miércoles, 29 de octubre de 2014

Miedo

La política, como toda actividad humana, tiene de pasión y tiene de razón. Contra lo que suelen decir los academicistas, pasión y razón se usan para argumentar, para convencer y para disuadir. No está mal el uso de la pasión (o lo pasional) en la política, pues de lo contrario pasa a ser un oficio restringido a una raza de seres que no sufren ni se alegran con la vida propia y de los demás. Es más, es MUY valioso lo pasional en la política, pues ¿qué sería de ella si un político no se indigna al ver a una familia indigente, si un político no nos regala un discurso emocionante que nos envalentona a trabajar o si no existiese la sed de justicia en base a una historia personal? Seguramente una actividad desligada de la realidad humana.

El problema, sin embargo, se encuentra cuando hay quienes desean pasar la pasión por razón, las decisiones propias como ley general y los traumas del pasado como fundamento para el futuro.

1. No deseo explayarme demasiado en las columnas de los días miércoles de El Mercurio (léase Gonzalo Rojas). Quien lee dicho diario sabe la posición conservadora del profesor universitario, que suele justificar lo más aberrante de la dictadura y que considera que la sociedad se encuentra en decadencia desde hace 50 años. Lo que a veces yo me pregunto respecto de él y de muchos que piensan como él es si los comunistas efectivamente se tomaron sus hogares, se llevaron todo lo que podían, se violaron a sus madres y hermanas y los dejaron sólo con lo puesto y un crucifijo. Me pregunto porque entendería su miedo patológico al comunismo y al socialismo en dicho contexto que no se lo deseo ni al peor de mis enemigos. Pareciera que Gonzalo Rojas u otros personajes de apellidos castellano-vascos sobrevivieron la hambruna de Holodomor o las purgas stalinistas. No, nada de eso. Han tenido de las vidas más plenas, seguras y tranquilas que cualquier ser humano pudiese esperar.

La verdad es que Chile ha sido un país bien pacífico en su historia. Incluso el experimento socialista que vivimos fue tranquilo y no puede siquiera ser comparado con Cuba, la Unión Soviética y China. ¿Pudo ser peor? Eso es política-ficción, pero la historia puede dar fe que los partidos que se han sometido a elecciones han respetado la democracia, que hoy las armas se encuentran fuera de la política y que la izquierda en Chile ni siquiera comulga con doctrinas socialdemócratas, lo que la hace bien moderada y amistosa con un sistema neoliberal en lo económico y de democracia indirecta en lo político.

Por esto, posiciones extremas como las de Gonzalo Rojas y de la derecha pinochetista son injustificables, porque hablan desde el miedo a ver algo distinto.

2. No todos son paranoicos en una democracia neoliberal. Hay quienes en realidad vivieron en carne propia la barbarie, ya sea en Chile, como el ex-mirista y hoy político liberal en Suecia Mauricio Rojas, o fuera de Chile, como el escritor Roberto Ampuero. Sí, puedo entender que una persona que decidió armarse en busca de un mundo mejor se sienta aterrado de dicha decisión, arrepentido y hoy quiera exponer su visión distinta a otros para que no cometan su mismo error. Sí, puedo entender que los sueños de juventud son poderosos y en un contexto de calor político uno decida más con el corazón o con el estómago que con la cabeza. Habla muy bien de la humanidad de una persona que, al ver el extremo al que puede llegar la lucha por la igualdad, decida renunciar a las armas y a una militancia irreflexiva a un partido para buscar eso mismo apelando al diálogo y a las libertades de las personas.

Pero no me cuadra lo vivido por Rojas, por Ampuero, por Jorge Edwards o por tantos otros exiliados. ¿Puede ser el trauma de la persecución política tan fuerte como para aliarse a quienes eran antes tus enemigos? La verdad es que RN y la UDI no son muy diferentes al Partido Nacional al que se enfrentaban antes. Siguen defendiendo un modelo de sociedad individualista basado en una moral católica y ven los problemas sociales casi como predestinación divina. ¿Por qué apoyarlos? ¿Sólo porque la otrora Concertación pactó con el PC? ¿Con un PC que, aunque respete las elecciones y no pida la cabeza de nadie, sigue defendiendo al régimen cubano?

Creo que los izquierdistas arrepentidos no hablan desde lo razonable de su nueva posición ni desde lo aberrante de sus oponentes, sino desde el miedo a un pasado siniestro.

3. El miedo no es monopolio de la derecha. También lo hay en el centro y en la izquierda. Es cosa de verlo en el proceso de reformas y de quienes particularmente se oponen. Por un lado, existe un grupo de políticos de los orígenes de la Concertación (Genaro Arriagada, Gutenberg Martínez, Jorge Correa Sutil, por mencionar algunos) que se han empeñado a poner la alerta sobre el "gobernar desde la calle", a defender en una sana democracia la "democracia de los acuerdos" y a criticar aspectos de las reformas desde el consenso económico que se logró en la transición. Por otro, políticos como Camilo Escalona y José Miguel Insulza se han opuesto a las reformas de corte político, particularmente que se redacte una nueva Constitución generada en una asamblea constituyente, no porque esto sea una aberración de las masas o porque confían plenamente en la democracia representativa, sino porque una decisión así puede servir de pretexto para la reacción violenta de la derecha.

Si se fijan, quienes se plantean como críticos o escépticos ante las reformas, son políticos que sufrieron persecuciones por pensar distintos, que su objetivo primordial era lograr la paz más que la justicia y que vieron cómo se cayó el Muro de Berlín y cómo llegamos al fin de la historia de acuerdo a Francis Fukuyama. En su lectura del proceso, hay críticas razonables y válidas, pero debajo del aporte que se quiere mostrar como objetivo y fundado, hay historias personales y dolores del pasado que no necesariamente compartimos todos los que deberíamos recoger sus observaciones. Hay un temor a dichos cambios, como si la reforma educacional fuese la ENU (y el único pecado de ella era el apellido socialista de la reforma), como si la reforma tributaria fuese la reforma agraria y como si la nueva Constitución fuese la consagración del socialismo. En base a este temor, hay un rechazo a priori de ciertas reformas, como si con ellas se abriera la Caja de Pandora, en lugar de exponer qué reformas serían positivas para lograr un Estado Social y Democrático de Derecho.

Si bien Chile sigue viviendo de los traumas, el Chile de hoy no es el de Gonzalo Rojas, tampoco es la RDA de Ampuero y por cierto que dejó de ser el país de la Concertación. Hoy la gente quiere expresarse, quiere vivir una vida plena de acuerdo a sus proyectos y le indigna más que ayer el que existan ciudadanos de segunda clase. Es verdad que comunicacionalmente las cosas no se han hecho bien, pero sin duda que se requieren las 4 reformas que el gobierno de la Nueva Mayoría se ha empeñado en realizar. A quienes creemos en la política nos corresponde buscar cómo hacerlas realidad basadas en criterios de justicia y no negarnos a ellas por el temor a un déjà vu, temor que lamentablemente se encuentra presente y se va traspasando en forma de verdad.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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