martes, 14 de abril de 2015

Quiérelos, son los ancianos

Ricardo Lagos (77) está siendo sondeado como un posible candidato presidencial de la Nueva Mayoría. Se ha mencionado a José Miguel Insulza (71) como un ideal Ministro del Interior en caso de haber cambio de gabinete. En el Partido Socialista, se disputan la presidencia Isabel Allende (70) y Camilo Escalona (59). Por el lado de la Alianza, el candidato que corre con mayor ventaja es Sebastián Piñera (65), mientras que la UDI acaba de elegir como presidente a Hernán Larraín (67).

Todos los mencionados eran políticos emergentes o, a lo menos, dirigentes estudiantiles en 1973. Todos ellos participaron activamente en uno u otro bando político. Todos ellos sufrieron o se beneficiaron de las consecuencias del golpe de Estado. Todos ellos participaron en el restablecimiento de la democracia. A todos ellos los hemos visto rotándose entre el Gobierno, el Congreso o la dirección política de sus respectivos partidos durante los últimos 25 años. Ahora, todos ellos se encuentran en posición de incidir decisivamente en el Chile de los próximos cinco o diez años.

Sí, la cuestión de la edad es un tema bien relativo. Un profesor, defendiendo la posición de la experiencia en la política, destacaba que tres de los políticos más determinantes e innovadores de la segunda mitad del Siglo XX fueron personas de edad: Konrad Adenauer (73 al asumir) en Alemania Federal, Deng Xiaoping (74) en China y Ronald Reagan (69) en EE.UU. Desde la misma posición, podríamos decir que la visión anacrónica de nuestra actual Constitución proviene de un joven abogado: Jaime Guzmán (27 al comienzo de la Comisión Ortúzar).

Sin embargo, no vamos a comparar a Lagos o a Escalona con Adenauer o Deng. Estos últimos rompieron con dogmas políticos del pasado para replantear a sus repúblicas fruto de procesos traumáticos como el régimen nazi o el régimen maoísta. En cambio, los viejos zorros de la política chilena se encuentran atados a las lógicas políticas de la tercera vía, de la democracia de los acuerdos y de la economía social de mercado, planteando desde estos lugares perdidos a comienzos de los 90' sus riesgos a reivindicaciones ciudadanas que, de acuerdo a estudios serios y experiencias internacionales equivalentes, se hacen necesarias como sinónimo de justicia. Son, por tanto, fuerzas políticas que responden a otra época y otros desafíos.

Estos políticos, de acuerdo a las formas en las cuales ejercieron la democracia, actúan como consejo. En este sentido, es fresca la imagen del acuerdo por la reforma tributaria hecho en "la cocina" de Andrés Zaldívar (79), donde pareciera que los políticos de experiencia se sientan a debatir con mayor relajo y haciendo prevalecer el roce social y los contactos familiares por sobre la necesidad política de las medidas a adoptar. Este carácter corporativo y transversal de los políticos de experiencia se ha verificado, en general, ante cualquier atisbo de reforma estructural: a regañadientes aceptan la idea de una nueva Constitución, negándose en bloque a la idea de una asamblea constituyente; hacen presente sus reparos a reivindicaciones que en el pasado algunos de ellos hacían, como el fortalecimiento de la negociación colectiva y de la educación pública; pero, sobre todo, hablan de un clima de "crispación" cuando lo que en realidad hay es un ejercicio de poder de una mayoría, con la enfática diferencia de una minoría.

El problema serio que se presenta es que el consejo de ancianos tiene mucho poder. Tanto poder que hoy ha resquebrajado a ambos bloques políticos, al punto que podemos hablar tranquilamente de una lucha generacional. Mientras la Presidenta Bachelet ha tratado de apoyarse en políticos con menos traumas a la hora de plantear reformas estructurales, la vieja guardia de la Concertación no ha tenido reservas para criticar la gestión liderada por Rodrigo Peñailillo y preferir como voz autorizada a Mahmud Aleuy, su representante en las altas esferas de gobierno. Cuando se proponen las reformas en el seno del Congreso, es la fuerza conservadora del Senado la que atenúa medidas redistributivas de la reforma tributaria y sancionadoras de la mala administración escolar. En los propios partidos políticos también puede verse esto, con el ejercicio de poder tras las sombras de políticos como Camilo Escalona en el PS, Gutenberg Martínez (64) en la DC y Jovino Novoa (70) en la UDI, quienes han sabido con experiencia restringir el ascenso de políticos de menor edad y que buscan interpretar los principios de sus partidos en un contexto actual.

Me parece grave para la convivencia de nuestra sociedad que seamos gobernados por este consejo de ancianos. Seguimos gobernados por la visión política de una sociedad antidemocrática, que ve en el voto a la única forma de participación política de la ciudadanía y que ve una retroexcavadora en el legítimo ejercicio de las mayorías electas. Seguimos gobernados por personas con un trauma permanente de ver a la gente marchando por la calle exigiendo lo que les parece justo. Seguimos gobernados por políticos que se sienten cómodos en una posición que nunca van a perder por una defensa corporativa de sus pares, que usualmente son amigos o familiares, teniendo la libertad de hacer y deshacer sin tener que responder ante la ciudadanía por ello.

Seguimos gobernados por el peso de un ayer del que no somos responsables.

(Ahora, ¿hay alternativas? Queda para una próxima columna)


Te lo dice,

R.F.S.K. (28)
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