lunes, 7 de septiembre de 2015

Los migrantes en serio

Cuando se trata del sufrimiento humano, no existe patria que nos distinga entre las personas. Cuando ocurren muertes como las del pequeño Aylan Kurdi, hemos fracasado como humanidad. Cuando vemos miles de personas cruzando el Mediterráneo con cualquier objeto flotante para llegar a Lampedusa y otros miles mueren ahogados en el camino, hemos fracasado como humanidad. Cuando personas buscan ser transportadas como carne en camiones frigoríficos y mueren en el intento, hemos fracasado como humanidad. Cuando ponemos como excusa la protección de los nuestros por sobre los otros para poner vallas y dejar a miles a su suerte, hemos fracasado como humanidad.

Pero también hay triunfos. Que Alemania y el pueblo alemán, responsables de atrocidades étnicas y políticas en el pasado, se abra a recibir sin condiciones a miles de refugiados africanos y asiáticos es un triunfo de la humanidad. Que los reciban allá y en otros países europeos como héroes de una lucha pírrica contra la miseria y la misma muerte es una muestra inédita de fraternidad humana; y aunque aún no sepamos si este gesto se traducirá en una inserción responsable de los refugiados en la cada vez más multicultural República Federal de Alemania, alienta ver que dentro de la mierda humana, hay quienes son capaces de poner su corazón y darlo todo por quien no tiene nada.

Vamos a nuestra larga y angosta faja de tierra...

Chile es un país que en su propio himno se declara asilo contra la opresión. Si bien en el pasado esto fue una realidad y una política de Estado –desde la inmigración alemana en el sur y los perseguidos por las guerras civiles latinoamericanas, hasta los emigrantes del antiguo Imperio Otomano y los perseguidos por la Guerra Civil Española-, hoy estamos muy lejos de una verdadera solidaridad internacional con los que sufren. No sólo no existen políticas de Estado a favor de quienes han logrado llegar a nuestro país buscando una nueva oportunidad en la vida, sino que tampoco existe una cultura de parte nuestra que sea receptiva del inmigrante, cayendo en la discriminación o en la negación. No somos respetuosos ni agradecidos del humilde aporte que los inmigrantes colombianos, cubanos, haitianos y peruanos han hecho a nuestro país, los que realizan actividades que nosotros mismos hemos dejado de hacer por una oculta superioridad cultural.

Hoy, el amor por el migrante la lleva. Hoy, es bacán mostrar pena por las víctimas e interés por el tema. Hoy, nos consideramos un país la raja para recibir gente de Siria, Libia o Eritrea –porque acá hay palestinos, sirios y de tantos otros países que hoy sufren-. En otro momento, me habría puesto crítico por esta reacción de redes sociales, pero hoy creo que estas manifestaciones reflejan corazón y no siempre tenemos corazón por el que sufre. No lo hemos tenido frente a los pueblos indígenas, las personas sin hogar ni por quienes tienen algún tipo de enfermedad mental y dependen de la salud pública. Que lo tengamos hoy frente a los refugiados afro-asiáticos es un paso adelante.

Me gustaría que el corazón nos aliente como seres humanos a tomarnos en serio el problema de la migración, partiendo por lo siguiente:

1. Asumir, de una vez por todas, que Chile es un producto del encuentro entre diferentes. Tenemos un problema patológico con la diferencia, negando que hayan distintos poderes, distintas culturas, distintas personas dentro de un país. Nos aterra la diferencia, porque vemos caos en ella, cuando en realidad del encuentro de diferentes hemos logrado generar una sociedad nueva y distinta de todas las demás llamada Chile. Esta sociedad no es blanca y cristiana, sino también indígena, europea, árabe, negra, asiática y sobre todo latinoamericana. Tomemos todo esto, difundámoslo, celebrémoslo y elaboremos normas sociales considerando esta hermosa realidad, desde el reconocimiento de los pueblos indígenas, pasando por derechos especiales de los inmigrantes, hasta políticas públicas tendientes a un sistema social que promueva el encuentro armónico entre diferentes.

2. Preocuparnos de nuestros actuales inmigrantes. Que esta conmoción del corazón no sea un producto de la sociedad de la información, sino que sea realmente una toma de conciencia sobre la realidad de quien debe dejar su tierra para llegar a otra. Hoy, la misma empatía e interés que nos surge con los migrantes de Europa debemos tenerla con los miles de ciudadanos peruanos, colombianos y de otros países de América que quieren reconstruir sus vidas en Chile. Lamentablemente, por el racismo y clasismo imperantes, los tratamos de cholos comepalomas o de negros delincuentes, marginándolos en guetos urbanos y cerrándole las puertas en su propia cara, dentro de nuestro país. ¿Cómo vamos a ser capaces de recibir a árabes y africanos, mucho más distintos de nosotros que nuestros hermanos latinoamericanos?

3. Trabajar por una verdadera inserción de refugiados e inmigrantes. En el pasado, frente a guerras como las ocurridas en la ex-Yugoslavia, Irak y Afganistán, hemos recibido a personas y familias desplazadas. Sin embargo, se les ha dejado a su propia suerte luego de un breve período de asistencia, prolongando la miseria de quien busca una oportunidad. Si Chile decide abrir sus puertas, que sea teniendo claro que debe realizarse de manera responsable, brindando trabajo, educación y un clima social de aceptación.

4. Hacer que Chile sea DE VERDAD un asilo contra la opresión. ¿Por qué no consagrar constitucionalmente y obligar al Estado chileno a realizar políticas activas de recepción de refugiados? ¿Por qué no establecer por ley que Chile debe suspender o romper relaciones con Estados que persiguen a su gente o que dan un tratamiento vejatorio a quienes llegan a sus países? ¿Por qué no promover que Chile sea un país que evite o busque paliar las crisis humanitarias derivadas de la migración masiva? La supuesta falta de recursos económicos o la distancia geográfica de la crisis no son excusas para lo que en realidad es una falta de voluntad y fraternidad humana.

Eso. Menos me gusta en Facebook y más acción política. Me incluyo en el palo.

Te lo dice,

R.F.S.K.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Salud presidencial y machismo

Acabo de enterarme por la prensa -felizmente en un ciudadano común y corriente eso no está mal- que El Mostrador publicó un artículo sobre la existencia de un vacío de poder político en La Moneda, relacionado con la Presidenta Michelle Bachelet; artículo que causó escozor en la Nueva Mayoría, al haber sostenido lo siguiente:

No hay parlamentario, dirigente y asesor gubernamental que en los últimos quince días no reconozca que ha escuchado la versión de que la Presidenta está tomando más alcohol de la cuenta y que, en paralelo, está bajo el efecto de varios medicamentos –como analgésicos para una dolencia que tiene en la rodilla por un problema a los meniscos–, antidepresivos y los recetados para su hipertensión. A tal punto se ha esparcido el rumor como reguero de pólvora en estas dos semanas, que varias figuras del oficialismo confiesan en privado que incluso han sondeado en La Moneda, han preguntado y han chequeado si la información que circula sin control tiene sustento.

http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2015/08/27/el-estado-mayor-del-oficialismo-o-la-estrategia-para-contrarrestar-el-vacio-de-poder/

Sobre el comidillo en el que dramáticamente caen los políticos, no hay por qué andar haciéndose cargo de la falta de comprensión lectora que es una verdadera epidemia en este país. Si uno lee el artículo, la periodista se hace cargo de un rumor existente, su origen y cómo se descarta dentro de los problemas que existen hoy en la coordinación política de La Moneda.

Lo que me llama la atención son 2 cosas:

1. ¿Es importante que los ciudadanos sepamos de los problemas de salud de un gobernante?

No es menor la pregunta si tradicionalmente se ha procurado con celo proteger a más no poder los problemas de salud que tenga una autoridad, ya sea negándolos u ocultándolos. Nos gusta que la persona a cargo del país sea alguien fuerte, todopoderoso, intransigente con los malos y conmovedor con los buenos. Si esa persona tiene problemas de salud, empezamos a creer que la persona no está capacitada para el cargo o que enemigos internos o externos pueden aprovecharse de esa circunstancia para debilitar el poder. Por eso a Franklin Delano Roosevelt no se le podía grabar o fotografiar con fierros o en silla de ruedas, en circunstancias que, como víctima de poliomielitis, sufría de una parálisis. Por eso aún no se logra saber si Ronald Reagan tenía algún grado de Alzheimer durante su gobierno, considerando que dejó el poder en 1989 y le fue diagnosticada la enfermedad en 1994. Por eso nunca hubo partes sobre el verdadero estado de salud de Hugo Chávez en sus últimos días de vida, en que su cáncer era terminal pero debía jurar como presidente luego de una elección reñida y cuestionada.

Discrepo de esta visión tan tradicional de los gobernantes. Creo que un presidente puede enfermarse, tener movilidad reducida e incluso estar pasando por una crisis personal, porque todos podemos estar en esas condiciones temporales o permanentes y hacer nuestras vidas con relativa normalidad. Lamentablemente la lucha política se aprovecha de estas circunstancias y comienzan a circular comentarios malintencionados y bajos, que no serían capaces de hacerlos frente a ciudadanos comunes y corrientes que tenemos enfermedades físicas o mentales. Considerando que, incluso en hiperpresidencialismos como el nuestro, hay equipos de gobierno, que un presidente deba ausentarse o no pueda cumplir del todo físicamente no es un problema de seguridad nacional. Si la voluntad y lucidez del gobernante se encuentra en juego, en un país con autoridades serias como Chile, un presidente sabrá dar un paso al costado, como lo hicieron Pedro Montt, Pedro Aguirre Cerda y Juan Antonio Ríos.

Ahora, si un presidente no desea informar su condición, ¿podrán hacerlo los medios? Mientras se mantengan los límites del respeto a la intimidad y solamente se busque informar de una situación real que puede afectar el ejercicio del poder, no veo por qué no se pueda saber que Michelle Bachelet deba tomar analgésicos o incluso antidepresivos -dos de los más grandes líderes de Occidente, Abraham Lincoln y Winston Churchill, sufrían de depresión-.

¿Lo del alcoholismo? Puede ser una situación límite por el estigma negativo de la enfermedad, pero de ser informada, que sea bajo circunstancias objetivas y no la información de un rumor de pasillo. Pueden haber estado muy de buena fe los periodistas de El Mostrador -yo lo pienso así-, pero sin un hecho evidente en que Bachelet haya perdido el control, hablar de supuestos lamentablemente contribuye al deporte nacional de moda: el chaqueteo.

2. ¿Por qué un mal comentario hacia una autoridad, por el hecho de ser mujer, se vuelve machismo?

Esto es lo que derechamente me emputece, me empelota y me enchucha. Desde que Michelle Bachelet asumió por primera vez que cada crítica que se le haga en términos de conducción personal ha sido tildado por sus séquitos como un ataque machista. Que la crítica a su forma de gobernar es machismo. Que hablar de su falta de estatura como estadista es machismo. Que criticar sus políticas de género es machismo. Machismo, machismo, machismo. Además, la hizo de oro cuando se declaró víctima de femicidio político...

No me parece adecuado que una persona que ejerce la Presidencia de la República saque el comodín de la discriminación sexual cada vez que se le critica, sobre todo en tiempos en que la crítica a su gestión personal es justificada. Tampoco me parece decente que se victimice o la victimicen, porque busca cambiar el plano de la crítica con el único objeto de alimentar el principal capital político que Bachelet tiene: su simpatía.

Pero ya... ¿es machista decir que una autoridad mujer sufre de alcoholismo o depresión? Es tan machista como decir que una autoridad hombre sufre de ambas condiciones. El ministro Marcelo Díaz dijo que si el Presidente fuera un hombre, nadie se atrevería a hablar de este tipo de cosas, pero hay que recordar que en materia de rumorología malintencionada, la ciudadanía ha sido drástica con todos, sean hombres o mujeres y de derecha o de izquierda: a Jorge Alessandri le decían La Señora, en razón de su supuesta homosexualidad; mientras que a Salvador Allende lo siguen tratando de borracho.

En honor a las verdaderas víctimas de machismo, las mujeres que son acosadas, agredidas y discriminadas, parafraseando a la Presidenta, paren la lesera.


Te lo dice,

R.F.S.K.

viernes, 28 de agosto de 2015

Macedonia multicultural (o El conflicto chileno-mapuche con peras y manzanas)

Podríamos decir que en Chile tienen vigencia dos grandes conflictos: el conflicto post-golpe de Estado y el conflicto mapuche. En ambos casos existe un quiebre en la amistad cívica y se manifiesta con odio parido entre las partes. En ambos casos, se tolera la violencia y la persecución que nuestra parte haga, pero se condena la que hace el otro. Sin embargo, en el primer caso, quienes alaban la vida y obra del Libertador Capitán General Presidente Augusto Pinochet Ugarte y los nostálgicos de los cordones industriales y los comandos comunales están de acuerdo con un mínimo: estamos en democracia, ambas partes pueden participar sin recurrir a las armas, se acata a regañadientes las decisiones de la autoridad y se recurre a los tribunales si existe razón para ello.

En el conflicto mapuche -que a mí modo de ver, debería denominarse conflicto chileno-mapuche, por estar en pugna el Estado como representante de la mayoría etnocultural de Chile y las organizaciones y comunidades mapuche como representantes de la pertenencia a dicho pueblo-, no existe un acuerdo mínimo. Peor aún, ni siquiera se reconocen las partes ni establecen un espacio de encuentro para poder dialogar y buscar dicho acuerdo.

¿Ayudemos a la paz en la Araucanía?

Si yo quiero tener buenas relaciones con Fulano, debo llamarlo por su nombre, hablar con él en un idioma común, tratarlo como lo que es -un ser humano de sexo masculino- y no como lo que yo quiero que sea, presumir su buena fe y con mi propia buena fe, intentar conocerlo para ver si se puede construir una amistad. Si no se puede, lo sigo respetando en aspectos básicos, como el trato humano y el lenguaje común.

Haciendo la comparación con mi ejemplo...

a) El Estado chileno y un sector importante de la sociedad chilena no llama al pueblo mapuche por su nombre. Esto va más allá de si los trato de mapuche, mapuches o araucanos. Tiene que ver con la negación de la contraparte en el conflicto. Muchos caen en la lógica de minimizar la relación entre las comunidades y organizaciones mapuche, al punto de decir que esto es un problema de un puñado de terroristas ideologizados frente al Estado de Derecho chileno. Otros tantos niegan la importancia que tiene para cada persona su pertenencia a un grupo cultural, manteniendo el mantra de "somos todos chilenos". Si bien la pertenencia a un pueblo indígena tiene relevancia jurídica ¡DESDE 1993!, seguimos en la lógica de considerar a los pueblos indígenas como personas jurídicas sin fines de lucro, cuando son un pueblo, es decir, una comunidad política.

b) Chile no habla con el pueblo mapuche en un idioma común. También va más allá del uso del mapudungún por parte de las autoridades políticas y el aparato estatal. No existe en términos históricos, culturales, jurídicos ni políticos una construcción común en sociedad. Por más de un siglo Chile le ha impuesto su relato, sistema educacional, normas jurídicas y formas de organización a los pueblos indígenas, y si bien con la Ley Indígena y el Convenio 169 de la OIT se ha avanzado en un mejor trato, seguimos partiendo desde la base de la imposición y la concesión graciosa. Así, por más becas indígenas, compras de tierras y áreas de desarrollo indígena que se creen, los pueblos indígenas siguen siendo tratados en la parte baja de una jerarquía social que no le es propia y que no considera su sistema de valores al momento de hacer normas o impartir educación.

c) Chile no trata al pueblo mapuche como lo que es, sino como lo que quiere que sea. No sólo el pueblo mapuche es tratado como una manifestación de la libertad de conciencia y asociación. También se le exige, para dialogar, que se organice en los términos establecidos por el Estado chileno, en circunstancias que el pueblo mapuche jamás se organizó bajo una única autoridad ni tuvo instancias de representación común, lo que legítimamente tampoco desea tener hoy. Se espera que las comunidades rurales mapuches sean parte del desarrollo agrícola de la Araucanía, cuando muchas discrepan de dicha idea y defienden una idea de protección del medio ambiente distinta de las empresas forestales. Lo que es más grave, se trata un conflicto cultural, histórico y eminentemente político como un tema de derecho penal, lo cual evidencia que el Estado chileno representa a la mayoría étnica frente a las actitudes "delictuales y terroristas" de comunidades y organizaciones que buscan una mejor situación en la nación chilena, haciéndolo fuera de la ley porque ésta misma no les permite hacerlo de modo institucionalizado.

d) Chile no presume la buena fe del pueblo mapuche. Además de criminalizar el conflicto, colocando a comunidades y organizaciones mapuche en el banquillo de los delincuentes y terroristas, se considera en sí que distintas reivindicaciones representativas del pueblo mapuche son perjudiciales para el país. Una mayor autonomía de las comunidades es visto como intentos de secesión e independencia. La recuperación de tierras es visto como la proliferación de tierras ociosas en un país que desea ser potencia agroalimentaria. El reconocimiento constitucional es visto como un revisionismo de la cultura chilena que tanto nos ha costado construir. La verdad es que los huincas no vemos nada bueno en ellos, más allá de decir que nos gusta su cultura.

e) Chile no hace intentos de buena fe de conocer al pueblo mapuche para generar una amistad cívica. Esto es lo más grave, porque significa que poco y nada hacemos para entender qué hay detrás de actitudes de las comunidades mapuche que como país no aceptamos. Creemos que a estos delincuentes les gusta quemar camiones, matar patrones de fundo y tirarle sillas por la cabeza a los fiscales. Aún mantenemos una visión racista frente a ellos, la que disfrazamos para no sentirnos racistas. Seguimos creyendo que son unos subdesarrollados, no siendo siquiera capaces de concederle el alto grado de comunión con la naturaleza que nosotros huincas no podemos lograr. Lo que resulta más triste es que no tenemos muchas ganas de luchar contra esta ignorancia supina, no existiendo políticas que favorezcan la empatía hacia los pueblos indígenas de cada región.


Ya, lindo el análisis... ¿Y el pueblo mapuche? ¿Reconoce al Estado chileno? ¿Trata a los agricultores y camioneros como lo que son? Por razones de extensión y respeto a su tiempo, no me extenderé mucho, pero lo resumiré de la siguiente manera: al pueblo mapuche, en su condición de minoría etnocultural cuya supervivencia se encuentra permanentemente en peligro, NO LE QUEDA OTRA que reconocer al Estado chileno, dependiendo de éste en términos de reconocimiento y protección. No se trata de un diálogo entre partes con la misma capacidad de negociación y propuesta, sino de uno muy desigual. Por esto es que la condición de diálogo se basa en la obligación del Estado de escuchar y asegurar un espacio de coexistencia entre los pueblos indígenas y la nación chilena, siendo ésta una comunidad que comprende a los primeros sin anularlos.

¿Paz en la Araucanía? Partamos reconociendo a nuestros pueblos indígenas.


Te lo dice,

R.F.S.K.

jueves, 20 de agosto de 2015

Descontaminación política

¿Se han detenido alguna vez a leer los comentarios en las noticias de cualquier medio electrónico? Si no lo han hecho, no lo hagan por sanidad mental. Si lo han hecho, seguramente compartirán conmigo en que se trata de un flujo constante de odio de un lado hacia el otro y del otro hacia un lado, como si la existencia del otro que no piensa como yo fuera un cáncer que hay que extirpar. Por eso, hay que dar gracias que en Chile no tenemos un discurso a favor de la tenencia de armas... aún.

Lo peor de este flujo constante de odio son dos cosas. Por un lado, que por lo general la gente que está cargada de odio es la gente más motivada en participar en política, por lo que los pocos espacios ciudadanos, los pocos encuentros entre políticos y ciudadanos y las campañas electorales se encuentran cargadas de mucha negatividad y confrontación exacerbada. Por otro, que muchos políticos saben que la negatividad es un discurso que vende muy bien y lo explotan a más no poder, siendo Camilo Escalona y Osvaldo Andrade los adalides de "X cosa o persona es mala porque es de dereshhha", evitándose cualquier elaboración mental sobre su apoyo o crítica.

Hoy, en tiempos en que sectores importantes de la sociedad quieren mayores espacios para debatir y mejores espacios para decidir, puede darse que, con un proceso constituyente, con una asamblea o con distintos métodos de participación ciudadana, terminemos destapando una gran olla a presión de sentimientos negativos hacia el que no piensa como uno. No creo que lleguemos al extremo de proscribir ideas o personas como en el pasado, pero sí que a partir de una visión negativa de la sociedad, en donde todos los empresarios son avaros, todos los curas son pedófilos y todos los jóvenes de polerón y zapatillas son terroristas, terminemos legislando muy alejados de la realidad, con menos soluciones y más fuentes viscerales de división.

Por esto es que, quienes tienen responsabilidades y quienes creemos en lo noble de la política como actividad que nos atañe a todos como ciudadanos, debemos ayudar a descontaminarla.

Ya, shuper hippie y zoofílico, pero hablemos en concreto.

Descontaminar la política implica criticar y proponer con fundamento, deslegitimando las críticas y propuestas -no a las personas que las hacen- que no tienen intención de aportar en la búsqueda de una mejor sociedad. Si apoyo la despenalización del aborto en público, debo tener la responsabilidad de explicar por qué, aunque sea con el mantra básico del derecho de las mujeres sobre su propio cuerpo. Si no estoy de acuerdo con quien postula la prohibición absoluta del aborto y el derecho a la vida desde la concepción, debo criticar la idea y no a la persona que la sostiene, procurando defender, aunque sea de una manera básica, que mi idea le hace bien a la sociedad o a una parte de ella.

Descontaminar la política implica dejar abierta la puerta a que puedo estar de acuerdo EN ALGO con el que piensa diferente, incluso ideológicamente. Sí, no porque alguien sea de izquierda o de derecha -o de centro, con quienes yo tengo verdaderos problemas- significa que sea nefasto, incluso teniendo una forma de ver la sociedad diametralmente opuesta a la mía. Quizá no estaremos de acuerdo en los grandes temas como la moral, la economía y el rol del Estado, pero podremos estar de acuerdo que las instituciones públicas tienen trámites innecesarios o que hay aspectos de la vida chilena que son un patrimonio digno de protección. No lo sé, hay casos y casos, pero no podemos cerrarnos de antemano a la etiqueta que le colocamos a una persona porque piensa diferente y tenemos que indagar, por el amor a la humanidad y al hogar común, en qué podemos coincidir. Ese esfuerzo vale la pena.

Descontaminar la política requiere que la entendamos como un juego, y como en todo juego, a veces se gana y a veces se pierde, pero siempre con la posibilidad que en alguna partida yo pueda ganar mientras no busque eliminar a nadie de la participación del juego. No es posible que los grupos que detentan el poder sean soberbios en el ejercicio y sientan que pueden hacer lo que quieran -incluso ser corruptos- en base a discursos tan básicos como "los otros estuvieron con Pinochet". Tampoco es posible que el empresariado sea propenso a pataletas porque le varían reglas muy favorables y se le adaptan a estándares socialmente recomendables, como en materia tributaria o laboral. Por otro lado, no es posible que hayan amplios sectores de la sociedad que en cada juego de la política deban perder, como ocurre con los jubilados, los inmigrantes y las personas con discapacidad. Ayudando a entender que se gana y se pierde, pero que siempre se puede ganar, podemos descomprimir las grandes frustraciones sociales que estallan en manifestaciones de violencia y odio.

Todo muy bonito hasta ahora, pero no por bonito vamos a caer en una política teletubbie. No.

Como premisa a la descontaminación, es necesario que todos podamos expresarnos libremente, que digamos lo que nos gusta y no nos gusta, que existan los espacios para manifestarlo, que podamos interpelar a la autoridad y que ésta se encuentre obligada a responder, que podamos disentir de nuestra facción y tengamos la libertad de votar contra ella,que quienes entregan la información sean objetivos pero transparentes en su pensamiento, etc. En definitiva, que exista plena libertad de ser lo que somos y no nos sintamos restringidos por el miedo a la diferencia o a la posibilidad de confrontación, porque de la diferencia armónica y la confrontación pacífica se dan los frutos de la buena política, mientras que de la violencia de lo políticamente correcto y del consenso permanente logramos una sociedad estática, falsa y reprimida.

Descontaminación política. Me gustó el concepto... ¿y a ustedes?

Te lo dice,

R.F.S.K.

lunes, 10 de agosto de 2015

Tocopilla y la desigualdad regional

Tocopilla debe ser una de las ciudades chilenas más dejadas a su suerte. Puerto salitrero que vivió su auge a fines del siglo XIX, con la crisis del nitrato ha padecido una permanente decadencia económica, la que no ha sido posible de paliar con la actividad pesquera o con la existencia de termoeléctricas que abastecen a Chuquicamata; peor aún, la han dejado con una situación de contaminación ambiental deplorable. Sin mayor actividad que la propia subsistencia, la ciudad del norte ha sido doblemente golpeada por los desastres naturales: con el terremoto de 2007, gran parte de sus construcciones quedó dañada o destruida, existiendo a la fecha hogares y colegios que no han sido reconstruidos; con el temporal del fin de semana, tanto las marejadas como los aluviones han sepultado a la localidad en un lodazal.

Como Tocopilla, existen muchas ciudades que el discurso del desarrollo o de la mal entendida soberanía nacional han dejado de lado y que reflejan la desigualdad regional existente en Chile. Como se trata de un pequeño puerto de aproximadamente 20.000 habitantes, en un sector geopolítico que no reviste mayor importancia, sin actividades relevantes para la economía nacional ni propiedades de gente influyente, lo que le pase a Tocopilla nos da lo mismo -a menos que Alexis Sánchez deje de ir las navidades, cosa que nos puede dar un poquito de pena-. Son el esfuerzo de su gente y su amor por el terruño los que mantienen vivo a un pueblo que, para la esfera pública mayoritaria y las prioridades del Estado, no existe.

Una persona que puede rascarse con sus propias uñas -dicen que Axel Kaiser no se las corta- dirá que exagero, pues, ¿por qué hay que siempre pedirle al Estado? Tocopilla no es una ciudad distinta de otras, su gente es tan capaz como la de cualquier ciudad -incluso sacan buenos futbolistas y al mayor psicomago de la actualidad- y en cada lugar hay recursos naturales y humanos para poder desarrollarse.

En ciudades como Tocopilla -pienso también en otras como Arica, Linares, Lota, casi todo Aysén-, no existe en la actualidad la explotación de recursos naturales o la elaboración de productos que pueda levantar económicamente a una comunidad. Tampoco existen personas dispuestas a invertir en dichas ciudades y arriesgarse por esas cosas que sólo el amor a la tierra explica. Por lo general, estas ciudades no ofrecen oportunidades de educación superior, por lo que muchos jóvenes migran y muy pocos de ellos regresan. Aunque en las regiones extremas existan las asignaciones de zona, éstas cubren el alza del costo de la vida y no constituyen incentivo para que profesionales y trabajadores capacitados se dirijan a trabajar en dichas regiones. En general, se trata de ciudades de servicios que son muy vulnerables a las crisis económicas, donde el desempleo es mayor al promedio nacional y que, de ser azotadas por un desastre natural, requieren de un esfuerzo mayor al que en conjunto pueden hacer sus habitantes para poder reconstruirse.

Aún así, ¿por qué el Estado debe preocuparse por estas ciudades más que de localidades rurales, de zonas aisladas o de comunas con altos índices de pobreza?

No se trata de un tema de mayor o menor preocupación, sino de mejor preocupación. Las localidades rurales, por su naturaleza, reciben las ayudas que generalmente recibe la actividad silvoagropecuaria, estando por lo general su actividad principal protegida. Las zonas aisladas y extremas requieren generalmente de políticas públicas especiales, pero en su caso pueden invocar el discurso de la soberanía nacional que en ocasiones permite que nos acordemos de Arica, Aysén o Magallanes. El énfasis en la pobreza es habitual y parece ser el más justificado a la hora de políticas públicas, pero aunque suene majadero, no es la misma ayuda o no existe el mismo sentido de urgencia entre una persona de Bajos de Mena y otra de Tocopilla, pues les aseguro que en el primer caso nunca habrían permitido que un colegio siguiera sin ser reconstruido en 8 años... y todo porque es pobreza metropolitana.

Es hora que, en lugar de alimentarnos del morbo televisivo en épocas de catástrofe y aliviar la crisis con la ayuda material que nos caracteriza, empecemos a tomar conciencia de lo importante que es el regionalismo para resolver esta desigualdad territorial. Se puede elaborar bastante en esto -y ojalá apuntáramos hacia un Estado regional o un federalismo gradual-, pero pensemos solamente en estas 3 ideas:

a) Que cada región tenga un mayor presupuesto, basado no sólo en criterios de población, sino además en el nivel de desarrollo y en las necesidades de cada una, de modo de generar regiones económicamente autosuficientes. En esto, puede ser interesante el establecimiento de un impuesto regional, deducido de los nacionales.

b) Que cada región tenga capacidad de decidir sobre su propio presupuesto. De este modo, los proyectos se generan en las propias regiones y se implementan conforme a las necesidades y realidades de cada zona, procurando que todo habitante tenga acceso a los programas y beneficios, no sólo los de la capital regional. El Fisco sólo aporta el dinero y los ministerios sectoriales apoyan con especialistas.

c) Que algunas materias sean de exclusiva competencia de las regiones. Acá podemos discutir muchísimo, pero el ejemplo de Tocopilla me hace presente que 2 materias son serias candidatas: prevención de desastres naturales e inversión social. Así, quienes sufren se encuentran más cerca de quienes deciden, existiendo empatía y responsabilidad directa.


Es muy raro lo del regionalismo. Es una causa que todos miramos con simpatía, pero en la cual nunca existen definiciones serias ni esfuerzos reales. Ojalá podamos verlo como un tema de justicia.


Te lo dice,

R,F.S.K.

jueves, 30 de julio de 2015

"No se puede, porque afecta el empleo..."

Cada vez que leo esta frase de algún empresario o político frente a alguna reforma económica, sobre todo la reforma laboral que se encuentra en discusión, en mi cabeza comienza a sonar "Spanish Flea" de Herb Alpert & the Tijuana Brass, la canción de Benny Hill o la voz de la profesora de Charlie Brown. Poco me importa lo que pueda decir después, incluso si sugiere una propuesta económica interesante.


Todo parte del relato mítico del emprendimiento y de las grandes riquezas de este país...

Un día, Fulano, un joven de grandes ideas y corazón puro tuvo una gran idea. La trabajó, la trabajó y la trabajó, contra viento y marea, hasta que se hizo de mucho dinero. Un día, al ver que le sobraba el dinero, tuvo otra epifanía y pensó en toda la gente pobre pero capaz para ayudarlos a que fueran como él, y en un acto divino, decide darles una dádiva especial a cambio a que lo ayuden a ganar más dinero. Para que estos pobrecitos puedan cumplir sus sueños y tener su DFL 2 y su Corsa, es importante que haya un clima de familia, donde todo se rija de acuerdo a las buenas intenciones y la responsabilidad.

Pero cuando los rojos, esos seres perversos sin D's ni ley y que ven conflicto en todo, llegan al poder, le ponen a Fulano una serie de condiciones para funcionar: contrato de trabajo, jornada, sueldo mínimo, sindicatos, negociación colectiva, derechos sociales... ¡incluso tienen vacaciones! ¿Cómo va a poder Fulano ayudarles a todos esos pobrecitos a cumplir sus sueños si tiene que dejarlos libres 3 semanas al año y con goce de sueldo? ¿No será mucha imposición a Fulano que tenga que dialogar con personas que lo ven como un jefe y no como un padre? Como el tenerlos trabajando para él no le reportaba más dinero, el pobre Fulano tuvo que dejar partir a cientos de ellos, con el dolor de su alma y sin que él lo hubiese querido. Y como Fulano, cientos de almas bondadosas le dijeron adiós a sus pobrecitos, todo para que sus utilidades anuales se mantuvieran estables, utilidades con las que cada persona puede cumplir sus sueños y con las que Chile crece.

Si, amigos, en el relato empresarial digno de Charles Dickens no existe la especulación, la elusión/evasión tributaria, la información privilegiada, el tráfico de influencias, las colusiones, las herencias ni menos las privatizaciones irregulares. Es todo fruto de un esfuerzo titánico que merece el máximo de nuestros respetos y, por ello, no es admisible afectarlo a través de imposiciones populistas.


Yo no estoy de acuerdo con este relato y creo que negarse a reformas laborales/sociales en base a la excusa del empleo es de los peores dogmas que mantenemos en nuestra sociedad.


1. Porque le falta el respeto a la dignidad del trabajador.

Cuando el empresariado postula la imagen de crear empleos como labor sagrada, los trabajadores quedan relegados a la imagen del buen salvaje de Jean Jacques Rousseau; como personas que viven en un estado de naturaleza, sin noción de la realidad, sin desarrollo intelectual pero con buenas intenciones. No existe nada sobre los talentos propios del trabajador, ni su vocación, ni su experiencia previa. Nada. Es el iluminado frente al alumno (en su acepción de "sin luz"), lo cual responde a una lógica de subestimación que no valora en nada el aporte que el trabajador entrega en forma personal o colectiva, que no protege la idea de realización personal que existe tras el fenómeno del trabajo y que nada dice de la reciprocidad que existe entre ambas partes.

Peor aún. Existiendo una reforma laboral que busca mejores condiciones de diálogo entre los sujetos de la relación de trabajo, el empresariado ha manifestado que, como no le parece conveniente, es altamente probable que se vea afectado el empleo. En lugar de plantear fórmulas alternativas de protección del empleo, plantea desprotegerlo en base a que un número de trabajadores constituirá un costo. ¡Vaya ironía!

Ambos aspectos no hacen más que demostrar la existencia latente del conflicto laboral y la necesidad de institucionarlo a través de sindicatos con poder de negociación y un procedimiento que favorezca el diálogo más que la sordera.


2. Porque es una forma institucionalizada de chantaje.

Al decirle al gobierno y al Congreso que, de ser aprobada la reforma laboral, habrá menos empleos, se produce un escenario de profecía autocumplida, sobre todo partiendo de la base que la decisión de contratar y despedir es privativa y arbitraria del empleador, y que la propia ley establece obligaciones a empresas con un cierto número de trabajadores. Considerando que las organizaciones de empresarios están haciendo propaganda para que la gente le exija a sus legisladores que rechace la reforma, es probable que varios senadores y diputados se vean presionados por la responsabilidad pública de no quedar como los políticos que generaron despidos masivos.

Frente a esto, es importante que las personas dejemos de aceptar el discurso oficial. Es verdad que cada empresario busca su beneficio personal, pero el empresariado, como conjunto de personas de las que depende la generación de trabajo asalariado, tiene una responsabilidad frente a todos, la cual es garantizar empleabilidad y dignidad. Amenazar con afectar ambos aspectos por no estar de acuerdo con un proyecto de ley es irresponsable e inmoral.


3. Porque refleja una filosofía mediocre de parte de nuestros emprendedores.

Si se da una crisis económica y los precios suben más que los sueldos, el común de las personas prioriza entre los productos indispensables, y si las diferencias son muy altas, se hacen todos los esfuerzos necesarios para que a la familia no le falte nada, ya sea trabajar en dos partes, vender bienes suntuosos o ver mejores opciones de trabajo. Todo sea para que quienes no se vean afectados por las variables económicas sean las personas.

En cambio, los dirigentes empresariales reiteran una y otra vez que, de ser aprobada la reforma laboral actual, se va a afectar el empleo. No existe en el discurso ninguna intención de hacer un esfuerzo en favor de los trabajadores ni de la estabilidad económica e institucional del país. No, lo primero que se ve afectado son los empleos, es decir, los trabajadores y sus familias. El dinero por sobre las personas y las ganancias por sobre el esfuerzo.


Estamos en la B.


Te lo dice,

R.F.S.K.

lunes, 27 de julio de 2015

La izquierda: Desaparecida en acción

En medio de la crisis de confianza por los casos de financiamiento ilegal de la Alianza y la Nueva Mayoría, frente a los intentos infructuosos de mostrar unidad en ambas coaliciones y con un gobierno cuyo compromiso con las reformas estructurales está hipotecado, yo me pregunto -y quiero que me respondan-, ¿dónde está la izquierda que avanza y que no transa?

Un columnista destacado de emol.com dirá que está en el gobierno, que comen guaguas, se coluden con los delincuentes y bla bla bla. Más allá de la liviandad del comentarista de redes sociales, algo tiene de razón esta aseveración porque al incorporar al Partido Comunista, al MAS y a la Izquierda Ciudadana, la existencia de la Nueva Mayoría desarticuló cualquier intento unitario de La Izquierda -esa entelequia unitaria e inexistente pero poderosamente romántica para atribuirle poder a un sector que no lo tiene-. Lo que es peor, incorporó de manera vaga -"Nueva Constitución", "educación gratuita y de calidad para todos", "no más abusos", etc.- buena parte de las reivindicaciones claves de la izquierda para ganarse el apoyo del sector de la sociedad que salió a la calle durante el gobierno de Sebastián Piñera. Con ello, la NM le dijo al ciudadano descontento con el sistema que esta nueva coalición los representa también y que tienen algo que no tienen otros partidos de izquierda como el Partido Humanista, el PRO o el Partido Igualdad -aparte de plata-: representatividad en el Congreso. En definitiva, la vieja Concertación recuperó el poder con la fagocitación de la izquierda. 10-4.

Otras personas, más escépticas, dirán que en realidad el PC, el MAS y la IC se vendieron por cuatro chauchas, dejaron de comer en Franklin para almorzar en el Liguria y que hoy no representan a La Izquierda, la cual hoy se ha reducido únicamente a movimientos sociales sin aspiración electoral. También tienen algo de razón, no por el permanente buen gusto culinario del militante comunista, sino porque las propuestas que podrían haber aportado los tres partidos antes mencionados han sido efectivamente moderadas por la Democracia Cristiana, pero aún más por la pataleta empresarial de los últimos meses. Con el realismo sin renuncia, la Nueva Mayoría terminó por confirmarnos que es lo mismo que la Concertación: una fuerza románticamente progresista pero religiosamente moderada. Además, la cooptación de los movimientos sociales no ha estado operando: los estudiantes siguen opuestos a la reforma planteada por el gobierno, el magisterio está quebrado ante la reforma en materia docente y los movimientos sindicales han mostrado su fuerza cuando han podido hacerlo, como en el Servicio de Aduanas, los puertos pesqueros y actualmente en El Salvador.

Pese a concordar en parte con ambas posturas, soy de la idea triste y real que, por ahora, La Izquierda está desaparecida en acción. Carnaza y sin anestesia.

1. Porque todos la evaden. Pareciera ser que asumirse de izquierda hoy está mal. Hoy la Nueva Mayoría privilegia la estabilidad emocional del sistema -no podría llamarle de otra manera- a la realización de reformas prometidas y necesarias para el país. El PC privilegia su alianza con los partidos de centroizquierda, pese a sus fintas de salir a la calle. Los demás partidos como el PRO, el PH e Igualdad son inexistentes y ni siquiera buscan posicionarse como representantes de un sector que quedó huérfano; y si bien existe la figura política de Marco Enríquez-Ominami, éste juega a la vaguedad para que la NM lo apoye en las próximas presidenciales. Los movimientos sociales se preocupan cada uno de su causa, pero no existe coordinación ni identificación real con un proyecto político.

2. Porque no hay iniciativa. Existiendo una seria crisis de confianza que afecta a las dos coaliciones mayoritarias, La Izquierda podría mostrar que tiene la altura moral de resolver la relación entre la política y la gente, pues nunca ha estado en el poder y no tiene mayores conflictos de interés. Sin embargo, ningún grupo ha sido capaz de aprovecharse de la coyuntura y ganarse la confianza que Alianza y NM han perdido. En estos últimos días la NM confesó que no cumplirá con El Programa, ¿existe algún partido o grupo de partidos que quiera formar gobierno para poder cumplir de verdad con una nueva Constitución, una educación gratuita y de calidad y creación de trabajos dignos? No. No existe.

3. Porque no hay líderes. Hoy no existe nadie que dentro de los propios movimientos sociales o de los ínfimos partidos extraparlamentarios que desee reunir a los descontentos con el sistema, plantearse responsablemente al resto de la ciudadanía y que busque articular una coalición y un programa de gobierno. No hay una persona que sepa convertir el descontento y frustración como Alexis Tsipras en Grecia. No hay posibilidad alguna de un Frente Amplio uruguayo -en mi opinión, la mejor formación de izquierda posible-. Tenemos puras bases sedientas de justicia social, pero para ellas, líder es sólo un supermercado.


A modo de conclusión, quiero recordarles a quienes les interese el tema que, en 2013, las 4 candidaturas de izquierda (Claude, Miranda, Enríquez-Ominami y Sfeir), todas candidaturas que planteaban fuertes reformas estructurales, sumaron un 17,37%. Nadie se ha hecho cargo de convertir este apoyo en un proyecto sólido y de futuro.

Te lo dice

R.F.S.K.

martes, 21 de julio de 2015

Idea loca N° 4: Solidaridad deportiva

Hace un tiempo me preguntaba por qué el Estado tiene que financiar o participar del deporte. Entiendo que el deporte es importante para todos en la medida que nos ayuda a tener una vida más saludable, pero si ese es el fin, el Estado debería financiar estadios, piscinas, velódromos o gimnasios públicos para que las escuelas y el público en general los pueda utilizar, y formar instructores que permitan la práctica de los distintos deportes. Lo demás, como financiar a los deportistas olímpicos o (la brillantísima idea de) subsidiar entradas para el Mundial de Fútbol Sub-17, sería distraer fondos de aspectos más relevantes para la búsqueda de la felicidad.

Viendo los Juegos Panamericanos de este año, he ido cambiando mi parecer. Pensaba por ejemplo en la marcha, aquel deporte macabro en el que además de ritmo, resistencia y velocidad, hay que mantener permanentemente un pie en el suelo: hay que ser una persona tremenda para lograr ganar una marcha sin que se te vayan los dos pies arriba intentando acelerar. Y como la marcha, hay distintos deportes en que gente se convence de un sueño en base al talento y la perseverancia; logrando luchar contra el estigma social, la falta de recursos y las propias limitaciones; consiguiendo después de largas jornadas de ocho horas movimientos perfectos; brillando ante los ojos no sólo de los chilenos sino del mundo y diciéndonos con cada medalla o récord que se puede.

No se trata de ese objetivo de supremacía racial de comienzos del Siglo XX, de la hegemonía que buscaban las superpotencias en la Guerra Fría, ni tampoco se trata de colocar a un país poco conocido en el mapa. Se trata que al triunfar, el deportista nos dice que trabajando de manera perseverante los talentos propios, se puede alcanzar cualquier meta, no importando si se es blanco, indio, alto, chico, feo, rubio, pobre, rico, del este, del oeste o ateo. Si el deportista, que es de mi misma comunidad y se ríe y llora igual que yo, pudo lograrlo, ¿por qué yo no?

Es esta pregunta motivacional es la que la sociedad entera, partiendo por el Estado, debe ayudar a instigar en todos nosotros, aportando al financiamiento y entrenamiento de los distintos deportes, pero también a su difusión, pues de poco sirve tener deportistas que triunfan en competencias importantes si los medios de comunicación chilenos no enfatizan sus logros y si las organizaciones deportivas no aprovechan de llevar la práctica de sus respectivas disciplinas a las escuelas y los barrios.

Ahora bien, todos estamos conscientes de los permanentes problemas que tienen los deportistas olímpicos chilenos, que van desde tener dirigentes deportivos corruptos, pasando por el nulo apoyo de la sociedad chilena -no sólo el Estado, las empresas y nosotros como hinchada también-, hasta la existencia de incomprensión por el profesionalismo de la actividad deportiva. Lamentablemente, estos problemas se han visto acrecentados cuando vemos que el único deporte autónomo en su práctica y su difusión -el fútbol- recibe del Estado y las grandes empresas aportes en millones de dólares que no se justifican. Lo del subsidio a las entradas del Mundial Juvenil y sobre todo lo del centro de entrenamiento de la selección chilena son aportes descarados y que bien los puede financiar la ANFP con las siderales ganancias del CDF, además de los auspicios.

Por esto es que mi idea loca es proponer que una parte de las ganancias del fútbol vaya dirigido a los demás deportes organizados.

Se me ocurren algunos mecanismos:

  • Que un porcentaje de los auspicios de la selección y los campeonatos profesionales -Scotiabank no está ahí por la buena onda- vaya en favor del COCH o de ADO Chile;
  • Que el CDF se convierta en un canal de distintos deportes y que aporte parte de sus utilidades a los deportes que transmite -lo que no sería malo, porque mataría dos pájaros de un tiro: financiamiento y difusión-;
  • Que un porcentaje de la entrada para un partido de fútbol vaya a favor de los deportistas de la región en la que se encuentra el equipo;
  • Que un porcentaje del valor recibido por un club chileno por el pase de un jugador vendido ya sea a otro club chileno o al extranjero deba aportarlo a dicho fondo común, de modo que las grandes ventas al extranjero o los precios inflados que se pagan en el mercado interno generen una externalidad positiva;
  • Que la indumentaria deportiva del Team Chile se negocie conjuntamente con la de la selección de fútbol, de manera que el pago que la empresa efectúe sea hecho a todos los deportes, beneficiándose el conjunto de los deportistas y pudiendo la gente aportar indirectamente comprando las camisetas o vestuario de los distintos deportes.


Ah... y otra cosa. Como el fútbol se fue hace rato de la televisión abierta y aprovechando que se estableció la obligación de una franja cultural en horario prime, debería establecerse una franja deportiva nacional en horarios visibles para la gente en todos los canales. Al tener 6 canales obligados a transmitir deporte nacional distinto del fútbol, la gente va a tener la oportunidad de ver en acción y en sus circuitos habituales a gimnastas, boxeadores, atletas, nadadores, ciclistas, entre otros.

Si les gustó, pidan hora con Natalia Riffo y con Sergio Jadue para hablarles de solidaridad deportiva.

Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 14 de julio de 2015

Pico en el ojo (con el perdón de las damas lectoras)

Sí, un pico en el ojo es el que nos metió Michelle Bachelet el día de hoy en el simpático programa radial de Felipe Bianchi y compañía de la Radio Universo.

La cosa es así.

En el contexto del "realismo sin renuncia" -equivalente político del "ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario" de Claudio Borghi-, el gobierno ha comenzado a explicitar su mea culpa frente al proceso de reformas y cómo va a tratar de cumplir su palabra en la medida que el crecimiento económico y la tranquilidad empresarial así lo permitan. Por ejemplo, la Ministra de Educación, Adriana Del Piano, ha debido recular en la propuesta de gratuidad al 60% de estudiantes de menores ingresos en instituciones de educación superior acreditadas y sin fines de lucro en 2016, limitándola a las universidades del Consejo de Rectores. Ya se sabe que el gobierno no va a mantener la reforma laboral tal y como se presentó, quedando pendiente ver qué aspectos quedan fuera. También está claro que la reforma tributaria de la cocina de Andrés Zaldívar tendrá que ser revisada, quedando la duda si esta revisión será en sede administrativa o en otra cocina.

En materia constitucional, por su parte, la Presidenta planteó que el proceso constituyente -al que, recordemos, ella misma se obligó hace menos de dos meses- se realizará de manera participativa, a través de consultas y cabildos con las organizaciones sociales, sin carácter vinculante y sin plebiscitos en su generación. Frente a la pregunta del plebiscito y un supuesto temor, ella señaló: "¿Sobre qué? Uno tiene primero que discutir lo que la gente quiere, los contenidos. Cambiemos la Constitución puede ser, pero para qué, cambiarla de qué, qué parte".

Un bachelover, de esos que ya compraron el dominio web www.bachelet2022.cl, me dirá que estoy siendo machista, porque ella ha sido sumamente clara en no favorecer una asamblea constituyente, sino que simplemente se debe cambiar la Constitución de forma democrática, que las asambleas constituyentes son fuente de problemas y que hay que trabajar unidos contra la deressshhha en 2017. Es verdad, Bachelet no es tonta y se ha movido en materia constitucional -y en todas las otras áreas de reforma- de manera muy inteligente: hay que proponer cambio, pero dejando felices a todos, sin comprometerse en asuntos escabrosos y evitando mostrar miedo a la ciudadanía desorganizada y al empresariado perverso. El proceso constituyente, en el que todos pueden hablar, pero nadie corta el queque, es lo más ilustrativo de esta política lumami.

Sin embargo, hay que ser responsable y hacerse responsable de lo que se ofrece.

Con la misma coalición a la que Chile le dijo que no en 2010, Bachelet decide proponer un nuevo trato en todas las áreas que "la ciudadanía" -esa entelequia más indeterminada que Boy George y menos representativa que selección chilena de polo- le hizo la contra al gobierno de Sebastián Piñera. Si la Concertación nunca había sido radical en temas constitucionales, educativos o laborales, ahora la Nueva Mayoría -una creación original como Ricky Mouse y el Pato Ronald- lo sería para ganarse la confianza del entramado social que había dejado de apoyarla después de muchos años de ponerle el dedo en la boca. La NM le calentó el mate a todos los que salieron a la calle entre 2010 y 2013, asegurándole que sus metas eran idénticas y que los representaría efectivamente. Muchos, miles, MILLONES le creyeron no sólo a Bachelet, sino a políticos frígidos como los príncipes de la DC o los ex-MAPU que hablaban de nueva Constitución con el dolor de su alma. Con el mismo dolor, deben hacerse cargo de ello.

La historia cuenta que todos estos intentos de aleonamiento ciudadano desde grupos moderados terminan pésimo. El Partido Socialdemócrata de Alemania prometió por décadas las reformas sociales que el pueblo se merecía frente a una aristocracia muy tradicional que gobernaba, llegando al punto de motivar una revolución aún en plena Primera Guerra Mundial, pero una vez en el poder tras la abdicación del Kaiser Guillermo II, se volvieron en contra de los revolucionarios, persiguiéndolos con la ayuda de grupos paramilitares fascistas con tal de mantener el orden. Juan Domingo Perón, mientras estuvo exiliado, recibió a todo tipo de luchadores sociales -como Bombita Rodríguez- y apoyó a grupos armados con tal de agrandar su base de apoyo y cimentar su regreso a Argentina, pero de vuelta en la Casa Rosada, se dio cuenta que lo que le pedían grupos como los Montoneros era demasiado y ajeno a lo que realmente proponía, por lo que en un discurso grandilocuente frente a la multitud, los expulsó de la Plaza de Mayo, simbolizando que ya no los necesitaba y que prefería gobernar con grupos que, años después, perseguirían políticamente a las fuerzas de izquierda. Y en Chile no estamos lejos si consideramos que Gabriel González Videla terminó persiguiendo al Partido Comunista, partido con el que él mismo buscó que el Partido Radical se aliara y sin el cual él no habría obtenido la elección en Congreso Pleno.

La NM aleonó a un grupo relevante y hoy día, ante un clima enrarecido no por sus propuestas sino por su mala gestión, les dice que no puede hacerse cargo de su programa. Eso habla pésimo de toda una campaña que, más que buscar hacer justicia social, lo único que buscaba era restaurar en el poder a un grupo que se achanchó durante 20 años y que mantiene su soberbia frente a la ciudadanía y la oposición. Tan soberbios son que no confían en la democracia para poder generar un acuerdo social representativo de todos, planteando una Constitución tan democrática como la de Pinochet, con la única atenuante que la NM no nos tiene una metralleta en la raja para votar.

Espero que este momento sea un ejemplo para todos los ingenuos que siguen creyendo en el Viejo Pascuero y se den cuenta que no se puede confiar en una coalición tradicional de centroizquierda, tenga el nombre que tenga. ¿Tenemos alguna alternativa mejor? Eso lo podemos conversar...

Te lo dice,

R.F.S.K.

domingo, 12 de julio de 2015

Los 90, la serie

¿Cómo uno se explica que un gobierno electo con 46% en primera vuelta y 60% en segunda, que cuenta con mayoría en ambas cámaras y que aspira a realizar un programa muy estandarizado de reformas sociales deba, en razón de un bajo apoyo en las encuestas, hacer un mea culpa y decir que responderá a las demandas sociales en función de capacidades económicas?

Quienes piensan con la mano con la que escribe la mayoría, sostienen que en 2013 la mayoría de los votantes eligió a la persona de Michelle Bachelet, pero no apoyó el programa ni menos a sus colaboradores, ambos factores que serían la causa de la impopularidad del gobierno. Quienes piensan con el lado del que está el corazón, se debaten entre dos posibilidades: una crisis completa del sistema político por los casos de corrupción o -dicho de la manera más académica y menos conspirativa posible- una reacción de quienes se ven directamente afectados por las 4 reformas estructurales, sumada a los desaciertos objetivos del gobierno.

Todos tienen bastante de razón. En la impopularidad del gobierno -y de todo lo que busca encarnar-, hay una decadencia de la cariñocracia por la pésima capacidad de decisión de la Presidenta, una molestia hacia la poca seriedad en las reformas (y no hacia las reformas en sí), poca credibilidad hacia las personas responsables de ellas, un soberano hastío de la gente hacia todos y cada uno de los políticos y un discurso mántrico desde el empresariado y sus aliados acerca de lo negativo de cualquier cosa que les implique no crecer sostenidamente en utilidades. Súmenle que el panorama económico relacionado con el precio del cobre no acompaña al gobierno ni a ninguna de sus reformas, que requieren de un valor que permita una buena recaudación para el Fisco.

Si los problemas son éstos, ¿por qué volver a los 90' de la política en la medida de lo posible, la democracia de los acuerdos, las teleseries con Pancho Reyes y Claudia di Girolamo y los periodistas sin opinión?

Más allá que algunos les convenga decir lo contrario, creo que el chileno promedio no es tan jetón como para saber que al votar por Michelle Bachelet y por senadores y diputados de la Nueva Mayoría, votaba por un proyecto de país: uno bien vago en el que educación gratuita y de calidad para todos puede significar cualquier cosa, pero que sin duda se contrapone a proyectos individualistas de educación que confunden libertad de enseñanza con mercantilización de la educación. La ciudadanía le dio un gran espaldarazo a una idea moderada de cambio social, frente a propuestas más radicales o a mantener las cosas tal como están... Y LA NUEVA MAYORÍA ESTÁ MORALMENTE OBLIGADA A RESPETAR ESTE MANDATO. Sí, así con mayúsculas.

Lo digo porque hoy la Nueva Mayoría se encuentra completamente legitimada para continuar el camino propuesto. Cambiar este camino es aceptable y lógico sólo cuando hay un cambio de escenario sustancial, como existiría si la NM se hubiese quebrado o si existiese una crisis económica severa como la de 1982 o de 1998. Hoy, la coalición de gobierno sigue contando con la presidencia y ambas cámaras, y pese a ralentizarse la economía, no hay algo que amerite sacrificios políticos más allá de tener personas aptas para cada cargo. Lamentablemente, el sistema político no contempla mecanismos para que el gobierno obtenga un voto de confianza frente a lo que se muestra como caos, por lo que basta que Adimark, el CEP y otras encuestadoras digan que el gobierno está mal para que el gobierno se sienta mal, no pudiendo invocar la mayoría que lo llevó al poder.

Pero ya, hagamos de cuenta que en verdad está la tendalada, que nadie puede salir a la calle y que estamos comiendo chancho chino...

Lo que El Buen Gobierno debería plantear no es haremos reformas en función de la capacidad económica, sino realizaremos los cambios económicos que permitan realizar las reformas. Lo primero da la señal que el gobierno es reactivo a los vaivenes de un juego que le es ajeno y en el cual es visto como obstáculo, quedando aspectos importantes para la dignidad de las personas a merced de este juego. Lo segundo, en cambio, significa proactividad del Estado, especialmente para dialogar con los actores de la economía en el sentido de compatibilizar mayor recaudación con crecimiento económico, y prevalencia de los programas sociales -que benefician a todos directamente- por sobre el juego de una economía placenteramente desregulada -que benefician a la mayoría indirectamente-. Lo primero busca dejar contento a la oposición y al empresariado -que nunca apoyarán de verdad al gobierno-, de modo de evitar problemas; mientras que lo segundo busca reafirmar el compromiso con la gente que apoyó al gobierno, sin que el proceso de reformas sea efectivamente un problema para la sociedad.

Dicho esto, si el gobierno desea recuperar el apoyo y, con ello, la legitimidad de lo que hace en el debate público -a un gobierno con 60% de aprobación no le niegan la sal y el agua como hoy ocurre-, más que volver a los años 90', debe buscar en sus filas a los mejores liderazgos políticos y económicos que puedan explicar y ejecutar bien los proyectos en materias sociales. Ninguna persona se opone razonablemente a un gobierno que tiene personas responsables, con liderazgo intelectual pero con humildad ciudadana. A su vez, de nada sirve ofrecer solución a problemas históricos si no existe gente capacitada para cumplir. Lamentablemente, el gobierno no ha contado con dichas personas, cundiendo la improvisación, la soberbia y la indecisión, partiendo desde la propia Presidenta.

Pensemos mejor en 2017, creo yo.

Te lo dice,

R.F.S.K.

jueves, 9 de julio de 2015

Renovarse en el éxito

Jorge Sampaoli fue el gran responsable de la U 2011 al saber amalgamar en un esquema ofensivo los talentos mal aprovechados por Gerardo Pelusso (Eduardo Vargas, Eugenio Mena, Matías Rodríguez), jugadores de la casa con rumbo incierto (Marcelo Díaz, Pepe Rojas) e incorporaciones certeras (Charles Aránguiz, Gustavo Canales). Después del tricampeonato, la Copa Sudamericana y las semifinales de Copa Libertadores 2012, la U fue eliminada por la Unión Española en el Clausura de ese año y, siendo evidente que ya se había cumplido, Sampaoli aprovechó la vacancia en la selección chilena para terminar su ciclo. Frente a esto, el innombrable presidente de Azul Azul de aquél entonces señaló que el desafío de la U era renovarse en el éxito.

Así como la llegada del socialismo, algunos seguimos esperando esa renovación… y el estadio en (elija una comuna periférica de Santiago).

Vayámonos a la Roja.

El éxito de la selección chilena en la Copa América tiene que ver con una buena sucesión hecha por Sampaoli en el proceso de Marcelo Bielsa (¿se acuerdan del Bielsita del Cachapoal?), quien supo aprovechar la plena maduración del equipo armado por el DT rosarino y que adquirió roce en ligas extranjeras importantes. Así como la Concertación administró el modelo económico de la dictadura militar, Sampaoli administró el proceso de Bielsa, y de buena manera. Punto. No hay mayor mérito de la ANFP, ni de las ligas chilenas, ni de los distintos DTs de las selecciones juveniles, ni de nada más. Incluso le sumaría como factor que Brasil y Argentina están de capa caída, Uruguay está en un lapsus post-Forlán y Colombia decepcionó al ser una selección de suplentes en equipos grandes de Europa.

Pero más que analizar el éxito –éxito que fue analizado en Plaza Italia con gritos y alcohol–, me preocupa y me interesa que la hinchada se manifieste sobre el futuro.

Quedan 3 años para el Mundial de Rusia. Bravo, Medel, Vidal, Valdivia y Sánchez –la columna vertebral de la selección– tendrán para aquél entonces 35, 30, 31, 34 y 30, respectivamente; por lo que de clasificarse, será su último mundial. De la nómina de Copa América, los únicos jugadores menores que Alexis son Eduardo Vargas (tiene hoy 25), Felipe Gutiérrez (24), Miiko Albornoz (24) y Angelo Henríquez (21). Los últimos 3 no se encuentran hoy en condiciones de suplir en igual capacidad a sus respectivos titulares, pero seamos positivos y esperemos que evolucionen con el tiempo. ¿Tenemos jugadores para poder renovarnos en el éxito, o tendremos que pasar nuevamente 12 años sin ir a un mundial?

Bielsa tuvo una gracia muy grande: no le importó el tener o no tener jugadores. Para él, lo importante era el esquema y la forma de juego, por lo que le daba lo mismo carecer de jugadores talentosos mientras jugaran en el puesto y cumplieran instrucciones (nada más explica, por ejemplo, que jugadores como Jara, Carmona, Isla y Beausejour hayan sobrevivido 8 años seguidos en la Roja). Sin embargo, en lugar de armar su propio equipo con lo que hoy dispone, Sampaoli sólo administró la base de Bielsa e incorporó a los jugadores sobresalientes de la U que él consolidó, por lo que no ha sido tan consecuente con su mentor en inventar jugadores para su equipo.

Mi gran crítica con Sampaoli es que no sabe armar procesos. Sólo le interesa el presente. El futuro no es su tema, porque su éxito en el hoy le permite siempre irse a algo mejor en el día de mañana. En casos extremos como puestos que no tienen reemplazantes, explota a sus jugadores a más no poder. Nunca le interesó hacer que, por ejemplo, Valber Huerta o Igor Lichnovsky se curtieran junto a Osvaldo González y pudieran ser centrales titulares de recambio: nadie sabe por qué Huerta nunca jugó –siendo que hizo un excelente mundial sub-20–, nunca se le dio responsabilidad a Lichnovsky y González tuvo que jugar siempre al punto de hacerse mierda. Todo esto se cumple en la selección chilena y los ejemplos más evidentes son la inexistencia de defensas sustitutos, la inmoralidad de un Vidal infiltrado en el Mundial de Brasil y que no tenemos delanteros aparte de Sánchez y Vargas.

¿Cómo nos renovamos en el éxito? ¿Se puede?

Para selecciones grandes que están por sobre el bien y el mal como Alemania, sí, es fácil: más allá de la indudable calidad de su fútbol, casi la totalidad de sus jugadores juegan en la liga alemana (no hay conflictos de fecha FIFA ni nada por el estilo), se respeta mucho la idea del proceso al designar como DTs a ayudantes o colaboradores de los anteriores DTs, la duración de éstos es generalmente larga y existe un trabajo compacto no sólo entre el DT de la Mannschaft adulta y las selecciones menores, sino entre éstos y los DTs de los clubes (algo que en Chile está pendiente desde antes que el estadio de la U).

Pero no nos comparemos con Alemania, menos con Brasil y Argentina que, aunque tengan técnicos pastas como Dunga o Maradona, siempre van a mostrar algo porque tienen buena materia prima. Uruguay no siempre va a mundiales, y cuando no va no es porque no tenga jugadores, sino que se da por períodos intermedios entre procesos exitosos o por la asunción de técnicos que poco entienden de procesos. Perú tiene siempre jugadores rápidos, de intensidad física y de juego interesante (mucho más interesante que Chile en épocas); incluso a veces tiene DTs buenos, generalmente extranjeros; pero no ha ido a un mundial desde 1982 porque en sí, la estructura del fútbol peruano es un caos que llega hasta la formación de jugadores y lamentablemente lo único que ha sobresalido en ese desorden es la generación de Cubillas, Sotil y compañía. ¿Por qué Ecuador se demoró tanto en ir a mundiales? Porque recién a fines de los 90’ se dieron cuenta que era necesario un esfuerzo coordinado entre clubes y selección, además de colocar recursos en ésta… y cuando se hizo esto, pudieron ir a su primer mundial en 2002 de la mano de un DT que entiende de procesos como Hernán Darío Gómez.

Puedo seguir harto rato, pero lean lo común: PRO-CE-SO. No sólo necesitamos equipos ordenados (ni siquiera buenos) y dirigentes serios, sino además DTs que puedan armar equipos con lo que tienen, imprimiéndoles un estilo y que no se dejen llevar por el talento individual de 2 o 3 jugadores, sino que sepa que estos talentos son de tiempo en tiempo y que su misión está en encontrarlos de la nada. Sinceramente creo que a Sampaoli no le interesa hacer un proceso de verdad porque lo suyo se viene en Europa o en su propio país, pero sería importante internalizarlo a nivel de hinchada y dirigentes para que no tengamos que esperar otros 12 años para ir a un mundial u otros 99 años para una segunda Copa América e igualar a Perú y Paraguay.

Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 7 de julio de 2015

Deuda imprescriptible

En pleno siglo XXI, luego de décadas de discusión sobre nuestra sociedad chilena y en la que hemos llegado avanzado en algunos consensos sobre el respeto al que piensa, reza y ama diferente, aún existen voces de la academia que niegan la existencia de un conflicto cultural entre los pueblos indígenas –particularmente el mapuche– y el Estado chileno como representante de la sociedad mayoritaria. Generalmente, el autor de estas opiniones con aroma a naftalina es Sergio Villalobos; hace no mucho Roberto Ampuero –en otra demostración que nunca fue de izquierda– deslizó una idea afín; pero hoy fue el caso del historiador Joaquín Fermandois en El Mercurio (http://www.elmercurio.com/blogs/2015/07/07/33279/De-que-deuda-nos-hablan.aspx).

A modo de síntesis, Fermandois declara que la idea de deuda pendiente con los pueblos originarios que expresó la Presidenta Bachelet es absurda, pues implicaría que cada sociedad tendría que reabrir viejas heridas, lo cual en términos de paz social podría ser catastrófico. También señala que las reivindicaciones indígenas son una idea del siglo XX instigada por ideologías extranjeras y posmodernas, que resaltan una diferencia que no es tal pues la amplia mayoría de los chilenos somos mestizos, incluyendo la gran mayoría de quienes se consideran a sí mismos como mapuche. A modo de propuesta, expresa: “A largo plazo no diviso otra estrategia convincente para el conflicto que no sea una fusión mayor con todo el criollaje, en lo personal y en lo cultural.”

Primero, me indigno.

Sí, me indigna que personas con pergaminos y vastas tribunas, que se dirigen hacia personas con educación superior, casa propia y vehículo del año, hagan un esfuerzo intelectual dirigido a quitarle legitimidad a un conflicto social. Por más que no estemos de acuerdo con las formas ni con el fondo de las reivindicaciones efectuadas por un grupo, en general éstas siempre elevan hacia la esfera pública una solicitud que es válida y que merece ser razonablemente atendida. Nunca ha existido una reivindicación arraigada en la sociedad que sea un mero invento de quienes la instigan y en puro beneficio de ellos. No fue así en ninguna de las revoluciones de la era contemporánea, no fue así en las luchas por derechos sociales y no ha sido así en ninguno de los procesos que promueve la debida incorporación en la sociedad de las mujeres, LGBT y personas con discapacidad. Es más, la totalidad de las luchas sociales cuyo resultado es patrimonio de la humanidad ha partido en la clandestinidad y en la minoría, siendo negados por sus propios pares que sufren la misma exclusión o postergación. Un historiador debe saber esto y no puede soslayarlo, incluso uno de tendencia conservadora.

Luego, respiro hondo y elaboro.

Existe un consenso académico en la virtual inexistencia de Estados-naciones con una composición etnocultural pura. Casi todos los países, incluido Chile, poseen más de un grupo omnicomprensivo, es decir, grupos cuya pertenencia involuntaria define la identidad social de una persona, generalmente basados en cualidades subjetivas como la raza, la lengua o la religión. Por más útil que le resulte a la autoridad crear la idea de un Estado, un pueblo, la verdad es que las políticas de negación de la diferencia y de asimilacionismo hacia la cultura mayoritaria han sido infructuosas en la mayoría de los países, al punto que tras cuatro siglos de presencia occidental, aún hay aproximadamente un 5% de la población chilena que se identifica como indígena. No se trata de un tema de pureza ni de conservación de la lengua o religión, sino de autoidentificación basada en la ascendencia.

Siendo un hecho la existencia de pueblos indígenas, que se consideran a sí mismos como diferentes del mestizaje hispano-indígena y que practican una forma de vida tradicional, ¿qué hacemos con ellos? Las alternativas son dos: (1) darle un tratamiento igualitario o (2) reconocer su diferencia sin que esto implique exclusión o segregación.

Desde que Chile es independiente que se ha planteado el tratamiento igualitario: la indigenidad es algo privado, como un aspecto de la libertad de conciencia o de expresión, porque a toda persona en Chile se le aseguran libertades y derechos. El problema es que esta aspiración legítima se basa en la visión y la forma de vida de la sociedad mayoritaria, que incluso no se reconoce a sí misma en Chile porque su situación no se encuentra en riesgo. Al negar que existen culturas diferentes, la educación, salud, vivienda, sistema de justicia, régimen de propiedad y protección del medio ambiente se basan en un paradigma chileno, el que supuestamente cree comprender las visiones de los pueblos indígenas, pero como niega la existencia de estos en la esfera pública, no se produce ni existen incentivos para el diálogo entre chilenos e indígenas que genere como resultado una cultura común. Visto de manera bien gráfica, se cree que la opinión del 95% incluye la del 5%, cuando este 5% no tiene ninguna forma de hacerse presente.

Debemos cambiar esta forma de ver las cosas. Nunca ha existido una cultura común chilena que no pase a llevar las cosmovisiones indígenas. Por esto es que, como sociedad multicultural chilena, debemos plantear las bases de un acuerdo en el que el 5% de personas que se identifican como indígenas pueda mantener sus formas de vida en libertad y sin que la dictadura de la mayoría las obvie o la elimine. Por esto es que el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, el cumplimiento de las normas de consulta previa del Convenio 169 de la OIT y la creación de espacios de diálogo entre chilenos e indígenas, como un sistema educacional intercultural o cupos de representación indígena en instituciones políticas, son buenas medidas que en la mayoría de los países americanos han ayudado a encauzar la natural tensión entre sociedades que se reconocen como diferentes entre sí, en lugar de mantener la violencia que se genera a raíz del asimilacionismo y la negación del otro.

La deuda existe y es imprescriptible, por todos los años en que hemos negado su identidad y perjudicado su forma de vida, pero para quienes tienen miedo a reconocerlas, ésta tiene una ventaja: no se requiere dinero para pagarla.

Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 26 de mayo de 2015

Salud mental

Desde hace algún tiempo que estoy pasando por un cuadro depresivo. No es primera vez que me ocurre y espero que, de repetirse en el futuro, sepa sobrellevarlo mejor. Se trata de una enfermedad muy difícil de entender, porque uno se repite en esos momentos de angustia, "¿Qué hice para tener esto? Porque no es un virus, no es un cáncer, no es un órgano deteriorado o una arteria obstruída". Si uno que pasa por esto no entiende, menos va a entender el entorno o la sociedad sobre cómo relacionarse con una persona con depresión.

Fuera de las discusiones desgastantes que tengo cuando hablo del tema, doy gracias a que tengo una familia que me ayuda en la medida que quiere verme mejor, vivo en un entorno humano que tiene un grado de comprensión del tema y puedo acudir a un psiquiatra y a un psicólogo para poder tratar mi enfermedad. Puedo ver las cosas con un poco de perspectiva gracias a que los aspectos clínicos y sociales que implica la depresión están siendo abordados.

Lo que debería ser un estándar frente a la depresión y otras enfermedades mentales es, en realidad, un privilegio de algunos. No debería serlo.

De acuerdo al Informe Anual de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales, los problemas existentes en Chile en relación a la salud mental son los siguientes:

  • La brecha persistente entre la demanda de y el acceso a atención en salud mental;
  • La falta de disponibilidad de atención primaria en salud mental: en 2011 existían 21 comunas y 486 establecimientos en los que el programa no tenía cobertura;
  • Las importantes brechas en las horas de atención en salud mental disponibles en algunos territorios del país que coinciden con comunas socioeconómicamente vulnerables;
  • Un mayor rechazo de las licencias médicas derivadas de problemas de salud mental al comparárseles con otros problemas de salud; y
  • Ausencia de planes y/o estrategias específicas para atender la necesidades de niñas y niños reconocidos como grupos vulnerables.


Lo que aquí se expresa es fuerte. En lo social, existe un sistema público mínimo de salud mental y que ni siquiera se encuentra dirigido a los grupos que más requieren de protección, con lo que el acudir a terapias es más propio de un sistema privado, no siendo siquiera eficaz la inclusión de la depresión en el Plan AUGE. En lo laboral, nuestros empleadores y sus asociados no tienen idea de lo que implica el estrés, la depresión o los desórdenes alimenticios; y como no es un bicho ni se refleja en una radiografía, tenemos gente que no puede darse la pausa necesaria que les permita tratar su enfermedad. Lo que es más grave en mi opinión es que el Estado cae en la desidia o apela a la baja rentabilidad electoral del tema cuando desconoce lo importante que es la educación sobre la salud mental, pues con un programa bien ejecutado en la infancia/adolescencia se puede concientizar a la sociedad sobre cómo podemos prevenir ambientes emocionalmente contaminados y sobre cómo podemos relacionarnos mejor con personas que sufren trastornos o desórdenes mentales, lo cual es positivo no sólo para los enfermos, sino para sus familias y para la sociedad entera que gana personas activas.

Podríamos seguir mucho tiempo con los ejemplos de abandono en la salud mental, que van desde recintos hospitalarios que no tienen la higiene necesaria para que sus médicos puedan darle un trato digno a sus pacientes, hasta personas que se destruyen a sí y a sus familias porque no tienen idea que sufren de una enfermedad que puede ser tratada. Sin embargo, quienes hemos sufrido alguna enfermedad o quienes vivimos con un ser querido que ha pasado por ello debemos entender que en Chile todo problema que resulta políticamente residual debe ser expresado como de costumbre: en la calle y frente a la ciudadanía.

Yo me pregunto, ¿qué tenemos que hacer para que el Ejecutivo y el Congreso no sólo aprueben un presupuesto digno (del presupuesto total de salud, Chile destina el 3% a salud mental, cuando el estándar recomendado es el 10%), sino que además establezcan un programa serio, para todas las edades y todas las clases sociales? ¿Cómo podemos nosotros, independiente de lo que haga el Estado pero sin descuidar su rol primordial, ayudar a que la salud mental sea un tema en los lugares con mayor grado de interacción social (establecimientos educacionales, lugares de trabajo)? ¿Cómo generar conciencia y hacer que otros se muevan para crear ambientes libres de contaminación emocional, donde valoremos a las personas y las ayudemos a tener respeto por sí mismas?

No peco de sinceridad si digo que me gustaría, una vez que termine lo que debo terminar, trabajar comprometidamente por el derecho humano de la salud mental.


Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 12 de mayo de 2015

Sobre el cambio de gabinete

1. Estrategia inteligente

Frente a la pugna interna de la Nueva Mayoría, Michelle Bachelet buscó una solución intermedia y de más bajo perfil para designar a su equipo político. A la Vieja Guardia y a quienes conservan una idea señorial de la política, se les concedió el cambio de todos los ministros del área política, principalmente la salida de Rodrigo Peñailillo, cuya influencia y confianza era cada vez menor. Sin embargo, la Presidenta no recurrió a los cuarteles de invierno de la vieja Concertación para tener a un hombre de peso en Interior o un negociador experto en Presidencia, ni tampoco buscó dejar contentos a los viejos líderes que aún tienen poder de veto en la política de gobierno, sino que nombró a políticos con experiencia previa, sin agenda propia y, en el caso de ambas secretarías generales, con menor edad a la usual en dichos cargos.

Sin estar necesariamente de acuerdo con su nombramiento en Interior -creo que se debe insistir en figuras jóvenes, apostando a la renovación de liderazgos-, Jorge Burgos representa una señal tranquilizadora para todos quienes estaban exaltados, pero sin causar un temor justificado en los sectores reformistas, porque se trata de un político responsable que no va a buscar competir u oponerse a las directrices presidenciales. Da la impresión que, en lugar de decir "esto se hace o no se hace", va a ser quien diga "qué podemos hacer para lograr tal o cual objetivo", lo que se agradece en cualquier gobierno.

Mi duda dice relación con la misma que tengo desde que asumió Bachelet: siendo su programa de gobierno algo muy laxo, ¿qué postura tendrán los ministros políticos frente a la actividad de los reformistas en el Congreso? ¿Van a decir "esto no estaba en el programa, por lo que no se hace" o van a analizar si es un complemento real a la iniciativa de gobierno? El perfil de ambos negociadores -Burgos e Insunza- pareciera ser de la primera línea.


2. No todos pueden ser ministro

Cuando se designó a Peñailillo en Interior, muchos valoraron el hecho de haber elegido a un político joven en lugar de un pánzer experimentado. Además, se trataba de un político de región, hijo de la educación pública de dictadura y cuyos orígenes son más comunes a los de la mayoría de los chilenos. Algo parecido ocurría con Alberto Arenas en Hacienda. Con esto, Bachelet, deliberadamente, buscaba abrir el poder hacia quienes hicieron mérito en el pasado, más que a personas ungidas por los partidos políticos.

No es casual que ambos ministros hayan sido los más buscados desde un comienzo y cuya cabeza puesta en la plaza pública sea motivo de jolgorio en la Bolsa de Comercio. Más allá de los problemas de facturas de Peñailillo y de los gravísimos problemas comunicacionales de Arenas, ambos representaban una forma distinta, más confrontacional y comprometida con las reformas estructurales. Sin que lo hayan dicho, eran la antítesis de la política de los acuerdos, pues les bastaba el apoyo presidencial y la mayoría en ambas cámaras para poder realizar su gestión. No hacían política desde la cocina, lo que se valora mucho; pero pudiendo hacer política más ciudadana, se enfocaron en sus despachos y en la cercanía con la Presidenta. Al final, ambos políticos, los más relevantes en la elaboración del programa, se fueron quedando solos con la Presidenta... y al afectarla, debieron irse.

Independiente de los errores (a veces grotescos) que ambos ex-ministros cometieron, hoy pareciera que para ser ministro no basta el esfuerzo y la confianza presidencial. Hay que pertenecer al círculo del poder, contando con la anuencia de todo el oficialismo (con lo disgregado que es), de toda la oposición y de los poderes fácticos (empresariado, medios de comunicación, etc.). Es correcto, entonces, hablar de clase política.


3. Vuelve la aristocracia económica

Excepcionalmente me voy a auto-citar. Hace varios meses escribí sobre la existencia de una aristocracia económica, en virtud de la cual los Ministros de Hacienda deben ser personas de buena situación social, educación en ciertas universidades estadounidenses, compromiso con la economía social de mercado, nula opinión política, labor esencialmente técnica e interlocutores del gobierno con el sector privado. Alberto Arenas era el primer Ministro de Hacienda que no pertenecía a dicha aristocracia, lo que me parecía importante. Si bien era lógico que tuviese un perfil más confrontacional por su apoyo a reformas muy resistidas por el sector privado, su pésima comunicación con todos los actores políticos terminó haciéndolo caer en desgracia.

Pudiendo ser interesante que la Presidenta designara a otro político en Hacienda, perseverando en la idea de una economía democrática, designó a Rodrigo Valdés, que posee el perfil clásico de un Ministro de Hacienda. Como recién ha asumido, habrá que darle su oportunidad, pero su perfil de investigador y funcionario de instituciones económicas internacionales indica que no va a tener un rol protagónico en las reformas aún no aprobadas, sobre todo la reforma laboral. Esperemos que comunicacionalmente haga lo que no hizo Arenas, pero sería positivo que rompiera con la idea de la aristocracia económica y se comprometiera inteligentemente con reformas rechazadas por una visión bananera de la sociedad.


4. La vaca sagrada

A muchos nos sorprendió que no destituyeran a Nicolás Eyzaguirre de Educación. Ha sido uno de los ministros que más mal ha liderado su labor, pese a que obtuvo la aprobación de una primera fase de la reforma educacional. Si entendemos este cambio como un segundo tiempo de la Administración Bachelet, Educación se merece un segundo tiempo, sobre todo estando pendientes la gratuidad en la educación superior y las reformas propiamente curriculares, pues no se percibe en la ciudadanía que Eyzaguirre tenga la capacidad para liderar con tranquilidad el esfuerzo.

Comentándolo en la mañana con una amiga, ella me señaló una opinión que parece asentada: a Eyzaguirre no lo van a sacar porque si lo sacan es sinónimo de fracaso. Eso mismo decían con Joaquín Lavín en la Administración Piñera... y él sí que era una vaca sagrada, al punto que si lo echaban, era creíble una retirada de la UDI del gobierno... pero se ocultó el fracaso en la forma de un enroque ministerial. ¿Por qué no asumir la necesidad de un segundo aire y sacar a Eyzaguirre, cuyo cambio no significaría la retirada del PPD? Si Bachelet asumió que hubo errores en Interior y en Hacienda, que son ministerios sumamente mediáticos, ¿por qué no asumir los errores en Educación? ¿Miedo a una insurrección estudiantil? ¿Déjà vu de 2006?


5. ¿Democracia? ¡Las pelotas!

Luego del cambio de gabinete, las palabras que más se repetían entre los nuevos ministros políticos, los presidentes de partidos y el empresariado eran "acuerdo", "consenso", "diálogo". Sin duda que las 3 palabras son importantes en todo gobierno, pues tiene que existir siempre un entendimiento de muchas personas para poder ejercer el poder en forma pacífica y razonable. El tema es que también entendemos que no es posible lograr unanimidad en el ejercicio del poder, ni acercarnos siquiera a ella. Por eso es que hemos desarrollado procedimientos de toma de decisión democrática, por los cuales una decisión general requiere de un quórum, con tal que esa decisión no implique pérdida de derechos esenciales de los disidentes. Si existe dicho quórum, un gobierno es sustentable de por sí. Si no existe, se requieren acuerdos mayores con quienes piensan distinto.

La Nueva Mayoría urgió a todos los chilenos a votar por ellos para alcanzar un quórum que le permitiera gobernar y cumplir con su programa. Salvo reformas constitucionales mayores, hoy el oficialismo tiene los votos para desarrollar buena parte de su programa, sin necesidad de entrar en un diálogo desgastante y mentiroso con sectores que no desean las reformas programáticas, como la UDI y buena parte de RN. Sin embargo, como si aún viviéramos en los 90' con el miedo a un golpe de Estado, la NM aspira a los acuerdos con ambos sectores opositores. En otras palabras, la NM no hace uso de la legitimidad democrática para gobiernar y cumplirle a sus electores.

Es verdad que hay que dar señales a la gente que no comulga con el gobierno, pero no por ello se les puede conceder un poder que democráticamente no tienen. No pueden tener un veto en decisiones presidenciales ni afectar decisiones legítimas de un gobierno mayoritario. En este sentido, los nombramientos ministeriales de Burgos en Interior, de Valdés en Hacienda y sobre todo el de Ximena Rincón en Trabajo van en desmedro de las reformas que convencieron a la ciudadanía a votar por Michelle Bachelet.


Como dice mi abuela, ojalá les vaya bonito.

Te lo dice,

R.F.S.K.

jueves, 7 de mayo de 2015

Esto le pasa a Chile

Hace algunas horas, la Presidenta Michelle Bachelet anunció en el especial de televisión "¿Qué le pasa a Chile?" que le había solicitado la renuncia al gabinete en pleno, dándose un plazo de 72 horas para aceptar las renuncias de los ministros y, de acuerdo a sus palabras, "no hacer cosas que resulten más mal".

Siendo todo muy rápido e inesperado, dentro de lo eventual que era un cambio de gabinete, hay una suerte de consenso entre todos los sectores que en el gobierno de Bachelet las cosas se están haciendo mal y que es momento de ajustes. Muy deplorable será la forma en la que esto se hizo -por televisión, en un programa de conversación del canal de propiedad de uno de los partícipes del Caso Caval, sin haber sido informados los partidos de la Nueva Mayoría y en medio del juicio con Bolivia en La Haya-, pero sin duda que, dentro de las pocas medidas que puede tomar Bachelet para enmendar el rumbo, tomó una medida adecuada.

Pero siendo una medida adecuada, hay que ver qué lectura hace la Presidenta de la situación...

A mí modo de ver, esto le pasa a Chile:

1. Hay una crisis de confianza. No es tan necesario explayarse en ello ante todos los casos conocidos. Sin embargo, pareciera resaltarse más la confianza que debe tener el empresariado frente al gobierno que la confianza mutua entre gobernantes (y dentro de ellos, los empresarios) y gobernados. En el primer caso, considerando que las reformas emprendidas por este gobierno son el estándar de los países desarrollados, la desconfianza sólo responde al capitalismo bananero de nuestros empresarios, por lo que sólo debe asegurárseles que las reformas serán hechas mediante procedimientos legales y respetando derechos adquiridos. En el segundo caso, hay algo más grave y que dice relación con la existencia de una democracia aristocrática que ve en la participación ciudadana un riesgo de caos institucional, desechando todo mecanismo de participación directa por atentar contra el recto ejercicio del poder; y así como los políticos desconfían del pueblo, el pueblo no percibe a los políticos como sus pares, sino como una casta de personas educadas en el barrio alto de Santiago y que se reparte el poder de acuerdo a redes clientelistas y de parentesco, ejerciéndolo con soberbia y sin mayores escrúpulos.

¿Cómo ayuda un cambio de gabinete a esta crisis? En un régimen presidencialista, un cambio de gabinete sólo sirve si los ministros tienen agenda propia dirigida a establecer puentes entre gobernantes y gobernados, o si los ministros son obedientes ejecutores de las órdenes presidenciales. Por esto, es muy importante que la primera persona comprometida con establecer estos puentes sea la propia Presidenta. En este sentido, me parece que el compromiso con una reforma constitucional abierta a la democracia y de una reforma laboral que equilibre la relación empleador-trabajador mediante la negociación colectiva son los instrumentos del programa de gobierno a los que deben comprometerse Bachelet y sus futuros ministros. ¿Habrá compromiso real?

2. Hay ingobernabilidad en la Nueva Mayoría. Por más que los presidentes de los partidos nos digan que están todos alineados con el programa de la Presidenta, todos sabemos que hay serios problemas. Existe una Vieja Guardia, compuesta por los protagonistas políticos del Plebiscito de 1988, y una Nueva Guardia, integrada por quienes no tenían derecho a voto para dicho Plebiscito. Hay una pugna permanente entre el progresismo y la alianza histórica del PDC y el PS. Hay sectores aristocráticos en todos los partidos y hay sectores de base que rara vez son escuchados y representados. Hay quienes desean ampliar la Nueva Mayoría al PRO y hay quienes no quieren ver ni en pintura a Marco Enríquez-Ominami. ¡Para qué decir de las diferencias valóricas entre cristianos practicantes y quienes no lo son! En fin, la Nueva Mayoría sigue siendo la misma bolsa de gatos que se desordenó en la Primera Administración Bachelet y que se alineó sólo para volver a La Moneda.

Si bien se puede convivir dentro de la diversidad (prueba de ello son los regímenes parlamentarios, al que creo hay que darle su justa oportunidad en Chile), el problema se ha dado principalmente entre las 2 generaciones de la NM y se ha evidenciado en la crítica o respaldo a Rodrigo Peñailillo. Mientras muchos valoran su lealtad al programa de la Presidenta y su forma menos señorial de la política, otros se enfocan en su inexperiencia y su escaso piso político frente a los partidos políticos. Así, se llegó al extremo de tener como interlocutor político válido a Mahmud Aleuy, representante de la Vieja Guardia en el Consejo Político.

¿Cómo ayuda un cambio de gabinete a la ingobernabilidad? Ratificando a todos los ministros que han combinado buena gestión con lealtad al programa de las 4 reformas estructurales, prescindiendo del cuoteo entre las distintas facciones de los partidos (acá Bachelet se ganaría un jumbito, demostrando que ella tiene el poder de decidir). Mi apuesta en este sentido es que Rodrigo Peñailillo va a dejar Interior (y Aleuy con él), pero tampoco que un peso pesado de la política como Camilo Escalona o Soledad Alvear asuma dicha cartera. Incluso, considerando el respaldo público que tiene como la cercanía con la Presidenta, no me parece descabellado que quien pueda asumir una vez terminados los alegatos de La Haya sea Heraldo Muñoz.

3. No sabemos bien qué quiere el gobierno. Aquí está la madre del cordero. Todos entendemos que la hoja de ruta del actual gobierno, casi como un dogma, es El Programa: si está propuesto en él, debe hacerse; si no está, no hay por qué plantearlo; si se piden definiciones dentro del mismo, no es necesario hacerlas en el momento. Si bien hay declaraciones que no son políticamente neutras ("nueva Constitución", "reforma tributaria para financiar la educación", "reforma laboral pro-sindical", "educación pública, gratuita, de calidad y para todos"), son propuestas indefinidas. Ya hemos visto que las reformas han ido cambiando en su génesis, generalmente en la discusión parlamentaria, pero sin que el gobierno plantee de manera firme su opinión, generándose así reformas cuyos efectos estructurales son más bien tenues o no apuntan necesariamente al objetivo que convenció a la ciudadanía en las elecciones.

El problema es aún mayor cuando se trata de materias extraprogramáticas. Cuando se requieren medidas en algo que no se encuentra dentro del programa, como son las medidas contra la corrupción, se vuelve a la fallida política de las comisiones, dejando que el consenso transversal genere medidas que resulten adecuadas para todos. Cuando ocurre algo que nunca está en los planes de nadie, como los desastres naturales, la población tiene siempre la sensación que no hay nadie a cargo, que se le está ocultando la información y que no existen políticas de prevención.

Aquí sí que no ayuda el cambio de gabinete, pues aunque existan ministros capaces y leales al programa de gobierno, la realidad política en Chile es mucho más disgregada y requiere de una voz de mando que interprete y aclare los puntos del programa que se prestan para vaguedades y frustraciones. Sin esta voz, la ciudadanía tiene hoy día al actual gobierno con una de los rechazos más grandes desde 1990. Aquí se requiere de compromisos, de opiniones, de DECISIONES (con todo el énfasis). Lamentablemente, Michelle Bachelet no entiende que ella es Jefa de Estado Y ADEMÁS de Gobierno, por lo que debe tomar decisiones conforme a sus principios políticos (¿socialistas?) que la orientan en su búsqueda del bien común. En esto, debe decirles a los ministros y a su coalición de gobierno que no da lo mismo cualquier Constitución, que la reforma laboral debe fortalecer a los más desvalidos en la relación laboral, que se eliminará el apartheid educacional integrando a los estudiantes de las distintas ciudades de Chile y que primero está la probidad y transparencia, por sobre las lealtades partidarias y familiares.


Esperemos que, más allá de nuestro apoyo o crítica, el nuevo gabinete de la Presidenta ayude a dar confianza y gobernabilidad, pero más que un cambio de gabinete, Bachelet debe cuestionarse su forma de gobernar. Aún está a tiempo.


Te lo dice,

R.F.S.K.
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