viernes, 28 de agosto de 2015

Macedonia multicultural (o El conflicto chileno-mapuche con peras y manzanas)

Podríamos decir que en Chile tienen vigencia dos grandes conflictos: el conflicto post-golpe de Estado y el conflicto mapuche. En ambos casos existe un quiebre en la amistad cívica y se manifiesta con odio parido entre las partes. En ambos casos, se tolera la violencia y la persecución que nuestra parte haga, pero se condena la que hace el otro. Sin embargo, en el primer caso, quienes alaban la vida y obra del Libertador Capitán General Presidente Augusto Pinochet Ugarte y los nostálgicos de los cordones industriales y los comandos comunales están de acuerdo con un mínimo: estamos en democracia, ambas partes pueden participar sin recurrir a las armas, se acata a regañadientes las decisiones de la autoridad y se recurre a los tribunales si existe razón para ello.

En el conflicto mapuche -que a mí modo de ver, debería denominarse conflicto chileno-mapuche, por estar en pugna el Estado como representante de la mayoría etnocultural de Chile y las organizaciones y comunidades mapuche como representantes de la pertenencia a dicho pueblo-, no existe un acuerdo mínimo. Peor aún, ni siquiera se reconocen las partes ni establecen un espacio de encuentro para poder dialogar y buscar dicho acuerdo.

¿Ayudemos a la paz en la Araucanía?

Si yo quiero tener buenas relaciones con Fulano, debo llamarlo por su nombre, hablar con él en un idioma común, tratarlo como lo que es -un ser humano de sexo masculino- y no como lo que yo quiero que sea, presumir su buena fe y con mi propia buena fe, intentar conocerlo para ver si se puede construir una amistad. Si no se puede, lo sigo respetando en aspectos básicos, como el trato humano y el lenguaje común.

Haciendo la comparación con mi ejemplo...

a) El Estado chileno y un sector importante de la sociedad chilena no llama al pueblo mapuche por su nombre. Esto va más allá de si los trato de mapuche, mapuches o araucanos. Tiene que ver con la negación de la contraparte en el conflicto. Muchos caen en la lógica de minimizar la relación entre las comunidades y organizaciones mapuche, al punto de decir que esto es un problema de un puñado de terroristas ideologizados frente al Estado de Derecho chileno. Otros tantos niegan la importancia que tiene para cada persona su pertenencia a un grupo cultural, manteniendo el mantra de "somos todos chilenos". Si bien la pertenencia a un pueblo indígena tiene relevancia jurídica ¡DESDE 1993!, seguimos en la lógica de considerar a los pueblos indígenas como personas jurídicas sin fines de lucro, cuando son un pueblo, es decir, una comunidad política.

b) Chile no habla con el pueblo mapuche en un idioma común. También va más allá del uso del mapudungún por parte de las autoridades políticas y el aparato estatal. No existe en términos históricos, culturales, jurídicos ni políticos una construcción común en sociedad. Por más de un siglo Chile le ha impuesto su relato, sistema educacional, normas jurídicas y formas de organización a los pueblos indígenas, y si bien con la Ley Indígena y el Convenio 169 de la OIT se ha avanzado en un mejor trato, seguimos partiendo desde la base de la imposición y la concesión graciosa. Así, por más becas indígenas, compras de tierras y áreas de desarrollo indígena que se creen, los pueblos indígenas siguen siendo tratados en la parte baja de una jerarquía social que no le es propia y que no considera su sistema de valores al momento de hacer normas o impartir educación.

c) Chile no trata al pueblo mapuche como lo que es, sino como lo que quiere que sea. No sólo el pueblo mapuche es tratado como una manifestación de la libertad de conciencia y asociación. También se le exige, para dialogar, que se organice en los términos establecidos por el Estado chileno, en circunstancias que el pueblo mapuche jamás se organizó bajo una única autoridad ni tuvo instancias de representación común, lo que legítimamente tampoco desea tener hoy. Se espera que las comunidades rurales mapuches sean parte del desarrollo agrícola de la Araucanía, cuando muchas discrepan de dicha idea y defienden una idea de protección del medio ambiente distinta de las empresas forestales. Lo que es más grave, se trata un conflicto cultural, histórico y eminentemente político como un tema de derecho penal, lo cual evidencia que el Estado chileno representa a la mayoría étnica frente a las actitudes "delictuales y terroristas" de comunidades y organizaciones que buscan una mejor situación en la nación chilena, haciéndolo fuera de la ley porque ésta misma no les permite hacerlo de modo institucionalizado.

d) Chile no presume la buena fe del pueblo mapuche. Además de criminalizar el conflicto, colocando a comunidades y organizaciones mapuche en el banquillo de los delincuentes y terroristas, se considera en sí que distintas reivindicaciones representativas del pueblo mapuche son perjudiciales para el país. Una mayor autonomía de las comunidades es visto como intentos de secesión e independencia. La recuperación de tierras es visto como la proliferación de tierras ociosas en un país que desea ser potencia agroalimentaria. El reconocimiento constitucional es visto como un revisionismo de la cultura chilena que tanto nos ha costado construir. La verdad es que los huincas no vemos nada bueno en ellos, más allá de decir que nos gusta su cultura.

e) Chile no hace intentos de buena fe de conocer al pueblo mapuche para generar una amistad cívica. Esto es lo más grave, porque significa que poco y nada hacemos para entender qué hay detrás de actitudes de las comunidades mapuche que como país no aceptamos. Creemos que a estos delincuentes les gusta quemar camiones, matar patrones de fundo y tirarle sillas por la cabeza a los fiscales. Aún mantenemos una visión racista frente a ellos, la que disfrazamos para no sentirnos racistas. Seguimos creyendo que son unos subdesarrollados, no siendo siquiera capaces de concederle el alto grado de comunión con la naturaleza que nosotros huincas no podemos lograr. Lo que resulta más triste es que no tenemos muchas ganas de luchar contra esta ignorancia supina, no existiendo políticas que favorezcan la empatía hacia los pueblos indígenas de cada región.


Ya, lindo el análisis... ¿Y el pueblo mapuche? ¿Reconoce al Estado chileno? ¿Trata a los agricultores y camioneros como lo que son? Por razones de extensión y respeto a su tiempo, no me extenderé mucho, pero lo resumiré de la siguiente manera: al pueblo mapuche, en su condición de minoría etnocultural cuya supervivencia se encuentra permanentemente en peligro, NO LE QUEDA OTRA que reconocer al Estado chileno, dependiendo de éste en términos de reconocimiento y protección. No se trata de un diálogo entre partes con la misma capacidad de negociación y propuesta, sino de uno muy desigual. Por esto es que la condición de diálogo se basa en la obligación del Estado de escuchar y asegurar un espacio de coexistencia entre los pueblos indígenas y la nación chilena, siendo ésta una comunidad que comprende a los primeros sin anularlos.

¿Paz en la Araucanía? Partamos reconociendo a nuestros pueblos indígenas.


Te lo dice,

R.F.S.K.
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