jueves, 16 de abril de 2015

Nota N° 150 (en Facebook)

Estando con licencia, estaba pensando en escribir una opinión sobre la obsesión de Michelle Bachelet de formar comisiones asesoras presidenciales. ¿Mi opinión? Ninguna comisión ha ido en línea con políticas ciudadanas, sólo sirven para hacerle el quite a que la Presidenta dé su opinión y finalmente todas fracasan frente a la deliberación parlamentaria. En resumen, puros saludos a la bandera.

Pero cuando iba a escribir sobre eso, me di cuenta que iba a ser mi nota N° 150 en Facebook, por lo que preferí cambiar el enfoque a algo más relevante y que valga la pena.

Escribir ha sido el mejor indicador de lo que soy y lo que quiero ser. Cuando chico, escribir era lo que me mantenía más cerca de mis amigos y primos, a los que tenía generalmente lejos por mis cambios de ciudad. Después, me aburría tanto en el colegio que mi reacción a bazofia narrativa como "Francisca yo te amo" y "Dónde estás Constanza" era escribir sobre aquellas cosas que no leía (después conocí la obra de Julio Verne y dejé de huevear con mis viajes de papel). Hubo una época en la que aprendí lo entretenido que era escribir diálogos y pequeñas obras de teatro que, ante mi necesidad de destacar, recurrí a ello para validarme. Cuando mejor lo pasé, en la enseñanza media, aproveché mi chispa escribiendo historias tan absurdamente apasionantes como mi idea de Europa descubierta por indígenas americanos en 1491 viajando hacia el oeste (creo que alcanzaron a llegar a Persia cuando lo abandoné... y la idea era hacer que su embarcación desde Medio Oriente a Constantinopla encallara, justo antes que llegaran a Europa) o el relato de un fracaso social que se hizo exitoso en la vida a punta de apostarle al mismo caballo (y sin Teletrak). Con mi partida a EE.UU., aprendí la importancia del e-mail y diseñé mi primer blog para contar todo lo que veía en mi experiencia. En la universidad, el blog pasó de relatar lo que veía a lo que sentía lejos del hogar.

La verdad es que no recuerdo cuándo cambié el enfoque de lo que me ocurría a lo que pienso. Probablemente fue en el contexto de las protestas estudiantiles de 2006, en las que muchos quienes nos tragamos el discurso ciudadano de Michelle Bachelet, despertamos y nos dimos cuenta que habían muchas injusticias anacrónicas y amparadas descaradamente por la Concertación. Era tal la pasión que no podía quedarme con pintar carteles y salir a la calle: tenía que tratar de llegar a esos amigos y conocidos que seguían creyendo en el viejito pascuero, tenía que tratar de explicarle a mis viejos que la lucha no era contra la derecha sino contra la indiferencia, pero sobre todo tenía que expresar en un lenguaje sencillo y cercano lo que innumerables seres con soberbia intelectual dicen con cartas GANTT, estudios de la OCDE y citas de filósofos y sociólogos rimbombantes. Es esto lo que me sigue motivando a escribir.

Es innegable que episodios personales que algunos de ustedes conocen se dejan traslucir en lo que escribo. Buena parte de mi frustración política con la juventud tiene que ver con mis serias diferencias con la Nueva Acción Universitaria. Sin embargo, no lo voy a negar ni ocultar bajo un disfraz de objetividad, como casi todo opinólogo ilustrado lo hace, porque seamos serios: ¿Carlos Peña escribiría en contra de la Iglesia y los cuicos si en la UC no le hubiesen hecho bullying cuando estudió Derecho? En este sentido, creo necesario que todo quien desea expresarse en público debe transparentar ciertas cosas, como su religiosidad, su amor u odio al Estado y quién le paga.

Ahora bien, no le voy a mentir a nadie si digo que me gustaría más escribir sobre otras cosas. Escucho tanta música que escribir sobre la base de canciones es un tema que me gustaría profundizar. Desde que la vieja y querida Turistel nos estafó a mi padre y a mí cuando fuimos a Puerto Saavedra, describiéndolo como un Valparaíso sureño y en miniatura, que quiero escribir la Guía Turísticamente Incorrecta de Chile (en la que recomendaría apasionadamente ir a hacer picnic al río Sal en El Salvador... y diría que visitar Osorno no vale la pena). En mis delirios historiográficos, me daría la paja de escribir sobre la Guerra del Pacífico para escolares sin caer en el chauvinismo tradicional. Ideas sobran, coraje falta, pero sin duda me gustaría mantenerme escribiendo en la forma que actualmente lo hago.

Para terminar, quiero hacerme cargo de un palo recurrente de algunos de ustedes. Creyendo en mis capacidades para enviar mis columnas a medios establecidos, por ahora no deseo hacerlo. ¿La razón? El amateurismo y la adhesión al escudo, como diría Jorge Sampaoli: pocas veces planteo ideas diferentes de las que cualquiera puede leer en un diario, pero lo mismo que dicen otros, lo digo de una manera simple, desformalizada y sin conflictos de interés. Amo poder tirar indirectas, mandarme un par de chuchadas y hacer alusiones futbolísticas o musicales. Me carga citar pensadores, conceptos de teoría política o estadísticas. Sin embargo, en el establishment no se aprecia lo que yo considero como sincero y agradable de leer. Espero, de alguna manera, hacer que eso cambie en beneficio de las personas que trabajan 24/7 y merecen pensar.

Mi deseo es poder publicar lo que pienso sobre la sociedad, tal y cual soy. Gracias por permitirme hacerlo.

Como de costumbre, te lo dice,

R.F.S.K.
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