lunes, 7 de septiembre de 2015

Los migrantes en serio

Cuando se trata del sufrimiento humano, no existe patria que nos distinga entre las personas. Cuando ocurren muertes como las del pequeño Aylan Kurdi, hemos fracasado como humanidad. Cuando vemos miles de personas cruzando el Mediterráneo con cualquier objeto flotante para llegar a Lampedusa y otros miles mueren ahogados en el camino, hemos fracasado como humanidad. Cuando personas buscan ser transportadas como carne en camiones frigoríficos y mueren en el intento, hemos fracasado como humanidad. Cuando ponemos como excusa la protección de los nuestros por sobre los otros para poner vallas y dejar a miles a su suerte, hemos fracasado como humanidad.

Pero también hay triunfos. Que Alemania y el pueblo alemán, responsables de atrocidades étnicas y políticas en el pasado, se abra a recibir sin condiciones a miles de refugiados africanos y asiáticos es un triunfo de la humanidad. Que los reciban allá y en otros países europeos como héroes de una lucha pírrica contra la miseria y la misma muerte es una muestra inédita de fraternidad humana; y aunque aún no sepamos si este gesto se traducirá en una inserción responsable de los refugiados en la cada vez más multicultural República Federal de Alemania, alienta ver que dentro de la mierda humana, hay quienes son capaces de poner su corazón y darlo todo por quien no tiene nada.

Vamos a nuestra larga y angosta faja de tierra...

Chile es un país que en su propio himno se declara asilo contra la opresión. Si bien en el pasado esto fue una realidad y una política de Estado –desde la inmigración alemana en el sur y los perseguidos por las guerras civiles latinoamericanas, hasta los emigrantes del antiguo Imperio Otomano y los perseguidos por la Guerra Civil Española-, hoy estamos muy lejos de una verdadera solidaridad internacional con los que sufren. No sólo no existen políticas de Estado a favor de quienes han logrado llegar a nuestro país buscando una nueva oportunidad en la vida, sino que tampoco existe una cultura de parte nuestra que sea receptiva del inmigrante, cayendo en la discriminación o en la negación. No somos respetuosos ni agradecidos del humilde aporte que los inmigrantes colombianos, cubanos, haitianos y peruanos han hecho a nuestro país, los que realizan actividades que nosotros mismos hemos dejado de hacer por una oculta superioridad cultural.

Hoy, el amor por el migrante la lleva. Hoy, es bacán mostrar pena por las víctimas e interés por el tema. Hoy, nos consideramos un país la raja para recibir gente de Siria, Libia o Eritrea –porque acá hay palestinos, sirios y de tantos otros países que hoy sufren-. En otro momento, me habría puesto crítico por esta reacción de redes sociales, pero hoy creo que estas manifestaciones reflejan corazón y no siempre tenemos corazón por el que sufre. No lo hemos tenido frente a los pueblos indígenas, las personas sin hogar ni por quienes tienen algún tipo de enfermedad mental y dependen de la salud pública. Que lo tengamos hoy frente a los refugiados afro-asiáticos es un paso adelante.

Me gustaría que el corazón nos aliente como seres humanos a tomarnos en serio el problema de la migración, partiendo por lo siguiente:

1. Asumir, de una vez por todas, que Chile es un producto del encuentro entre diferentes. Tenemos un problema patológico con la diferencia, negando que hayan distintos poderes, distintas culturas, distintas personas dentro de un país. Nos aterra la diferencia, porque vemos caos en ella, cuando en realidad del encuentro de diferentes hemos logrado generar una sociedad nueva y distinta de todas las demás llamada Chile. Esta sociedad no es blanca y cristiana, sino también indígena, europea, árabe, negra, asiática y sobre todo latinoamericana. Tomemos todo esto, difundámoslo, celebrémoslo y elaboremos normas sociales considerando esta hermosa realidad, desde el reconocimiento de los pueblos indígenas, pasando por derechos especiales de los inmigrantes, hasta políticas públicas tendientes a un sistema social que promueva el encuentro armónico entre diferentes.

2. Preocuparnos de nuestros actuales inmigrantes. Que esta conmoción del corazón no sea un producto de la sociedad de la información, sino que sea realmente una toma de conciencia sobre la realidad de quien debe dejar su tierra para llegar a otra. Hoy, la misma empatía e interés que nos surge con los migrantes de Europa debemos tenerla con los miles de ciudadanos peruanos, colombianos y de otros países de América que quieren reconstruir sus vidas en Chile. Lamentablemente, por el racismo y clasismo imperantes, los tratamos de cholos comepalomas o de negros delincuentes, marginándolos en guetos urbanos y cerrándole las puertas en su propia cara, dentro de nuestro país. ¿Cómo vamos a ser capaces de recibir a árabes y africanos, mucho más distintos de nosotros que nuestros hermanos latinoamericanos?

3. Trabajar por una verdadera inserción de refugiados e inmigrantes. En el pasado, frente a guerras como las ocurridas en la ex-Yugoslavia, Irak y Afganistán, hemos recibido a personas y familias desplazadas. Sin embargo, se les ha dejado a su propia suerte luego de un breve período de asistencia, prolongando la miseria de quien busca una oportunidad. Si Chile decide abrir sus puertas, que sea teniendo claro que debe realizarse de manera responsable, brindando trabajo, educación y un clima social de aceptación.

4. Hacer que Chile sea DE VERDAD un asilo contra la opresión. ¿Por qué no consagrar constitucionalmente y obligar al Estado chileno a realizar políticas activas de recepción de refugiados? ¿Por qué no establecer por ley que Chile debe suspender o romper relaciones con Estados que persiguen a su gente o que dan un tratamiento vejatorio a quienes llegan a sus países? ¿Por qué no promover que Chile sea un país que evite o busque paliar las crisis humanitarias derivadas de la migración masiva? La supuesta falta de recursos económicos o la distancia geográfica de la crisis no son excusas para lo que en realidad es una falta de voluntad y fraternidad humana.

Eso. Menos me gusta en Facebook y más acción política. Me incluyo en el palo.

Te lo dice,

R.F.S.K.
Si te gustó, gracias por compartir. Si no te gustó, gracias por comentar.