martes, 14 de julio de 2015

Pico en el ojo (con el perdón de las damas lectoras)

Sí, un pico en el ojo es el que nos metió Michelle Bachelet el día de hoy en el simpático programa radial de Felipe Bianchi y compañía de la Radio Universo.

La cosa es así.

En el contexto del "realismo sin renuncia" -equivalente político del "ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario" de Claudio Borghi-, el gobierno ha comenzado a explicitar su mea culpa frente al proceso de reformas y cómo va a tratar de cumplir su palabra en la medida que el crecimiento económico y la tranquilidad empresarial así lo permitan. Por ejemplo, la Ministra de Educación, Adriana Del Piano, ha debido recular en la propuesta de gratuidad al 60% de estudiantes de menores ingresos en instituciones de educación superior acreditadas y sin fines de lucro en 2016, limitándola a las universidades del Consejo de Rectores. Ya se sabe que el gobierno no va a mantener la reforma laboral tal y como se presentó, quedando pendiente ver qué aspectos quedan fuera. También está claro que la reforma tributaria de la cocina de Andrés Zaldívar tendrá que ser revisada, quedando la duda si esta revisión será en sede administrativa o en otra cocina.

En materia constitucional, por su parte, la Presidenta planteó que el proceso constituyente -al que, recordemos, ella misma se obligó hace menos de dos meses- se realizará de manera participativa, a través de consultas y cabildos con las organizaciones sociales, sin carácter vinculante y sin plebiscitos en su generación. Frente a la pregunta del plebiscito y un supuesto temor, ella señaló: "¿Sobre qué? Uno tiene primero que discutir lo que la gente quiere, los contenidos. Cambiemos la Constitución puede ser, pero para qué, cambiarla de qué, qué parte".

Un bachelover, de esos que ya compraron el dominio web www.bachelet2022.cl, me dirá que estoy siendo machista, porque ella ha sido sumamente clara en no favorecer una asamblea constituyente, sino que simplemente se debe cambiar la Constitución de forma democrática, que las asambleas constituyentes son fuente de problemas y que hay que trabajar unidos contra la deressshhha en 2017. Es verdad, Bachelet no es tonta y se ha movido en materia constitucional -y en todas las otras áreas de reforma- de manera muy inteligente: hay que proponer cambio, pero dejando felices a todos, sin comprometerse en asuntos escabrosos y evitando mostrar miedo a la ciudadanía desorganizada y al empresariado perverso. El proceso constituyente, en el que todos pueden hablar, pero nadie corta el queque, es lo más ilustrativo de esta política lumami.

Sin embargo, hay que ser responsable y hacerse responsable de lo que se ofrece.

Con la misma coalición a la que Chile le dijo que no en 2010, Bachelet decide proponer un nuevo trato en todas las áreas que "la ciudadanía" -esa entelequia más indeterminada que Boy George y menos representativa que selección chilena de polo- le hizo la contra al gobierno de Sebastián Piñera. Si la Concertación nunca había sido radical en temas constitucionales, educativos o laborales, ahora la Nueva Mayoría -una creación original como Ricky Mouse y el Pato Ronald- lo sería para ganarse la confianza del entramado social que había dejado de apoyarla después de muchos años de ponerle el dedo en la boca. La NM le calentó el mate a todos los que salieron a la calle entre 2010 y 2013, asegurándole que sus metas eran idénticas y que los representaría efectivamente. Muchos, miles, MILLONES le creyeron no sólo a Bachelet, sino a políticos frígidos como los príncipes de la DC o los ex-MAPU que hablaban de nueva Constitución con el dolor de su alma. Con el mismo dolor, deben hacerse cargo de ello.

La historia cuenta que todos estos intentos de aleonamiento ciudadano desde grupos moderados terminan pésimo. El Partido Socialdemócrata de Alemania prometió por décadas las reformas sociales que el pueblo se merecía frente a una aristocracia muy tradicional que gobernaba, llegando al punto de motivar una revolución aún en plena Primera Guerra Mundial, pero una vez en el poder tras la abdicación del Kaiser Guillermo II, se volvieron en contra de los revolucionarios, persiguiéndolos con la ayuda de grupos paramilitares fascistas con tal de mantener el orden. Juan Domingo Perón, mientras estuvo exiliado, recibió a todo tipo de luchadores sociales -como Bombita Rodríguez- y apoyó a grupos armados con tal de agrandar su base de apoyo y cimentar su regreso a Argentina, pero de vuelta en la Casa Rosada, se dio cuenta que lo que le pedían grupos como los Montoneros era demasiado y ajeno a lo que realmente proponía, por lo que en un discurso grandilocuente frente a la multitud, los expulsó de la Plaza de Mayo, simbolizando que ya no los necesitaba y que prefería gobernar con grupos que, años después, perseguirían políticamente a las fuerzas de izquierda. Y en Chile no estamos lejos si consideramos que Gabriel González Videla terminó persiguiendo al Partido Comunista, partido con el que él mismo buscó que el Partido Radical se aliara y sin el cual él no habría obtenido la elección en Congreso Pleno.

La NM aleonó a un grupo relevante y hoy día, ante un clima enrarecido no por sus propuestas sino por su mala gestión, les dice que no puede hacerse cargo de su programa. Eso habla pésimo de toda una campaña que, más que buscar hacer justicia social, lo único que buscaba era restaurar en el poder a un grupo que se achanchó durante 20 años y que mantiene su soberbia frente a la ciudadanía y la oposición. Tan soberbios son que no confían en la democracia para poder generar un acuerdo social representativo de todos, planteando una Constitución tan democrática como la de Pinochet, con la única atenuante que la NM no nos tiene una metralleta en la raja para votar.

Espero que este momento sea un ejemplo para todos los ingenuos que siguen creyendo en el Viejo Pascuero y se den cuenta que no se puede confiar en una coalición tradicional de centroizquierda, tenga el nombre que tenga. ¿Tenemos alguna alternativa mejor? Eso lo podemos conversar...

Te lo dice,

R.F.S.K.
Si te gustó, gracias por compartir. Si no te gustó, gracias por comentar.