jueves, 30 de julio de 2015

"No se puede, porque afecta el empleo..."

Cada vez que leo esta frase de algún empresario o político frente a alguna reforma económica, sobre todo la reforma laboral que se encuentra en discusión, en mi cabeza comienza a sonar "Spanish Flea" de Herb Alpert & the Tijuana Brass, la canción de Benny Hill o la voz de la profesora de Charlie Brown. Poco me importa lo que pueda decir después, incluso si sugiere una propuesta económica interesante.


Todo parte del relato mítico del emprendimiento y de las grandes riquezas de este país...

Un día, Fulano, un joven de grandes ideas y corazón puro tuvo una gran idea. La trabajó, la trabajó y la trabajó, contra viento y marea, hasta que se hizo de mucho dinero. Un día, al ver que le sobraba el dinero, tuvo otra epifanía y pensó en toda la gente pobre pero capaz para ayudarlos a que fueran como él, y en un acto divino, decide darles una dádiva especial a cambio a que lo ayuden a ganar más dinero. Para que estos pobrecitos puedan cumplir sus sueños y tener su DFL 2 y su Corsa, es importante que haya un clima de familia, donde todo se rija de acuerdo a las buenas intenciones y la responsabilidad.

Pero cuando los rojos, esos seres perversos sin D's ni ley y que ven conflicto en todo, llegan al poder, le ponen a Fulano una serie de condiciones para funcionar: contrato de trabajo, jornada, sueldo mínimo, sindicatos, negociación colectiva, derechos sociales... ¡incluso tienen vacaciones! ¿Cómo va a poder Fulano ayudarles a todos esos pobrecitos a cumplir sus sueños si tiene que dejarlos libres 3 semanas al año y con goce de sueldo? ¿No será mucha imposición a Fulano que tenga que dialogar con personas que lo ven como un jefe y no como un padre? Como el tenerlos trabajando para él no le reportaba más dinero, el pobre Fulano tuvo que dejar partir a cientos de ellos, con el dolor de su alma y sin que él lo hubiese querido. Y como Fulano, cientos de almas bondadosas le dijeron adiós a sus pobrecitos, todo para que sus utilidades anuales se mantuvieran estables, utilidades con las que cada persona puede cumplir sus sueños y con las que Chile crece.

Si, amigos, en el relato empresarial digno de Charles Dickens no existe la especulación, la elusión/evasión tributaria, la información privilegiada, el tráfico de influencias, las colusiones, las herencias ni menos las privatizaciones irregulares. Es todo fruto de un esfuerzo titánico que merece el máximo de nuestros respetos y, por ello, no es admisible afectarlo a través de imposiciones populistas.


Yo no estoy de acuerdo con este relato y creo que negarse a reformas laborales/sociales en base a la excusa del empleo es de los peores dogmas que mantenemos en nuestra sociedad.


1. Porque le falta el respeto a la dignidad del trabajador.

Cuando el empresariado postula la imagen de crear empleos como labor sagrada, los trabajadores quedan relegados a la imagen del buen salvaje de Jean Jacques Rousseau; como personas que viven en un estado de naturaleza, sin noción de la realidad, sin desarrollo intelectual pero con buenas intenciones. No existe nada sobre los talentos propios del trabajador, ni su vocación, ni su experiencia previa. Nada. Es el iluminado frente al alumno (en su acepción de "sin luz"), lo cual responde a una lógica de subestimación que no valora en nada el aporte que el trabajador entrega en forma personal o colectiva, que no protege la idea de realización personal que existe tras el fenómeno del trabajo y que nada dice de la reciprocidad que existe entre ambas partes.

Peor aún. Existiendo una reforma laboral que busca mejores condiciones de diálogo entre los sujetos de la relación de trabajo, el empresariado ha manifestado que, como no le parece conveniente, es altamente probable que se vea afectado el empleo. En lugar de plantear fórmulas alternativas de protección del empleo, plantea desprotegerlo en base a que un número de trabajadores constituirá un costo. ¡Vaya ironía!

Ambos aspectos no hacen más que demostrar la existencia latente del conflicto laboral y la necesidad de institucionarlo a través de sindicatos con poder de negociación y un procedimiento que favorezca el diálogo más que la sordera.


2. Porque es una forma institucionalizada de chantaje.

Al decirle al gobierno y al Congreso que, de ser aprobada la reforma laboral, habrá menos empleos, se produce un escenario de profecía autocumplida, sobre todo partiendo de la base que la decisión de contratar y despedir es privativa y arbitraria del empleador, y que la propia ley establece obligaciones a empresas con un cierto número de trabajadores. Considerando que las organizaciones de empresarios están haciendo propaganda para que la gente le exija a sus legisladores que rechace la reforma, es probable que varios senadores y diputados se vean presionados por la responsabilidad pública de no quedar como los políticos que generaron despidos masivos.

Frente a esto, es importante que las personas dejemos de aceptar el discurso oficial. Es verdad que cada empresario busca su beneficio personal, pero el empresariado, como conjunto de personas de las que depende la generación de trabajo asalariado, tiene una responsabilidad frente a todos, la cual es garantizar empleabilidad y dignidad. Amenazar con afectar ambos aspectos por no estar de acuerdo con un proyecto de ley es irresponsable e inmoral.


3. Porque refleja una filosofía mediocre de parte de nuestros emprendedores.

Si se da una crisis económica y los precios suben más que los sueldos, el común de las personas prioriza entre los productos indispensables, y si las diferencias son muy altas, se hacen todos los esfuerzos necesarios para que a la familia no le falte nada, ya sea trabajar en dos partes, vender bienes suntuosos o ver mejores opciones de trabajo. Todo sea para que quienes no se vean afectados por las variables económicas sean las personas.

En cambio, los dirigentes empresariales reiteran una y otra vez que, de ser aprobada la reforma laboral actual, se va a afectar el empleo. No existe en el discurso ninguna intención de hacer un esfuerzo en favor de los trabajadores ni de la estabilidad económica e institucional del país. No, lo primero que se ve afectado son los empleos, es decir, los trabajadores y sus familias. El dinero por sobre las personas y las ganancias por sobre el esfuerzo.


Estamos en la B.


Te lo dice,

R.F.S.K.

lunes, 27 de julio de 2015

La izquierda: Desaparecida en acción

En medio de la crisis de confianza por los casos de financiamiento ilegal de la Alianza y la Nueva Mayoría, frente a los intentos infructuosos de mostrar unidad en ambas coaliciones y con un gobierno cuyo compromiso con las reformas estructurales está hipotecado, yo me pregunto -y quiero que me respondan-, ¿dónde está la izquierda que avanza y que no transa?

Un columnista destacado de emol.com dirá que está en el gobierno, que comen guaguas, se coluden con los delincuentes y bla bla bla. Más allá de la liviandad del comentarista de redes sociales, algo tiene de razón esta aseveración porque al incorporar al Partido Comunista, al MAS y a la Izquierda Ciudadana, la existencia de la Nueva Mayoría desarticuló cualquier intento unitario de La Izquierda -esa entelequia unitaria e inexistente pero poderosamente romántica para atribuirle poder a un sector que no lo tiene-. Lo que es peor, incorporó de manera vaga -"Nueva Constitución", "educación gratuita y de calidad para todos", "no más abusos", etc.- buena parte de las reivindicaciones claves de la izquierda para ganarse el apoyo del sector de la sociedad que salió a la calle durante el gobierno de Sebastián Piñera. Con ello, la NM le dijo al ciudadano descontento con el sistema que esta nueva coalición los representa también y que tienen algo que no tienen otros partidos de izquierda como el Partido Humanista, el PRO o el Partido Igualdad -aparte de plata-: representatividad en el Congreso. En definitiva, la vieja Concertación recuperó el poder con la fagocitación de la izquierda. 10-4.

Otras personas, más escépticas, dirán que en realidad el PC, el MAS y la IC se vendieron por cuatro chauchas, dejaron de comer en Franklin para almorzar en el Liguria y que hoy no representan a La Izquierda, la cual hoy se ha reducido únicamente a movimientos sociales sin aspiración electoral. También tienen algo de razón, no por el permanente buen gusto culinario del militante comunista, sino porque las propuestas que podrían haber aportado los tres partidos antes mencionados han sido efectivamente moderadas por la Democracia Cristiana, pero aún más por la pataleta empresarial de los últimos meses. Con el realismo sin renuncia, la Nueva Mayoría terminó por confirmarnos que es lo mismo que la Concertación: una fuerza románticamente progresista pero religiosamente moderada. Además, la cooptación de los movimientos sociales no ha estado operando: los estudiantes siguen opuestos a la reforma planteada por el gobierno, el magisterio está quebrado ante la reforma en materia docente y los movimientos sindicales han mostrado su fuerza cuando han podido hacerlo, como en el Servicio de Aduanas, los puertos pesqueros y actualmente en El Salvador.

Pese a concordar en parte con ambas posturas, soy de la idea triste y real que, por ahora, La Izquierda está desaparecida en acción. Carnaza y sin anestesia.

1. Porque todos la evaden. Pareciera ser que asumirse de izquierda hoy está mal. Hoy la Nueva Mayoría privilegia la estabilidad emocional del sistema -no podría llamarle de otra manera- a la realización de reformas prometidas y necesarias para el país. El PC privilegia su alianza con los partidos de centroizquierda, pese a sus fintas de salir a la calle. Los demás partidos como el PRO, el PH e Igualdad son inexistentes y ni siquiera buscan posicionarse como representantes de un sector que quedó huérfano; y si bien existe la figura política de Marco Enríquez-Ominami, éste juega a la vaguedad para que la NM lo apoye en las próximas presidenciales. Los movimientos sociales se preocupan cada uno de su causa, pero no existe coordinación ni identificación real con un proyecto político.

2. Porque no hay iniciativa. Existiendo una seria crisis de confianza que afecta a las dos coaliciones mayoritarias, La Izquierda podría mostrar que tiene la altura moral de resolver la relación entre la política y la gente, pues nunca ha estado en el poder y no tiene mayores conflictos de interés. Sin embargo, ningún grupo ha sido capaz de aprovecharse de la coyuntura y ganarse la confianza que Alianza y NM han perdido. En estos últimos días la NM confesó que no cumplirá con El Programa, ¿existe algún partido o grupo de partidos que quiera formar gobierno para poder cumplir de verdad con una nueva Constitución, una educación gratuita y de calidad y creación de trabajos dignos? No. No existe.

3. Porque no hay líderes. Hoy no existe nadie que dentro de los propios movimientos sociales o de los ínfimos partidos extraparlamentarios que desee reunir a los descontentos con el sistema, plantearse responsablemente al resto de la ciudadanía y que busque articular una coalición y un programa de gobierno. No hay una persona que sepa convertir el descontento y frustración como Alexis Tsipras en Grecia. No hay posibilidad alguna de un Frente Amplio uruguayo -en mi opinión, la mejor formación de izquierda posible-. Tenemos puras bases sedientas de justicia social, pero para ellas, líder es sólo un supermercado.


A modo de conclusión, quiero recordarles a quienes les interese el tema que, en 2013, las 4 candidaturas de izquierda (Claude, Miranda, Enríquez-Ominami y Sfeir), todas candidaturas que planteaban fuertes reformas estructurales, sumaron un 17,37%. Nadie se ha hecho cargo de convertir este apoyo en un proyecto sólido y de futuro.

Te lo dice

R.F.S.K.

martes, 21 de julio de 2015

Idea loca N° 4: Solidaridad deportiva

Hace un tiempo me preguntaba por qué el Estado tiene que financiar o participar del deporte. Entiendo que el deporte es importante para todos en la medida que nos ayuda a tener una vida más saludable, pero si ese es el fin, el Estado debería financiar estadios, piscinas, velódromos o gimnasios públicos para que las escuelas y el público en general los pueda utilizar, y formar instructores que permitan la práctica de los distintos deportes. Lo demás, como financiar a los deportistas olímpicos o (la brillantísima idea de) subsidiar entradas para el Mundial de Fútbol Sub-17, sería distraer fondos de aspectos más relevantes para la búsqueda de la felicidad.

Viendo los Juegos Panamericanos de este año, he ido cambiando mi parecer. Pensaba por ejemplo en la marcha, aquel deporte macabro en el que además de ritmo, resistencia y velocidad, hay que mantener permanentemente un pie en el suelo: hay que ser una persona tremenda para lograr ganar una marcha sin que se te vayan los dos pies arriba intentando acelerar. Y como la marcha, hay distintos deportes en que gente se convence de un sueño en base al talento y la perseverancia; logrando luchar contra el estigma social, la falta de recursos y las propias limitaciones; consiguiendo después de largas jornadas de ocho horas movimientos perfectos; brillando ante los ojos no sólo de los chilenos sino del mundo y diciéndonos con cada medalla o récord que se puede.

No se trata de ese objetivo de supremacía racial de comienzos del Siglo XX, de la hegemonía que buscaban las superpotencias en la Guerra Fría, ni tampoco se trata de colocar a un país poco conocido en el mapa. Se trata que al triunfar, el deportista nos dice que trabajando de manera perseverante los talentos propios, se puede alcanzar cualquier meta, no importando si se es blanco, indio, alto, chico, feo, rubio, pobre, rico, del este, del oeste o ateo. Si el deportista, que es de mi misma comunidad y se ríe y llora igual que yo, pudo lograrlo, ¿por qué yo no?

Es esta pregunta motivacional es la que la sociedad entera, partiendo por el Estado, debe ayudar a instigar en todos nosotros, aportando al financiamiento y entrenamiento de los distintos deportes, pero también a su difusión, pues de poco sirve tener deportistas que triunfan en competencias importantes si los medios de comunicación chilenos no enfatizan sus logros y si las organizaciones deportivas no aprovechan de llevar la práctica de sus respectivas disciplinas a las escuelas y los barrios.

Ahora bien, todos estamos conscientes de los permanentes problemas que tienen los deportistas olímpicos chilenos, que van desde tener dirigentes deportivos corruptos, pasando por el nulo apoyo de la sociedad chilena -no sólo el Estado, las empresas y nosotros como hinchada también-, hasta la existencia de incomprensión por el profesionalismo de la actividad deportiva. Lamentablemente, estos problemas se han visto acrecentados cuando vemos que el único deporte autónomo en su práctica y su difusión -el fútbol- recibe del Estado y las grandes empresas aportes en millones de dólares que no se justifican. Lo del subsidio a las entradas del Mundial Juvenil y sobre todo lo del centro de entrenamiento de la selección chilena son aportes descarados y que bien los puede financiar la ANFP con las siderales ganancias del CDF, además de los auspicios.

Por esto es que mi idea loca es proponer que una parte de las ganancias del fútbol vaya dirigido a los demás deportes organizados.

Se me ocurren algunos mecanismos:

  • Que un porcentaje de los auspicios de la selección y los campeonatos profesionales -Scotiabank no está ahí por la buena onda- vaya en favor del COCH o de ADO Chile;
  • Que el CDF se convierta en un canal de distintos deportes y que aporte parte de sus utilidades a los deportes que transmite -lo que no sería malo, porque mataría dos pájaros de un tiro: financiamiento y difusión-;
  • Que un porcentaje de la entrada para un partido de fútbol vaya a favor de los deportistas de la región en la que se encuentra el equipo;
  • Que un porcentaje del valor recibido por un club chileno por el pase de un jugador vendido ya sea a otro club chileno o al extranjero deba aportarlo a dicho fondo común, de modo que las grandes ventas al extranjero o los precios inflados que se pagan en el mercado interno generen una externalidad positiva;
  • Que la indumentaria deportiva del Team Chile se negocie conjuntamente con la de la selección de fútbol, de manera que el pago que la empresa efectúe sea hecho a todos los deportes, beneficiándose el conjunto de los deportistas y pudiendo la gente aportar indirectamente comprando las camisetas o vestuario de los distintos deportes.


Ah... y otra cosa. Como el fútbol se fue hace rato de la televisión abierta y aprovechando que se estableció la obligación de una franja cultural en horario prime, debería establecerse una franja deportiva nacional en horarios visibles para la gente en todos los canales. Al tener 6 canales obligados a transmitir deporte nacional distinto del fútbol, la gente va a tener la oportunidad de ver en acción y en sus circuitos habituales a gimnastas, boxeadores, atletas, nadadores, ciclistas, entre otros.

Si les gustó, pidan hora con Natalia Riffo y con Sergio Jadue para hablarles de solidaridad deportiva.

Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 14 de julio de 2015

Pico en el ojo (con el perdón de las damas lectoras)

Sí, un pico en el ojo es el que nos metió Michelle Bachelet el día de hoy en el simpático programa radial de Felipe Bianchi y compañía de la Radio Universo.

La cosa es así.

En el contexto del "realismo sin renuncia" -equivalente político del "ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario" de Claudio Borghi-, el gobierno ha comenzado a explicitar su mea culpa frente al proceso de reformas y cómo va a tratar de cumplir su palabra en la medida que el crecimiento económico y la tranquilidad empresarial así lo permitan. Por ejemplo, la Ministra de Educación, Adriana Del Piano, ha debido recular en la propuesta de gratuidad al 60% de estudiantes de menores ingresos en instituciones de educación superior acreditadas y sin fines de lucro en 2016, limitándola a las universidades del Consejo de Rectores. Ya se sabe que el gobierno no va a mantener la reforma laboral tal y como se presentó, quedando pendiente ver qué aspectos quedan fuera. También está claro que la reforma tributaria de la cocina de Andrés Zaldívar tendrá que ser revisada, quedando la duda si esta revisión será en sede administrativa o en otra cocina.

En materia constitucional, por su parte, la Presidenta planteó que el proceso constituyente -al que, recordemos, ella misma se obligó hace menos de dos meses- se realizará de manera participativa, a través de consultas y cabildos con las organizaciones sociales, sin carácter vinculante y sin plebiscitos en su generación. Frente a la pregunta del plebiscito y un supuesto temor, ella señaló: "¿Sobre qué? Uno tiene primero que discutir lo que la gente quiere, los contenidos. Cambiemos la Constitución puede ser, pero para qué, cambiarla de qué, qué parte".

Un bachelover, de esos que ya compraron el dominio web www.bachelet2022.cl, me dirá que estoy siendo machista, porque ella ha sido sumamente clara en no favorecer una asamblea constituyente, sino que simplemente se debe cambiar la Constitución de forma democrática, que las asambleas constituyentes son fuente de problemas y que hay que trabajar unidos contra la deressshhha en 2017. Es verdad, Bachelet no es tonta y se ha movido en materia constitucional -y en todas las otras áreas de reforma- de manera muy inteligente: hay que proponer cambio, pero dejando felices a todos, sin comprometerse en asuntos escabrosos y evitando mostrar miedo a la ciudadanía desorganizada y al empresariado perverso. El proceso constituyente, en el que todos pueden hablar, pero nadie corta el queque, es lo más ilustrativo de esta política lumami.

Sin embargo, hay que ser responsable y hacerse responsable de lo que se ofrece.

Con la misma coalición a la que Chile le dijo que no en 2010, Bachelet decide proponer un nuevo trato en todas las áreas que "la ciudadanía" -esa entelequia más indeterminada que Boy George y menos representativa que selección chilena de polo- le hizo la contra al gobierno de Sebastián Piñera. Si la Concertación nunca había sido radical en temas constitucionales, educativos o laborales, ahora la Nueva Mayoría -una creación original como Ricky Mouse y el Pato Ronald- lo sería para ganarse la confianza del entramado social que había dejado de apoyarla después de muchos años de ponerle el dedo en la boca. La NM le calentó el mate a todos los que salieron a la calle entre 2010 y 2013, asegurándole que sus metas eran idénticas y que los representaría efectivamente. Muchos, miles, MILLONES le creyeron no sólo a Bachelet, sino a políticos frígidos como los príncipes de la DC o los ex-MAPU que hablaban de nueva Constitución con el dolor de su alma. Con el mismo dolor, deben hacerse cargo de ello.

La historia cuenta que todos estos intentos de aleonamiento ciudadano desde grupos moderados terminan pésimo. El Partido Socialdemócrata de Alemania prometió por décadas las reformas sociales que el pueblo se merecía frente a una aristocracia muy tradicional que gobernaba, llegando al punto de motivar una revolución aún en plena Primera Guerra Mundial, pero una vez en el poder tras la abdicación del Kaiser Guillermo II, se volvieron en contra de los revolucionarios, persiguiéndolos con la ayuda de grupos paramilitares fascistas con tal de mantener el orden. Juan Domingo Perón, mientras estuvo exiliado, recibió a todo tipo de luchadores sociales -como Bombita Rodríguez- y apoyó a grupos armados con tal de agrandar su base de apoyo y cimentar su regreso a Argentina, pero de vuelta en la Casa Rosada, se dio cuenta que lo que le pedían grupos como los Montoneros era demasiado y ajeno a lo que realmente proponía, por lo que en un discurso grandilocuente frente a la multitud, los expulsó de la Plaza de Mayo, simbolizando que ya no los necesitaba y que prefería gobernar con grupos que, años después, perseguirían políticamente a las fuerzas de izquierda. Y en Chile no estamos lejos si consideramos que Gabriel González Videla terminó persiguiendo al Partido Comunista, partido con el que él mismo buscó que el Partido Radical se aliara y sin el cual él no habría obtenido la elección en Congreso Pleno.

La NM aleonó a un grupo relevante y hoy día, ante un clima enrarecido no por sus propuestas sino por su mala gestión, les dice que no puede hacerse cargo de su programa. Eso habla pésimo de toda una campaña que, más que buscar hacer justicia social, lo único que buscaba era restaurar en el poder a un grupo que se achanchó durante 20 años y que mantiene su soberbia frente a la ciudadanía y la oposición. Tan soberbios son que no confían en la democracia para poder generar un acuerdo social representativo de todos, planteando una Constitución tan democrática como la de Pinochet, con la única atenuante que la NM no nos tiene una metralleta en la raja para votar.

Espero que este momento sea un ejemplo para todos los ingenuos que siguen creyendo en el Viejo Pascuero y se den cuenta que no se puede confiar en una coalición tradicional de centroizquierda, tenga el nombre que tenga. ¿Tenemos alguna alternativa mejor? Eso lo podemos conversar...

Te lo dice,

R.F.S.K.

domingo, 12 de julio de 2015

Los 90, la serie

¿Cómo uno se explica que un gobierno electo con 46% en primera vuelta y 60% en segunda, que cuenta con mayoría en ambas cámaras y que aspira a realizar un programa muy estandarizado de reformas sociales deba, en razón de un bajo apoyo en las encuestas, hacer un mea culpa y decir que responderá a las demandas sociales en función de capacidades económicas?

Quienes piensan con la mano con la que escribe la mayoría, sostienen que en 2013 la mayoría de los votantes eligió a la persona de Michelle Bachelet, pero no apoyó el programa ni menos a sus colaboradores, ambos factores que serían la causa de la impopularidad del gobierno. Quienes piensan con el lado del que está el corazón, se debaten entre dos posibilidades: una crisis completa del sistema político por los casos de corrupción o -dicho de la manera más académica y menos conspirativa posible- una reacción de quienes se ven directamente afectados por las 4 reformas estructurales, sumada a los desaciertos objetivos del gobierno.

Todos tienen bastante de razón. En la impopularidad del gobierno -y de todo lo que busca encarnar-, hay una decadencia de la cariñocracia por la pésima capacidad de decisión de la Presidenta, una molestia hacia la poca seriedad en las reformas (y no hacia las reformas en sí), poca credibilidad hacia las personas responsables de ellas, un soberano hastío de la gente hacia todos y cada uno de los políticos y un discurso mántrico desde el empresariado y sus aliados acerca de lo negativo de cualquier cosa que les implique no crecer sostenidamente en utilidades. Súmenle que el panorama económico relacionado con el precio del cobre no acompaña al gobierno ni a ninguna de sus reformas, que requieren de un valor que permita una buena recaudación para el Fisco.

Si los problemas son éstos, ¿por qué volver a los 90' de la política en la medida de lo posible, la democracia de los acuerdos, las teleseries con Pancho Reyes y Claudia di Girolamo y los periodistas sin opinión?

Más allá que algunos les convenga decir lo contrario, creo que el chileno promedio no es tan jetón como para saber que al votar por Michelle Bachelet y por senadores y diputados de la Nueva Mayoría, votaba por un proyecto de país: uno bien vago en el que educación gratuita y de calidad para todos puede significar cualquier cosa, pero que sin duda se contrapone a proyectos individualistas de educación que confunden libertad de enseñanza con mercantilización de la educación. La ciudadanía le dio un gran espaldarazo a una idea moderada de cambio social, frente a propuestas más radicales o a mantener las cosas tal como están... Y LA NUEVA MAYORÍA ESTÁ MORALMENTE OBLIGADA A RESPETAR ESTE MANDATO. Sí, así con mayúsculas.

Lo digo porque hoy la Nueva Mayoría se encuentra completamente legitimada para continuar el camino propuesto. Cambiar este camino es aceptable y lógico sólo cuando hay un cambio de escenario sustancial, como existiría si la NM se hubiese quebrado o si existiese una crisis económica severa como la de 1982 o de 1998. Hoy, la coalición de gobierno sigue contando con la presidencia y ambas cámaras, y pese a ralentizarse la economía, no hay algo que amerite sacrificios políticos más allá de tener personas aptas para cada cargo. Lamentablemente, el sistema político no contempla mecanismos para que el gobierno obtenga un voto de confianza frente a lo que se muestra como caos, por lo que basta que Adimark, el CEP y otras encuestadoras digan que el gobierno está mal para que el gobierno se sienta mal, no pudiendo invocar la mayoría que lo llevó al poder.

Pero ya, hagamos de cuenta que en verdad está la tendalada, que nadie puede salir a la calle y que estamos comiendo chancho chino...

Lo que El Buen Gobierno debería plantear no es haremos reformas en función de la capacidad económica, sino realizaremos los cambios económicos que permitan realizar las reformas. Lo primero da la señal que el gobierno es reactivo a los vaivenes de un juego que le es ajeno y en el cual es visto como obstáculo, quedando aspectos importantes para la dignidad de las personas a merced de este juego. Lo segundo, en cambio, significa proactividad del Estado, especialmente para dialogar con los actores de la economía en el sentido de compatibilizar mayor recaudación con crecimiento económico, y prevalencia de los programas sociales -que benefician a todos directamente- por sobre el juego de una economía placenteramente desregulada -que benefician a la mayoría indirectamente-. Lo primero busca dejar contento a la oposición y al empresariado -que nunca apoyarán de verdad al gobierno-, de modo de evitar problemas; mientras que lo segundo busca reafirmar el compromiso con la gente que apoyó al gobierno, sin que el proceso de reformas sea efectivamente un problema para la sociedad.

Dicho esto, si el gobierno desea recuperar el apoyo y, con ello, la legitimidad de lo que hace en el debate público -a un gobierno con 60% de aprobación no le niegan la sal y el agua como hoy ocurre-, más que volver a los años 90', debe buscar en sus filas a los mejores liderazgos políticos y económicos que puedan explicar y ejecutar bien los proyectos en materias sociales. Ninguna persona se opone razonablemente a un gobierno que tiene personas responsables, con liderazgo intelectual pero con humildad ciudadana. A su vez, de nada sirve ofrecer solución a problemas históricos si no existe gente capacitada para cumplir. Lamentablemente, el gobierno no ha contado con dichas personas, cundiendo la improvisación, la soberbia y la indecisión, partiendo desde la propia Presidenta.

Pensemos mejor en 2017, creo yo.

Te lo dice,

R.F.S.K.

jueves, 9 de julio de 2015

Renovarse en el éxito

Jorge Sampaoli fue el gran responsable de la U 2011 al saber amalgamar en un esquema ofensivo los talentos mal aprovechados por Gerardo Pelusso (Eduardo Vargas, Eugenio Mena, Matías Rodríguez), jugadores de la casa con rumbo incierto (Marcelo Díaz, Pepe Rojas) e incorporaciones certeras (Charles Aránguiz, Gustavo Canales). Después del tricampeonato, la Copa Sudamericana y las semifinales de Copa Libertadores 2012, la U fue eliminada por la Unión Española en el Clausura de ese año y, siendo evidente que ya se había cumplido, Sampaoli aprovechó la vacancia en la selección chilena para terminar su ciclo. Frente a esto, el innombrable presidente de Azul Azul de aquél entonces señaló que el desafío de la U era renovarse en el éxito.

Así como la llegada del socialismo, algunos seguimos esperando esa renovación… y el estadio en (elija una comuna periférica de Santiago).

Vayámonos a la Roja.

El éxito de la selección chilena en la Copa América tiene que ver con una buena sucesión hecha por Sampaoli en el proceso de Marcelo Bielsa (¿se acuerdan del Bielsita del Cachapoal?), quien supo aprovechar la plena maduración del equipo armado por el DT rosarino y que adquirió roce en ligas extranjeras importantes. Así como la Concertación administró el modelo económico de la dictadura militar, Sampaoli administró el proceso de Bielsa, y de buena manera. Punto. No hay mayor mérito de la ANFP, ni de las ligas chilenas, ni de los distintos DTs de las selecciones juveniles, ni de nada más. Incluso le sumaría como factor que Brasil y Argentina están de capa caída, Uruguay está en un lapsus post-Forlán y Colombia decepcionó al ser una selección de suplentes en equipos grandes de Europa.

Pero más que analizar el éxito –éxito que fue analizado en Plaza Italia con gritos y alcohol–, me preocupa y me interesa que la hinchada se manifieste sobre el futuro.

Quedan 3 años para el Mundial de Rusia. Bravo, Medel, Vidal, Valdivia y Sánchez –la columna vertebral de la selección– tendrán para aquél entonces 35, 30, 31, 34 y 30, respectivamente; por lo que de clasificarse, será su último mundial. De la nómina de Copa América, los únicos jugadores menores que Alexis son Eduardo Vargas (tiene hoy 25), Felipe Gutiérrez (24), Miiko Albornoz (24) y Angelo Henríquez (21). Los últimos 3 no se encuentran hoy en condiciones de suplir en igual capacidad a sus respectivos titulares, pero seamos positivos y esperemos que evolucionen con el tiempo. ¿Tenemos jugadores para poder renovarnos en el éxito, o tendremos que pasar nuevamente 12 años sin ir a un mundial?

Bielsa tuvo una gracia muy grande: no le importó el tener o no tener jugadores. Para él, lo importante era el esquema y la forma de juego, por lo que le daba lo mismo carecer de jugadores talentosos mientras jugaran en el puesto y cumplieran instrucciones (nada más explica, por ejemplo, que jugadores como Jara, Carmona, Isla y Beausejour hayan sobrevivido 8 años seguidos en la Roja). Sin embargo, en lugar de armar su propio equipo con lo que hoy dispone, Sampaoli sólo administró la base de Bielsa e incorporó a los jugadores sobresalientes de la U que él consolidó, por lo que no ha sido tan consecuente con su mentor en inventar jugadores para su equipo.

Mi gran crítica con Sampaoli es que no sabe armar procesos. Sólo le interesa el presente. El futuro no es su tema, porque su éxito en el hoy le permite siempre irse a algo mejor en el día de mañana. En casos extremos como puestos que no tienen reemplazantes, explota a sus jugadores a más no poder. Nunca le interesó hacer que, por ejemplo, Valber Huerta o Igor Lichnovsky se curtieran junto a Osvaldo González y pudieran ser centrales titulares de recambio: nadie sabe por qué Huerta nunca jugó –siendo que hizo un excelente mundial sub-20–, nunca se le dio responsabilidad a Lichnovsky y González tuvo que jugar siempre al punto de hacerse mierda. Todo esto se cumple en la selección chilena y los ejemplos más evidentes son la inexistencia de defensas sustitutos, la inmoralidad de un Vidal infiltrado en el Mundial de Brasil y que no tenemos delanteros aparte de Sánchez y Vargas.

¿Cómo nos renovamos en el éxito? ¿Se puede?

Para selecciones grandes que están por sobre el bien y el mal como Alemania, sí, es fácil: más allá de la indudable calidad de su fútbol, casi la totalidad de sus jugadores juegan en la liga alemana (no hay conflictos de fecha FIFA ni nada por el estilo), se respeta mucho la idea del proceso al designar como DTs a ayudantes o colaboradores de los anteriores DTs, la duración de éstos es generalmente larga y existe un trabajo compacto no sólo entre el DT de la Mannschaft adulta y las selecciones menores, sino entre éstos y los DTs de los clubes (algo que en Chile está pendiente desde antes que el estadio de la U).

Pero no nos comparemos con Alemania, menos con Brasil y Argentina que, aunque tengan técnicos pastas como Dunga o Maradona, siempre van a mostrar algo porque tienen buena materia prima. Uruguay no siempre va a mundiales, y cuando no va no es porque no tenga jugadores, sino que se da por períodos intermedios entre procesos exitosos o por la asunción de técnicos que poco entienden de procesos. Perú tiene siempre jugadores rápidos, de intensidad física y de juego interesante (mucho más interesante que Chile en épocas); incluso a veces tiene DTs buenos, generalmente extranjeros; pero no ha ido a un mundial desde 1982 porque en sí, la estructura del fútbol peruano es un caos que llega hasta la formación de jugadores y lamentablemente lo único que ha sobresalido en ese desorden es la generación de Cubillas, Sotil y compañía. ¿Por qué Ecuador se demoró tanto en ir a mundiales? Porque recién a fines de los 90’ se dieron cuenta que era necesario un esfuerzo coordinado entre clubes y selección, además de colocar recursos en ésta… y cuando se hizo esto, pudieron ir a su primer mundial en 2002 de la mano de un DT que entiende de procesos como Hernán Darío Gómez.

Puedo seguir harto rato, pero lean lo común: PRO-CE-SO. No sólo necesitamos equipos ordenados (ni siquiera buenos) y dirigentes serios, sino además DTs que puedan armar equipos con lo que tienen, imprimiéndoles un estilo y que no se dejen llevar por el talento individual de 2 o 3 jugadores, sino que sepa que estos talentos son de tiempo en tiempo y que su misión está en encontrarlos de la nada. Sinceramente creo que a Sampaoli no le interesa hacer un proceso de verdad porque lo suyo se viene en Europa o en su propio país, pero sería importante internalizarlo a nivel de hinchada y dirigentes para que no tengamos que esperar otros 12 años para ir a un mundial u otros 99 años para una segunda Copa América e igualar a Perú y Paraguay.

Te lo dice,

R.F.S.K.

martes, 7 de julio de 2015

Deuda imprescriptible

En pleno siglo XXI, luego de décadas de discusión sobre nuestra sociedad chilena y en la que hemos llegado avanzado en algunos consensos sobre el respeto al que piensa, reza y ama diferente, aún existen voces de la academia que niegan la existencia de un conflicto cultural entre los pueblos indígenas –particularmente el mapuche– y el Estado chileno como representante de la sociedad mayoritaria. Generalmente, el autor de estas opiniones con aroma a naftalina es Sergio Villalobos; hace no mucho Roberto Ampuero –en otra demostración que nunca fue de izquierda– deslizó una idea afín; pero hoy fue el caso del historiador Joaquín Fermandois en El Mercurio (http://www.elmercurio.com/blogs/2015/07/07/33279/De-que-deuda-nos-hablan.aspx).

A modo de síntesis, Fermandois declara que la idea de deuda pendiente con los pueblos originarios que expresó la Presidenta Bachelet es absurda, pues implicaría que cada sociedad tendría que reabrir viejas heridas, lo cual en términos de paz social podría ser catastrófico. También señala que las reivindicaciones indígenas son una idea del siglo XX instigada por ideologías extranjeras y posmodernas, que resaltan una diferencia que no es tal pues la amplia mayoría de los chilenos somos mestizos, incluyendo la gran mayoría de quienes se consideran a sí mismos como mapuche. A modo de propuesta, expresa: “A largo plazo no diviso otra estrategia convincente para el conflicto que no sea una fusión mayor con todo el criollaje, en lo personal y en lo cultural.”

Primero, me indigno.

Sí, me indigna que personas con pergaminos y vastas tribunas, que se dirigen hacia personas con educación superior, casa propia y vehículo del año, hagan un esfuerzo intelectual dirigido a quitarle legitimidad a un conflicto social. Por más que no estemos de acuerdo con las formas ni con el fondo de las reivindicaciones efectuadas por un grupo, en general éstas siempre elevan hacia la esfera pública una solicitud que es válida y que merece ser razonablemente atendida. Nunca ha existido una reivindicación arraigada en la sociedad que sea un mero invento de quienes la instigan y en puro beneficio de ellos. No fue así en ninguna de las revoluciones de la era contemporánea, no fue así en las luchas por derechos sociales y no ha sido así en ninguno de los procesos que promueve la debida incorporación en la sociedad de las mujeres, LGBT y personas con discapacidad. Es más, la totalidad de las luchas sociales cuyo resultado es patrimonio de la humanidad ha partido en la clandestinidad y en la minoría, siendo negados por sus propios pares que sufren la misma exclusión o postergación. Un historiador debe saber esto y no puede soslayarlo, incluso uno de tendencia conservadora.

Luego, respiro hondo y elaboro.

Existe un consenso académico en la virtual inexistencia de Estados-naciones con una composición etnocultural pura. Casi todos los países, incluido Chile, poseen más de un grupo omnicomprensivo, es decir, grupos cuya pertenencia involuntaria define la identidad social de una persona, generalmente basados en cualidades subjetivas como la raza, la lengua o la religión. Por más útil que le resulte a la autoridad crear la idea de un Estado, un pueblo, la verdad es que las políticas de negación de la diferencia y de asimilacionismo hacia la cultura mayoritaria han sido infructuosas en la mayoría de los países, al punto que tras cuatro siglos de presencia occidental, aún hay aproximadamente un 5% de la población chilena que se identifica como indígena. No se trata de un tema de pureza ni de conservación de la lengua o religión, sino de autoidentificación basada en la ascendencia.

Siendo un hecho la existencia de pueblos indígenas, que se consideran a sí mismos como diferentes del mestizaje hispano-indígena y que practican una forma de vida tradicional, ¿qué hacemos con ellos? Las alternativas son dos: (1) darle un tratamiento igualitario o (2) reconocer su diferencia sin que esto implique exclusión o segregación.

Desde que Chile es independiente que se ha planteado el tratamiento igualitario: la indigenidad es algo privado, como un aspecto de la libertad de conciencia o de expresión, porque a toda persona en Chile se le aseguran libertades y derechos. El problema es que esta aspiración legítima se basa en la visión y la forma de vida de la sociedad mayoritaria, que incluso no se reconoce a sí misma en Chile porque su situación no se encuentra en riesgo. Al negar que existen culturas diferentes, la educación, salud, vivienda, sistema de justicia, régimen de propiedad y protección del medio ambiente se basan en un paradigma chileno, el que supuestamente cree comprender las visiones de los pueblos indígenas, pero como niega la existencia de estos en la esfera pública, no se produce ni existen incentivos para el diálogo entre chilenos e indígenas que genere como resultado una cultura común. Visto de manera bien gráfica, se cree que la opinión del 95% incluye la del 5%, cuando este 5% no tiene ninguna forma de hacerse presente.

Debemos cambiar esta forma de ver las cosas. Nunca ha existido una cultura común chilena que no pase a llevar las cosmovisiones indígenas. Por esto es que, como sociedad multicultural chilena, debemos plantear las bases de un acuerdo en el que el 5% de personas que se identifican como indígenas pueda mantener sus formas de vida en libertad y sin que la dictadura de la mayoría las obvie o la elimine. Por esto es que el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, el cumplimiento de las normas de consulta previa del Convenio 169 de la OIT y la creación de espacios de diálogo entre chilenos e indígenas, como un sistema educacional intercultural o cupos de representación indígena en instituciones políticas, son buenas medidas que en la mayoría de los países americanos han ayudado a encauzar la natural tensión entre sociedades que se reconocen como diferentes entre sí, en lugar de mantener la violencia que se genera a raíz del asimilacionismo y la negación del otro.

La deuda existe y es imprescriptible, por todos los años en que hemos negado su identidad y perjudicado su forma de vida, pero para quienes tienen miedo a reconocerlas, ésta tiene una ventaja: no se requiere dinero para pagarla.

Te lo dice,

R.F.S.K.
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