda es el primer político que ejerce el cargo en democracia. Si bien se doctoró en una universidad estadounidense, fue anteriormente funcionario de gobiernos de la Concertación, tanto como Director de la Empresa de Ferrocarriles del Estado (con todo lo que eso significa) y como Director de Presupuestos en la Primera Administración Bachelet. No fue activista, claramente, pero los años en el aparato estatal lo hacen más un militante más de la Nueva Mayoría en Hacienda que un economista tecnócrata en Hacienda. Si le suman que fue jefe programático de la campaña de la reelección de Michelle Bachelet, cosa que ninguno de los Ex-Ministros de Hacienda hizo antes de ser designado, no podemos desconocer que Arenas no es el representante de los intereses de la derecha en la Nueva Mayoría, sino que es el administrador de la billetera para el programa de ésta.

No quiero hacer una defensa de la gestión de Arenas en Hacienda. Al igual que muchos, considero que comunicacionalmente lo ha hecho mal, que actúa con severa obstinación y que, tratando de quedar bien con todos, no queda bien con nadie. Sin embargo, su designación ha significado una ruptura positiva con la aristocracia económica.

La aristocracia económica es la clase de economistas apolíticos egresados exclusivamente de universidades con escuelas fuertemente liberales, que se relacionan con los actores económicos dueños del capital y que ejercen una suerte de veto en políticas sociales que pudieran llegar a afectar la relación armónica entre la política económica y el mundo privado. Son una nobleza sobre los cuales han recaído las virtudes del buen gobierno durante los últimos cuarenta años. Como esas virtudes del buen gobierno son el modelo, resulta comprensible que no se recurriera a ellos para responder a las necesidades sociales de reforma, pero como cualquier clase que se siente herida o excluida, ha hecho saber su molestia en las distintas tribunas económicas. No sabría decir si ha sido esta reacción la responsable, pero sí ha sido factor para el clima de desconfianza económica del último tiempo.

Ante esto, 3 ideas:

  • No creo que sea bueno acostumbrarnos a la idea de Ministros de Hacienda supuestamente apolíticos, porque precisamente la administración de recursos no es neutra al uso que se le pueda dar a ellos, como tampoco es neutra la forma en la cual se recaude, la cual en un Estado Social y Democrático de Derecho debe ser proporcional a los ingresos que se obtengan.
  • El gobierno debería mejorar la comunicación sobre las reformas, explicando que las reformas a realizar son hechos normales del primer mundo en el que también se invierte y se hace negocios. Por esto, para quienes somos más políticos que técnicos y más plebeyos que patricios, la incertidumbre de la que es parte la aristocracia económica no se justifica.
  • Si el funcionario Arenas resulta tan gravitante en la confianza de la economía, ¿existe un perfil de Ministro de Hacienda político que sí pueda efectivamente conjugar confianza en los mercados con la realización de reformas?


Te lo dice,

R.F.S.K.
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