jueves, 7 de mayo de 2015

Esto le pasa a Chile

Hace algunas horas, la Presidenta Michelle Bachelet anunció en el especial de televisión "¿Qué le pasa a Chile?" que le había solicitado la renuncia al gabinete en pleno, dándose un plazo de 72 horas para aceptar las renuncias de los ministros y, de acuerdo a sus palabras, "no hacer cosas que resulten más mal".

Siendo todo muy rápido e inesperado, dentro de lo eventual que era un cambio de gabinete, hay una suerte de consenso entre todos los sectores que en el gobierno de Bachelet las cosas se están haciendo mal y que es momento de ajustes. Muy deplorable será la forma en la que esto se hizo -por televisión, en un programa de conversación del canal de propiedad de uno de los partícipes del Caso Caval, sin haber sido informados los partidos de la Nueva Mayoría y en medio del juicio con Bolivia en La Haya-, pero sin duda que, dentro de las pocas medidas que puede tomar Bachelet para enmendar el rumbo, tomó una medida adecuada.

Pero siendo una medida adecuada, hay que ver qué lectura hace la Presidenta de la situación...

A mí modo de ver, esto le pasa a Chile:

1. Hay una crisis de confianza. No es tan necesario explayarse en ello ante todos los casos conocidos. Sin embargo, pareciera resaltarse más la confianza que debe tener el empresariado frente al gobierno que la confianza mutua entre gobernantes (y dentro de ellos, los empresarios) y gobernados. En el primer caso, considerando que las reformas emprendidas por este gobierno son el estándar de los países desarrollados, la desconfianza sólo responde al capitalismo bananero de nuestros empresarios, por lo que sólo debe asegurárseles que las reformas serán hechas mediante procedimientos legales y respetando derechos adquiridos. En el segundo caso, hay algo más grave y que dice relación con la existencia de una democracia aristocrática que ve en la participación ciudadana un riesgo de caos institucional, desechando todo mecanismo de participación directa por atentar contra el recto ejercicio del poder; y así como los políticos desconfían del pueblo, el pueblo no percibe a los políticos como sus pares, sino como una casta de personas educadas en el barrio alto de Santiago y que se reparte el poder de acuerdo a redes clientelistas y de parentesco, ejerciéndolo con soberbia y sin mayores escrúpulos.

¿Cómo ayuda un cambio de gabinete a esta crisis? En un régimen presidencialista, un cambio de gabinete sólo sirve si los ministros tienen agenda propia dirigida a establecer puentes entre gobernantes y gobernados, o si los ministros son obedientes ejecutores de las órdenes presidenciales. Por esto, es muy importante que la primera persona comprometida con establecer estos puentes sea la propia Presidenta. En este sentido, me parece que el compromiso con una reforma constitucional abierta a la democracia y de una reforma laboral que equilibre la relación empleador-trabajador mediante la negociación colectiva son los instrumentos del programa de gobierno a los que deben comprometerse Bachelet y sus futuros ministros. ¿Habrá compromiso real?

2. Hay ingobernabilidad en la Nueva Mayoría. Por más que los presidentes de los partidos nos digan que están todos alineados con el programa de la Presidenta, todos sabemos que hay serios problemas. Existe una Vieja Guardia, compuesta por los protagonistas políticos del Plebiscito de 1988, y una Nueva Guardia, integrada por quienes no tenían derecho a voto para dicho Plebiscito. Hay una pugna permanente entre el progresismo y la alianza histórica del PDC y el PS. Hay sectores aristocráticos en todos los partidos y hay sectores de base que rara vez son escuchados y representados. Hay quienes desean ampliar la Nueva Mayoría al PRO y hay quienes no quieren ver ni en pintura a Marco Enríquez-Ominami. ¡Para qué decir de las diferencias valóricas entre cristianos practicantes y quienes no lo son! En fin, la Nueva Mayoría sigue siendo la misma bolsa de gatos que se desordenó en la Primera Administración Bachelet y que se alineó sólo para volver a La Moneda.

Si bien se puede convivir dentro de la diversidad (prueba de ello son los regímenes parlamentarios, al que creo hay que darle su justa oportunidad en Chile), el problema se ha dado principalmente entre las 2 generaciones de la NM y se ha evidenciado en la crítica o respaldo a Rodrigo Peñailillo. Mientras muchos valoran su lealtad al programa de la Presidenta y su forma menos señorial de la política, otros se enfocan en su inexperiencia y su escaso piso político frente a los partidos políticos. Así, se llegó al extremo de tener como interlocutor político válido a Mahmud Aleuy, representante de la Vieja Guardia en el Consejo Político.

¿Cómo ayuda un cambio de gabinete a la ingobernabilidad? Ratificando a todos los ministros que han combinado buena gestión con lealtad al programa de las 4 reformas estructurales, prescindiendo del cuoteo entre las distintas facciones de los partidos (acá Bachelet se ganaría un jumbito, demostrando que ella tiene el poder de decidir). Mi apuesta en este sentido es que Rodrigo Peñailillo va a dejar Interior (y Aleuy con él), pero tampoco que un peso pesado de la política como Camilo Escalona o Soledad Alvear asuma dicha cartera. Incluso, considerando el respaldo público que tiene como la cercanía con la Presidenta, no me parece descabellado que quien pueda asumir una vez terminados los alegatos de La Haya sea Heraldo Muñoz.

3. No sabemos bien qué quiere el gobierno. Aquí está la madre del cordero. Todos entendemos que la hoja de ruta del actual gobierno, casi como un dogma, es El Programa: si está propuesto en él, debe hacerse; si no está, no hay por qué plantearlo; si se piden definiciones dentro del mismo, no es necesario hacerlas en el momento. Si bien hay declaraciones que no son políticamente neutras ("nueva Constitución", "reforma tributaria para financiar la educación", "reforma laboral pro-sindical", "educación pública, gratuita, de calidad y para todos"), son propuestas indefinidas. Ya hemos visto que las reformas han ido cambiando en su génesis, generalmente en la discusión parlamentaria, pero sin que el gobierno plantee de manera firme su opinión, generándose así reformas cuyos efectos estructurales son más bien tenues o no apuntan necesariamente al objetivo que convenció a la ciudadanía en las elecciones.

El problema es aún mayor cuando se trata de materias extraprogramáticas. Cuando se requieren medidas en algo que no se encuentra dentro del programa, como son las medidas contra la corrupción, se vuelve a la fallida política de las comisiones, dejando que el consenso transversal genere medidas que resulten adecuadas para todos. Cuando ocurre algo que nunca está en los planes de nadie, como los desastres naturales, la población tiene siempre la sensación que no hay nadie a cargo, que se le está ocultando la información y que no existen políticas de prevención.

Aquí sí que no ayuda el cambio de gabinete, pues aunque existan ministros capaces y leales al programa de gobierno, la realidad política en Chile es mucho más disgregada y requiere de una voz de mando que interprete y aclare los puntos del programa que se prestan para vaguedades y frustraciones. Sin esta voz, la ciudadanía tiene hoy día al actual gobierno con una de los rechazos más grandes desde 1990. Aquí se requiere de compromisos, de opiniones, de DECISIONES (con todo el énfasis). Lamentablemente, Michelle Bachelet no entiende que ella es Jefa de Estado Y ADEMÁS de Gobierno, por lo que debe tomar decisiones conforme a sus principios políticos (¿socialistas?) que la orientan en su búsqueda del bien común. En esto, debe decirles a los ministros y a su coalición de gobierno que no da lo mismo cualquier Constitución, que la reforma laboral debe fortalecer a los más desvalidos en la relación laboral, que se eliminará el apartheid educacional integrando a los estudiantes de las distintas ciudades de Chile y que primero está la probidad y transparencia, por sobre las lealtades partidarias y familiares.


Esperemos que, más allá de nuestro apoyo o crítica, el nuevo gabinete de la Presidenta ayude a dar confianza y gobernabilidad, pero más que un cambio de gabinete, Bachelet debe cuestionarse su forma de gobernar. Aún está a tiempo.


Te lo dice,

R.F.S.K.
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