jueves, 11 de diciembre de 2014

¿Marco por ti?

En la misma encuesta del Centro de Estudios Públicos que ha resonado más de una semana por la baja aprobación de la Presidenta Michelle Bachelet, se expuso la evaluación sobre personajes políticos. De acuerdo a ella, los políticos mejor evaluados por el universo de encuestados son Bachelet y Marco Enríquez-Ominami, ambos con un 50% de opiniones positivas. Si bien la evaluación positiva no es lo mismo que la adhesión política y es muy posible que las cualidades personales de los políticos sean valoradas con prescindencia del apoyo electoral, es un índice que refleja al menos un valor importante a la hora de tomar decisiones electorales: el ser considerado un buen político.

Considerando que la actual Presidenta no puede reelegirse en 2017, veamos en qué está Marco.

A diferencia de la elección de 2009, en la que apoyó innominadamente a Eduardo Frei y le negó el pan y el agua a las dos grandes coaliciones, el año pasado Marco no se comprometió con ninguna de las candidatas de la segunda vuelta, pero se mostró llano a trabajar con quienes apoyaran sus principales propuestas programáticas, como la asamblea constituyente y la reforma tributaria. Desde la misma posición crítica que lo hizo salirse del PS, pero entendiendo la responsabilidad que existe en el discurso político, hoy se encuentra mucho mejor posicionado en términos de opinión pública: la gente ha dejado de ver en él al culpable de la derrota de la Concertación en 2009, percibe que trabaja en términos políticos más allá de las elecciones y valora su aporte librepensador en el debate ciudadano.

También ha trabajado arduamente por mostrarse como un hombre de equipo, más que como un llanero solitario. Primero, constituyó un partido político a nivel nacional y con una ideología que va más allá de la persona del fundador: el progresismo. Luego, realizó una tarea de formación política yendo a lugares que la política contingente tiene olvidados. Posteriormente, lideró a su partido en elecciones municipales y parlamentarias y, a pesar de no obtener resultados exitosos, sí ha posicionado en sus comunidades a políticos que antes no existían y que dicen lo que piensan. Hoy, en un período no-electoral, ofrece disponibilidad para dialogar con los partidos más afines a sus ideas políticas, porque esto ya no es una lucha entre Camilo Escalona y él, sino el trabajo conjunto de quienes creen en las reformas estructurales para su aprobación e implementación.

Ahora, seamos honestos. Marco quiere ser Presidente y sabe que no lo puede ser sin una coalición en la que se encuentre toda o parte de la Nueva Mayoría. En esto, puede aplicar dos lógicas: "la unión hace la fuerza" o "divide y vencerás". En otras palabras, o modera su forma de hacer política de modo de ganarse la confianza de la DC y los PS más tradicionales, o espera a una posible ruptura entre las fuerzas más moderadas y las más reformistas entre la Nueva Mayoría y se hace parte de estos últimos. Si bien es difícil de prever qué puede suceder, sobre todo con un gobierno que recién comienza, hay un hecho real: hoy Marco es mirado más como un posible aliado de la Nueva Mayoría que como un factor de riesgo que pueda pavimentarle el camino a un triunfo de la derecha.

No obstante lo anterior, no sé si decir Marco por ti, como lo hice en las últimas dos elecciones presidenciales:

1. La base no está: En 2009 me era comprensible apoyar a Marco como individuo, más allá que fuese apoyado por personajes siniestros como Max Marambio y Paul Fontaine, porque era una candidatura independiente y poco trabajada. En 2013, me pareció que el grado de despersonalización de la campaña del PRO fue buena para un partido recién formado con gente que no pertenecía a partidos tradicionales. Ha pasado sólo 1 año desde la elección pasada y creo que es importante que no veamos solamente a Marco hablar por el progresismo a nivel nacional. Se necesitan más personas que se hagan presente en el debate de ideas y en la generación de movimientos sociales, más allá de Jaime Parada, que brilla con luces propias. Este paso lógico demostraría que Marco es parte de un conjunto de personas que trabaja por el progresismo, más que un líder de personas que ven en él la encarnación del progresismo. En una sola frase, hay que desmeizar al PRO.

2. ¿Vuelve el perro arrepentido?: Hace 5 años, Marco se fue de la Concertación; hoy se muestra dispuesto a trabajar con la Nueva Mayoría. Trabajar con antiguos aliados no es de por sí condenable, pero sí es condenable trabajar con quienes han cambiado poco y nada en el discurso y en la práctica. Si bien hoy hay más coincidencias entre el PRO y la NM con el proceso de reformas estructurales, los liderazgos políticos siguen siendo los mismos, la forma poco democrática de hacer las cosas se mantiene y hay serias dudas respecto del compromiso de algunos sectores con reformas importantes como la educacional y la constitucional. Así las cosas, prefiero un trabajo de largo aliento de Marco enmarcado en una izquierda moderna a buscar apoyos en partidos que poco quieren cambiar y que ven en la democracia a la turba más que una nueva oportunidad.

Me considero dentro del 50% que evalúa positivamente a Marco Enríquez-Ominami, y hoy, 11 de diciembre de 2014, no veo a otra persona que pueda liderar en forma honesta y seria el proceso de reformas que requiere la ciudadanía. Me gustaría verlo con la energía de 2009 y con la tranquilidad de 2013, pero siendo parte de un equipo y líder de una coalición democrática y popular.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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